Cuestionar el regreso a clases hoy: ¿control psicopolítico-digitalizado de la vida?

Después de casi seis meses de que la suspensión de clases se hiciera efectiva aquí en México debido a la pandemia del SARS-CoV-2, nos encontramos de nuevo con el anhelado “regreso a clases”. Sin embargo, este regreso a clases no será igual que en años anteriores: hoy nos sujetaremos a las condiciones en las que la pandemia permite ese retorno a la escuela: transmisión de clases por televisión abierta para educación básica y clases en plataformas educativas para niveles superiores, con mayor flexibilidad, rapidez, alcance y eficiencia. Pero, deberíamos plantearnos el cuestionar lo que posiblemente subyace en este ansiado regreso digital a clases y todas sus “bondades”: cuestionarnos lo que va más allá de solo la educación en tiempos de pandemia.

La escuela, no olvidemos la propuesta althusseriana (que reiteradamente menciono en este espacio), funge como aparato ideológico, y por ende, esta no se limita a la mera transmisión de conocimientos, al seguimiento de una planeación escrita y entregada a las autoridades escolares, sino que deviene en reproducción de la ideología, del sistema capitalista y sus relaciones de producción dentro y fuera de las aulas, ese famoso “curriculum oculto” y perverso. Pero, ¿cómo hará el capitalismo neoliberal para asegurar esas relaciones, mediante la escuela, ahora que nos encontramos en la “comodidad” de nuestros hogares? ¿Será que el capitalismo no penetrará más allá de las aulas y tomaremos un breve descanso de su voracidad? Si esto no fuese así ¿a qué tendría que recurrir el sistema para no perder su dominancia ante la crisis producida solo por este? En esta ocasión, las propuestas del filósofo Byung Chul-Han y el psicólogo crítico Jan De Vos podrían encaminarnos a responder las preguntas anteriores.

Anteriormente había dedicado un espacio breve a estos dos autores (La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal y Homo psychologicus: la psicologización del todo), sin embargo, la publicación dedicada a tratar parcialmente el fenómeno de la psicologización adelantaba que desarrollaría el tema de la digitalización, también argumentado por Jan De Vos. Podríamos, pues, intentar articular ambos aportes críticos para reflexionar sobre este retorno a nuestras “aulas” y esta aparente “libertad” que los dispositivos y herramientas tecnológicas aparentan ofrecer.

Digitalización y Psicopolítica: la relación perfecta

Hoy las clases toman un nuevo rumbo: docentes y estudiantes nos encontramos frente a la digitalización de la educación. Nuestra presencia física se ve sustituida por un correo electrónico, por un pseudónimo, por la intensidad de nuestra red de internet en casa, por el dispositivo inteligente y su cámara que nos hace estar presentes en las “clases”. Hoy ya no solo somos aquel homo psychologicus interpelado por las teorías psicológicas y todo el corpus de la psicología que nos pone al servicio (in)directo del capitalismo; aquel que nos decía con vehemencia: “¡Tú eres resiliente, capaz, autogestor, libre, autónomo!” “¡No necesitas a los otros, solo a ti mismo y a nadie más!” Nuestro devenir sujetos se torna distinto, en una nueva “modalidad”, esa que nos interpela a “ser” nosotros desde la comodidad y “libertad” de nuestras casas en nuestros dispositivos tecnológicos.

Ya no hablamos solamente de una psicologización, sino que se incluye en esta interpelación la digitalización de la vida, aquella interpelación para ser sujetos digitales (De Vos, 2019), un homo digitalus, una subjetividad inmaterial (¿qué hay detrás de esa inmaterialidad? ¿idealismo actualizado? debate abierto para el lector). El propio De Vos (2019) adelantaba esta vicisitud en la misma escuela (mucho antes de que la COVID-19 fuera el tema de cada día): la presencia que entonces era material, en la que decíamos “presente” cada que mencionaban nuestro nombre en el aula, hoy se ve sustituida por otras formas digitales. Al respecto menciona:

“Pero en la actualidad, la presencia escolar vuelve a ser algo muy sencillo: puede ser simplemente comprobada electrónicamente […] entrar a la clase, encender su laptop […] son diferentes formas de comprobar su presencia, mientras se comprueban otras múltiples cosas también“. (ibíd.; 154) (Cursivas mías)

La digitalización en la escuela, como la explica De Vos (2019), quedaría simplificada a dos términos: a una presencia (inmaterial, virtual, digitalizada, verificada electrónicamente) y la pantalla (donde el mundo está “presente”). Al respecto y antes de continuar, me gustaría hacer un breve paréntesis para recordar a Lacan y el estadio del espejo. Esta digitalización del sujeto, quizá podríamos compararla con aquel estadio en donde el sujeto es interpelado por el Otro al verse a través del espejo y por todo lo que no puede ver en él, lo que hay detrás de este (Braunstein, 1980): el mundo está presente y ausente a la vez en el sujeto. El sujeto se percibe a sí mismo, crea su yo “autónomo” gracias a la imagen que el espejo le devuelve y al reconocimiento del Otro. La pantalla, por su parte, le devuelve una imagen digitalizada al sujeto que se reconoce a través de ella, se ve a sí mismo como completo, como un “yo” digitalizado, sin darse cuenta de que en esa imagen existen “otras múltiples cosas”. El Otro y lo demás (¿capitalismo? ¿psicologización?), aquellos que se encuentran del otro lado de nuestra pantalla y lo que no alcanzamos a ver en el entorno digital, serán encargados de comprobar/interpelar esas “múltiples cosas” (quizá) de las que De Vos habla y que profundizaremos en esto más adelante.

La digitalización de los sujetos, de la educación misma, a su vez se convierte también en una disciplinarización de la vida (De Vos, 2019), pero no tan coercitiva, una disciplinarización “light” si así lo quisiéramos ver. Hoy, docentes y estudiantes, tenemos que encender nuestra cámara web para que se compruebe nuestra presencia inmaterial; tenemos que utilizar correos institucionales para que se compruebe nuestro ser, de lo contrario, no somos nosotros; las plataformas virtuales como Classroom o Moodle (por mencionar solo dos), se convirtieron en el nuevo panóptico, en el panóptico digital, en las que se programa el tiempo específico para hacer tareas y otras actividades. A diario llegan a nuestros correos notificaciones de nuevos deberes por cumplir. El diálogo y el debate ya no existen, ya no se puede hablar tanto por el límite de tiempo en las sesiones y los temas verdaderamente relevantes y preocupantes quedan excluidos; los docentes saben todos nuestros movimientos en la red y sus jefes saben todo de ellos: la hora en que subieron un documento, si entregaron o no un pendiente, si están conectados o no en alguna sesión virtual. Ya tampoco es una biopolítica, más bien, es una digi-política (De Vos, 2019). Antes utilizábamos el internet para buscar a través (de manera superficial) de él lo que necesitábamos para la escuela, hoy, por el contrario, nosotros somos el internet (ibíd.). Ahora somos un apéndice, parafraseando a Marx y Engels (1848/2004), de nuestra laptop o celular, de la red misma, funcionando como esclavos pasivos de lo que no aparece en nuestra pantalla.

Si bien es cierto que hoy nos encontramos frente al imperio digital, los significantes de los “psi”, o de la psicología, no desaparecerán en ningún momento (sin hablar a detalle de que la estructura del entorno digital también está psicologizado) (De Vos, 2019). Este retorno constante a la psicologización, la obsesiva necesidad por querer psicologizarlo todo, no es mera casualidad, como ya lo argumentaba Han (2014). Esa psicopolítica debe seguir siendo aplicada en todo momento para asegurar las relaciones de producción. El capitalismo neoliberal no puede descansar, ni siquiera la pandemia puede ser motivo para detenerlo. La psicopolítica debe aplicarse y aparecer siempre, sí o sí, en el entorno digital.

En el panóptico digital, se reproducirían los discursos psi, esos que nos alentarían tanto a docentes y estudiantes a estar “motivados”, a ser “autogestores” de nuestro “propio” aprendizaje, a ser “resilientes” frente a la situación de la pandemia, a estar pendientes de las propias tareas a realizar. Lo digital favorecería toda esa optimización que necesita la psique (Han, 2014) para rendir adecuadamente, convirtiéndola así en fuerza productiva. Las frases motivadoras e individualizadoras en Facebook, las imágenes alentadoras llenas de resiliencia que publican las universidades, los discursos de “autoaprendizaje” y “autogestión” en las clases en línea, conducen a un autosometimiento. De ahí que no percibamos la coerción disciplinaria que mencionábamos anteriormente: todo parece agradable. La psicopolítica vuelve todo más fácil y agradable, siendo esta maximizada por el entorno digital: teniendo inteligencia emocional y emociones positivas (Han, 2014) publicadas y enseñadas en cualquier página de Facebook, plataforma educativa o en la misma clase virtual, rendiremos más (¿para quiénes?) y nos sentiremos en “libertad”, sin presión alguna: “al fin y al cabo, no estoy en el salón de clases, no pasa nada, soy libre”. Desde el entorno digital, somos víctimas de la psicopolítica, de la psicologización ejercida que quizá sea el punto central de todo el asunto, como lo explica Pavón-Cuéllar (2019) en el prólogo de la obra de De Vos:

“[…] debemos empezar por convertirnos en impulsos, motivaciones, afectos, emociones, pensamientos, cogniciones, actitudes, rasgos de personalidad, respuestas a estímulos […] La crítica de los actuales giros neurológico y digital no puede llegar demasiado lejos ni tampoco profundizar lo suficiente, por lo tanto, si no se atreve a remontar hasta el dispositivo psicologizador con el que se produce lo que se neurologiza y se digitaliza. La psicologización es aquí el meollo de todo el asunto. El corazón del homo psychologicus es el que late dentro de los pechos del homo neurologicus y del homo digitalus“. (p. 23)

Esta psicopolítica, esta psicologización, siempre está ahí, en el seno de la digitalización, hoy digitalización escolar. La interpelación ideológica de la que Althusser nos hablaba en el aparato ideológico escolar, es hoy una interpelación a distancia, a domicilio, sutil y digital. Esta digitalización se precipitó y agudizó por la pandemia, y con ello, se maximizó la psicologización. En este sentido, nos digitalizamos y se refuerza lo que ya estaba psicologizado en nosotros. Somos homo psychologicus y digitalus a la vez, tal como lo necesita el sistema.

“Si la digitalización posibilita ciertas formas extremas y extremadamente sutiles de sujeción, dominación, manipulación, enajenación, explotación, mercantilización y financierización, es también porque se vale de la misma psicología que nos ha ido constituyendo internamente y que hoy regresa desde el exterior bajo una forma digital […] Ya somos lo dominado por la psicología que ahora simplemente reviste la forma digital de los dispositivos electrónicos, de los sistemas computacionales y de todos los demás artilugios informáticos”. (Pavón-Cuéllar, 2019a, p.27).

Comentarios finales: el retorno a la psicologización

La digitalización, al igual que las vicisitudes del capitalismo, es solo una mutación de la psicologización. El capitalismo neoliberal conserva mayoritariamente las formas y procedimientos de su antecesor industrializado, aunque de formas actualizadas y “menos” evidentes. Lo mismo sucede con la digitalización: la interpelación que sucede en el entorno digital mantiene siempre elementos de la psicologización, como lo argumentaba De Vos y Pavón-Cuéllar. La psicopolítica es un efecto inherente al proceso de devenir sujetos digitales. Lo emocional y el management de sí mismo (Han, 2014), nos hacen sentir libres frente a la crisis actual que el mismo sistema no desea perder y que por eso no existe un descanso real ni de nosotros, ni del mundo. Eso que provocó la crisis y resiste a ella, el capitalismo, es tal vez lo que se esconde detrás de la pantalla, detrás de la imagen que nos devuelve la pantalla o el espejo lacaniano.

El aparato ideológico escolar tampoco puede detenerse, porque es en este donde se reproducen las relaciones de producción que mantienen al sistema, y al no poder detener esta interpelación de sujetos, incluso durante una pandemia cuyas cifras mortíferas son síntoma del capital (explicado aquí brevemente con base en lo argumentado por Pavón-Cuéllar), tienen que recurrir a aquella flexibilidad que la “serpiente” psicológica (Han, 2014) y digital tiene en sus movimientos para escabullirse en los espacios que parecen imposibles. Somos ahora nuestro propio panóptico, desde la comodidad de nuestra casa, ya no necesitamos que el docente esté frente a nosotros. Nos autosometemos con nuestra sensación de libertad y control de nuestras emociones en el confinamiento.

Quizá el lector pueda concluir: “¿Entonces es mejor asistir a clases presenciales?” Probablemente, pero esto no quiere decir que ese regreso a la presencialidad vaya a eliminar el problema. Tal vez desaparezca parcialmente la digitalización y lo que esta conlleva en el control de la vida, sin embargo, la psicologización, la psicopolítica, la interpelación ideológica sigue y seguirá ahí si no existe una organización entre nosotros, docentes y estudiantes comprometidos(as), ético-políticos(as) y subversivos(as), que cuestione y critique lo que se dice y se hace en nuestras aulas a través del dispositivo psicologizador. Si queremos que las cosas cambien, podríamos pues, empezar por la crítica a ese dispositivo que todo lo psicologiza a su paso que, tal como Foucault lo explicaba, criticar sería “interrogar la verdad” psicologizadora, “desconfiando” de ella, “limitarla”, “escapar de esas artes” (Foucault, 1978/2018) que de la psicologización emanan, y que a su vez, esto podría conducirnos al derrocamiento de lo que hoy se esconde detrás de la pantalla y en la red, aquello que sostiene a la psicología y su psicopolítica enmascarada de digitalización.

Referencias

  • Braunstein, N. (1980). El sujeto en el psicoanálisis, el materialismo histórico y la lingüística. En Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (hacia Lacan). México: Siglo XXI.
  • De Vos, J. (2019). La digitalización. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.
  • Foucault, M. (2018). ¿Qué es la crítica? Conferencia dictada en la Sociedad Francesa de Filosofía, Universidad de la Sorbona, 27 de mayo de 1978. En ¿Qué es la crítica? Seguido de la cultura de sí. Argentina: Siglo XXI.
  • Han, B. C. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Marx, K. y Engels, F. (2004). Manifiesto Comunista. Madrid: Akal. (Original publicado en 1848. “Manifiesto del Partido Comunista”).
  • Pavón-Cuéllar, D. (2019). Prólogo. La psico-política de Jan De Vos ante nuestra psicologización en el capitalismo. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.

La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal

El capitalismo posfordista-neoliberal se ha apoyado directamente en la psicología para cumplir sus fines: desde los ideológicos hasta el aumento de la producción (in)material para el consumo excesivo con la finalidad de generar plusvalía. Pero cabe hacernos unas cuantas preguntas: ¿cómo logran sus fines, mediante la psicología, los capitalistas neoliberales? ¿por qué ha sido [el capitalismo neoliberal] el sistema imperante por aproximadamente medio siglo? ¿en dónde reside su eficacia para mantenerse como sistema dominante? Hablamos de una psicologización del capitalismo, una psicologización del ejercicio del poder; el capitalismo recurre a toda la estructura teórica de la psicología para perpetuarse en la sociedad; recurre a todo su arsenal técnico para someter, sin que se den cuenta, a los sujetos.

Esta ocasión intentaré reseñar y reflexionar acerca de la propuesta de la nueva técnica de poder por excelencia del capitalismo neoliberal. Esta “nueva técnica”, propuesta por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, nos puede interesar a quienes criticamos abiertamente a la psicología y su estrecha-perversa relación con el capitalismo. Si bien la crítica de Han es relativamente amplia, nosotros solo abordaremos la parte medular de su obra: ¿qué es la psicopolítica y qué implicaciones tiene? (si el lector desea profundizar, véase: Han, 2014). Me apoyaré muy brevemente en la propuesta de Jan De Vos acerca de la psicologización, ya revisada anteriormente: Homo psychologicus: la psicologización del todo.

Antes de entrar a detalle en lo que respecta a la psicopolítica, cabe mencionar que Han viene a dar un giro a la propuesta foucaultiana acerca del control y vigilancia de los cuerpos y la vida en general (la biopolítica) durante el capitalismo industrial (antes del neoliberal), no obstante, el análisis foucaultiano no debe descartarse en ningún momento; en este sentido, Foucault y la biopolítica deben ser abordados más a detalle y por separado.

Psicologización del poder: Poder Inteligente

Byung-Chul Han; filósofo surcoreano

Hace poco dedicábamos una publicación a la obra del psicólogo Jan De Vos en donde se enfatizaba el papel de la psicologización en el capitalismo y sus respectivas implicaciones, creando así un homo psychologicus (De Vos, 2019). Todo hoy en día lo vemos a través del lente de la psicología, de su corpus teórico (ibíd.), todo es reducido psicológicamente. ¿Por qué será que todo es psicologizado y qué función cumple la psicologización? Al habar de la psicologización, necesariamente es dar cuenta que existe un proceso de subjetivación bajo la lógica de la psicología: su obsesivo individualismo, el enfoque en las emociones y cogniciones, las motivaciones, la superación personal, el emprendimiento, la (supuesta) libertad del sujeto (resulta paradójico: ser sujeto y libre al mismo tiempo), la autorrealización, entre muchos otros conceptos que se expanden en todas las corrientes psicológicas y que llegan a lugares jamás antes esperados. En resumen, se nos enseña a mirarnos de forma psicológica, pero, ¿quién se esconde en ese “se”? ¿quiénes nos enseñan? Partiendo de estas preguntas, podemos contestar la que aparece renglones atrás.

Si antes del capitalismo neoliberal, en el capitalismo industrial y su biopolítica y el panoptismo, lo que se sometía y vigilaba era la fuerza física de trabajo y que además se imponían restricciones corporales para tener todo “bajo control”: un poder disciplinario, explícito, en el que se “niega la libertad” (Han, 2014, p.27), hoy esa técnica de poder sobre lo físico se ve “desgastada” y “rebasada” y por lo tanto el capitalismo neoliberal debe recurrir a nuevas técnicas de poder para lograr una sumisión total de los sujetos; hacerles creer que son autónomos, independientes, y libres.

El capitalismo neoliberal ejerce un ‘poder inteligente’ (Han, 2014; título del segundo capítulo), capaz de hacerlo pasar desapercibido entre las personas. A diferencia del poder que coarta la libertad con acciones explícitas, el del capitalismo fordista-industrial, el que se ejerce en el neoliberal es bastante silencioso; al respecto Han afirma (ibíd.): “El poder está precisamente allí donde no es tematizado. Cuanto mayor es el poder, más silenciosamente actúa” (p.27). Este poder no se opone a la libertad, como sucedería en el anterior, hace uso de ella, es más permisivo y positivo (ibíd; p. 28). Para complementar los siguientes aportes de Han, este afirma:

“La técnica de poder propia del neoliberalismo adquiere una forma sutil, flexible, inteligente, y escapa a toda visibilidad. El sujeto sometido no es siquiera consciente de su sometimiento. El entramado de dominación le queda totalmente oculto. De ahí que se presuma libre”. (ibíd.; p.28)

Ya no hay una constricción de la libertad, al contrario, se aumenta, no con la finalidad de que los sujetos sean libres realmente, sino que este aumento de libertad sirve justamente para producir más, para seguir alimentando el capital, para generar plusvalía. De ahí que entonces las empresas o cualquier institución contraten psicólogos y psicólogas o hasta coaches (que ya no habría prácticamente diferencia con los primeros en esta forma de subjetivación), ya sea en el área de “Recursos Humanos” (y vaya que la misma acepción tiene un efecto casi deshumanizador: ¿un recurso?) o cursos de motivación en el trabajo, para que les den a sus trabajadores las “herramientas inmateriales necesarias” para ser más productivos. El meollo de todo este asunto es subjetivar a las personas para que crean que realmente trabajan para sí mismos y su desarrollo personal dentro de su trabajo, para ellos como proyecto o empresarios de sí, en el que las necesidades del capital sean percibidas como propias (Han, 2014). Al respecto, Han nos aclara:

“Radicalmente más eficiente es la técnica de poder que cuida de que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación. Quiere activar, motivar, optimizar y no obstaculizar o someter. Su particular eficiencia se debe a que no actúa a través de la prohibición y la sustracción sino de complacer y colmar. […] El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige esa voluntad a su favor. Es más afirmativo que negador, más seductor que represor. Se esfuerza en generar emociones positivas y en explotarlas. Seduce en lugar de prohibir. No se enfrenta al sujeto, le da facilidades”. (ibíd.; 28-29)

No es raro entonces que el mismo Žižek (2020) cuestione cuando se delegan ciertas tareas a equipos de trabajo especializados y sus jefes o los gerentes les hacen creer que tienen movilidad en todo y que sus decisiones son altamente importantes. Claro, ganando el mismo salario de siempre bajo el entramado de la explotación y la extracción del plusvalor.

Volvamos momentáneamente a la cuestión de la función de la psicologización y sobre quiénes nos psicologizan. Nos encontramos entonces con un ejercicio de poder psicologizado, es decir, una nueva forma neoliberal de sometimiento; ya no es necesario controlarnos físicamente, sino más bien, es necesario recurrir al entramado psicológico, a los “psi”, para poder asegurar un buen sometimiento. Lo que hacen los psi, comúnmente (por no decir que siempre) es educar a los sujetos para que se vean a través de la psicología (De Vos, 2019), esto no es por mera decisión de los psi (porque la psicología es un aparato ideológico, recordando a Braunstein, 1975), sino que es por mero encargo del capitalismo neoliberal: los psi motivarán, dirigirán la atención de manera excesiva a las emociones, harán que el sujeto se sienta libre, que puede ser agente de sí mismo en su trabajo, harán que se sientan individuales, que los demás no importan y tienen que competir contra los otros. Esto es, un ejercicio de poder que no se percibe. De Landázuri (2017) complementa: “Un poder es realmente efectivo cuando menos se nota su presencia […] En cambio, cuando en una sociedad se asumen ciertos comportamientos y hábitos hay un poder que opera sin fuerza y que no es cuestionado por nadie”. Esto es claro, ¿cómo se va a cuestionar algo si me están enseñando a que todo lo que hago es por mí y solo para mí? Uno aprende ciertos hábitos propios de la praxis psicológica: uno se autorregula, se autoexplota, ya no es necesario la presencia física del patrón o de los jefes de área, uno tiene la supuesta posibilidad de ‘poder hacer’ todo lo que uno quiera, sin límites, uno se vuelve panóptico de sí mismo (Han, 2014)

En este sentido, bajo la noción del ‘poder inteligente’, y nosotros agregamos: un ‘poder inteligente y psicologizado’, se constituye el concepto de la psicopolítica (De Landázuri, 2017). Ya no existe un sometimiento en demasía hacia y contra el cuerpo, sino que se recurre al sometimiento de la psique de forma silenciosa, para poder enajenarnos y seguir siendo sirvientes de la clase dominante, del neoliberalismo; el poder inteligente lee y evalúa nuestros pensamientos conscientes e inconscientes, (Han, 2014, p. 30). Incluso ya no se habla de un “sujeto” que significaría “estar sometido”, ya es una persona emocional con vivencias (ibíd.; 116).

En este punto, después de pasar por el poder inteligente-psicologizado, quiénes ordenan la psicologización y el devenir homo psychologicus proyecto de sí mismo, llegamos a la definición que Han (2014) propone para la psicopolítica: “La psicopolítica neoliberal es la técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y control psicológicos” (p.117). Pavón-Cuéllar (2017) complementa de forma magistral:

“El poder sobre el individuo neoliberal estribaría, pues, en el poder mismo del individuo neoliberal. Su empoderamiento lo sojuzgaría. Su esclavitud radicaría en su libertad. Es así, precisamente, como procedería la psicopolítica: no desde el exterior del individuo, sino en su propio interior, a través de sus necesidades, intereses, deseos, inclinaciones y todo lo demás de lo que se ocupa la psicología” (p. 602) (Cursivas mías)

Comentarios finales

Nos acercamos pues al concepto de la psicopolítica, pero más que a su concepto, a su ejercicio en nuestra sociedad capitalista neoliberal. Así como el capitalismo ha mutado, se adapta a nuevas circunstancias, así lo hacen sus técnicas y sus secuaces como la psicología. Ya no rige la biopolítica (al menos es lo que nos propone Han); reina la psicología, y no porque esta sea una ciencia per se o porque realmente tenga buenos aportes para nuestra sociedad (o más bien, sí los tiene), sino porque sirve de técnica: dota de herramientas al capitalismo para seguir controlando de manera eficiente. La psique se convierte en fuerza productiva de capital. Hoy el capital tiene a su disposición todos los medios posibles de producción.

La propuesta de Byung-Chul Han no solamente es limitada a explicar el concepto y la aplicación de la psicopolítica; va más allá y nos dirige hacía una digitalización de los sujetos (tal y como De Vos lo explicó más a detalle cinco años después que Han), hacia un panóptico digital en el que el Big Data es primo-hermano de la psicología para controlarnos, para manejar la psique, para que el sistema pueda mantenerse como hasta ahora. Dejaremos estas propuestas para que sean abordadas en un futuro no tan lejano, dado que la importancia de la digitalización de los sujetos nos está llevando cada vez más a una indiferencia de lo que sucede “allá afuera”.

Por último, Han en sus páginas finales, apuesta por una des-psicologización de la vida para una verdadera libertad (una des-ideologización, agregaríamos nosotros). Cerraría con sus palabras:

“El arte de la vida como praxis de la libertad tiene que adoptar la forma de una des-psicologización. Desarma la psicopolítica como medio de sometimiento. Se des-psicologiza y vacía al sujeto a fin de que quede libre para esa forma de vida que todavía no tiene nombre”. (Han, 2014, p.117)

Referencias

  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo XXI.
  • De Landázuri, M. (2017). De la biopolítica a la psicopolítica en el pensamiento social de Byung-Chul Han. Athenea Digital, 17(1), 187-203.
  • De Vos, J. (2019). La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso.
  • Han, B. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Subjetividad y psicología en el capitalismo neoliberal. Psicología Política, 17(40), 589-607.
  • Žižek, S. (2020). Pandemia. La covid-19 estremece al mundo. Barcelona: Anagrama.





Homo psychologicus: la psicologización del todo

Hoy en día podemos escuchar términos de la propia psicología en cualquier lado, en cualquier medio, en el discurso popular y donde menos nos lo imaginemos; la psicología ha alcanzado hasta el más recóndito de los lugares para “compartirle” su saber a diestra y siniestra. En consecuencia, nos han bombardeado (la psicología) de todo su saber, de sus prácticas, de sus técnicas y discurso, hasta de las palabras más “inocentes” que se reproducen en las teorías. Pero ¿qué repercusiones tiene todo esto? ¿qué se gana (o se pierde) al querer psicologizar todo?

Siguiendo la propuesta de Jan De Vos (psicólogo crítico belga), trataré de abordar muy superficialmente, cómo la psicologización acapara la subjetividad, la moldea, la hace y deshace a su gusto, llegando así a convertir al humano (el homo sapiens) en un “homo psychologicus”, no obstante, se deben de tomar en cuenta las repercusiones (ideológicas-políticas) de caer en este arquetipo psicologizado. El argumento de Jan De Vos implica no solo situar la mirada en el homo psychologicus como resultado de una psicologización, sino también revisar críticamente la neurologización y digitalización de los sujetos, sin embargo, revisar esto implica rebasar los objetivos de este escrito (para profundizar más, véase: De Vos, 2019). El escrito será relativamente breve, y pretendo profundizar posteriormente en lo antes mencionado y en cómo la psicologización es necesaria para lograr crear el “homo neurologicus” y el “digitalus”.

¿Qué entender por psicologización?

De Vos (2019) nos da todo un recorrido crítico sobre la lógica de la psicologización, y más que centrarnos en una definición específica, esto implicaría más bien, entenderla como una apropiación, una imposición (obviamente de los especializados en psicología: los psicólogos y psicólogas) de las teorías y corrientes psicológicas para mirarnos, mirar a los otros y a lo que sucede “allá afuera”, todo esto, claro está, a través del discurso (ya ideológico) psicológico. Es como si utilizáramos un lente graduado por la psicología para ver a través de él.

Es en ese sentido en el que se debe abordar la psicologización, una especie de “adoctrinamiento” o transferencia a partir de lo psicológico, de sus teorías y discursos; es la psicología intentando y logrando crear un sujeto: el sujeto de la ciencia (como lo llamó Lacan, 2009, citado por De Vos, 2019). Se escucha con más frecuencia los significantes de la psicología: “mente”, “depresión”, “ansiedad”, “emoción”, “sentimientos”, “afrontamiento”, “duelo”, “diagnóstico”, “salud mental”, “enfermedad mental”, “trastorno”, “tratamiento” y un sinfín más que se han incorporado en el discurso de todos y todas a través de esta psicologización.

La psicologízación implica entonces, una psico-educación (De Vos, 2019), en la que los sujetos incorporen en su subjetividad lo psicológico. Es una distribución del conocimiento psicológico, más específicamente, desde el ámbito humanista y conductual y lo que conllevan estas corrientes “psi”: lo naturalizador y normalizador, lo estadístico, lo sano y lo enfermo, la obsesiva individualidad etc. (llamémosle la psicología hegemónica y dominante). Esta distribución de conocimiento puramente psicológico a través de las distintas teorías, repercute directamente en “cómo nos vemos” a nosotros mismos: nos vemos entonces a través del ojo psicologizado, nos vemos como personas capaces de “autorrealizarnos”, con “estrategias de afrontamiento”, con “emociones”, “con un sentido estrictamente individual” (ya comentado en otra publicación). De Vos afirma: “Es como si el paciente fuera interpelado a ser su propio psicólogo, el lego [palabra utilizada para designar a alguien que es “nuevo” en algo] tiene que entender sus problemas (y las soluciones apropiadas) por la vía del corpus teórico de la psicología” (ibíd; 73).

Esta psico-educación, psicologización a fin de cuentas, claramente se apoya en distintos medios (previamente psicologizados) para conseguir sus fines: los medios de comunicación, incluyendo el internet, pueden ser la principal fuente de distribución del conocimiento psicológico académico. Se le “enseña” a la gente a pensarse y verse a sí mismos desde la mirada de la psicología, con “potencialidades” y toda esa retórica humanista-conductista que encontramos en muchos programas, series, publicaciones en Facebook o Twitter: “¡¿Quieres manejar y aprender sobre tu [inserte cualquier “padecimiento” psicológico]? Entonces, este curso-meme-video-etc. es la solución!. Así, la premisa clave de la psicologización es “Mira, eso es lo que eres” (ibíd.). Por otra parte, no hay que perder de vista (y tampoco debamos sorprendernos) que en esta adopción, aceptación y el intercambio del corpus teórico psicológico, subyacen ideas discursivas e ideológicas (De Vos, 2019): ¿ideología de qué o de quién? La respuesta ya la sabemos.

Así entonces, somos reducidos a meros conceptos psicológicos para explicarnos, para mirarnos a nosotros mismos y a los demás, a la sociedad en general. Pero ¿qué implicaciones tiene este reduccionismo psicologista? ¿acaso hay algo peor que pensarnos en términos psicológicos?

Implicaciones del homo psychologicus

Tal como Jan De Vos hacia referencia al “sujeto de la ciencia” de Jacques Lacan, así mismo explica que las ciencias modernas (entre ellas la psicología) proporcionan a la sociedad “las coordenadas esenciales de la realidad” (2019, p.168). En este sentido, si estamos en la época de la psicologización (o al menos se sigue recurriendo a esta), no es de esperarse que el “homo psychologicus” y la sociedad misma sea entendida en términos abstractos por la propia psicología (como la individualidad que se reproduce en todas sus corrientes humanistas-conductistas). Esto es, ignorar lo político (en parte), ignorar lo social, las problemáticas “externas”. Así entonces, a pesar de que el homo psychologicus sea despolitizado (sin interés político de lo que sucede allá afuera por causa de la psicologización, en pocas palabras: desinteresados del sistema), la misma psicología está cumpliendo un papel político e ideológico: despolitizarnos (y psicologizarnos) a todos y todas. Y podemos preguntarnos, ¿esto para qué? No es una casualidad, ni tampoco debemos soprendernos de que la psicología guarda una estrecha complicidad con el capitalismo en sus diferentes vertientes. Tampoco debemos sorprendernos que la mayoría de los psicólogos y psicólogas han preferido (aparentemente) no tener un posicionamiento político por lo que sucede “allá afuera”; claro está, se mueven en la misma zona psicologizada.

El sistema capitalista prefiere seres despolitizados, seres psicologizados, para que no se ponga en evidencia la hostilidad con la que este opera y reproduce las relaciones de reproducción. Crear subjetividades reducidas a la psicología implica entenderse y verse a sí mismos alejados de lo que el capitalismo (financiero, neocolonial, lumpen-capitalismo, y otros) está causando en la “verdadera” realidad (la que no vemos con el lente psicológico). De Vos (2019) lo explica magistralmente con las siguientes palabras inspiradas en Pavón-Cuéllar:

“[…] Es la psicología hace posible (sic) la explotación, la ideologización y la fetichización. La psicología no sólo proporciona la razón sino también la tecnología central del capitalismo: dibuja y esboza al sujeto del capitalismo, y permite así su explotación tanto del lado de la producción como del lado del consumo”. (p.195).

La psicología, a través de su psicologización, enajena a los sujetos con la finalidad de que estos le sirvan directamente al capitalismo, se mantengan dóciles, se mantengan levitando en el discurso psicologista de las “potencialidades”, “las emociones”, lo individual, “sus estrategias de afrontamiento”, “los duelos”, el “estrés postraumático”, las “depresiones y ansiedades”.

Comentarios finales y propuesta de Jan De Vos

Lo que aquí se expuso fue solamente una breve recapitulación y una pequeña aportación a lo que el psicólogo belga Jan De Vos nos explica en una de sus más recientes obras. Cabe aclarar, que me limito únicamente al fenómeno de la psicologización, porque De Vos se extiende a dos fenómenos que revisaremos con posterioridad: la neurologización (esa reducción de la subjetividad a cuestiones dadas por las neurociencias y la materialidad cerebral) y la digitalización (la subjetividad en redes sociales y el espacio virtual). Así mismo, se afirma que la psicologización es un proceso primordial (en el sentido perverso ideológico) para lograr las otras dos.

La psicologización es un acto político que despolitiza a los sujetos, que los enajena, que los somete a los intereses del Otro (en términos lacanianos), del capitalismo y sus secuaces (los capitalistas claramente y por el otro lado el Estado). ¿Cómo lidiar con la psicologización y la psicología propiamente? A continuación se responde.

Jan De Vos nos propone una crítica desde el marxismo y el psicoanálisis (claro está, desde el freudiano y lacaniano). Estas dos posturas, teorías se complementan una a la otra; al no poderse psicologizar ninguna de las dos en su conjunto, nos ofrecen una zona de crítica radical hacia la psicología y hacia el capitalismo. Muchos psicólogos y psicólogas que lean esto hasta podrán asustarse al leer “marxismo” y “psicoanálisis”, les puede generar repulsión y rechazo; normalmente esto ocurriría por obedecer (inconscientemente o por el contrario, “bien adoctrinados” o mejor dicho, psicologizados) a los intereses de la psicología dominante-hegemónica-capitalista. Sin embargo, son muchos y muchas otras los que nos estamos incorporando al camino de la crítica de la psicología y del mismo sistema de producción capitalista a partir de una postura marxista y psicoanalítica. Este blog, como ya se ha podido percatar el lector, mantiene esta postura, no obstante, no afirmo que ya esté del todo “des-psicologizado” o que “sepa mucho”, esto implica un camino largo, complejo, de lectura, de crítica y autocrítica constante.

Como anteriormente anticipé, abordare próximamente el fenómeno del “homo neurologicus” y el “homo digitalus” con mayor produndidad a partir de la obra de De Vos, dado que parece fundamental para el complemento de esta publicación.

Referencias

  • De Vos, J. (2019). La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.