Marx y Freud en nuestras aulas: una ausencia intencionada

Esta ocasión, más que enfocarme en aportes teóricos, en propuestas críticas para la contribución a la temática del blog basadas en autores y autoras importantes, quiero cuestionar y problematizar una situación que se da en nuestras aulas de psicología, al menos en lo que respecta al campus de mi universidad, que ha caracterizado nuestra formación como psicólogos y psicólogas: la ausencia intencionada de Marx y Freud en nuestras aulas, en nuestro programa educativo; en nuestra psicología.

Muchos compañeros y compañeras, docentes o administrativos podrán objetar lo antes mencionado; argumentarán que un retorno a Marx y a Freud (si es que ya han estado en su terreno) no es necesario, y que por el contrario, debemos “actualizarnos”, “modernizarnos” en las “nuevas” prácticas en psicología; incluso los habrá quienes argumentan conocer a Marx y a Freud, pero hasta ahí, no se profundiza en ninguno de los dos, incluso ni se mencionan en clase, y si con suerte llegan a mencionarse, forman parte de “líneas del tiempo”, de distorsiones y abstracciones teóricas sin sentido, de suposiciones ideológicas y argumentos sin fundamento. Claramente no está del todo perdido este retorno a Marx y Freud; hay quienes lo han hecho, no siempre de manera explícita, pero sí a través del discurso contrahegemónico de algunos compañeros(as) y docentes, y a través de espacios de diálogo que pueden apuntar a una “nueva psicología”.

Así entonces, trataré de dirigir este breve escrito hacia dos caminos: el rechazo hacia Marx y Freud en nuestras aulas de psicología, por una parte; en el otro sentido, el necesario retorno a Marx y Freud que tendríamos que comenzar como estudiantes.

El rechazo hacia Marx y Freud en nuestra psicología: distorsiones, ausencia e ignorancia

Karl Marx (1818-1883) | Sigmund Freud (1856-1939)

Tanto Marx como Freud, contemporáneos en algún momento de su vida, cambiaron la forma de ver el mundo; fueron dos revolucionarios teóricos que llegaron para repensarse lo que se daba por sentado (y a la fecha). Para bien o para mal, distorsionados o no, todos conocemos a Marx y a Freud, hemos oído hablar de ellos, los vemos tal vez en textos, en cualquier disciplina de ciencias sociales son nombrados (a veces solo fugazmente). Sin embargo, en nuestra psicología, que es la que nos importa ahora en este escrito, ¿cuándo se han tomado en serio los aportes de Marx y de Freud? o una pregunta mejor planteada, ¿cuándo hemos revisado lo que Marx y Freud plantearon?

En primera instancia, y a quien se relaciona más en psicología, Freud ha sido rechazado y distorsionado en nuestra psicología (y no solo en mi universidad). Rechazado por la complejidad de sus argumentos, de su revolución teórica, por su “falta de cientificidad”, es decir, por no tener un fundamento científico en lo que él planteaba. Tachado de “pseudocientífico”, el psicoanálisis freudiano ni siquiera es revisado a fondo en nuestra psicología, el gremio psicológico supuestamente científico, y en general, muestran una resistencia, pero no una resistencia analítica, sino una resistencia ideológica (Althusser, citando palabras de Freud)1. Esto es claro, el psicoanálisis representa una amenaza a lo establecido, a la forma en que se hacían las cosas en la época en la supuesta ciencia psicológica, y hoy en día, la amenaza es dirigida hacia la comprensión misma del sujeto, de la supuesta autonomía que la psicología clásica y actual engendró en una sociedad burguesa.

El rechazo a Freud se tornó menos explícito debido a la gran distribución de su obra por medio de diferentes autores que se mantenían en cercanía con él, o veían la necesidad de un retorno a sus postulados (como Reich o Lacan). Sin embargo, esto no significa que el rechazo por parte de la psicología “científica” desapareció. Al contrario, este rechazo tomó formas más sofisticadas epistemológicamente hablando. En vez de rechazar a Freud y sus postulados, la psicología trató de absorber (y vaya que lo logró parcialmente) al psicoanálisis, psicologizándolo, robándose sus conceptos: la psicología del yo, el psicoanálisis infantil o del desarrollo, entre otros2. De esta forma, un psicoanálisis psicologizado (o como Althusser llama, un intento de digerir el psicoanálisis desde la psicología)3, un psicoanálisis distorsionado, perdía total capacidad subversiva, perdía todos los elementos que hacían que el sujeto se cuestionara a sí mismo, su constitución como tal; en términos psicologizados (a propósito), su “individualidad”.

Su distorsión continúa hoy presente en nuestras aulas. Escuchamos por los pasillos a psicólogos y psicólogas que dicen interesarse por Freud, que dicen entenderlo; utilizan conceptos como “inconsciente” y “consciente”, frases como “hacer consciente lo inconsciente”, sin siquiera dar cuenta de cada uno de estos conceptos. Piensan el psicoanálisis desde la psicología. Freud está presente y ausente a la vez: presente en el discurso psicologizado, ausente en la práctica subversiva, crítica y verdaderamente científica. Se piensa que revisar la primera y segunda tópica en dos clases establecidas es suficiente; el psicoanálisis es tratado como una simple “teoría de la personalidad”, una “simple teoría” de la “salud y enfermedad mental”. Los psicólogos piensan que saben de psicoanálisis porque lo piensan desde sus marcos teóricos-ideológicos pretendidamente científicos. El psicoanálisis que se nos da en las aulas es un psicoanálisis yoico, que ignora sus represiones, sus determinaciones superyóicas.

En segunda instancia, pero no menos que Freud, lo que Marx vino a hacer tanto en las ciencias sociales como en la propia filosofía claramente fue un golpe de realidad a la sociedad capitalista en turno (en ese entonces, la industrial). Marx, después de sus escritos de juventud aún con una postura idealista hegeliana (dominante en Alemania) pero con tendencias materialistas4, revolucionó la forma en que se vería el mundo real. Ya no se partirían de concepciones idealistas (como sucede en la psicología), ahora se partiría de las condiciones reales de existencia, de la vida misma; ya no habría especulación, sino una verdadera objetividad. El modo de producción real, es decir, de producción para poder vivir, determina el quehacer de los sujetos. Así, un adelantado a la época y a la misma psicología de hoy, Marx y Engels argumentaban que no es la conciencia la que determina la vida (como la psicología supone), sino que es la vida real la que determina la conciencia5. Las producciones mentales serían solo un reflejo ideológico, un reflejo “invertido” de lo real. De esta forma, el sustento ideológico del que parte la psicología y su la supuesta autonomía que le ofrece al individuo, terminan siendo nada a la luz de lo real.

De igual forma, Marx pudo vislumbrar que en los modos de producción (lo real) siempre había una parte que se quería imponer a la otra, es decir, dos clases. Esto mismo confirmado por él en la sociedad del modo de producción capitalista y sus análisis del feudalismo; en el actual modo de producción capitalista: burgueses y proletarios. La sociedad burguesa controla los medios de producción y la fuerza productiva, las ganancias solo se concentran en unos cuantos mientras que el trabajo de los proletarios es remunerado con un mísero salario. En este sentido, sin entrar a detalles en una crítica al capitalismo, se propone una concepción objetiva de la vida, una concepción materialista de las formaciones sociales: las sociedades se forman a partir de sus condiciones reales para vivir, esto es, su modo de producción. Esta concepción, denominada materialismo histórico (Marx no utilizó este término), llevó entonces a una amplia difusión para el análisis de la sociedad: autores como Engels, Plejanov, Lenin, Althusser extendieron el desarrollo teórico (entre otros). Quedo ahora bastante, pero exageradamente, corto para la explicación de la propuesta marxista.

Con todo esto ¿qué tiene que ver la psicología con Marx? El problema reside en que la psicología, nuestra psicología ha ignorado sus aportes totalmente. Aquí ni siquiera hay una presencia-ausencia, simplemente no existe Marx para la psicología de nuestros días (aparentemente no existe), para la positivista, para la adaptadora y alienante psicología. En vez de tomar en cuenta a Marx para la explicación de nuestra historia, se ignora completamente. Esto lo vemos en las supuestas clases de “historia” que se nos dan en la psicología: en vez de interesarnos por cómo saquearon América con fines de mercado en la época colonial, en vez de explicarnos las consecuencias de la sociedad capitalista neoliberal o interesarnos por la lucha de clases que hoy en día vivimos (como la COVID-19 ha dejado entrever actualmente), muy contrario a todo eso, la psicología se limita a contar lo que a su conveniencia es “mejor”. En caso de que no fuera “conveniencia” y fuera simplemente ignorancia, esta ignorancia no hace más que contribuir a que el capitalismo se siga perpetuando: en escuelas, en el trabajo, en la familia, en la sociedad misma.

La psicología sin Marx es simplemente una ciencia de las apariencias, de lo ideológico. El único acercamiento que se tiene por parte de nuestra psicología con Marx, en su ignorancia, es la distorsión de lo que él proponía. Los psicólogos y psicólogas (docentes y estudiantes) que ni un acercamiento por documental han tenido a Marx, difunden la misma propaganda burguesa en contra de un comunismo que es subversivo, revolucionario; esto es, y me atrevo a decirlo, porque sin capitalismo, ¿qué sería de la psicología?

Ya he mencionado anteriormente y en repetidas ocasiones, a partir de la propuesta de Braunstein y Althusser (seguidores de Freud, Lacan y Marx), que la psicología forma un Aparato Ideológico de Estado por sí misma. Nuestra psicología nos dota de ciertos ejes temáticos que deben ser revisados constantemente en clases, son reforzados constantemente, vistos una y otra vez sin cesar. Partimos de un idealismo platónico, un dualismo cartesiano, una “subjetividad” reducida a su comportamiento “objetivo”, observable y cuantificable, un individualismo con potencialidades, y para aparentar ser “más científicos”, una neurologización de la subjetividad. Claro, tenemos en cuenta de vez en cuando los “contextos” que la psicología determina en sus intervenciones de forma a priori: la familia, la escuela, el trabajo, lo “comunitario”. Nunca lo político y económico, nunca lo inconsciente o el aparato psíquico, nunca lo ideológico.

Este encierro en los ejes temáticos impuestos por la psicología no cumplen más que la función de serle leal al capitalismo y al “Yo” que desarrolló y reforzó la psicología como encargo del capital. Se tiene que asegurar un adoctrinamiento, la fuerza de trabajo adaptada, regulada, controlada; descartar aquellos quienes no funcionan en el entramado postindustrial; todo esto mediante pruebas psicométricas pretendidamente científicas. Nuestra psicología actúa como camisa de fuerza, que nos limita a un espacio cerrado de movimiento (sus temas y su campo de acción). Se trata de despolitizarnos, de “desrealizarnos”, de ser un psicólogo o psicóloga más. Se nos repite en las aulas (y vaya que en demasía), la premisa de que “cambiar el sistema” es IMPOSIBLE. Claro, esto es una cómoda postura para ellos y ellas, aquellos que les es más fácil recibir estímulos por cumplir con lo establecido, aquellos a los que les es más fácil subordinarse a lo que un dictamen establezca.

Comentarios finales: el retorno a Marx y a Freud

Me gustaría finalizar diciendo: no todo está perdido. Sí, tenemos mucho trabajo por realizar, mucho por leer y mucho por hacer si de verdad apostamos por una sociedad sin desigualdades. Si bien, la psicología ha absorbido al psicoanálisis e ignorado al marxismo, estos dos no necesitan de “la psicología”. Estos se han encontrado en diferentes ocasiones para formar un frente versus la psicología hegemónica, han creado y actualizado constantemente su propia psicología, una concreta y material, una verdaderamente científica no supeditada al capitalismo. Los aportes existen, solo que jamás nos los han presentado: Vygotsky (sólo vemos la ZDP), Politzer (¿y quién es?), Luria (¿no era el dios de los neuropsi?), Kornílov (¿?); todos estos forman parte de una “psicología marxista”. Más recientemente, Althusser y su retorno a Marx y su crítica de la psicología; Braunstein y su postura althusseriana; Parker, psicoanalista y marxista; Pavón-Cuéllar y su articulación del marxismo con el psicoanálisis lacaniano, entre otros tantos no menos importantes.

Necesitamos del psicoanálisis y del marxismo; necesitamos leer y releer a Freud y a Marx, tal como lo hizo Lacan con Freud, o Althusser con Marx (ambos críticos de la psicología). Ahora, no solo necesitamos de estas dos posturas para un frente teórico político comprometido, sino que también los necesitamos para cuestionar nuestra propia constitución como sujetos, es decir, cuestionar lo que nos ha hecho sujetos (en el doble sentido: sujetados y subjetivados). El compromiso de la psicología, si es que aún podemos hablar de ella como tal, no debe ser con un sistema económico encargado de violentar simbólicamente, debe ser, por el contrario, con la sociedad misma, y desarrollar un papel ético-político comprometido.

No por ser estudiantes no debamos acercarnos al lado “oscuro” como a mí me gusta llamarle. Pero es necesario que aceptemos, como estudiantes, que no será fácil comprender(se) a través de estos textos como la literatura psicológica ha ofrecido sus lecturas de forma fácil con lenguaje simplista e infantil para asegurar la reproducción ideológica. Es un camino complejo, un camino que hará poner en duda lo que somos y lo que la realidad ha sido hasta ahora.

Referencias

1 Louis Althusser, “The place of Psychoanalysis in the Human Sciences”, en Psychoanalysis and the Human Sciences (Nueva York: Columbia University, 2016), 1–44.

2 Ibíd. pp. 20-22

3 Louis Althusser, “Psychoanalysis and Psychology”, en Psychoanalysis and the Human Sciences (Nueva York: Columbia University, 2016), 45–87. (pp. 65-70)

4 Louis Althusser, “Sobre el joven Marx”, en La revolución teórica de Marx (México: Siglo XXI, 1967), 39–70.

5 Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 41–101.





El obsesivo (e indignante) individualismo de nuestra psicología: de la represión del deseo a la reproducción social ideológica

En el presente escrito trataré de abordar algunos temas que pueden verse articulados en una perspectiva crítica. Por una parte, hablaré de la psicología y su imposición de la supuesta individualidad de los sujetos y su disociación voluntaria (y quizá inconsciente) de las situaciones sociales; a su vez, trataré de reseñar lo que Néstor Braunstein y otros han denunciado desde la práctica y teoría psicoanalítica, sobre esta supuesta individualidad que la psicología contemporánea profesa en sus teorías y las aulas, y la propuesta de explicación sobre la reproducción social a través del psiquismo y el modo de producción capitalista.

El obsesivo e indignante individualismo de la psicología

Se nos repite y se nos enseña de manera constante en nuestras aulas (salvo excepciones) que el “cambio está en uno mismo”, que “el cambio lo inicias tú y tu propia voluntad”, que “hay que evitar el conflicto” olvidándose así de la alteridad (del otro), o dejando lo “social” en segundo término, e incluso borrándolo totalmente. Estas son solo dos de las quizá cientos de premisas que existen en el que la resolución de problemas, la necesidad de cambio (psíquico y social) radica exclusivamente en el “individuo”, en una cuestión “intrasujeto”, volitiva sin importarle el sistema en el que se lleva a cabo el proceso de sujetación (el devenir sujeto), del que hablaremos más adelante.

La psicología que nos han impartido (como ya se había dicho anteriormente en otras publicaciones, capitalista y norteamericana) nos está haciendo creer que poseemos una autonomía total frente a los acontecimientos histórico-culturales, políticos y represivos originados en un modo de producción específico (el capitalismo), que respondemos individualmente a lo que sucede “allá”, “fuera de mí”, como si lo que estuviera fuera de nosotros son solo estímulos a los cuales respondemos como perro pavloviano salivando y desechamos inmediatamente (aparentemente). En este sentido, no existe un interés colectivo por lo que sucede “allá afuera”, mientras “yo” esté “bien”, mientras “yo” tenga salud mental o mientras “yo” tenga pacientes que atender, todo lo demás pasa a segundo o tercer término, e incluso llegándose a borrar toda noción de colectividad e intentando salir de las condiciones constrictoras que existen en esta (González-Rey, 2017). Existen teorías que justifican incesantemente la idea del individualismo y su supuesta capacidad generadora de cambios y adaptación desde lo interno, en las que se exaltan la motivación, la resiliencia, los procesos cognitivos y conductuales como resultado de una interacción química cerebral al reaccionar lo que está “allá afuera”; todas estas características del individuo, hacen que este se recluya en su “propio” mundo, desinteresándose por los lazos que lo atan internamente con la comunidad (Pavón-Cuéllar y Orozco-Guzmán, 2017). Estas teorías, a las cuales no les daremos promoción por obvias razones, constituyen la base para desarrollar y justificar el capitalismo (Flores-Osorio, 2017), interiorizarlo, hacerlo propio, hacerlo pasar como un sistema justo y normal. El desinterés de lo social permite que el capitalismo haga de las suyas, siga con su lógica extractivista, violente los espacios de las personas, permite mantener dóciles a las personas sin cohesión social para evitar los conflictos. La lógica individualista permite no entrar en conflicto con las cosas injustas, ¿por qué? porque eso no “me afecta”, “no me está pasando a mí”.

Esto anterior se pone en relieve en nuestras aulas cuando con sus sistemas de evaluación, enaltecen la competitividad entre nosotros los alumnos, se permea la idea de “destruir” al otro con la calificación y el discurso, no debe importar las condiciones de aprendizaje que el otro pueda poseer o sus condiciones sociales, mientras sea “yo” quien pase el curso, mientras sea “yo” el que sepa más, en lugar de compartir los saberes generados, de construir un espacio de apoyo entre todos y todas. Forman en nosotros un psicólogo(a) ególatra, desinteresado, individual. Si esto sucede en nuestras aulas durante 4 o 5 años, ¿qué podemos esperar egresando de la universidad? Seguiremos reproduciendo esa lógica individual con lo acontecido en nuestro país, en el mundo, no nos interesaremos por los verdaderos problemas estructurales en nuestra sociedad, por las injusticias sociales y económicas. Parker (1999) argumenta con firmeza que la psicología está inmersa en la sociedad de clases, y es reclutada para el servicio del poder económico; a su vez, afirma (ibíd; 292; Pavón-Cuéllar, 2011) que la psicología produce un individuo escindido (dividido) de su relación con los otros, en su obsesivo individualismo, a través de las teorías en tendencia dentro de la disciplina.

En un clásico, el cual abordaremos de manera parcial y limitada aquí, Braunstein (1975) denunciaba que la psicología académica, la que nos imparten en las universidades, cumple dos funciones fundamentales: como “técnica” de registro, predicción y control de las conductas (llevándolas al plano individual) y como “ideología” que ofrece una ilusión de singularidad, de la autonomía del yo, de la “personalidad” y de la conciencia (p.74).

Psicoanálisis y materialismo histórico: desenmascarando la ilusión de individualidad

En el primer párrafo adelanté que hablaría sobre el proceso de sujetación, el devenir sujeto social, algo que la psicología no se ha dado el tiempo de explicar, de tocar, pero sí ha ignorado deliberadamente en múltiples ocasiones (no en todas, claro está). Este apartado se realiza a partir de lo propuesto por Braunstein (1975), esto es, no una contribución (e incluso se puede tratar de tautológico), pero nos sirve para tratar de entender brevemente cómo se constituye el sujeto tanto psíquicamente como ser social e ideológico, este último en el sentido de pensar que somos “individuales”, “únicos” y “libres”.

El psicoanálisis en conjunto con la ciencia de la historia, el materialismo histórico (teorías y prácticas menos mencionadas en mi universidad, al menos en el plantel; no dudo que esto suceda en otras), revelan el proceso de sujetación por el que los supuestos “individuos” nos hacemos y rehacemos a los demás. Hablaremos un poco y de manera muy breve, laxa acerca de la conformación del aparato psíquico primero.

El psicoanálisis, enfocándonos en el freudiano, nos hace ver que la constitución del aparato psíquico (o de la supuesta “individualidad”) se da sí o sí en el conflicto interno y externo (ya desde ahí existe un conflicto): entre la necesidad de placer, no solo cuando se recibe alimento, sino en la succión del pecho y la prohibición de este junto con sus pulsiones (todo esto proviniendo del Ello), entre la resolución del complejo edípico y la fantasía de castración (no ahondaremos en estas cuestiones esta ocasión; para ver más, consulte Braunstein et al., 1975), en las que se tiene que renunciar y reprimir el deseo de un objeto (la madre) al verse inalcanzable porque le pertenece a alguien más (al padre), y que este “alguien más” (el padre) funge como instancia represora externa, como la “realidad punitiva”, pero a su vez existe la formación psíquica (mayormente inconsciente) de un Superyó. El infante entonces “aprende” que hay leyes, que sus deseos incestuosos deben ser reprimidos y desplazados a otros objetos socialmente aceptables, en el caso contrario, el Superyó se encargará de castigar, mediante extrema angustia, los deseos del niño en el plano psíquico, y la realidad exterior, mediante rechazo y exclusión. Braunstein (1975) explica:

“Se delimita en el sujeto la instancia de las pulsiones sometidas a represión (el Ello con sus representantes pulsionales), la internalización de las pautas restrictivas y de la vigilancia exteriores (el Superyó) y la estructura encargada de arbitrar los medios para proteger al organismo de los peligros a la vez que de facilitar las satisfacciones posibles teniendo en cuenta a las exigencias de la realidad exterior, por lo tanto, manteniendo la represión de los representantes psíquicos de la pulsión (el Yo)“. (p.80)

Con esta laxa explicación de la conformación psíquica, damos cuenta junto con Braunstein que desde el principio no somos autónomos o “individuales”, y que se instaura en nosotros, de manera inconsciente, toda una serie de pautas restrictivas que tenemos que sobrellevar para controlar la vida pulsional, nuestros deseos y redirigir el placer, y todo esto se da en el supuesto “primer núcleo” social: la familia. Nos queda entonces navegar en el plano de lo aceptable, de lo “normal”, con la apariencia de seres autónomos (el comienzo de la neurosis). Por otra parte, Braunstein ofrece una intersección entre el psicoanálisis y su proceso de sujetación psíquico con el materialismo histórico de Marx (tomando en cuenta algunos aportes de Althusser). Del mismo modo, no se hará un análisis fuera del alcance que el blog tiene como objeto.

Se explicaba entonces que se forma en nosotros todo un complejo proceso de sujetación psíquico en el seno familiar, pero ¿esta familia no pertenece a un entramado social? ¿también es autónoma e individual? A esta última pregunta respondemos con un rotundo NO, pero es necesario apoyarse del materialismo histórico (ciencia de la historia y los modos de producción) para explicar el porqué de ese rotundo “NO”. Nuestros papás y mamás también pasaron por ese complejo proceso de sujetación psíquico, pero a su vez, aprendieron que existen roles sociales, que existe una división del trabajo, que existe un lugar para el sujeto cuando nace y ciertas expectativas, que cumplirá cierta función cuando crezca y todo esto gracias a la instancia económica: el capitalismo. Este último se encarga de ideologizar, a través de sus aparatos ideológicos de Estado (“AIE”; ya comentados en una publicación anterior con un poco más de detalle), en los que figuran también la familia, y la psicología (Braunstein, 1975), a los supuestos “individuos” autónomos e individuales (aunque parezca pleonasmo). Estos (los AIE), junto con su ideología dominante, se encargan, mediante un proceso inconsciente (para asegurar su efectividad), de “programar” al sujeto para reproducir el statu quo, una y otra vez, con la finalidad de seguir los requerimientos del sistema capitalista, de generar mediante su fuerza de trabajo, una plusvalía para los más poderosos.

A modo de complemento, (aunque desde la crítica) Deleuze y Guattari (1985) confirman la función de la familia, más allá de un núcleo afectivo-edípico:

“Las familias salvajes forman una praxis, una política, una estrategia de alianzas y de filiaciones; son formalmente los elementos motores de la reproducción social; no tienen nada que ver con un microcosmos expresivo; el padre, la madre, la hermana siempre funcionan en ella como algo más que padre, madre o hermana […] es evidente que el individuo en la familia, incluso de pequeño, carga o catexiza directamente un campo social, histórico, económico y político, irreductible a toda estructura mental no menos que a toda constelación afectiva” (p.173)

En este sentido, el sujeto, ya ideologizado (o como Braunstein llama, “sujeto sujetado”), comienza una práctica discursiva en la que aparenta cierta autonomía, lo se hace ver o parecer como sujeto individual: “yo trabajo solo para mí” (a modo de ejemplo sencillo; no se trabaja para sí solamente, se trabaja para seguir generando plusvalía y mantener al capital y la estructura generada por este, llena de desigualdades), o cualquiera de las premisas mencionadas al inicio de esta publicación. Es conveniente para la estructura económica dominante, que exista pues una creencia de seres individuales no interesados en la colectividad, esto para que la estructura se siga perpetuando; los capitalistas saben que el “cambio no está en uno mismo”, saben de lo que pueden ser capaces una organización social, un levantamiento social en denuncia a las desigualdades impuestas por ellos. Es por esto que les conviene vender la idea, por todas su instancias ideológicas (la universidad, la familia, la religión, etc., etc.) de que somo sujetos singulares y autónomos, para no darnos cuenta de sus perversas acciones ideológicas.

Comentarios finales

La psicología reproduce un obsesivo e indignante individualismo. Obsesivo porque se presenta de manera frecuente, sin medida, sin lógica aparente. Se instaura en las clases, en los libros, en las conferencias, en los manuales, en los psiquiátricos, en las universidades. Se nos enseña a ser competitivos a costa de destruir al otro, de desconocerlo, de negarlo. Indignante porque no nos preocupamos por lo que pueda pasar alrededor de nosotros, porque se perpetúan las injusticias, se propaga la indiferencia y se admite lo no justificable. La psicología funciona como aparato ideológico, asegura las relaciones de producción capitalistas y sus discursos enajenadores. Es un cómplice más del sistema (Pavón-Cuéllar, 2012).

Braunstein, en principio, nos ayuda a ilustrar una articulación inédita que puede dar cuenta del proceso de sujetación ideológico, el cual la psicología ignora cada que puede, y por el contrario, contribuye a la ideologización. El psicoanálisis y el materialismo histórico dan cuenta de los planes perversos de la instancia económica como determinante última de los procesos sociales, a su vez critican a la psicología académica por ofrecer una falsa ilusión de individualidad. Utilizando la cinta de Möbius para explicar todo lo anterior: no puede haber sujetos escindidos de su realidad social; el psicoanálisis y el materialismo histórico pueden dar cuenta, casi a la par en cuanto a objetos de conocimiento, del proceso de sujetación ideológico, y ayudan a mantener una postura crítica ante la psicología individualista.

Referencias

  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Deleuze, G. y Guattari, F. (1985). El Anti Edipo. Capitalismo y Esquizofrenia. Barcelona: Paidós.
  • Flores-Osorio, J.M. (2017). Hegemonía y contra-hegemonía del pensamiento psicosocial latinoamericano. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • González-Rey, F. (2017). Los desafíos de la psicología frente al capitalismo subdesarrollado de América Latina: los déficits para generar una práctica profesional diferente. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Parker, I. (1999). Introduction: Marxism, Ideology and Psychology. Theory and Psychology, Sage Publications, 9(3), 291-293.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2011). La psicología crítica de Ian Parker: análisis de discurso marxismo trotskista y psicoanálisis lacaniano. Teoría y Crítica de la Psicología, 1, 1-42.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2012). Nuestra psicología y su indigante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación. Teoría y Crítica de la Psicología, 2, 202-209.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Capitalismo y psicología en la historia latinoamericana: esbozo de recapitulación histórica para proyectos liberadores anticapitalistas. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Pavón-Cuéllar, D. y Orozco-Guzmán, M (2017). Más allá de la psicología del mestizaje: capitalismo, colonización y singularidad latinoamericana. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.