Cuestionar el regreso a clases hoy: ¿control psicopolítico-digitalizado de la vida?

Después de casi seis meses de que la suspensión de clases se hiciera efectiva aquí en México debido a la pandemia del SARS-CoV-2, nos encontramos de nuevo con el anhelado “regreso a clases”. Sin embargo, este regreso a clases no será igual que en años anteriores: hoy nos sujetaremos a las condiciones en las que la pandemia permite ese retorno a la escuela: transmisión de clases por televisión abierta para educación básica y clases en plataformas educativas para niveles superiores, con mayor flexibilidad, rapidez, alcance y eficiencia. Pero, deberíamos plantearnos el cuestionar lo que posiblemente subyace en este ansiado regreso digital a clases y todas sus “bondades”: cuestionarnos lo que va más allá de solo la educación en tiempos de pandemia.

La escuela, no olvidemos la propuesta althusseriana (que reiteradamente menciono en este espacio), funge como aparato ideológico, y por ende, esta no se limita a la mera transmisión de conocimientos, al seguimiento de una planeación escrita y entregada a las autoridades escolares, sino que deviene en reproducción de la ideología, del sistema capitalista y sus relaciones de producción dentro y fuera de las aulas, ese famoso “curriculum oculto” y perverso. Pero, ¿cómo hará el capitalismo neoliberal para asegurar esas relaciones, mediante la escuela, ahora que nos encontramos en la “comodidad” de nuestros hogares? ¿Será que el capitalismo no penetrará más allá de las aulas y tomaremos un breve descanso de su voracidad? Si esto no fuese así ¿a qué tendría que recurrir el sistema para no perder su dominancia ante la crisis producida solo por este? En esta ocasión, las propuestas del filósofo Byung Chul-Han y el psicólogo crítico Jan De Vos podrían encaminarnos a responder las preguntas anteriores.

Anteriormente había dedicado un espacio breve a estos dos autores (La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal y Homo psychologicus: la psicologización del todo), sin embargo, la publicación dedicada a tratar parcialmente el fenómeno de la psicologización adelantaba que desarrollaría el tema de la digitalización, también argumentado por Jan De Vos. Podríamos, pues, intentar articular ambos aportes críticos para reflexionar sobre este retorno a nuestras “aulas” y esta aparente “libertad” que los dispositivos y herramientas tecnológicas aparentan ofrecer.

Digitalización y Psicopolítica: la relación perfecta

Hoy las clases toman un nuevo rumbo: docentes y estudiantes nos encontramos frente a la digitalización de la educación. Nuestra presencia física se ve sustituida por un correo electrónico, por un pseudónimo, por la intensidad de nuestra red de internet en casa, por el dispositivo inteligente y su cámara que nos hace estar presentes en las “clases”. Hoy ya no solo somos aquel homo psychologicus interpelado por las teorías psicológicas y todo el corpus de la psicología que nos pone al servicio (in)directo del capitalismo; aquel que nos decía con vehemencia: “¡Tú eres resiliente, capaz, autogestor, libre, autónomo!” “¡No necesitas a los otros, solo a ti mismo y a nadie más!” Nuestro devenir sujetos se torna distinto, en una nueva “modalidad”, esa que nos interpela a “ser” nosotros desde la comodidad y “libertad” de nuestras casas en nuestros dispositivos tecnológicos.

Ya no hablamos solamente de una psicologización, sino que se incluye en esta interpelación la digitalización de la vida, aquella interpelación para ser sujetos digitales (De Vos, 2019), un homo digitalus, una subjetividad inmaterial (¿qué hay detrás de esa inmaterialidad? ¿idealismo actualizado? debate abierto para el lector). El propio De Vos (2019) adelantaba esta vicisitud en la misma escuela (mucho antes de que la COVID-19 fuera el tema de cada día): la presencia que entonces era material, en la que decíamos “presente” cada que mencionaban nuestro nombre en el aula, hoy se ve sustituida por otras formas digitales. Al respecto menciona:

“Pero en la actualidad, la presencia escolar vuelve a ser algo muy sencillo: puede ser simplemente comprobada electrónicamente […] entrar a la clase, encender su laptop […] son diferentes formas de comprobar su presencia, mientras se comprueban otras múltiples cosas también“. (ibíd.; 154) (Cursivas mías)

La digitalización en la escuela, como la explica De Vos (2019), quedaría simplificada a dos términos: a una presencia (inmaterial, virtual, digitalizada, verificada electrónicamente) y la pantalla (donde el mundo está “presente”). Al respecto y antes de continuar, me gustaría hacer un breve paréntesis para recordar a Lacan y el estadio del espejo. Esta digitalización del sujeto, quizá podríamos compararla con aquel estadio en donde el sujeto es interpelado por el Otro al verse a través del espejo y por todo lo que no puede ver en él, lo que hay detrás de este (Braunstein, 1980): el mundo está presente y ausente a la vez en el sujeto. El sujeto se percibe a sí mismo, crea su yo “autónomo” gracias a la imagen que el espejo le devuelve y al reconocimiento del Otro. La pantalla, por su parte, le devuelve una imagen digitalizada al sujeto que se reconoce a través de ella, se ve a sí mismo como completo, como un “yo” digitalizado, sin darse cuenta de que en esa imagen existen “otras múltiples cosas”. El Otro y lo demás (¿capitalismo? ¿psicologización?), aquellos que se encuentran del otro lado de nuestra pantalla y lo que no alcanzamos a ver en el entorno digital, serán encargados de comprobar/interpelar esas “múltiples cosas” (quizá) de las que De Vos habla y que profundizaremos en esto más adelante.

La digitalización de los sujetos, de la educación misma, a su vez se convierte también en una disciplinarización de la vida (De Vos, 2019), pero no tan coercitiva, una disciplinarización “light” si así lo quisiéramos ver. Hoy, docentes y estudiantes, tenemos que encender nuestra cámara web para que se compruebe nuestra presencia inmaterial; tenemos que utilizar correos institucionales para que se compruebe nuestro ser, de lo contrario, no somos nosotros; las plataformas virtuales como Classroom o Moodle (por mencionar solo dos), se convirtieron en el nuevo panóptico, en el panóptico digital, en las que se programa el tiempo específico para hacer tareas y otras actividades. A diario llegan a nuestros correos notificaciones de nuevos deberes por cumplir. El diálogo y el debate ya no existen, ya no se puede hablar tanto por el límite de tiempo en las sesiones y los temas verdaderamente relevantes y preocupantes quedan excluidos; los docentes saben todos nuestros movimientos en la red y sus jefes saben todo de ellos: la hora en que subieron un documento, si entregaron o no un pendiente, si están conectados o no en alguna sesión virtual. Ya tampoco es una biopolítica, más bien, es una digi-política (De Vos, 2019). Antes utilizábamos el internet para buscar a través (de manera superficial) de él lo que necesitábamos para la escuela, hoy, por el contrario, nosotros somos el internet (ibíd.). Ahora somos un apéndice, parafraseando a Marx y Engels (1848/2004), de nuestra laptop o celular, de la red misma, funcionando como esclavos pasivos de lo que no aparece en nuestra pantalla.

Si bien es cierto que hoy nos encontramos frente al imperio digital, los significantes de los “psi”, o de la psicología, no desaparecerán en ningún momento (sin hablar a detalle de que la estructura del entorno digital también está psicologizado) (De Vos, 2019). Este retorno constante a la psicologización, la obsesiva necesidad por querer psicologizarlo todo, no es mera casualidad, como ya lo argumentaba Han (2014). Esa psicopolítica debe seguir siendo aplicada en todo momento para asegurar las relaciones de producción. El capitalismo neoliberal no puede descansar, ni siquiera la pandemia puede ser motivo para detenerlo. La psicopolítica debe aplicarse y aparecer siempre, sí o sí, en el entorno digital.

En el panóptico digital, se reproducirían los discursos psi, esos que nos alentarían tanto a docentes y estudiantes a estar “motivados”, a ser “autogestores” de nuestro “propio” aprendizaje, a ser “resilientes” frente a la situación de la pandemia, a estar pendientes de las propias tareas a realizar. Lo digital favorecería toda esa optimización que necesita la psique (Han, 2014) para rendir adecuadamente, convirtiéndola así en fuerza productiva. Las frases motivadoras e individualizadoras en Facebook, las imágenes alentadoras llenas de resiliencia que publican las universidades, los discursos de “autoaprendizaje” y “autogestión” en las clases en línea, conducen a un autosometimiento. De ahí que no percibamos la coerción disciplinaria que mencionábamos anteriormente: todo parece agradable. La psicopolítica vuelve todo más fácil y agradable, siendo esta maximizada por el entorno digital: teniendo inteligencia emocional y emociones positivas (Han, 2014) publicadas y enseñadas en cualquier página de Facebook, plataforma educativa o en la misma clase virtual, rendiremos más (¿para quiénes?) y nos sentiremos en “libertad”, sin presión alguna: “al fin y al cabo, no estoy en el salón de clases, no pasa nada, soy libre”. Desde el entorno digital, somos víctimas de la psicopolítica, de la psicologización ejercida que quizá sea el punto central de todo el asunto, como lo explica Pavón-Cuéllar (2019) en el prólogo de la obra de De Vos:

“[…] debemos empezar por convertirnos en impulsos, motivaciones, afectos, emociones, pensamientos, cogniciones, actitudes, rasgos de personalidad, respuestas a estímulos […] La crítica de los actuales giros neurológico y digital no puede llegar demasiado lejos ni tampoco profundizar lo suficiente, por lo tanto, si no se atreve a remontar hasta el dispositivo psicologizador con el que se produce lo que se neurologiza y se digitaliza. La psicologización es aquí el meollo de todo el asunto. El corazón del homo psychologicus es el que late dentro de los pechos del homo neurologicus y del homo digitalus“. (p. 23)

Esta psicopolítica, esta psicologización, siempre está ahí, en el seno de la digitalización, hoy digitalización escolar. La interpelación ideológica de la que Althusser nos hablaba en el aparato ideológico escolar, es hoy una interpelación a distancia, a domicilio, sutil y digital. Esta digitalización se precipitó y agudizó por la pandemia, y con ello, se maximizó la psicologización. En este sentido, nos digitalizamos y se refuerza lo que ya estaba psicologizado en nosotros. Somos homo psychologicus y digitalus a la vez, tal como lo necesita el sistema.

“Si la digitalización posibilita ciertas formas extremas y extremadamente sutiles de sujeción, dominación, manipulación, enajenación, explotación, mercantilización y financierización, es también porque se vale de la misma psicología que nos ha ido constituyendo internamente y que hoy regresa desde el exterior bajo una forma digital […] Ya somos lo dominado por la psicología que ahora simplemente reviste la forma digital de los dispositivos electrónicos, de los sistemas computacionales y de todos los demás artilugios informáticos”. (Pavón-Cuéllar, 2019a, p.27).

Comentarios finales: el retorno a la psicologización

La digitalización, al igual que las vicisitudes del capitalismo, es solo una mutación de la psicologización. El capitalismo neoliberal conserva mayoritariamente las formas y procedimientos de su antecesor industrializado, aunque de formas actualizadas y “menos” evidentes. Lo mismo sucede con la digitalización: la interpelación que sucede en el entorno digital mantiene siempre elementos de la psicologización, como lo argumentaba De Vos y Pavón-Cuéllar. La psicopolítica es un efecto inherente al proceso de devenir sujetos digitales. Lo emocional y el management de sí mismo (Han, 2014), nos hacen sentir libres frente a la crisis actual que el mismo sistema no desea perder y que por eso no existe un descanso real ni de nosotros, ni del mundo. Eso que provocó la crisis y resiste a ella, el capitalismo, es tal vez lo que se esconde detrás de la pantalla, detrás de la imagen que nos devuelve la pantalla o el espejo lacaniano.

El aparato ideológico escolar tampoco puede detenerse, porque es en este donde se reproducen las relaciones de producción que mantienen al sistema, y al no poder detener esta interpelación de sujetos, incluso durante una pandemia cuyas cifras mortíferas son síntoma del capital (explicado aquí brevemente con base en lo argumentado por Pavón-Cuéllar), tienen que recurrir a aquella flexibilidad que la “serpiente” psicológica (Han, 2014) y digital tiene en sus movimientos para escabullirse en los espacios que parecen imposibles. Somos ahora nuestro propio panóptico, desde la comodidad de nuestra casa, ya no necesitamos que el docente esté frente a nosotros. Nos autosometemos con nuestra sensación de libertad y control de nuestras emociones en el confinamiento.

Quizá el lector pueda concluir: “¿Entonces es mejor asistir a clases presenciales?” Probablemente, pero esto no quiere decir que ese regreso a la presencialidad vaya a eliminar el problema. Tal vez desaparezca parcialmente la digitalización y lo que esta conlleva en el control de la vida, sin embargo, la psicologización, la psicopolítica, la interpelación ideológica sigue y seguirá ahí si no existe una organización entre nosotros, docentes y estudiantes comprometidos(as), ético-políticos(as) y subversivos(as), que cuestione y critique lo que se dice y se hace en nuestras aulas a través del dispositivo psicologizador. Si queremos que las cosas cambien, podríamos pues, empezar por la crítica a ese dispositivo que todo lo psicologiza a su paso que, tal como Foucault lo explicaba, criticar sería “interrogar la verdad” psicologizadora, “desconfiando” de ella, “limitarla”, “escapar de esas artes” (Foucault, 1978/2018) que de la psicologización emanan, y que a su vez, esto podría conducirnos al derrocamiento de lo que hoy se esconde detrás de la pantalla y en la red, aquello que sostiene a la psicología y su psicopolítica enmascarada de digitalización.

Referencias

  • Braunstein, N. (1980). El sujeto en el psicoanálisis, el materialismo histórico y la lingüística. En Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (hacia Lacan). México: Siglo XXI.
  • De Vos, J. (2019). La digitalización. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.
  • Foucault, M. (2018). ¿Qué es la crítica? Conferencia dictada en la Sociedad Francesa de Filosofía, Universidad de la Sorbona, 27 de mayo de 1978. En ¿Qué es la crítica? Seguido de la cultura de sí. Argentina: Siglo XXI.
  • Han, B. C. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Marx, K. y Engels, F. (2004). Manifiesto Comunista. Madrid: Akal. (Original publicado en 1848. “Manifiesto del Partido Comunista”).
  • Pavón-Cuéllar, D. (2019). Prólogo. La psico-política de Jan De Vos ante nuestra psicologización en el capitalismo. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.

Marx y Freud en nuestras aulas: una ausencia intencionada

Esta ocasión, más que enfocarme en aportes teóricos, en propuestas críticas para la contribución a la temática del blog basadas en autores y autoras importantes, quiero cuestionar y problematizar una situación que se da en nuestras aulas de psicología, al menos en lo que respecta al campus de mi universidad, que ha caracterizado nuestra formación como psicólogos y psicólogas: la ausencia intencionada de Marx y Freud en nuestras aulas, en nuestro programa educativo; en nuestra psicología.

Muchos compañeros y compañeras, docentes o administrativos podrán objetar lo antes mencionado; argumentarán que un retorno a Marx y a Freud (si es que ya han estado en su terreno) no es necesario, y que por el contrario, debemos “actualizarnos”, “modernizarnos” en las “nuevas” prácticas en psicología; incluso los habrá quienes argumentan conocer a Marx y a Freud, pero hasta ahí, no se profundiza en ninguno de los dos, incluso ni se mencionan en clase, y si con suerte llegan a mencionarse, forman parte de “líneas del tiempo”, de distorsiones y abstracciones teóricas sin sentido, de suposiciones ideológicas y argumentos sin fundamento. Claramente no está del todo perdido este retorno a Marx y Freud; hay quienes lo han hecho, no siempre de manera explícita, pero sí a través del discurso contrahegemónico de algunos compañeros(as) y docentes, y a través de espacios de diálogo que pueden apuntar a una “nueva psicología”.

Así entonces, trataré de dirigir este breve escrito hacia dos caminos: el rechazo hacia Marx y Freud en nuestras aulas de psicología, por una parte; en el otro sentido, el necesario retorno a Marx y Freud que tendríamos que comenzar como estudiantes.

El rechazo hacia Marx y Freud en nuestra psicología: distorsiones, ausencia e ignorancia

Karl Marx (1818-1883) | Sigmund Freud (1856-1939)

Tanto Marx como Freud, contemporáneos en algún momento de su vida, cambiaron la forma de ver el mundo; fueron dos revolucionarios teóricos que llegaron para repensarse lo que se daba por sentado (y a la fecha). Para bien o para mal, distorsionados o no, todos conocemos a Marx y a Freud, hemos oído hablar de ellos, los vemos tal vez en textos, en cualquier disciplina de ciencias sociales son nombrados (a veces solo fugazmente). Sin embargo, en nuestra psicología, que es la que nos importa ahora en este escrito, ¿cuándo se han tomado en serio los aportes de Marx y de Freud? o una pregunta mejor planteada, ¿cuándo hemos revisado lo que Marx y Freud plantearon?

En primera instancia, y a quien se relaciona más en psicología, Freud ha sido rechazado y distorsionado en nuestra psicología (y no solo en mi universidad). Rechazado por la complejidad de sus argumentos, de su revolución teórica, por su “falta de cientificidad”, es decir, por no tener un fundamento científico en lo que él planteaba. Tachado de “pseudocientífico”, el psicoanálisis freudiano ni siquiera es revisado a fondo en nuestra psicología, el gremio psicológico supuestamente científico, y en general, muestran una resistencia, pero no una resistencia analítica, sino una resistencia ideológica (Althusser, citando palabras de Freud)1. Esto es claro, el psicoanálisis representa una amenaza a lo establecido, a la forma en que se hacían las cosas en la época en la supuesta ciencia psicológica, y hoy en día, la amenaza es dirigida hacia la comprensión misma del sujeto, de la supuesta autonomía que la psicología clásica y actual engendró en una sociedad burguesa.

El rechazo a Freud se tornó menos explícito debido a la gran distribución de su obra por medio de diferentes autores que se mantenían en cercanía con él, o veían la necesidad de un retorno a sus postulados (como Reich o Lacan). Sin embargo, esto no significa que el rechazo por parte de la psicología “científica” desapareció. Al contrario, este rechazo tomó formas más sofisticadas epistemológicamente hablando. En vez de rechazar a Freud y sus postulados, la psicología trató de absorber (y vaya que lo logró parcialmente) al psicoanálisis, psicologizándolo, robándose sus conceptos: la psicología del yo, el psicoanálisis infantil o del desarrollo, entre otros2. De esta forma, un psicoanálisis psicologizado (o como Althusser llama, un intento de digerir el psicoanálisis desde la psicología)3, un psicoanálisis distorsionado, perdía total capacidad subversiva, perdía todos los elementos que hacían que el sujeto se cuestionara a sí mismo, su constitución como tal; en términos psicologizados (a propósito), su “individualidad”.

Su distorsión continúa hoy presente en nuestras aulas. Escuchamos por los pasillos a psicólogos y psicólogas que dicen interesarse por Freud, que dicen entenderlo; utilizan conceptos como “inconsciente” y “consciente”, frases como “hacer consciente lo inconsciente”, sin siquiera dar cuenta de cada uno de estos conceptos. Piensan el psicoanálisis desde la psicología. Freud está presente y ausente a la vez: presente en el discurso psicologizado, ausente en la práctica subversiva, crítica y verdaderamente científica. Se piensa que revisar la primera y segunda tópica en dos clases establecidas es suficiente; el psicoanálisis es tratado como una simple “teoría de la personalidad”, una “simple teoría” de la “salud y enfermedad mental”. Los psicólogos piensan que saben de psicoanálisis porque lo piensan desde sus marcos teóricos-ideológicos pretendidamente científicos. El psicoanálisis que se nos da en las aulas es un psicoanálisis yoico, que ignora sus represiones, sus determinaciones superyóicas.

En segunda instancia, pero no menos que Freud, lo que Marx vino a hacer tanto en las ciencias sociales como en la propia filosofía claramente fue un golpe de realidad a la sociedad capitalista en turno (en ese entonces, la industrial). Marx, después de sus escritos de juventud aún con una postura idealista hegeliana (dominante en Alemania) pero con tendencias materialistas4, revolucionó la forma en que se vería el mundo real. Ya no se partirían de concepciones idealistas (como sucede en la psicología), ahora se partiría de las condiciones reales de existencia, de la vida misma; ya no habría especulación, sino una verdadera objetividad. El modo de producción real, es decir, de producción para poder vivir, determina el quehacer de los sujetos. Así, un adelantado a la época y a la misma psicología de hoy, Marx y Engels argumentaban que no es la conciencia la que determina la vida (como la psicología supone), sino que es la vida real la que determina la conciencia5. Las producciones mentales serían solo un reflejo ideológico, un reflejo “invertido” de lo real. De esta forma, el sustento ideológico del que parte la psicología y su la supuesta autonomía que le ofrece al individuo, terminan siendo nada a la luz de lo real.

De igual forma, Marx pudo vislumbrar que en los modos de producción (lo real) siempre había una parte que se quería imponer a la otra, es decir, dos clases. Esto mismo confirmado por él en la sociedad del modo de producción capitalista y sus análisis del feudalismo; en el actual modo de producción capitalista: burgueses y proletarios. La sociedad burguesa controla los medios de producción y la fuerza productiva, las ganancias solo se concentran en unos cuantos mientras que el trabajo de los proletarios es remunerado con un mísero salario. En este sentido, sin entrar a detalles en una crítica al capitalismo, se propone una concepción objetiva de la vida, una concepción materialista de las formaciones sociales: las sociedades se forman a partir de sus condiciones reales para vivir, esto es, su modo de producción. Esta concepción, denominada materialismo histórico (Marx no utilizó este término), llevó entonces a una amplia difusión para el análisis de la sociedad: autores como Engels, Plejanov, Lenin, Althusser extendieron el desarrollo teórico (entre otros). Quedo ahora bastante, pero exageradamente, corto para la explicación de la propuesta marxista.

Con todo esto ¿qué tiene que ver la psicología con Marx? El problema reside en que la psicología, nuestra psicología ha ignorado sus aportes totalmente. Aquí ni siquiera hay una presencia-ausencia, simplemente no existe Marx para la psicología de nuestros días (aparentemente no existe), para la positivista, para la adaptadora y alienante psicología. En vez de tomar en cuenta a Marx para la explicación de nuestra historia, se ignora completamente. Esto lo vemos en las supuestas clases de “historia” que se nos dan en la psicología: en vez de interesarnos por cómo saquearon América con fines de mercado en la época colonial, en vez de explicarnos las consecuencias de la sociedad capitalista neoliberal o interesarnos por la lucha de clases que hoy en día vivimos (como la COVID-19 ha dejado entrever actualmente), muy contrario a todo eso, la psicología se limita a contar lo que a su conveniencia es “mejor”. En caso de que no fuera “conveniencia” y fuera simplemente ignorancia, esta ignorancia no hace más que contribuir a que el capitalismo se siga perpetuando: en escuelas, en el trabajo, en la familia, en la sociedad misma.

La psicología sin Marx es simplemente una ciencia de las apariencias, de lo ideológico. El único acercamiento que se tiene por parte de nuestra psicología con Marx, en su ignorancia, es la distorsión de lo que él proponía. Los psicólogos y psicólogas (docentes y estudiantes) que ni un acercamiento por documental han tenido a Marx, difunden la misma propaganda burguesa en contra de un comunismo que es subversivo, revolucionario; esto es, y me atrevo a decirlo, porque sin capitalismo, ¿qué sería de la psicología?

Ya he mencionado anteriormente y en repetidas ocasiones, a partir de la propuesta de Braunstein y Althusser (seguidores de Freud, Lacan y Marx), que la psicología forma un Aparato Ideológico de Estado por sí misma. Nuestra psicología nos dota de ciertos ejes temáticos que deben ser revisados constantemente en clases, son reforzados constantemente, vistos una y otra vez sin cesar. Partimos de un idealismo platónico, un dualismo cartesiano, una “subjetividad” reducida a su comportamiento “objetivo”, observable y cuantificable, un individualismo con potencialidades, y para aparentar ser “más científicos”, una neurologización de la subjetividad. Claro, tenemos en cuenta de vez en cuando los “contextos” que la psicología determina en sus intervenciones de forma a priori: la familia, la escuela, el trabajo, lo “comunitario”. Nunca lo político y económico, nunca lo inconsciente o el aparato psíquico, nunca lo ideológico.

Este encierro en los ejes temáticos impuestos por la psicología no cumplen más que la función de serle leal al capitalismo y al “Yo” que desarrolló y reforzó la psicología como encargo del capital. Se tiene que asegurar un adoctrinamiento, la fuerza de trabajo adaptada, regulada, controlada; descartar aquellos quienes no funcionan en el entramado postindustrial; todo esto mediante pruebas psicométricas pretendidamente científicas. Nuestra psicología actúa como camisa de fuerza, que nos limita a un espacio cerrado de movimiento (sus temas y su campo de acción). Se trata de despolitizarnos, de “desrealizarnos”, de ser un psicólogo o psicóloga más. Se nos repite en las aulas (y vaya que en demasía), la premisa de que “cambiar el sistema” es IMPOSIBLE. Claro, esto es una cómoda postura para ellos y ellas, aquellos que les es más fácil recibir estímulos por cumplir con lo establecido, aquellos a los que les es más fácil subordinarse a lo que un dictamen establezca.

Comentarios finales: el retorno a Marx y a Freud

Me gustaría finalizar diciendo: no todo está perdido. Sí, tenemos mucho trabajo por realizar, mucho por leer y mucho por hacer si de verdad apostamos por una sociedad sin desigualdades. Si bien, la psicología ha absorbido al psicoanálisis e ignorado al marxismo, estos dos no necesitan de “la psicología”. Estos se han encontrado en diferentes ocasiones para formar un frente versus la psicología hegemónica, han creado y actualizado constantemente su propia psicología, una concreta y material, una verdaderamente científica no supeditada al capitalismo. Los aportes existen, solo que jamás nos los han presentado: Vygotsky (sólo vemos la ZDP), Politzer (¿y quién es?), Luria (¿no era el dios de los neuropsi?), Kornílov (¿?); todos estos forman parte de una “psicología marxista”. Más recientemente, Althusser y su retorno a Marx y su crítica de la psicología; Braunstein y su postura althusseriana; Parker, psicoanalista y marxista; Pavón-Cuéllar y su articulación del marxismo con el psicoanálisis lacaniano, entre otros tantos no menos importantes.

Necesitamos del psicoanálisis y del marxismo; necesitamos leer y releer a Freud y a Marx, tal como lo hizo Lacan con Freud, o Althusser con Marx (ambos críticos de la psicología). Ahora, no solo necesitamos de estas dos posturas para un frente teórico político comprometido, sino que también los necesitamos para cuestionar nuestra propia constitución como sujetos, es decir, cuestionar lo que nos ha hecho sujetos (en el doble sentido: sujetados y subjetivados). El compromiso de la psicología, si es que aún podemos hablar de ella como tal, no debe ser con un sistema económico encargado de violentar simbólicamente, debe ser, por el contrario, con la sociedad misma, y desarrollar un papel ético-político comprometido.

No por ser estudiantes no debamos acercarnos al lado “oscuro” como a mí me gusta llamarle. Pero es necesario que aceptemos, como estudiantes, que no será fácil comprender(se) a través de estos textos como la literatura psicológica ha ofrecido sus lecturas de forma fácil con lenguaje simplista e infantil para asegurar la reproducción ideológica. Es un camino complejo, un camino que hará poner en duda lo que somos y lo que la realidad ha sido hasta ahora.

Referencias

1 Louis Althusser, “The place of Psychoanalysis in the Human Sciences”, en Psychoanalysis and the Human Sciences (Nueva York: Columbia University, 2016), 1–44.

2 Ibíd. pp. 20-22

3 Louis Althusser, “Psychoanalysis and Psychology”, en Psychoanalysis and the Human Sciences (Nueva York: Columbia University, 2016), 45–87. (pp. 65-70)

4 Louis Althusser, “Sobre el joven Marx”, en La revolución teórica de Marx (México: Siglo XXI, 1967), 39–70.

5 Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 41–101.





La crítica de la/el estudiante: generando espacios de emancipación estudiantil

Muchos y a la vez pocos alumnos(as) hemos disentido en más de alguna ocasión con lo que nos imparten en nuestras clases, y no me refiero aquí a un disentimiento vago, sin fundamento, sino uno que atenta contra el saber que se nos transmite en las aulas. Este disentimiento adquiere una forma amenazante para aquellos que se paran frente a nosotros y los que se sientan a nuestro alrededor, para la estructura burocrática e ideológica educativa, para nuestras teorías pretendidamente científicas generadas del psiquismo y la realidad humana, e incluso (principalmente), para el propio sistema dominante. En esta ocasión me veo en la posición de sugerir qué podemos hacer como estudiantes para contrarrestar lo que se impone en nuestras aulas de manera tajante, lineal y hegemónica. Estas sugerencias pueden verse limitadas por los diferentes contextos universitarios y tampoco deben tomarse como las únicas alternativas.

Si bien me enfocaré específicamente en la psicología, estas alternativas emancipatorias en los espacios universitarios podrían ser “aplicables” a otras carreras, tanto de ciencias exactas como de ciencias sociales. Reitero, no son las únicas posibles, se (de)construyen y actualizan constantemente.

Psicología al servicio del poder: sin crítica, desinteresada, ideológica y capitalista

Como había denunciado ya en publicaciones anteriores, la psicología hegemónica se encarga mediante sus métodos de trabajo, sus docentes, sus aulas, las teorías, seguir reproduciendo psicólogos al servicio de una ideología dominante (capital), de reproducir supuestos sujetos autónomos, individuales y desinteresados de lo que sucede en el contexto sociohistórico, sociopolítico, socioeconómico y sociocultural; podemos incluso establecer a la psicología como un aparato ideológico de Estado. No es de extrañarse que tal psicología (hegemónica) acople todo su contenido teórico práctico en función de los intereses de la clase dominante y de un modo de producción establecido en tal o cual momento histórico determinado; esto último, como sabemos, tenemos ya varios “añitos” en donde el capitalismo (en todas sus vertientes y modificaciones) ha devenido en la instancia principal de reproducción ideológica para ponernos a su servicio.

En este sentido, todo el contenido que “consumimos” en nuestras aulas está determinado, en última instancia, por la estructura económica, tal como ya ha explicado Althusser y otros en diferentes ocasiones acerca de la infraestructura y la superestructura las que no desarrollaremos esta ocasión con más detalles (Althusser, 2018; Braunstein, 1975). Asumimos, que todo este contenido, llámese: bibliografía (tanto en los programas como en la propia biblioteca; la imperante presencia de bibliografía psicológica estadounidense de “grandes” editoriales), el discurso del docente, plan curricular, entre otros, constituyen una formación de cierto tipo de psicólogo(a). A pesar de que se exclame constantemente en el discurso burocrático con sus formalidades (por ejemplo, el dictamen de una reforma del plan de estudios) formar en nosotros un “pensamiento crítico”, este pensamiento no puede llegar muy lejos si no se crítica lo de afuera, si no damos cuenta de las desigualdades originadas por y a partir del sistema; no puede llegar muy lejos si la psicología no es crítica consigo misma, con sus técnicas, con sus teorías, con sus métodos. Incluso cabe mencionar (peor aún) que al menos en la institución en la que estudio, y el respectivo campus, no se enfatiza formar en nosotros esa criticidad a pesar de que haya quedado formalizado en un papel burocrático (dictamen oficial) no se incluye ni en la misión/visión ni en el famoso perfil de egreso, vaya, en la primera información que se les brinda a los estudiantes a través de la página web; esto también se ve traducido en las aulas: muchos docentes (claro que existen excepciones) se olvidan de fomentar esa criticidad ante los contenidos que enseñan: ¿será por pura omisión sin sentido? O, en términos freudianos, ¿se trata de un lapsus de olvido a “propósito” (inconsciente) de algo?

Como estudiantes, no podemos esperar a que una instancia al servicio del poder económico-político-ideológico (como la psicología) nos dé las herramientas para justamente realizar una crítica fundamentada. Esto por algunas y diferentes implicaciones que tiene el hecho de “criticar” o “incomodar”: así aseguran la (re)producción de un tipo de psicólogo, homogéneo y heterogéneo a la vez (homogeneización del pensamiento, y heterogeneidad de las técnicas y el quehacer profesional para las diferentes tareas que el capital requiere realizar), pero desinteresado de los verdaderos problemas estructurales; se asegura o se consolidan los pilares de la reproducción ideológica, es decir, la estructura no “tambalea” si no hay crítica.

A continuación, expondré de manera parcial y limitada, algunas opciones de emancipación que podemos realizar desde nuestra trinchera estudiantil; claro está, estas opciones podrán irse modificando y agregando muchas otras conforme el tiempo lo permita. Cabe aclarar a todos los lectores, especialmente los estudiantes (sin descartar a los docentes que también forman parte de una trinchera crítica con un papel político comprometido, no solo en las aulas, sino también en la sociedad misma) que emprender el camino de la crítica hacia lo dominante puede tornarse complicado, con dudas de por medio al cuestionarse lo que uno está haciendo; esto es claro, es preferible no cuestionar, quedarse (como dicen los psicólogos cada que pueden) en la “zona de confort” que el sistema ha preparado durante siglos. La propuesta es no desistir y remar contracorriente hacia una sociedad-educación justa sin complicidades ni restricciones.

Grupos extracurriculares

Formar grupos “fuera” de nuestras aulas puede fomentar de manera más abierta el intercambio de ideas y la conjunción de otras. Estos grupos podemos formarlos a partir de deficiencias en la currícula establecida por la propia instancia burocrática. En nuestro caso, alguna vez llegamos a formar un grupo de estudio de psicoanálisis freudiano, dado que este no tenía un “espacio” en nuestros programas, sólo se revisaba por “encima”. O el caso de aquel compañero y amigo que decidió cursar un seminario de Jacques Lacan, psicoanalista prácticamente innombrable en la carrera; esto claramente no es una coincidencia: el psicoanálisis y su relación con otras ciencias pueden develar el proceso de sujetación ideológico de los sujetos, resulta amenazador para el sistema y las clases dominantes (Braunstein, 1975). Lógicamente, el crear un grupo extracurricular no es reproducir la forma convencional en la que nos imparten clases; puede existir o acompañar un(a) docente guía (que se debe reconocer que tiene más experiencia que uno), quien normalmente, suele oponerse a lo establecido en la escuela (no hay tantos de estos, y tenemos que aprovecharlos) como los que queremos formar el grupo, pero la producción de conocimiento y el intercambio de ideas debe ser horizontal, libre, descentralizado de la figura de autoridad educativa.

Aquí debo hacer la aclaración que, estos grupos al ser extracurriculares no deben de formar en nosotros el ideal de que pueda ser contado para nuestra formación, es decir, que el grupo sea moneda de cambio (de créditos curriculares); caeríamos en la trampa misma del capitalismo académico.

Textos y Lecturas “nuevas”

Como ya mencioné, el material bibliográfico que nos ofrecen la mayor parte del tiempo suele responder a intereses encubiertos: este material es limitado a bibliografía europea, estadounidense, con contenido un psicologismo en demasía. Este tipo de lecturas contribuye a que veamos la realidad solo desde lo psicológico, desde su pretendida cientificidad, desde lo ideológico. En este caso, es conveniente optar por aquellas lecturas que no aparecen ahí, por involucrarse en filosofía y en aquellas que tengan posturas críticas, que tomen en cuenta los modos de producción y sus desigualdades, lecturas que ayuden a problematizar y cuestionar lo que se da tanto por sentado en nuestra psicología o en cualquier otra carrera profesional. En el caso de la psicología, puedo mencionar varios autores que simplemente se revisan poco o se omiten (nuevamente, ¿por pura coincidencia?): Politzer, Vygotsky, Foucault, Holzkamp, Marx, Althusser, Freud, Lacan, Braunstein, Parker, Pavón-Cuéllar, Langer, Ibáñez, Íñiguez, Deleuze, Guattari, Deleule, González-Rey, Orozco-Guzmán, Flores-Osorio, Montero, Martín-Baró, entre muchos otros. Estos autores y autoras (claramente faltan muchos más, pero en este momento fueron los que llegaron a mi pensamiento) ayudan a repensar lo que estamos aprendiendo en psicología, nos ayudan a criticarla, a incomodarles con fundamento, a ser los “revoltosos” de los salones. Leer a “otros” autores abre el camino a nuevas posibilidades de pensamiento.

Involucramiento: desde los movimientos sociales hasta la resistencia en lo digital

Involucrarse activamente en lo que pasa “afuera de nosotros” (como la psicología lo toma, supuestamente ajeno a nosotros), tener un papel político activo, criticar y proponer, denunciar y resistir. Desde los movimientos sociales y estudiantiles, hasta la misma denuncia virtual. He visto cómo compañeras de la propia institución han sido parte de forma activa de la lucha feminista y que han defendido sus derechos que han sido ignorados por siglos, pero también he visto compañeros y compañeras que son activamente políticos en sus redes sociales, compartiendo, opinando y criticando acerca de la situación social actual y todas las injusticias que se viven día con día. Lo digital nos ha alcanzado, y así como el capitalismo ha puesto también a las redes sociales y todas las herramientas tecnológicas a su favor, estas nos pueden servir también de apoyo y de denuncia. La resistencia tanto física como digital son complementarias: necesitamos de la presencia física para ejercer presión ante el sistema, pero también necesitamos de la difusión digital, de la concientización de los que no pueden salir o involucrarse físicamente por “x” o “y” motivo. Asistir a una marcha, compartir o escribir una denuncia social, contribuyen a que no seamos los mismos(as) psicólogos(as) desinteresadas de lo que pasa “alla”, “lejos de mí o de nosotros”.

Comentarios finales

Como comenté en un principio, estas opciones “emancipatorias” las podemos llamar así porque tratan de “salirse” de lo establecido, de conformar nuevas formas de hacer psicología y de pensar en lo que acontece “allá”, al “exterior”. No son las únicas y tampoco prometen “inmunidad académica”, es decir, nos pone en riesgo de ser señalados por la estructura, por “revoltosos”, por “criticones” y una serie de adjetivos que descalifican estas alternativas en psicología.

La misma estructura, en donde están las fuerzas dominantes constrictoras, puede ser la misma en la que se genere esta emancipación, tanto en el quehacer profesional como en el intercambio de conocimiento. Es una tarea compleja, tanto para los estudiantes que decidimos remar a contracorriente de lo que nos enseñan como para aquellos pocos docentes (maestros y maestras) que ponen de su parte para modificar los programas y expandir nuestro panorama teórico-práctico y nos comparten su experiencia.

A su vez, reitero que estas opciones pueden ser tomadas para cualquier otra carrera profesional: un estudiante de ingeniería emprende un camino emancipatorio y crítico al “descubrir” un método más sencillo para resolver una integral, una derivada; un estudiante de historia puede descubrir injusticias en cierto momento histórico o proceso social en tal o cual fecha determinada (por poner ejemplos muy vagos y reduccionistas).

A estas opciones o espacios emancipatorios se irán sumando nuevos en próximas publicaciones; no dejemos de remar contracorriente, de apoyarnos los unos a los otros para poner en evidencia lo que se nos quiere imponer de forma tajante y lineal.

Referencias

  • Althusser, L. (2018). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Práctica teórica y lucha ideológica. México: Editorial Tomo.
  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.

© 2020 Luis Pablo López Ríos

¿Qué es la psicología crítica? Grosso modo

Hablar de psicología crítica conlleva un análisis y revisión bibliográfica bastante extensa y que aún sigue en desarrollo por muchos autores y autoras. El desarrollo teórico, posicionamientos realizados y la dilucidación de las inconsistencias al interior y exterior de la disciplina, por distintos psicólogos y psicólogas en contra del saber psicológico, ha dado pauta a que más profesores, investigadores y estudiantes nos interesemos por estar revisando una y otra vez lo que la psicología pretende mostrarnos. Pero ¿qué es la psicología crítica?: ¿una especializante más? ¿una teoría? ¿un método?. Esta publicación aborda algunas de las ideas propuestas que el psicólogo crítico mexicano David Pavón-Cuéllar ha recopilado y desarrollado en su publicación reciente: “Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad”.

Tal como afirma Pavón-Cuéllar (2019a), la psicología crítica no es ni una rama, metodología o “especializante” de la psicología. Al respecto, él menciona:

“Digamos que es lo que se hace al cuestionar y discutir lo psicológico, al evaluarlo y problematizarlo, al interpelarlo e interrogarlo, al hacerle preguntas incómodas, al plantearle objeciones y exigirle que se explique. Todo esto es la psicología crítica. Se trata de una actitud crítica ante la psicología, una simple actitud y no, insistamos, una especialidad ni una orientación teórica ni un componente necesario de la disciplina” (ibíd.: 11)

Entendamos pues, que la psicología crítica no es algo en lo que el psicólogo(a) se pueda especializar o teorizar (“a mí me gusta esta teoría”, equiparable a cuando un psicólogo dice “yo soy psicólogo humanista o psicoanalista”), o comprobar mediante instrumentos e incluso mediante la “saturación cualitativa”. Tampoco es una materia impartida que nos va a dar ciertos créditos para obtener nuestro título universitario (aunque algunas universidades ya han visto la necesidad de tener “aunque sea una” materia que cuestione la psicología). Es claramente tener un posicionamiento, cuestionar, debatir y refutar de manera constante el saber construido de la psicología, de la norteamericana y la europea (las que nos han regido, enseñado y aplicado de manera tajante en nuestras aulas, en consultorios y en las investigaciones). Implica la problematización dentro y fuera de la psicología: los discursos que se producen y el porqué de estos, a quiénes justifican y a quiénes sirven; cuestionar su pretensión de objetividad de los sujetos, que per se, son inobjetivables (Pavón-Cuéllar, 2019b).

Tomás Ibáñez (2001), en su crítica relativista al interior de la psicología, advertía acerca del conocimiento pretendidamente científico y objetivo de la psicología (social): ya no es posible decir entre nosotros “¿Cuáles son tus datos? ¿Qué procedimientos has utilizado para construirlos y analizarlos?”, sino construir nuevas interrogantes alrededor de la producción de conocimiento: “¿Qué consecuencias tiene tu discurso?, ¿Qué efectos produce?, ¿Qué prácticas sugiere? Es entonces un conflicto constante de la psicología consigo misma, un constante cuestionamiento y deconstrucción en el interior de la disciplina. Sin embargo, interrogar solo el interior de la disciplina resulta tautológico, resulta ser solamente una crítica psicologizada, sin una trascendencia que implique un cambio estructural. La psicología que se nos imparte está insertada en un sistema, en un modo de producción capitalista, extractivista, colonial y represivo (no es necesario poner una cita aquí para dar cuenta de lo que el monstruo del capital ha venido arrasando durante poco más de siglo y medio), en el que resultan claramente visibles las desigualdades sociales y económicas. Lamentablemente, la psicología se “deslinda” o “hace como que no ve” o “no conoce” el modo de producción y las relaciones inscritas en este y de toda esta situación, y por tanto, prefiere mantenerse en una inexistente neutralidad. Se necesita una psicología (crítica) que se encargue de la revisión de lo que sucede en las relaciones reales, que se encargue de señalar constantemente al capital y a su brazo armado (el Estado); necesitamos una psicología que sí quiera una transformación social.

Con base en lo anterior, la psicología crítica es tener una actitud política y crítica hacia el sistema en el que el mismo saber psicológico se ve constituido y viceversa. Es hacer una crítica constante al EXTERIOR de la psicología (ya no solo al interior: sus discursos y prácticas): crítica al sistema capital y su producción mercantilizada e ideológica de los sujetos, al sistema patriarcal y heteronormativo y sus respectivas desigualdades de género, del sistema colonial y neocolonial y su evidente clasismo vigente. Es subvertir el statu quo fuera de la psicología pero a la vez dentro. Es el no evitar el conflicto, la revolución y la transformación. Es ocuparse de los grupos oprimidos y marginados. Es interrogar a las instancias de poder de forma constante y señalar las injusticias que subyacen a estas. Es desmantelar y subvertir las supuestas “opiniones” racistas, xenofóbicas, homofóbicas y clasistas. Es no quedarse únicamente en la teorización académica, sino salir al mundo, cuestionarlo y apuntar hacia una transformación social sin injusticias.

Algunos autores que se presentan en la publicación del autor mencionado al principio de este texto, forman parte fundamental del desarrollo de la psicología crítica y la crítica a la psicología, en su mayoría psicólogos, pero también han contribuido autores desde el campo de la filosofía, la sociología y otras ciencias. Se recomienda ampliamente al lector la revisión de estos autores (a modo de sugerencia personal, dado que he hecho algunas revisiones parciales de sus obras) para poder profundizar en el tema. Entre los clásicos se encuentran:

-Karl Marx y Friedrich Engels
-Klaus Holzkamp
-Lev Vygotsky
-George Politzer
-Jacques Lacan
-Louis Althusser
-Michel Foucault
-Entre otros…
Autores más recientes:
-Ignacio Martín-Baró
-Maritza Montero
-Ian Parker
-David Pavón-Cuéllar
-Tomás Ibáñez
-Lupicinio Íñiguez
-Néstor Braunstein
-Jan De Vos
-Entre otros…

Referencias: