Cambiar “yo” para que nada cambie: la retórica del capitalismo

Mientras leía el capítulo final de “Psicología: ideología y ciencia” (1975), escrito por Gloria Benedito (y en donde también figuran ampliamente los aportes de Néstor Braunstein), me encontré con una serie de denuncias en contra de la psicología y su complicidad con el modo de producción capitalista y su afán de querer cambiar a los sujetos en su individualidad para que todo siga como esté. La cita hizo que me motivara a escribir estas líneas, y que considero importante argumentar. La cita menciona:

“…la producción de todos los cambios necesarios en el hombre para que nada cambie, para que no cambie lo esencial, la estructura, la determinante en última instancia, el modo y relaciones de producción imperantes”. (Benedito, 1975, p.412)

A pesar de que esta aseveración se haya escrito hace 45 años, no cabe duda que hoy nos encontramos frente a la misma situación en la actualidad, solo que esta ocasión, el capitalismo ha sabido mediante su retórica muy elaborada y apoyada por diferentes instancias ideológicas como la propia psicología, esconder a través de premisas muy escuchadas por todos día a día, algunas de estas ya mencionadas en una publicación en este blog: “el cambio está en uno mismo”, “el cambio lo haces tú”, “no esperes a que los demás cambien” entre muchas otras bastante reproducidas en prácticamente todos los lugares en los que estamos. Me propongo entonces en esta ocasión, a elaborar unas (limitadas) reflexiones en torno a este tipo de premisas, cómo se incrustan en nosotros y qué repercusiones tienen a partir de analizar de forma breve, general e incompleta, el modus operandi del capitalismo a través de sus técnicas compradas (como las de la psicología). Al final del escrito pretendo mostrar un ejemplo muy común en la sociedad actual en dónde se puede visibilizar con mayor facilidad la reproducción de esta premisa muy sonada: “el cambio está en uno mismo”.

El modus operandi del capitalismo: la psicología como soporte y técnica ideológica

La psicología hegemónica al servicio del capital se ha encargado de definir (o mejor dicho, de reproducir) lo que es “normal” y “anormal”, lo “sano” y lo “enfermo”, la conducta “adaptada” y la “inadaptada”. Estas definiciones corresponden a ciertas normas (y nos preguntaremos ¿impuestas por quién[es]?) que todos y todas debemos de cumplir y seguir; los estándares impuestos para considerarse “normal”, “sano” o “adaptado” se presentan en función de una serie de demandas y expectativas (¿de quiénes?) que se deben realizar; los psicólogos suelen argumentar que son demandas y expectativas del “medio social” (¿y quiénes dirigen ese “medio social”?). Todas estas demandas y expectativas son difundidas a través de los diferentes aparatos ideológicos de Estado (ya revisados anteriormente): la escuela, la religión, los medios de comunicación, creando así un “sujeto ideal”, un ideal del Yo, en términos psicoanalíticos. Este sujeto tiene ciertas funciones en el “medio” (¿impuestas por quién?), que deben ser cumplidas para seguir perteneciendo a ese medio, de lo contrario, se verá acorralado en la exclusión “social” (¿quién determina a quiénes se excluyen y a quiénes no?).

Para dar respuesta a todas las preguntas planteadas en paréntesis, recordemos lo que Althusser a través de los aportes de Marx con el materialismo histórico: la infraestructura económica es determinante, en última instancia, de las cuestiones ideológicas, jurídicas-políticas. Es decir, el modo de producción imperante en un momento dado (el capitalismo, desde hace casi un siglo) determina qué es lo “normal”, lo “patológico”, lo que se adapta a él, y lo que se desvía. Todo lo normal y lo adaptado, podrán cumplir las funciones que le corresponden en el modo de producción capitalista, no serán una incomodidad o un problema que se tenga que solucionar. En caso de que exista alguien que se desvíe (que cuestione, o no cumpla su función), el capitalismo se verá obligado, mediante sus aparatos ideológicos (como la psicología), en aplicar las técnicas necesarias para solucionar el “problema”.

El capitalismo escoge a nuestra disciplina, dado que esta ha definido (vagamente y con aparente cientificidad) su objeto de estudio como la “conciencia” y la “conducta”, y sobre estos trabaja (Braunstein, 1975), para hacer los cambios pertinentes en aquellos que “lo necesitan”; es la más adecuada para tratar con los sujetos. La psicología se verá en la necesidad de cumplirle al capitalismo, dado que este la financia (métodos, técnicas, etc), sus demandas: readaptar a todo aquel que no cumpla con los estatutos del “medio”, aquel que presenta conductas no admisibles/aceptables que interfieran con el proceso de producción (ahora en el neoliberalismo). La readaptación se realizará mediante sus diagnósticos, mediante los test “estandarizados” (en función de criterios estadísticos de normalidad) y psicoterapias, a través de una lógica centrada en el individuo y su conducta individual (porque es “uno” el que está mal), en el “aquí y en el ahora” para ignorar los determinantes históricos; se le enfatizará al sujeto que su forma de ser (inadaptada), no funciona, que debe cambiar para funcionar. En este sentido, se ignora toda la causalidad estructural, el modo de producción detrás de estas supuestas inadaptaciones (Benedito, 1975; Braunstein, 1975).

Pavón-Cuéllar (2012) enfatiza en esta cuestión de la psicología y su lógica (obsesiva) del individualismo como cómplice del modo de producción: “…consiste en desviar la atención del sistema”, el sistema “no puede ser molestado”, la psicología debe centrar los problemas “en las inseguridades, los complejos, las desesperaciones e impulsividades” de los individuos, en este sentido “no es necesario transformar al sistema” sino al individuo, en vez de realizar una gran “revolución social”, realizar una “pequeña revolución individual en un centro de readaptación social, una clínica psiquiátrica, un consultorio de terapia breve o en un diván de psicoanalista”. Y continúa:

Podemos representarnos la psicología como un alambique del sistema por el que entran seres peligrosamente frustrados e insatisfechos, potencialmente indignados y subversivos, y salen seres sonrientes, satisfechos, tranquilos, relajados, resignados, adaptados. En su indignante complicidad con el sistema, la psicología opta por adaptarnos al sistema, a sus mezquinos intereses, a sus falsos ideales y caprichos perversos, en lugar de adaptar el sistema a nosotros, a nuestras necesidades, aspiraciones y deseos. En lugar de que el sistema sea lo que nosotros queremos, somos nosotros los que debemos ser lo que decide el sistema. Somos nosotros los que debemos ceder. Somos nosotros los que debemos adaptarnos al sistema, como si el sistema fuera digno de que nos adaptáramos a él, como si lo valiera, como si mereciera que todos los psicólogos trabajen diariamente para él, para perpetuarlo, para protegerlo de los inadaptados” (ibíd; 204).

Ha quedado claro, que el problema no es el sistema, es el individuo inadaptado, el anormal, el patológico. El sujeto cree que el problema es él o ella, que debe cambiar para no ser excluido (ya sabemos por quiénes), que si quiere seguir en su trabajo debe cambiar él, que debe controlar su síntoma (por ejemplo, el estrés) ignorando toda causalidad (las condiciones y relaciones de producción) para no generarles un problema en la gerencia, a los administrativos; el alumno debe cambiar (readaptar) su forma rebelde de pensar a contracorriente para obtener el agrado del profesor(a) y pasar la materia, y que este no cuestione su discurso hegemónico (tanto del docente como el de la universidad). Ejemplos hay muchos, en esta ocasión me enfocaré particularmente en la difusión del “cambio está en uno mismo” respecto a la situación medio ambiental en decadencia

La retórica de “el cambio está en uno mismo” en la situación medio ambiental

¿Cuántas veces no hemos visto en Facebook, Twitter, o Instagram que publican un montón de pautas, productos ecológicos, para ayudar al medio ambiente? ¿Cuántas campañas no hemos visto de “recoge la basura”, “reutiliza”? Me atrevo a decir que diariamente nos encontramos entre 1 o 2 publicaciones al día de esta índole. Estas actividades se enfocan en generar en “nosotros” (volvemos a cuestionarnos ya con la respuesta establecida anteriormente, ¿quiénes generan eso?) una especie de conciencia hacia el medio ambiente, argumentando que el cambio comienza cuando uno decide recoger su basura, cuando en vez de utilizar ciertos productos utilizo otros con la etiqueta de “ecológicos”, que si “yo” reutilizo voy a cambiar el mundo y su situación ambiental.

“Necesito cambiar mis hábitos para no dañar al medio ambiente”, es lo que se alega en redes sociales, en las pláticas con amigos. Toda esta publicidad ecológica, si así le podemos decir, está incluso financiada por grandes empresas, por la gran industria. Toda publicidad, de cualquier tipo, cumple una función como aparato ideológico de Estado (medios de comunicación): crear un sujeto ideológico recluido en su individualidad, para ocuparse de sí mismo, ocuparse de sus hábitos ecológicos. Hacen que creamos (¿quiénes?) que el problema de contaminación, el calentamiento global, la extinción de flora y fauna, es “nuestra” culpa, el individuo, y por lo tanto, debemos cambiar nuestros hábitos. En este sentido, estamos tan enfocados en cambiar solamente nosotros y nuestros hábitos, que ignoramos totalmente la causalidad de las afectaciones al medio ambiente: el capitalismo con su lógica extractivista, la expansión territorial de sus industrias, el consumo compulsivo motivado por su publicidad perversa.

El modo de producción capitalista hace de las suyas para desviar la atención, mediante distintas técnicas (medios de comunicación; por ejemplo, los autonombrados “influencers”), de que son ellos (los capitalistas) la causa del problema. Desvía la atención hacia nosotros, hace que “cambiemos nosotros para que nada cambie” y todo siga igual, que el cambio “está” en nosotros y no en aquellos que detentan el poder. Se prefieren hacer acciones individuales en vez de poner en evidencia las acciones de este modo de producción. El “chiste” es disipar cualquier actitud subversiva, cualquier incomodidad para las grandes transnacionales, para que estas sigan produciendo, incluso “productos” placebo como muchos estos que llevan la etiqueta de “ecológicos”. De igual manera, y aunque no me detendré en explicarlo, las marcas más famosas utilizan su lógica “eco-friendly”, para vender más, para generar plusvalía.

El cambio no está en uno mismo. El cambio se debe hacer desde la estructura, hacia y en contra de lo hegemónico, en contra del capitalismo y sus aparatos ideológicos (y las técnicas que de estos emanan), su publicidad, su aparente actitud altruista a la “humanidad”,

Comentarios finales

Se muestra entonces, ahora sí de forma concreta y sin sarcasmo, que el problema es de índole estructural, el problema es el capitalismo y su retórica. El cambio no reside en el individuo; las adaptaciones se hacen a favor del sistema, y la psicología contribuye a esa adaptación (entre otros AIE). Entre más nos enfoquemos en cambiar “nosotros” antes que al sistema, solo prolongaremos el síntoma, el malestar, la culpa.

La cita con la que inicié el escrito, a pesar de lo alejada que está a nuestra temporalidad, se sigue repitiendo, sigue vigente y con nuevas actualizaciones mediante técnicas ideológicas que ayudan a perpetuar el modo de producción y la clase dominantes. El capitalismo se reinventa, no quiere perder terreno, hará todo lo posible por seguir aquí con nosotros, por seguir mintiendo a su favor; hará todo lo posible por adjudicarnos sus errores, nos hará creer que “el cambio está en uno mismo”. Nos hará ver como “inadaptados”, como “enfermos mentales” en los diagnósticos de la psicología financiada por este; nos tratará de readaptar, de excluir si no le servimos a sus intereses. Nos hará creer que con “pequeños gestos o acciones” hacia el medio ambiente podemos cambiar la situación decadente. Se pretende no molestar, por eso necesita de la psicología, para “calmarnos”, para asentir con la cabeza a todo lo que se dice (¿quiénes nos lo dicen? ya sabemos).

El escrito puede quedar muy limitado debido a que no quiero entorpecer las ganas de seguir leyendo, el tema da para mucho más análisis y muchas más reflexiones. Nos toca ser críticos, en conjunto, no de manera individual.

Referencias

  • Benedito, G. (1975). Rol del psicólogo: Rol asignado, Rol asumido y Rol posible. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2012). Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación. Teoría y Crítica de la Psicología, 2, 202-209.

Whitexicans: el discurso clasista del siglo XXI

Este escrito fue realizado a modo de ensayo para una clase de psicología social (que se caracterizó por una tendencia crítica a la psicología, misma que comparto) y que además fue presentado entre diversos compañeros del aula y el docente, aportando observaciones enriquecedoras. Realicé unas pequeñas modificaciones sin alterar el propio contenido expresado.

Whitexicans: el discurso clasista del siglo XXI

México se ha caracterizado por diferentes momentos en la historia que han permitido darle “forma” a la sociedad mexicana actual: desde el surgimiento de las poblaciones indígenas mexicanas, la época del colonialismo y su respectivo capitalismo mercantil extractivista y opresor del psiquismo indígena, las revoluciones en contra del sistema, el (re)establecimiento de un nuevo capitalismo (financiero y especulativo) y la hegemonía de este durante 70 años (aún en curso) (Pavón-Cuéllar, 2017). Basta con revisar el desarrollo teórico para dar cuenta de la existencia de una convergencia entre estos hechos: en la mayoría (por no decir en todos), se ha buscado (y se busca) la imposición de ciertos intereses sociopolíticos y culturales para el mantenimiento del statu quo y la funcionalidad de estos fines (sin mencionar la represión tanto física a través de la violencia, como ideológica, ejercida para alcanzar estos fines; aquí incluiríamos la propuesta althusseriana de los aparatos ideológicos de Estado). Cabe mencionar que esta imposición de intereses ha sido por parte de aquellos grupos dominantes que ejercen poder social, económico y político: los colonizadores hace 500 años y las élites surgidas entonces que se han perpetuado a través del tiempo, la complicidad del Estado mexicano con el actual modelo capitalista neoliberal y sus respectivos partidos políticos que reprimen cualquier intento de crítica.

En la época actual, a pesar de que el cambio de régimen político haya llegado con un discurso prometedor y “tambaleante” para los grupos dominantes en México [cabe aclarar que este discurso quedó en puras palabras], estos últimos se siguen esforzando por marcar una diferencia cultural, económica, racial y política en el entramado mexicano. Actualmente, con el uso de las redes sociales, estas “diferencias” entre la sociedad mexicana se han dejado entrever en el discurso de los usuarios, de tal manera que se sigue perpetuando el clasismo como efecto “colateral” de la historicidad mexicana antes mencionada.

El presente ensayo busca realizar un brevísimo análisis sobre el neologismo “whitexican” a partir de una revisión del discurso (ideológico) en Twitter desde una perspectiva psicosocial crítica: desde su uso hasta sus implicaciones ideológicas como forma de dominación y desigualdad. Cabe destacar que hay muy poca revisión sobre este término ya que es relativamente reciente en los medios, y por lo tanto, este texto será escrito de forma parcial desde la perspectiva antes mencionada y del autor [aquí todavía no había hecho tanta lectura acerca de psicología crítica, pero tenía nociones que permitían un análisis sencillo], y que además servirá para poner en práctica lo revisado en este curso de la carrera de psicología.

¿Quiénes son los Whitexicans?

El término ha aparecido principalmente en redes sociales, y específicamente en Twitter (hoy en día se ha trasladado a Facebook también), y hace referencia a las personas que reproducen prácticas clasistas y discriminatorias. Un “whitexican” es aquel que goza de privilegios por el simple hecho de tener una tez blanca (y dinero, aunque este último no es “factor” determinante; también hay whitexicans que no necesariamente tienen tez blanca) y que, además, acentúa estos privilegios en las redes sociales a partir de un discruso clasista y (me atrevo a decirlo) de odio. Cabe mencionar que esta palabra no fue acuñada por la propia élite de tez blanca en México (cuyo origen aparece en los colonizadores hispanoportugueses y anglosajones: tez blanca, ojos claros, estatura por encima del promedio mexicano), sino que fue una cuenta usuario de Twitter que dedica sus publicaciones a la sátira y crítica de estas personas clasistas. Por otra parte, Ramírez (2019) enlista una serie de características de estas personas: se expresan “orgullosos de ser mexicanos” sin conocer en dónde se encuentran los estados; el factor de blanquitud no es obligatorio para ser clasista; mezclan el español con el inglés (se enorgullecen de México pero se enaltece el “american way of life”), presumen la cultura mexicana pero no se acercarían a los sectores populares más que para una foto en Instagram con fines marquetineros. No obstante, estas personas identificadas con este término, alegan en la plataforma que se trata de un racismo inverso (?) al ser señalados en las distintas redes sociales. Aquí el asunto no es que sean “señalados”, sino más bien, evidencian sus prácticas ideológicas de dominación y supuesta inferioridad y es por esto que se sienten “señalados”. Almanza (2019) señala que los whitexicans se refieren a las personas de piel oscura como “prieto”, “indio”, “naco” y “gato”, pero estos no son los únicos entre una serie extensa de términos despectivos.

En este sentido, es más que evidente que el clasismo y discriminación como actos sociales de represión y dominación ideológica siguen reproduciéndose ahora en las plataformas digitales, y que estas prácticas no son más que el resultado de una larga historia de colonialismo (las familias criollas y/o directas de los conquistadores que se dedicaron a esclavizar, violentar, violar, reprimir, someter y matar a miles de indígenas).

Implicaciones del whitexican discourse y la resistencia en lo digital

Como anteriormente comentaba, la persona que se considera (y la que no se da cuenta de ello, aquella que se encuentra en el privilegio y no da cuena de esto) reproduce una cierta ideología (la capitalista, clasista y racista), y tal como Montero (1994) desde la perspectiva psicosocial de la ideología (y ya comentada también en el anterior artículo del blog, con tintes marxistas y althusserianos), esta encubre la dominancia y supremacía que “deberían” tener las personas de tez blancasobre aquellos a través de los acontecimientos históricos, y además, a través del discurso producido se normalizan y justifican estas acciones: en la conquista se “atacaba” el psiquismo indígena, tachados además de “bestias” (véase más en Pavón-Cuéllar, 2017); en la actualidad se sigue manteniendo las frases como “mi muchacha” (para hacer referencia a la empleada que realiza el aseo en una casa ajena), por mencionar solo un ejemplo. Esta ideología supremacista, como ya se ha venido comentando, es resultado de la concentración de poder desde hace 500 años en las élites que controlaban a los pueblos originarios y la construcción de una realidad en la que solamente puede haber un sector dominante y el convencimiento (llámese “científico” o ideológico) de que existe una raza inferior por cuestiones naturales. Podríamos definir que ejercen el poder desde el marco jurídico (colonial) (Ibáñez, 1983 citado en Martín-Baró, 1989), en el que ser blanco con dinero (o sin él) legitima la superioridad sobre aquellos que no lo son; las personas que no pertenecen a este orden jerárquico no tienen el derecho de disfrutar de la misma manera, porque corrompen este orden, no permiten que el país clasista funcione.

Podemos encontrar una gran cantidad de ejemplos, veamos: Usuario1: “¿por qué los pobres toman tantas fotos cuando salen de viaje?”, en forma de réplica, Usuario2: “Nah, los pobres suben álbumes de 30 a FB” (vía Twitter); Usuario3: “Su rollo de odia contra los whitexicans está bien meco y saca a flote su resentimiento de inferioridad.Quieren hacer sentir menos a alguien que consideran más”. Otro usuario más: Usuario4: “Debería de caer una bomba en el zócalo…nos haría un favor a todos. #vivaMéxico…pd si les molestan mis comentarios bórrenme, créanme que me vale 2 pesos saludos cordiales” (publicado el día de la celebración del grito de independencia en CDMX); Usuario5: “Para ustedes está mal: tener ropa de marca, tener joyas caras, tener un coche, tener la piel más “clara”, vivir en zonas “acomodadas”, estudiar en universidades privadas. No les interesa si es producto del esfuerzo, ven con envidia a quien tiene más, Mediocridad y resentimiento”.

Como podemos visualizar en al menos cinco publicaciones (algo “leves”; omití poner las tantas grotescas racistas que existen) de diferentes usuarios, se busca destacar que existe una inferioridad en quienes deciden festejar un acontecimiento popular, quienes critican estas acciones, quienes disfrutan de un viaje, etc. o como si por cuestión de esfuerzo no tiene la piel más clara (pero ojo, el blanqueamiento ya está al alcance de nosotros gracias al capitalismo y su búsqueda de la homogeneización “estética”). Únicamente refuerzan a través de esta publicaciones, la ideología de superioridad y dominación que tienen sobre las otras personas y por lo tanto, distorsionan la realidad para volverla “normal”. Incluso, el hecho de no tener un presidente de tez blanca, de abolengo y sin ostentación de lujos (al menos no manifiesta o a la luz de sus acciones comunes), causa conflicto en estos grupos que apenas representan una minoría del país.

No obstante, a pesar de que se encuentran este tipo de publicaciones (y obviando que existen miles más, y aún más grotescas), el espacio digital ha servido para muchas personas como lugar de crítica hacia estas desigualdades: usuarios (al menos en Twitter) utilizan 140 caracteres para mantener a flote el conflicto en contra de este discurso que perpetua la desigualdad social y racial. Diversas cuentas señalan y exhiben, en forma de sátira y crítica, este discurso de dominación social. Esta resistencia generada en redes sociales se ha visto “cuestionada” por (nada más y nada menos) que los mismo grupos dominantes que se esconden a través de cuentas falsas o “influencers” con grandes cantidades de seguidores, y a través de sus cuentas, buscan el equilibrio de clases aclamando que este tipo de resistencia es un racismo inverso (?), que crea desigualdad y polariza a la sociedad mexicana: ¿no estaba ya polarizada, discriminada y dividad justamente por ustedes? Desde mi punto de vista, la gran “desventaja” de estos grupos que se sienten ofendidos por este término (o incluso les reafirma su posición en la sociedad), es que no tienen un control (adicional al que ya tienen sobre otros campos) sobre lo que se publica o no en las redes sociales, y probablemente, esto hace que se sientan vulnerables y amenazados ante los señalamientos de una organización colectiva.

Conclusiones

Nos encontramos en una época en la que, supuestamente, se han generado diversas campañas en contra del clasismo y discriminación en nuestro país, sin embargo, las redes sociales nos muestran todo lo contrario, y manifiestan que ciertos grupos que han pertenecido a la clase dominante, burguesa, blanca y clasista durante siglos, siguen luchando por ejercer ese poder sobre los demás, y así, legitimar y naturalizar ese discurso. La clasificación de personas en el término whitexican es una manera en que se ha decidido tomar acción en redes sociales para exhibir la desigualdad a la que no se le ha prestado atención en diferentes ámbitos.

Como usuarios activos de estas redes sociales, tendríamos la obligación de cuestionar y señalar cualquier discurso que implique mantener ese supuesto equilibrio de clases; hoy en día es inevitable no interactuar en estas plataformas sin encontrarle un sentido social y/o político.

Hace falta que exista una revisión crítica más extensa sobre el tema, específicamente en las plataformas digitales, porque resulta interesante que a pesar de que exista ese discurso enajenador, las personas se organicen dentro del internet para hacer frente a este tipo de cuestiones que devienen en actos sociales, políticos, y más aún, ideológicos.

Referencias

  • Almanza, B. (28 de junio de 2019). “Whitexicans”: ¿una nueva forma de racismo en México contra la gente blanca adinerada? BBC News. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-48098551
  • Martín-Baró, I. (1989). Sistema, grupo y poder. Psicología social desde Centroamérica II. San Salvador: UCA.
  • Montero, M.(1994). Una mirada dentro de la caja Negra: La construcción psicológica de la ideología. En:Montero, M.( 1994). Construcción y crítica de la psicología social. Barcelona: Antrhopos, pp. 127-145
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Capitalismo y psicología en la historia latinoamericana: esbozo de recapitulación histórica para proyectos liberadores anticapitalistas. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Ramírez, A. (15 de abril de 2019). ¿Quiénes son los whitexicans y por qué no es un termino racista? Plumas Atómicas. Recuperado de: https://plumasatomicas.com/cultura/cultura-cultura/quienes-son-los-whitexicans-y-por-que-no-es-un-termino-racista/