Althusserianismo: psicología como apología del capitalismo

Comencé este espacio el 19 de mayo de 2020. El encierro era cada vez más aburrido y tedioso. Aún me encontraba en el penúltimo semestre para terminar la licenciatura. La psicología, en su monotonía, terminaba por cansarme, por aburrirme, incluso por desesperarme: no había reflexión crítica ante la disciplina. Tuve la suerte de encontrarme con un libro bastante interesante y necesario en ese mismo mes: Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad, del Dr. David Pavón-Cuéllar, de quien me considero seguidor y a quien tuve la fortuna de conocer e intercambiar palabras gracias a este blog.

Este libro me introdujo con mayor claridad al tema de las diferentes psicologías críticas y me motivó a abrir este espacio. Al principio lo llamé “Psicología crítica y crítica de la psicología”. Mi objetivo era (y sigue siendo de alguna u otra manera), compartir aquello que estaba leyendo, pero también, por otro lado, era hacer lo que los psicólogos críticos hacen: incomodarle, estorbarle, reclamarle, criticarle, reprocharle a la psicología todo lo que hace. Decidí cambiar el nombre a “Versus la Psicología” para efectos prácticos y usar la referencia a la “trinchera estudiantil” en la que me encontraba en ese momento. Hoy, habiendo concluido mis estudios de licenciatura, el espacio gira en torno a tres temáticas: Marxismo, psicoanálisis y psicología crítica.

Entre las referencias del libro antes mencionado, encontré muchos(as) autores(as), sin embargo, quien más me atrajo fue Althusser y quienes seguían su trabajo. Pasé a leer Ideología y aparatos ideológicos de Estado de Althusser, y posteriormente me encontré con el maravilloso trabajo de Néstor Braunstein y sus colegas: Psicología: ideología y ciencia. A Deleule no lo había podido leer porque quería su libro en físico: La psicología, mito científico; al no conseguirlo, lo leí hace poco en PDF y puedo decir que es, sí o sí, una lectura necesaria e imprescindible para la crítica de la psicología. Mi lectura del althusserianismo no se agotó en estos textos: me encontré los Escritos sobre psicoanálisis de Althusser, y como lector recurrente de Pavón-Cuéllar, podía encontrar este althusserianismo entre sus líneas.

Los ensayos con los que comencé estaban llenos de referencias a Althusser y Braunstein. “La psicología como reproductora de la ideología dominante” fue el segundo escrito que publiqué aquí después de un resumen sobre psicología crítica. Este segundo escrito (y quizás los siguientes cuatro o cinco), sostenía la tesis de la psicología como aparato ideológico de Braunstein.

Me introduje al marxismo no por Lenin o Trotsky, ni siquiera por Marx o Engels. Mi introducción al marxismo fue por el marxismo althusseriano, el que da cuenta de una valiosa articulación: marxismo y psicoanálisis. Fue gracias a este marxismo que también me interesé más por el psicoanálisis. Pareciera entonces que este rodeo por el campo del althusserianismo fue necesario antes de leer directamente a Marx y a Freud, quienes no me han faltado en los últimos escritos, inclinándome más por el primero que por el segundo.

Un año después, he decidido recopilar, de manera breve y general, algunas de las críticas que el althusserianismo le ha hecho a la psicología. Me había servido de sus aportes para construir los breves ensayos que aquí publico, pero no me había dado el tiempo de mostrar qué dicen acerca de la psicología. Este es el momento: un día antes del “día del psicólogo” en México, 20 de mayo. Considérenlo, los y las psicólogas que se encuentren este escrito, un “regalo” del marxismo althusseriano. Nuestro itinerario será el siguiente: primera parada con Althusser, haremos un abordaje intermedio con Deleule, y concluiremos con Braunstein.

Louis Althusser

Aunque el joven Marx ya sospechaba del futuro proceder de la psicología[1], Louis Althusser concretará de paso en su obra esta crítica a la disciplina que, como ya adelantamos, serán después ampliamente desarrolladas por sus seguidores. No procederé en orden cronológico.

Althusser recalcó que la psicología era una “formación teórica de la ideología burguesa”[2], dándole un lugar entre la economía política criticada hasta morir por Marx y la sociología. Estas formaciones teóricas, dice Althusser, “tienen como misión disimular con el fin de perpetuar la explotación y el dominio de la clase burguesa”[3]

Consideró que la psicología era solamente “una rama de la moral” a la que se le atribuyen las “prácticas de reeducación social de la persona” así como la “normalización del comportamiento de los individuos”[4]

Althusser también pudo dilucidar la relación que la psicología tenía con el psicoanálisis. Nos recordó que la psicología intenta siempre “anexar al psicoanálisis” y al anexarlo, este queda reducido a las lógicas de la psicología, o en sus palabras, queda reducido a “una técnica de readaptación ‘emocional’ o ‘afectiva’ […]”, pero también, tal como ha sucedido con la psicología actualmente, el psicoanálisis termina por ser “un objeto de consumo común de la cultura”[5]. Estos intentos de “anexión y revisión” por parte de la psicología (e incluso de cierto marxismo dogmático) hacia el psicoanálisis, se debían porque las conclusiones de Freud “trastornaron a la psicología”[6], y sobre todo, porque el descubrimiento del Dr. Freud era “verdadero y peligroso”, y agrega Althusser:

“Donde no hay verdad, no hay razón para desear anexar o revisar. Hay pues, en Freud, algo verdadero, de lo que hay que apropiarse pero para revisar su sentido, pues esto verdadero es peligroso; hay que revisarlo para neutralizarlo”[7]

Althusser le reconoció a Lacan sus críticas al psicoanálisis psicologizado, que no era sino un “psicoanálisis digerido”[8]. Tal psicoanálisis, nos recuerda Lacan, “se ha inclinado hacia la adaptación del individuo al entorno social”[9]. Si el psicoanálisis fue psicologizado en Norteamérica, fue solo en la medida en que debía cumplir una demanda social, misma que le ha sido formulada a la psicología (veremos esto en los comentarios de Deleule).

El “último Althusser”, lanzó un último dardo al centro de la diana psicológica, afirmando que el pensamiento conjunto de Marx y Engels “trastrueca todos los principios de la psicología y que poco menos que anticipa la intersubjetividad”[10]

Didier Deleule

Deleule profundiza las reflexiones de Althusser en torno a la psicología en su libro La psicología, mito científico. Esta reflexión crítica y amplia, le permite cuestionar la supuesta neutralidad del psicólogo [11] “al poner entre paréntesis”[12] el entramado social, en el modo de producción capitalista. Se encuentra en el origen y quehacer de la psicología una “demanda social”[13], de la que la psicología nada sabe, pero sigue cumpliendo.

En la retraducción que Deleule hace del discurso de distintos psicólogos, identifica que son los mismos psicólogos, a través de lo que dicen (incluyendo sus lapsus), quienes dejan entrever “su pertenencia ideológica” al sistema así como la tarea de “prevenir o ahogar los conflictos en el seno de la organización social” [14]. Cuando la psicología revela “su opción ideológica”[15], dice Deleule, la disciplina se convierte en una “ideología de recambio” que termina por ser un “refuerzo de la ideología dominante”[16]. Esto solo se logra cuando la psicología presenta como “científico”, lo que “no es más que ideológico”[17].

Al preferir “las revoluciones a pequeña escala” (frase que contendría “todo el espíritu de la psicología moderna”[18]), la psicología funciona como justificación y reproducción del capitalismo, de la ideología burguesa. Esta justificación, reproducción, y la preferencia por pequeñas revoluciones (que no son sino “catarsis sociales” en un espacio controlado como lo es el “psicodrama”) solo serán posibles cuando el psicólogo “esté ya educado”[19], o dicho de otra manera, que los psicólogos sean interpelados por la ideología burguesa para devenir “profesionales de la ideología”, como les diría Althusser[20].

Néstor Braunstein

Siguiendo la misma línea, tomando entre sus referencias a Althusser y a Deleule, Néstor Braunstein y sus colaboradores prepararon un libro que hoy en día resulta imprescindible. Me atrevería a decir que puede ser una buena introducción, por el camino de la crítica de la psicología, al althusserianismo y a Marx. En este espacio solo dedicaré atención a lo escrito por Braunstein, dado que es quien sigue de cerca a Althusser e incluye sus aportes en su discurso.

El argumento central de Braunstein, similar al de Deleule, es el de recordarle a los psicólogos que su disciplina es una “técnica y una ideología”, entendiendo esta última en dos sentidos: “como conjunto asistemático de nociones precientíficas y como representación ilusoria y deformada de la realidad elaborada por las clases dominantes” [21] . Al no saber qué estudian, y pasar de estudiar la conciencia a estudiar la conducta, los psicólogos, “sin saberlo”, se enmarcan en un “proyecto adaptacionista”[22] de los sujetos. Detrás de esta obsesión por adaptar y evaluar tal adaptación, se encuentra un “encargo social emanado de las clases dominantes”[23].

Nos recuerda Braunstein que “la psicología individual [que es también social, dice Freud en la primera página de Psicología de las masas] desconoce que el individuo que estudia es un resultado del ambiente (social) y que la contraposición [dualista] de ambos es solo aparente”[24]. En este desconocimiento en el que se encuentra fundada la psicología y su pretensión de ciencia natural (como una “biología” más), la disciplina sería solo serviría como “técnica de registro, predicción y control” pero también como una “ideología que ofrece representaciones ilusorias sobre la singularidad y la autonomía del yo, de la personalidad o de la conciencia”[25]. Complementa diciendo que sería absurda “la pretensión de fundar una psicología basada en el estudio de la conciencia y la conducta de individuos aislados” sin tener en cuenta “la estructuración del aparato psíquico a través del proceso de sujetación”[26]

Braunstein, lector de Althusser, acierta en considerar a la psicología como “aparato ideológico”[27] (tema que fue abordado de manera general en el segundo ensayo de este blog) y esto se verá confirmado tras la lectura sintomal (como la de Marx identificada por Althusser) que realiza de la psicología académica.

En esta lectura no literal, sino más bien, lectura del síntoma del capital, Braunstein descubre que “el psicólogo trabaja por cuenta de alguien y ese alguien no muestra la cara”[28]. La psicología que se enseña en la formación del estudiante “está constituida como una respuesta técnico-ideológica frente a una demanda [Deleule] que procede de las clases dominantes”[29]. Cito ampliamente al Dr. Braunstein:

“Así nos hemos enterado que el progreso psicológico está supeditado a una política que es la del capitalismo en su fase avanzada, el imperialismo, fundado en la explotación creciente de los trabajadores del propio país y en el mantenimiento y reforzamiento de la dependencia económica, cultural y políticomilitar [sic] de los países del llamado Tercer Mundo. La psicología sobrevivirá en la ‘creciente medida de lo que pueda aportar a nuestra vida’, en tanto que va creciendo su importancia como aparato ideológico de Estado, en tanto que profundice en la implementación de técnicas al servicio de la sujetación ‘individual y colectiva”.[30]

Comentarios finales

El común denominador de esta postura althusseriana contra la psicología, es el de considerar a la disciplina como parte de la ideología dominante, o como bien diría Deleule, como “refuerzo” de la misma; diremos aquí que la psicología no es más que una apología del capitalismo. Tanto Deleule y Braunstein, así como otros críticos marxistas de la psicología, como Pavón-Cuéllar, no dudan al generalizar su crítica a toda la disciplina. Esta crítica generalizada surge porque la psicología nunca ha podido salir de las apariencias, de la ideología, de lo consciente como eje de estudio. De ahí que opten (y me incluyo), por el psicoanálisis, y más aún, por el psicoanálisis de Freud y Lacan.

Intentar incluir a la psicología en la lucha revolucionaria es perdonarla por sus funciones actuales en el capitalismo neoliberal. Es cierto que hay psicólogos y psicólogas que manifiestan su postura política a favor de la clase oprimida, pero me atrevo a decir que tal postura tarde o temprano los hará abandonar su psicología, y optar más por lo político que por lo psicológico.

A un día del 20 de mayo (día del psicólogo en México), reitero y reiteramos que la psicología sirve únicamente para la clase dominante, aquellos que tienen los medios de producción. Son quienes explotan la fuerza de trabajo de los otros, quienes se apoderan del saber-hacer del esclavo, los que pueden tratarse con la psicología. Nunca falta un psicólogo o psicóloga en la industria, en la escuela: ¡cada vez hay más psicólogos en el país!

Quizás sea momento de recordarles a los que ejercen y a los estudiantes, que su psicología, por más positiva, por más buenas intenciones que diga tener, está manchada de sangre por torturas[31], empapada del sudor de los trabajadores y trabajadoras cansadas, explotadas, mal pagadas, discriminados, empobrecidos, desvalorizados. Hoy es un buen momento para recordarle todo esto a la psicología, incluso a los que optan por una postura diferente, contrahegemónica, con la finalidad de que reafirmen su lucha, su opción política contra el capitalismo, el racismo, el colonialismo o el patriarcado.

Para finalizar, no me queda más que agradecer, en el primer aniversario de este espacio en donde he podido compartir lo que pienso, a quienes me han apoyado afectivamente, quienes me ofrecen retroalimentación teórica, quienes comparten los escritos y a quienes comentan en la página de Facebook: todxs, de alguna u otra manera, estamos haciendo psicología crítica.

Referencias


[1] Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía (1844), Madrid, Akal, 2013

[2] Louis Althusser, Sobre Marx y Freud (1978), en Escritos sobre psicoanálisis. Freud y Lacan, México, Siglo XXI, 1996, p. 204

[3] Ibid. p. 197

[4] Althusser, El descubrimiento del doctor Freud (1976), Op. Cit., p. 177

[5] Althusser, Freud y Lacan (1964), Op. Cit., p. 33

[6] Althusser, El descubrimiento del doctor Freud (1976), Op. Cit. p. 173

[7] Althusser, “Sobre Marx y Freud” (1978), Op. Cit. p. 196

[8] Louis Althusser, “Psychoanalysis and psychology” (1964), en Psychoanalysis and the Human Sciences, Nueva York, Columbia University Press, pp. 67-70

[9] Jacques Lacan, Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953), en Escritos I, México, Siglo XXI, 2009, p. 239

[10] Louis Althusser, Para un materialismo aleatorio (1982), Madrid, Arena Libros, 2002, p. 16

[11] Didier Deleule, La psicología, mito científico, Barcelona, Anagrama, 1969, pp. 76-77

[12] Ibid., p. 29

[13] Ibid., pp. 47, 63, 79-80

[14] Ibid., p. 79

[15] Ibid., p. 91

[16] Ibid., p. 93

[17] Ibid., p. 96

[18] Ibid., p. 113

[19] Ibid., p. 132

[20] Louis Althusser, “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” (1970), en La filosofía como arma de la revolución, México, Siglo XXI, 1974.

[21] Néstor Braunstein, Psicología: ideología y ciencia (1975), México, Siglo XXI, 1991, p. 21

[22] Ibid. p. 40

[23] Ibid., p. 41.

[24] Ibid., p. 70

[25] Ibid., p. 75

[26] Ibid., p. 95

[27] Ibid., p. 88

[28] Ibid., p. 343

[29] Ibid., p. 353

[30] Ibid., p. 354

[31] David Pavón Cuéllar, Psicología y Destrucción del Psiquismo: La Utilización Profesional del Conocimiento Psicológico para la Tortura de Presos Políticos. Psicologia: Ciência e Profissão, no. 37 (2017), 11-27. https://dx.doi.org/10.1590/1982-3703010002017

¿Qué es la psicología? Seis definiciones en clave marxista

Mímesis

La pregunta del título no es para nada nueva. Es, por el contrario, algo repetitivo entre los psicólogos. Es el enigma no descifrado. Es la obsesión que atormenta a la disciplina. Es la pesadilla que ha gravitado desde tiempos inmemoriales en los cerebros de aquellos. Su definición es oscilante: a veces optan por decir que es una ciencia objetiva y bien delimitada con objeto propio, y otras veces pasa al dominio público para convertirse en una Weltanschauung .

Al desconocer su determinación material, esto es, su determinación por el modo de producción actual, la psicología cae en embrollos inextricables, en formulaciones redundantes y contradictorias, en querellas profesionales y teóricas entre “escuelas” y “corrientes”. Por tanto, si no ha existido tal consenso es porque no son ellos, los profesionales de la psicología, los que deciden qué se dice o no en los manuales, códigos de “ética”, en los pasillos de las facultades, o en la calle sobre la disciplina. Al estar integrados en el capitalismo, su definición oscilante se establece en función de las lógicas del sistema, por sus intereses económicos y de clase.

Diremos que las definiciones de la psicología oscilan entre la aceptación de “lo dado” y las cosas “tal como son” con el fin de adaptarnos y someternos a estas, en donde impera la lógica del número y lo acrítico, encontrándonos así en un movimiento lineal inalterable y que solo podría ser alterado por el experto, por la minoría académica, quedando reducido el sujeto en objeto esclavizado; pero también se define como un espacio público en el que todos caben, formando así una visión del mundo, con cierta flexibilidad, con promesas de cambio [individuales e internos] y “autonomía”, como incentivo de las cualidades humanas y la libertad. ¿No sería esto algo tan conocido como el funcionamiento del propio capitalismo? ¿No es acaso la psicología una mímesis del sistema en todos los sentidos?

Las contradicciones teóricas surgidas entre psicólogos y sus intentos para definir su disciplina se determinan fuera de los congresos, de los colegios y de las asociaciones de psicología; de ahí entonces que en dos siglos no se haya logrado el acuerdo: ¡porque no son ellos quienes mandan! Así, las contradicciones que podemos encontrarnos a la hora en que se define a esta disciplina, es decir, lo flexible-inflexible, lo humano-numérico, la autonomía-heteronomía, la libertad-esclavitud, son solo las contradicciones que encontramos en el sistema capitalista. La psicología es definida desde otro lugar: desde las lógicas de la producción de mercancías y las relaciones de explotación capitalistas.

Retraducción marxista

Pienso, entonces, que la psicología necesita definirse, pero no desde donde ha sido definida, asegurándole siempre un mínimo de existencia y prestigio en pro de la clase burguesa, sino desde un lugar en el que quede inerme, desnuda, indefensa; desde un lugar en el que no pueda defenderse porque ha sido descubierta. Propongo seis breves y muy generales definiciones en clave marxista que retraducen a la psicología, y al retraducirla, se pone de manifiesto que esta disciplina no es sino un desplazamiento necesario efectuado por el capital y sus personificaciones para que estos puedan mantenerse y reproducirse constantemente. Estas definiciones generales también servirán para extender aquello que dejé inconcluso o muy vago en el escrito anterior.

  • La psicología es la expresión, en otros términos, de la lucha de clases que tiene lugar en el sistema capitalista

En primera instancia, la psicología queda definida por la lucha de clases, entre el proletariado y la burguesía, y al quedar definida por ella, también se convierte en un espacio para que esta quede expresada. El psicólogo se eleva en calidad de burgués porque posee medios de producción, a saber, sus teorías, encuestas, test de personalidad y técnicas terapéuticas. El psicólogo somete a los sujetos hasta rebajarlos a meros objetos, objetos de la psicología, subordinados a sus lógicas de producción. El psicólogo adquiere el papel de mandamás, de administrador de vidas puesto que posee los medios para ello. Su posición de poseedor le permite diferenciarse del proletariado, de los no-psicólogos, y es gracias a esta diferenciación en donde radica la dominación, tanto burguesa como psicológica.

Del mismo modo en que la clase burguesa nos promete a todos y todas libertades e independencias[1], así la psicología promete libertad e independencia en el momento en que cautiva y somete al proletariado, al no-psicólogo. Pero como nos lo recuerdan Marx y Engels[2], todas estas libertades e independencias, son tan solo libertad e independencia para comprar y vender. De ahí que digamos que no podemos ser marxistas en psicología.

  • La psicología es la formación teórica en donde se confirma la división mental y física del trabajo, y por tanto, es una versión actualizada y mejorada del idealismo burgués

Al no reconocer su determinación histórica-material, la psicología deviene abstracción. Su objeto, la psique, está determinada por la división en clases y por la división mental y física del trabajo. De ahí que el marxista Pavón-Cuéllar nos recuerde que “el objeto de la psicología no es cualquier psique”, sino la psique de los que dominan[3], aquellos que se han podido abstraer del trabajo manual, lo que les permite creer que todo es producto de su cerebro, tal como fue señalado por Engels[4].

La psicología cree que lo más importante del ser son sus funciones cognitivas y sus mecanismos cerebrales, sus emociones en aislado. Así, los problemas del mundo capitalista son reducidos a meros conflictos psíquicos, cognitivos o cerebrales, mismos que tendrían que ser resueltos mediante la psicología para que el mundo se construya y avance.

Como marxistas, no podemos esperar nada de la psicología si confirma en cada paso que da, en cada teoría desarrollada, en cada artículo publicado, a la clase dominante y su abstracción, eso que Marx ya había advertido[5]:

“Una psicología para la que está cerrado este libro [fuerzas humanas esenciales], es decir, justamente la parte más sensiblemente actual y accesible de la Historia, no puede convertirse en una ciencia real con verdadero contenido. ¿Qué puede pensarse de una ciencia que orgullosamente hace abstracción de esta gran parte del trabajo humano y no se siente inadecuada en tanto que este extenso caudal del obrar humano no le dice otra cosa que lo que puede, si acaso decirse en una sola palabra: ‘necesidad’, ‘vulgar necesidad’?”

  • La psicología es el espacio catártico diseñado para la clase burguesa

Puesto que todos los problemas del mundo quedan reducidos a la psique determinada por la clase dominante, los métodos terapéuticos de la psicología están dirigidos a esta y no al proletariado. Son solo los que dominan los que pueden curarse de ansiedad y depresión, porque solo desgastan la mente en la especulación financiera y en funciones directivas. La salud mental tal y como la conocemos, es la salud mental capitalista. El capitalista necesita de su psicología, del psicólogo, para realizar sus operaciones, para asegurar la ganancia, para no sentirse abrumado y asqueado de tanto dinero, para no sentirse deprimido si sus acciones caen.

En cambio, si la clase dominada padece constantemente de estos trastornos, es solo en la medida en que su malestar radica en la explotación física y real: el trastorno mental deviene efecto de la explotación, de la extracción del plusvalor, del plustrabajo no pagado al obrero. Si al trabajador lo envían al consultorio del psicólogo es solo para que este desvanezca y suprima temporalmente el síntoma, lo que aparece de manera consciente, ignorando la determinación capitalista inconsciente, misma que retornará con mayor fuerza. Se padece de explotación capitalista, no de ansiedad o depresión.

  • La psicología es una modalidad de enajenación en el sistema capitalista

La psicología burguesa se generaliza a las masas. Si la clase capitalista considera a la psicología un espacio catártico que les funciona y los saca de apuros, entonces esta idea particular de clase, pasa a ser idea general del mundo: “las ideas de la clase dominante, son las ideas dominantes” nos recuerdan Marx y Engels[6]. De esta manera, las ideas de los sujetos desposeídos de los medios de producción real, son las ideas psicologizadas.

La enajenación estriba en la psicologización, en el reconocimiento del sujeto a través de las teorías psicológicas, en la imagen psicologizada que le promete consistencia frente a la inconsistencia, forma frente a lo amorfo, y todo esto porque la psicología se presenta como el único posible de los mundos, en la única manera de pensarse a sí mismo, en la única forma de ser y actuar. La vida del sujeto ya no es su vida, sino de la psicología, pero sobre todo, del capitalismo, del capitalismo y su psicología.

Es más conveniente llamarse a sí mismo obsesivo o ansioso, porque estos dotan de identidad al sujeto, lo hacen ser alguien en conjunto con los demás. Si, por el contrario, alguien se llama a sí mismo “explotado por el sistema capitalista”, será considerado un anormal, un inadaptado; digamos que si alguien no se interpela con la psicología, sería un no-enajenado…

  • La psicología es el lugar que permite el imperio del valor de cambio sobre el valor de uso

Sabemos que lo que les interesa a los capitalistas es producir valores de uso porque estos son solamente “el sustrato material del valor de cambio”[7]. El capitalismo se rige por la lógica del número, por el crecimiento constante, por el aumento exponencial, por la maximización de la ganancia. Da igual lo subjetivo del trabajador y la forma objetiva que su trabajo toma[8], solo importa el número que podrá representar tal objetivación independientemente del uso o la cualidad que esta tenga. Pareciera que todo queda como en una especie de lenguaje binario, ceros y unos. Lo mismo sucede con la psicología.

Sus pretensiones de objetividad no solamente se reducen a un ejercicio político y no neutral oculto, sino también a la reducción de todo en cantidades, tal como sucede en el sistema capitalista. El sujeto deviene objeto puesto que reporta cierto resultado numérico que se disfraza con palabrerías. Tales ejemplos los vemos claramente en los test de inteligencia (WISC, WAIS, Shipley, Beta, y otros), o también en las escalas de depresión y ansiedad (por su puesto, sus “ítems” están determinados inconscientemente por la clase dominante): entonces ya no importaría ni siquiera los motivos aparentes (conscientes) de la depresión o la ansiedad, sino tan solo el número reportado (ya sea en escalas o el número de criterios diagnósticos) para adecuar las técnicas “científicas”. ¿No es acaso esto otra contradicción propia del capitalismo que se desplaza hacia la psicología? Para el sujeto sometido a las pruebas psicológicas, es “ganancia” que no tenga tantos criterios marcados por el DSM, mientras que si resulta con diagnóstico de depresión mayor, reportaría “pérdidas”.

  • La psicología es un arma contrarrevolucionaria

Al ofrecer sus servicios técnicos y catárticos ya no solo para una minoría, sino para la mayoría, la psicología funciona como sedante[9]. La psicología solo se enfoca en tratar lo consciente, o como gustan decir, se enfoca en mantener a todos en “el aquí y el ahora”. Cuando escuchamos decir a los estudiantes de psicología y a sus docentes que la psicología sirve para que todos “podamos tener una buena vida” o “ser más productivos en el trabajo”, o también para “mejorar nuestras vidas”, se habla de aquello que Marx[10] y Holzkamp[11] nos advertían: solo nos limitaríamos a interpretar el mundo y no transformarlo, y al interpretarlo solo estaríamos aceptando las cosas tal como se nos presentan.

La psicología es un arma que no permite la transformación del mundo. Cuando aprieta el gatillo, las balas psicologizantes debilitan al ser, debilitan la acción colectiva, atomizándonos a todos, encerrándonos a cada uno dentro de nosotros mismos. No olvidemos tampoco sus servicios prestados a la mercadotecnia: la psicología de la imagen, del color, o de lo que a ustedes se les ocurra, todas en función de la persuasión, de la creación de necesidades irreales, de la promoción del consumo acelerado y desmedido.

La psicología es capitalismo

Como intenté describirlo someramente en el artículo anterior, podemos agregar una séptima definición que resume y condensa las seis anteriores: la psicología es capitalismo. Esto es así porque su manera de actuar, de ejercer el poder, de presentarse, asemeja el movimiento del capital. El capital estaría en lo inconsciente de la disciplina psicológica, de ahí su mímesis que traté de abordar al principio.

Tal como hace un síntoma, este deviene consciente distorsionando su verdad. El síntoma psicología es una traducción del capitalismo. Todas sus definiciones son solo traducciones, “verdades a medias”, una parte del todo. De ahí entonces que tengamos que efectuar una retraducción en clave marxista, tal como Freud lo explicó con las neuropsicosis de defensa[12]: por ejemplo, retraducir el síntoma obsesivo a lo sexual, el origen de aquel.

Si el capitalismo cambia, cambia con él la definición de psicología, sus servicios, sus técnicas. Este escrito puede ser tan solo una advertencia para los camaradas marxistas que confían aún en la psicología, desconociendo su origen burgués. Si luchamos, desde cualquier trinchera, contra el capital, es necesaria la lucha contra la psicología. No hay que tomarnos a chiste cuando se dice que existen síntomas del capital: la psicología es uno de ellos.

Notas

1 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (1848), Madrid, Akal, 2004. p. 42

2 Ibid.

3 David Pavón-Cuéllar, “Marxian psychologies” en Marxism and Psychoanalysis. In or against psychology?, Londres, Routledge, 2017. p. 14

4 Friedrich Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (1876), México, Colofón, 2008, p. 176.

5 Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía (1844), Madrid, Alianza, 2013. p. 184

6 Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista” (1846) en Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza, 2012. p. 71

7 Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I. (1867), México, Fondo de Cultura Económica, 2014. p. 169.

8 Ibid. p. 44

9 David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Teoría y Crítica de la Psicología 209, núm. 2 (2012): 202–9.

10 Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach” (1845), en Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza, 2012. p. 39

11 Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985)”, Teoría y crítica de la psicología 8 (2016): 293–302.

12 Sigmund Freud, “Las neuropsicosis de defensa” (1894), en El yo y el ello y otros escritos de metapsicología, Madrid, Alianza, 2012. p. 215

Mundo Psicologizado

Advierto a mis lectores que este es un texto “distinto” en cuanto a formato. No tuve ganas de citar esta vez porque mucho de aquí, se ha dicho en anteriores ensayos con sus respectivas citas, lo que claramente indica que aquí no se expone nada nuevo; pero como dice Freud: “Nada nuevo habremos de decir [aquí]; tampoco evitaremos repetir lo ya expuesto en otros lugares”. Por tanto, esto no me impide, claro está, que retome las ideas de quienes han ejercido gran influencia en mis palabras.

Imperio psicológico

Es un hecho que todos y todas conocemos algo de psicología. Sabemos, hasta cierto punto, de qué trata la psicología, incluso, forma parte de nuestro día a día. Nuestra normalidad se ha convertido en normalidad psicológica. Pero es esta normalidad lo que me preocupa y debería preocuparnos. No es raro, entonces, que mientras caminemos, nos encontremos demasiadas personas expresándose en clave psicológica: “¡Me siento estresado!” dice el oficinista; “¡Este día está para deprimirse!” exclama el adolescente después de hacer tareas escolares; “¡Tenemos que ser resilientes!” dicen papá y mamá ante una crisis económica. Es como si la psicología estuviera por todos lados, como si nos acompañara hasta cuando no queremos compañía. Esta es mi preocupación: la psicología está dominando nuestras vidas.

A este dominio ejercido por la psicología se le conoce como psicologización. A simple vista, no parece tener ningún efecto, incluso, parece inofensivo. Sin embargo, como veremos más adelante, esta psicologización de la vida tiene grandes consecuencias en nuestro ser y hacer. La psicología ejerce un efecto imperialista al abarcar zonas que parecían inabarcables por ella. Y cuando hablo de psicología, por supuesto, me estoy refiriendo también a los psicólogos. Somos los psicólogos los que contribuimos a esta psicologización. Sin embargo, y recurriendo a la fórmula marxista, no lo sabemos, pero lo hacemos.

Veremos, además, que esta psicologización no surge de la nada. Es decir, la psicología es simplemente un velo que encubre otra cosa, que mantiene parcialmente oculto algo que, por su misma “naturaleza” y constitución, es preciso ocultar. Esto oculto, sin embargo, es lo que atraviesa y sostiene a la psicología: la constituye y le marca el camino que ha de recorrer. En otras palabras, la psicología se convierte así en un síntoma de la verdadera enfermedad.

Psicologización de la vida

El psicólogo crítico en Bélgica, Jan De Vos, cuyos aportes son imprescindibles para una crítica a la psicología, nos ha advertido ya que todos somos, prácticamente, psicólogos en potencia. En otras palabras, todos nos estamos convirtiendo en psicólogos(as) sin haber pisado un aula o una facultad de psicología. Se nos está enseñando a reconocernos a través de la psicología; es como si usáramos unos anteojos graduados por la psicología para ver y formar nuestras vidas alrededor de lo psicológico.

Como lo mencioné líneas más arriba, no es raro escuchar a personas que se expresen con los términos utilizados por los psicólogos: “trastorno”, “depresión”, “border”, “resiliencia”. Hay un sinfín de palabras originadas en la psicología que tienen bastantes efectos en nuestras vidas; veamos esto más de cerca. Al reconocernos a través de lo psicológico, al hablar y adoptar los términos de los psicólogos, dejamos de ser lo que somos; dejamos de ser uno con los otros para pasar a ser un “yo”, un “yo psicológico”, individual, autónomo, con libertad. Si queremos ser más radicales, podemos decir que nuestro ser, nuestra persona, ya no nos pertenece realmente, sino que le pertenece al saber de la psicología. Nos encontramos en una enajenación completa. Nos convertimos en extraños en nuestro reconocimiento a través de la psicología. Sin embargo, como habré de reflexionar más adelante, no es que nuestro ser social (puesto que todos somos seres sociales desde nuestro nacimiento) y lo propiamente social, es decir, la vida misma, se extingan, sino más bien, quedan difuminados. Queda, como ya habíamos adelantado, oculto tras el velo de la psicología.

Decíamos: la psicologización no surge de la nada. También habíamos dicho que hay algo que atraviesa a la psicología de extremo a extremo. Y si hay algo que atraviesa y sostiene a la psicología, es porque eso es más poderoso que aquella. Esto que sostiene a la psicología es el capitalismo. Veremos más detallado lo anterior.

Capitalismo y su psicología

No es que la psicología funcione de manera autónoma. Ni ella misma es lo que nos promete, esto es, libre. La psicología cumple dos funciones contradictorias: ser parte del engranaje que echa a andar la máquina capitalista y, por otra parte, ocultar esta misma función y a la máquina misma. El filósofo mexicano y marxista David Pavón-Cuéllar ya había adelantado esto: la psicología cumple funciones específicas para que el sistema no caiga, para que se mantenga estable y funcional.

Como sabemos, el capitalismo pinta todo de rosa, pero en realidad, no es más que un sistema deshumanizador que todo lo traduce en valor de cambio, en ganancia, todo tiene que generar un excedente a costa de esta deshumanización, de esta enajenación de la vida al ser explotados (eso que Marx llamó “plusvalía” y que es tan vigente como hace casi dos siglos). Y es que, precisamente esto queda oculto por la psicología: al reconocernos como sujetos psicológicos y no como lo que somos realmente, a saber, explotados, la clase explotada, el capitalismo puede seguir produciendo riqueza a través de un movimiento infinito e incansable de explotación. Este movimiento tiene que preservarse para que los bolsillos sigan llenándose. Es por esto que el capitalismo tiene que recurrir a sus mejores herramientas para asegurar su existencia, para perpetuarse y perpetuar la ganancia.

La psicología, entonces, es la herramienta perfecta para el capital. Lo es, como hemos repetido, porque nos hace ver lo que está permitido ver. Nos hace ser lo que está permitido ser. Desde el momento en que nos nombramos “depresivos”, “estresados” o “ansiosos”, difuminamos la realidad misma, a saber, la realidad que explota y genera ganancias para unos cuantos. Es más fácil y conveniente para las fábricas o cualquier otro lugar de trabajo, que sus trabajadores enfermen de “depresión” o “ansiedad”, porque así pueden recurrir a todo el tratamiento psicológico para aliviar el malestar. Como dijimos al principio: el problema está en que lo psicológico es solo un síntoma, la enfermedad es el capital, es el vampiro que nos arrebata la vida día tras día.

Al psicologizarnos, al dejarnos psicologizar, le estamos dando un territorio más al capital para que sea explotado. Digámoslo claro: al psicologizarnos nos convertimos en ignorantes, en toda la extensión de la palabra. Lo somos porque nos importa un carajo lo que le pase al vecino, al campesino explotado, al oficinista estresado. No nos importan porque solo nos importamos nosotros mismos en nuestra (supuesta) individualidad. No hay sentido de comunidad, no hay solidaridad verdadera puesto que siempre está de por medio la ganancia, el beneficio. Si el capital es una cosa muerta que vive gracias a nosotros, no esperemos que de la psicología emanen fuerzas vitales. El capital es psicología, y la psicología es capital. Nuestra autonomía es nuestra desdicha; nuestro yo es pura ficción. Nuestro mundo psicologizado no es nuestro mundo, es del capital.

Marx y Freud ante la psicologización

No hay salida de la psicologización por la misma psicología. Tenemos que buscar en otro lado. La salida es por otro lado, aunque a veces no la podamos reconocer: Marx y Freud. Por un lado, Marx nos otorga la llave para salir del capitalismo. Hace poco tuve la oportunidad de leer un comentario de un usuario en Facebook que versaba más o menos así (no recuerdo muy bien): “la genialidad de Marx no encaja en el cerebro de los vulgares”. Una frase muy cruda, pero cuánta verdad contiene. En efecto, las ideas marxianas y marxistas abren la posibilidad de otro mundo, y al referirme a sus ideas en general, hablo también de esas ideas “psicológicas” y no solo de la crítica al capital. Es por eso que Marx resulta tan peligroso, porque su legado no está limitado a lo “económico”. No entraremos a detalles a sus ideas puesto que en este espacio se han expuesto en compañía con otros marxistas.

Freud, por su parte, ofrece una salida más “rápida” y visible de la psicología. Al dar cuenta de lo inconsciente, queda destruido el sujeto psicológico, el yo psicológico, supuestamente autónomo e individual. Ya no es el sujeto psicológico consciente el que habla y el centro de nuestra atención, sino todo aquello que había desaparecido al concebirlo como individuo autónomo. Solo a través de Freud podemos saltarnos la represión impuesta por el capitalismo.

Me parece bastante irrisorio los que han dicho que Marx y Freud están superados. Irrisorio porque, sin meternos a sus detractores reales, hay quienes están constantemente “revisándolos” para tratar de anexarlos a sus filas, “digiriéndolos” para que no les caiga de peso. Es más, hay quienes han tomado sus ideas sin darles un gramo de crédito. Hasta los más posmodernos han tomado aportes de Marx, incluso de Freud. No hay crítica sin hacer paradas en Marx y Freud. Como ya lo había dicho en el artículo anterior aunque refiriéndome específicamente a Marx, es como si estos revisionistas se administraran unas buenas dosis de ideología para protegerse contra cualquier peligro.

La única oportunidad para derribar el imperio del capital y su psicología es a través del bombardeo marxista y freudiano. Así sin más.

Comentarios finales

Nunca me ha gustado dar una conclusión. Es más, siento que durante todos mis textos voy concluyendo desde el principio. Y es que la conclusión será siempre deshacernos de la psicología a como dé lugar. La conclusión será siempre oponernos al capitalismo. Concluiré siempre diciendo que necesitamos crítica: crítica en nuestras aulas y crítica en las calles, no importa qué forma tome esta. La necesitamos. No habrá nunca una conclusión; no hemos terminado.

(Meta)Psicología Crítica

La crítica suele desvanecerse en las aulas de psicología. Pero, ¿no es acaso este desvanecimiento o pulverización de lo crítico-reflexivo producto de su origen?, en otras palabras, ¿no será que el error que cometemos muchos y muchas al criticar a la psicología es, precisamente, que partimos de la misma psicología? Los intentos vagos de crítica a la psicología suelen ser muchos, lo hemos constatado: conductistas “criticando” humanistas, humanistas a los cognitivos, psicoanalistas (psicologizados como bien lo analizó Althusser[1]) a humanistas, sistémicos a psicoanalistas. El potencial crítico se esfuma cuanto más se alegue entre ellos, queriendo imponer cada uno su Verdad; más aún: una Verdad psicologizada, dentro de los límites trazados por la institución psicológica tal como la conocemos desde hace un siglo. Lo que podemos notar es un bucle infinito acrítico en el que se pierde cualquier posibilidad de trascendencia académica y política. La pérdida de posibilidades la podemos notar cuando encontramos intentos de burdo eclecticisimo que, por cierto, no terminan llevando a ningún lado.

Ojo, que el lector/a no se confunda aquí, no ubico a ninguno de esos paradigmas dominantes como salvadores de nuestra psicología, pretendiendo superar ese eclecticismo. La psicología, como institución, ejerce una forma (o varias formas) de gobierno de los sujetos, no solo de los que alguna vez pisamos sus campos de concentración, sino también, de aquellos que son ajenos a la disciplina. No es raro entonces que nos empeñemos en buscar la crítica en otro lado, fuera de su dispositivo para regresar a él con suficientes armas y destruirlo.

Si en este espacio me comprometí con una psicología crítica, más específicamente, con una crítica marxista a la psicología, es porque encuentro en ella lo que no existe en los intentos de crítica al interior de nuestras facultades, de nuestros salones y en nuestras conversaciones con los docentes. Encuentro eso que la enseñanza de Pavón-Cuéllar ha dilucidado en su articulación de Marx y Freud [2], también lo que Marx permite pensar más allá de lo que se nos da en nuestros planes curriculares y la necesaria intervención de Foucault para entender el “arte de no dejarnos gobernar”. Es así pues, que en este texto se retoma lo que ya se podría haber denominado como “meta-psicología crítica”, que ya de por sí puede sonar redundante para quien ya esté familiarizado con los autores mencionados anteriormente.

¿Qué es la crítica?

Esta pregunta a modo de título se la hizo Michel Foucault en una conferencia que dictó en 1978 en la Universidad de la Sorbona, Francia. Lo que aquí nos interesa es, precisamente, su conceptualización de lo que hoy es tan necesario en la psicología para rebasarla “por la derecha”, o sea, por su lado ciego, de tal forma que ni la misma disciplina sepa que está siendo superada. Algo que es revelador, y a modo de paréntesis, de esta conferencia es que se dicta tres años después de la publicación de Vigilar y Castigar, texto en el que se posiciona en un inconfesado marxismo[3], un marxismo que es necesario para la propuesta que aquí nos compete.

La pregunta que nos interesa, al igual que a Foucault, es: ¿qué es la crítica? ¿para qué nos puede servir la crítica? Podemos sostener la tesis que, al igual que la Iglesia cristiana analizada por Foucault[4], la psicología opera de la misma manera en la actualidad: propaga la idea de que “debemos” ser gobernados por ella, por su saber-poder. Pareciera que todas las facultades de psicología obedecieran a una Cosa que escapa de su saber en el sentido que no sabe que es determinado por aquella. En las universidades en donde se imparte psicología, es preciso sujetar a todos los estudiantes a esa homogeneización disfrazada en diversidad teórica [5]. Ante esta homogeneización, esta gubernamentalización en el que las Verdades incluyen efectos de poder y el poder tiene sus verdades, es necesaria una postura crítica.

Al posicionarnos en la crítica, tratamos de escapar de esa forma (o de las diversas formas) que nos gobierna, de esa psicología ejercida en los manuales, en las clases, en el discurso docente-universitario. La crítica, entonces, siguiendo a Foucault, sería el arte de no dejarse gobernar, la inservidumbre voluntaria, sería pues una postura indócil, reflexiva[6]. Paralelamente, encontramos una postura similar en Holzkamp: la crítica se traduciría en nuestra capacidad de acción que permitiría ejercer un mayor control sobre nuestro devenir, en este caso, el devenir estudiantes en las facultades de psicología, y que además, rebasaría las estructuras del poder, de la estructura burguesa de dominación y sus estrechos márgenes con los que la psicología burguesa juega y da una supuesta libertad a los sujetos[7].

La crítica entonces es algo que niega lo que es negado, y que, probablemente, supere a través de esa negación realizada en la reflexividad. La crítica se aleja de lo que es criticado: a través de la crítica se puede lograr una emancipación. Trataremos de profundizar más a continuación

Meta-Psicología Crítica

Es indudable, como intentamos adelantarlo en el primer párrafo, que existen críticas en nuestra psicología. Si se me permite ser más abierto a lo que planteé anteriormente, podría decir que bajo la definición de Foucault y Holzkamp, existen ciertas psicologías críticas (que omitiré nombrarlas por espacio; el interesado/a puede revisar el texto de “Psicología crítica y lucha social: pasado, presente y futuro” del Dr. Pavón-Cuéllar, en el que ofrece una visión panorámica de estas psicologías críticas) que han aportado en demasía a la discusión teórico-práctica en nuestra disciplina y que han posibilitado la apertura a repensar lo que se hace y decimos en psicología. No obstante, podemos atrevernos a decir que estas psicologías críticas suelen estancarse en el bucle psicologizado en el que se erosiona cualquier potencial crítico. Podemos decir también que muchas psicologías pueden ser “críticas”, pero no todas las psicologías críticas son metapsicologías críticas.

Es cierto que partimos de una definición particular de psicología crítica, una definición que revisamos parcialmente en el primer escrito de este espacio. Es preciso detenernos en ella. Pavón-Cuéllar nos escribe: la psicología crítica es “una actitud crítica ante la psicología”[8], una “posición ante ella”, una “forma crítica de relacionarse con ella”[9]. La definición es sintomática, en el buen sentido de la palabra. Lo es porque el autor revela lo que debe de contener una psicología crítica, y es justamente que el “ante” y el “relacionarse” ubican a la psicología crítica fuera de lo mismo psicológico. Es una posición anormal, fuera del discurso psicológico, fuera del alcance de la tecnología psicológica y su control, fuera de las querellas disciplinares que se dan entre psicólogos.

Lo que aquí se propone entonces, es buscar esa crítica fuera de los márgenes de la psicología misma, fuera de las estructuras del poder, fuera de la institucionalización, más allá del statu quo psicológico-burgués. Este “más allá” psicológico, como bien ha sido señalado por Pavón-Cuéllar, se puede encontrar tanto en Marx como en Freud, ese carácter metapsicológico[10]. Antes de limitarnos al primero, es menester mencionar que la tópica freudiana es un claro ejemplo de la crítica que aquí estamos presentando y recordando, es decir, Freud no se limitó a estudiar la consciencia tan desgastada en nuestra psicología mainstream, sino que halló otro camino, más reflexivo, más profundo y menos reduccionista. Al verse rebasados siempre por Freud, a los psicólogos no les queda otra cosa más que psicologizarlo y distorsionarlo, encubrirlo todo con el velo de la fantasía. Es tal el miedo y la resistencia al psicoanálisis freudiano que por eso no se revisa en las aulas, y si se revisa, es una abstracción y erosión descarada de su crítica. El inconsciente está más allá del límite psicológico, pero su crítica, precisamente, radica en ese alejamiento de lo que está ya psicologizado.

Si estamos hablando, al igual que Holzkamp, de que existe una psicología burguesa, no solamente necesitamos de Freud para “rebasar por la derecha” a la psicología. En cierto sentido y paradójicamente, podríamos decir que lo que Freud ofrece es una crítica directa a lo psicológico, una crítica más evidente y quizá por esto, los psicólogos estén más precavidos a la hora de enseñarlo, y por eso es más susceptible a distorsiones. En este sentido, entonces, es preciso recurrir a Marx. Este terreno no ha sido explotado ni se deja explotar por la psicología. En el desconocimiento de Marx radica su debilidad como ciencia.

Cuando recurrimos a Marx, nuestros intentos de abordar y relacionarnos críticamente a la psicología se repolitizan y se llevan más allá de la crítica psicológica, más allá de la psicologización, y lo hace de tal forma que la psicología no se da cuenta que están siendo rebasados por Marx y el marxismo. Esto en dos sentidos: el primero es que se ofrece una reinterpretación y reelaboración de lo psíquico [11] y otro, en que esto psíquico no está cerrado en lo mismo psicológico, es decir, no hay nada de psicología en Marx.

El más allá psicológico de Marx se explica por su intervención desde lo económico-social, desde su postura materialista histórica y dialéctica. En esta intervención se resalta el aspecto fundamental del ser, justo en el momento en que esta metapsicología no se cierra a los sentidos y no hace abstracciones deliberadas [12]. La metapsicología de Marx supera en creces a nuestra psicología en el momento en que dilucida el sistema que lo sostiene todo, incluyendo a la misma disciplina: el capitalismo. Una psicología que no tiene nada qué ofrecer (críticamente hablando) frente a este sistema que lo devora todo a su paso, es únicamente una psicología que atomiza la realidad. No hay crítica sin crítica al capitalismo, o mejor dicho, y parafraseando a Pavón-Cuéllar, no hay psicología crítica sin crítica al capital.

A su vez, puede decirse que la metapsicología de Marx es una crítica en el sentido foucaultiano, dado que escapa a eso psicológico que actualmente nos gobierna a los estudiantes, profesores, clínicos, etcétera, configurados por el sistema capitalista. Es un “escape de esas artes de gobierno”[13]. Es reflexionar en donde no se reflexiona ni un momento. Es no aceptar en donde se acepta todo: lo único que aceptamos es que hay un más allá que explicaría lo psíquico y a la psicología, el capital. Si existe incomodidad entre los psicólogos al darse cuenta de que hay algo que los sostiene, es justamente por eso mismo, porque los sostiene, y una vez en el lado metapsicológico-crítico, no podría haber tal sostén. Es como si esta metapsicología crítica desentrañara los más oscuros secretos que se ocultan en el velo de la psicología, en su espectáculo, en su fetichismo.

Decíamos entonces que hablar de metapsicología crítica es redundante. Lo es porque ambas palabras están fuera del alcance de la psicología. Ambas se oponen a ella de forma tajante. Es así que podemos decir que lo que conocemos como psicología crítica debería ser sin la ausencia de Marx (y de Freud, y quizá de Foucault). Cito la reflexión de donde surge la idea de este escrito:

“En Marx, lo psicológico se esfuma, se desvanece, desaparece. Y desaparece porque se desatiende, porque resulta secundario y parece incluso irrelevante. La psicología suele obviarse y sirve principalmente para ser atravesada [cual fantasía] y permitirnos acceder a la metapsicología[14] (Cursivas mías)

La psicología crítica, desde nuestra perspectiva y desde la de otros marxistas, es algo que desborda lo psicológico [15], es algo que no se deja psicologizar [16] ni gobernar por esas artes. Es una sospecha porque permite preguntarnos por qué algo no está ahí, por qué se encubre, por qué no se deja ver.

Comentarios finales: necesitamos la metapsicología marxiana

Las nuevas generaciones de estudiantes de psicología necesitan dar cuenta de que existe un más allá de las teorías y discursos pronunciados en sus aulas. Necesitan no dejarse cooptar en sus filas psicológicas. Esto por dos cosas: la primera es que ya existen muchos psicólogos mainstream, al servicio del poder, unos que no se dan cuenta que sirven al mismo y otros cínicos que lo siguen haciendo, pero por otro lado, y aquí está lo interesante, al ubicarnos en una metapsicología crítica estaríamos asumiendo un papel político a favor de quienes han sido marginados, a través de la psicología, por el capital, y una vez asumiendo esta postura política, nos apuntamos hacia otro mundo, no solo más allá de lo psicológico, sino, más allá del capital.

Ser metapsicólogos críticos, si se me permite hacer uso de esta denominación, es entonces apostar también por otra psicología, por otra forma de entender la constitución psíquica. Dice Pavón-Cuéllar, cerrando también su artículo: “Este ir más allá es principio fundamental de toda crítica radical en nuestra época”[17]. Es una postura crítica no titubeante ni ambivalente, entre el aquí psicológico y el más allá psicológico, es simplemente más allá de la psicología. Lo cierto es, que las nuevas generaciones de estudiantes de psicología, si deciden elegir este camino, deben saber que no serán bien recibidos en su psicología, en nuestra psicología: serán los anormales, los locos, los “rojos”, los “zurdos”, como peyorativamente se refieren muchos y como suelen proceder los reaccionarios en la psicología. Es un reto que pocas y pocos están dispuestos a asumir. Es más fácil escudarse en la cómoda premisa de que el cambio es utópico. Es justamente así porque no salen de su esfera psicologizada, una esfera que no les deja ver lo que es y la posibilidad misma.

Referencias

1 Louis Althusser, Psychoanalysis and the Human Sciences (1963-1964). (Estados Unidos: Columbia University: 2016)

2 David Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Teoría y Crítica de la Psicología 7, (2016): 139-149.

3 David Pavón-Cuéllar, “Michel Foucault, su inconfesado marxismo y su crítica de la psicología”, Athenea Digital 20, no. 1 (2020): 1-23, https://doi.org/10.5565/rev/athenea.2229

4 Michel Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)” en: ¿Qué es la crítica? seguido de la cultura de sí, (Buenos Aires: Siglo XXI, 2018), p. 47

5 Luis Pablo López-Ríos, “¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiante?” Versus la Psicología, 2020, https://versuslapsicologia.mx/2020/11/01/por-que-criticar-a-la-psicologia-siendo-estudiante/

6 Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)”, Op. Cit. p. 52

7 Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la psicología crítica”, Teoría y Crítica de la Psicología 8, (2016): 293-302.

8 David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. (México: Itaca, 2019).

9 Ibíd., p. 12.

10 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. pp. 140, 143

11 Ibíd. pp. 139-149.

12 Karl Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía (1844) (Madrid: Alianza, 2013). pp. 183-184.

13 Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)”, Op. Cit. p. 49

14 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. p. 143

15 Ibíd.

16 Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. Hacia una crítica psico-política (México: Paradiso Editores, 2019).

17 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. p. 147.

La psicología no lo sabe, pero lo hace: del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la psique

Es un hecho prácticamente indiscutible que Marx no solo dedicó una vasta crítica al modo de producción capitalista. No sólo nos enseñó quién es el que nos domina actualmente, sino que al mismo tiempo nos enseñó cómo nos domina. Esta dilucidación la podemos encontrar específicamente en dos textos que me parecen importantísimos: “El trabajo enajenado” en los Manuscritos de economía y filosofía y en “El fetichismo de la mercancía y su secreto” en el Libro I de El Capital. Ambos textos, bastante ricos en relación a lo que nos estructura como sujetos (además complejos a mi parecer; quizá de ahí que se diga en diferentes medios que los economistas burgueses y uno que otro marxista se hayan saltado esta parte), explican a detalle cómo es que, en las condiciones actuales, el capital domina sobre nosotros, nos hace suyos, o lo que es lo mismo, cómo nos deshumaniza para humanizar otras cosas.

En este sentido, en el presente escrito trataré de abordar una propuesta que estuve pensando mientras leía estos dos textos, y específicamente el segundo ya mencionado. Esta propuesta tiene que ver con el fenómeno de la psicologización y con este, obviamente, el aparato de la psicología y su respectivo papel subyugante en el capitalismo actual. Muy probablemente, esta propuesta, (que no es para nada nueva y que además puede estar bastante incompleta) esté tan psicologizada como la psicología y el capital mismo. No obstante, apelo a aquello que Pavón-Cuéllar, parafraséandolo, nos menciona[1]: ¿por qué no volver contra la psicología su misma fuerza psicologizadora? O la misma crítica que propone Jan De Vos: una crítica a la psicología y a la psicologización sería imposible sin estar en estas[2].

De este modo, pretendo retornar a Marx y al fetichismo de la mercancía, aunque sea de manera laxa (y quizá incompleta) para utilizarlo como punto de explicación del proceder de la psicología dominante, de esa psicología perpetradora de la clase dominante, del capital.

Fetichización: de lo mercantil a lo psicológico

La mercancía

El capitalismo, en palabras de Marx, es un gran cúmulo de mercancías[3]. Las mercancías poseen ante todo dos cualidades bien distintivas: el valor de uso y su valor de cambio[4]. Al menos esto es lo que se puede percibir inmediatamente en cualquier objeto-mercancía, sin embargo, como bien lo analizaría Marx, al ver a la mercancía más de cerca, vemos que este objeto cobra un carácter social. Estas mercancías, no son solo objetos así sin más, pura objetividad material; en cambio, toda mercancía es producto del trabajo humano, inversión de la fuerza de trabajo para producir dicho objeto (lo que a su vez indica el valor de la mercancía, determinado por la magnitud o cantidad de tiempo de trabajo), independientemente de las cualidades útiles que del trabajo resulten y que el mismo producto contenga. En este sentido, Marx explica que la mercancía esconde algo misterioso en ella, adquiere pues, una cualidad fantasmagórica que emana de sí misma. La mercancía, nos dice Marx, refleja al humano el carácter social del trabajo de este, sin embargo, este carácter aparece como si fuera de la misma mercancía, como si la cualidad social-humana fuese propia de esta forma, y por tanto, la relación social entre productores, aparezca ajena a esas cosas[5].

En este sentido, la mercancía aparece como una entidad independiente de quienes la producen, de ahí que Marx llame a este fenómeno el “fetichismo inherente a los productos del trabajo”[6]. Dado que la producción de mercancías es exclusiva del capitalismo, de la propiedad privada, los productores en su supuesta independencia y privacidad del trabajo “únicamente” se relacionan en el intercambio de dichos productos, lo que deja ver que lo único que se relaciona de manera social, son las mercancías y no los sujetos. Al respecto Marx menciona: “Ello hace que las relaciones sociales entre los trabajos privados aparezcan ante los productores como lo que son, es decir, no como relaciones directamente sociales entre personas en sus trabajos mismos, sino como relaciones de cosas entre personas y relaciones sociales entre cosas”[7].

En el capitalismo nada es humano, lo único humanizado es aquello que por su naturaleza no puede, per se, humanizarse sino a través de la práctica del ser humano, es decir, aquellos productos fetichizados, las mercancías. Pero el humano en el capitalismo ni siquiera es humano desde el momento en que se enajena él, su producto y su propia práctica al trabajar para otros; en pocas palabras, todo le es extraño[8]. Ya no se pertenece él mismo ni le pertenece lo que produce. Por el contrario, la mercancía (y lo que se oculta tras de esta) lo domina, lo hace suyo, lo somete, lo subyuga. Cobra ante él la fuerza con la que fue producida, la usa a su favor para someter a su productor; no únicamente constituye el camino que ha de seguir el trabajador en su producción, sino que ha de establecer el encuadramiento mental para que siga dominando a aquél. El trabajador se desvaloriza al mismo tiempo que se valoriza el mundo de las cosas[9].

Volviendo a lo anterior, por tanto, las relaciones sociales, lo humano y el trabajo mismo quedan siempre escondidos en la forma mercancía, siendo esta una entidad “independiente”, y a su vez, al estar estos elementos ocultos, los trabajadores no saben que precisamente están intercambiando trabajo humano; piensan que están intercambiando sus mercancías como meros valores emanados del mismo objeto por su carácter intercambiable. De ahí la maravillosa frase de Marx, que es mejor citar en su totalidad: “[…] Los hombres no relacionan unos con otros sus productos del trabajo como valores porque esas cosas valgan para ellos como las envolturas puramente materiales de un trabajo igualmente humano. Por el contrario. Equiparan entre sí sus distintos trabajos como trabajo humano al cambiar entre sí sus diferentes productos como valores. No lo saben, pero lo hacen[10]. La mercancía se convierte en un “jeroglífico social”[11].

La mercancía oculta pues, además del trabajo humano, la dominación del trabajador, oculta su explotación, la explotación del plusvalor. Hoy, por el movimiento histórico del mundo y el cambio de las fuerzas productivas, se llevan a cabo nuevas formas de dominación en el capital. La propuesta del “sentido común mercantil-capitalista” de Veraza[12] viene a colación respecto a estas nuevas formas de sometimiento. El propio Marx lo señalaba anticipadamente: “lo que distingue unas épocas económicas de otras no es lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace”[13], o lo que es lo mismo y complementando esta proposición, el capital y su perverso proceder no cambia, lo que cambia es su forma para hacer más efectivo este proceder.

La psique

La psicología, nos dice De Vos, hace posible la fetichización[14]. Nosotros agregaríamos que la fetichización en el capitalismo es lo que es gracias a la psicología, y precisamente es así en la medida en que lo que estudia la psicología, lo psíquico y todo “lo demás”, es a su vez, fetichizado en la sociedad actual. La psique se absolutiza en el capitalismo y en la psicología. Esto no es una idea nueva que se me haya ocurrido espontáneamente. Marx lo explica precisamente al hacer su análisis acerca del fetichismo de la mercancía y compararla esta última con el mundo religioso al decir que “los productos de la cabeza humana aparecen como figuras independientes y dotadas de vida propia”[15]. También Engels nos da un claro ejemplo cuando critica al idealismo imperante hoy en día, cuando este afirma que “el rápido progreso de la civilización fue atribuido exclusivamente a la cabeza, al desarrollo y actividad del cerebro”[16].

Eso que estudia la psicología, la psique (entendamos aquí este concepto desde la psicología) aparece como una entidad fantasmagórica, y al respecto de esto último, sabemos que lo consciente, lo yoico, lo que para la psicología es primero, hace posible la creación de fantasías para ocultar la realidad; la psicología no atravesará la fantasía, la reforzará y tampoco intentará combatir la mistificación en el fetichismo de la mercancía, por el contrario, sostiene dicha fetichización. Este ocultamiento de lo externo que reside en lo interno es propio de la psique de la psicología, y que además, tiene bastantes consecuencias que iremos abordando a continuación. La psicología necesita que su objeto esté fetichizado y que lo esté ella también para que todo lo demás no interese. Es lo que me atrevería a llamar el fetichismo de la psique.

Una de las primeras consecuencias de esta fetichización de la psique es que oculta el orden social constituyente de los sujetos, es decir, su lugar en el sistema. Lo anterior claramente hace referencia a la propuesta de Braunstein cuando este menciona que sólo el psicoanálisis en conjunto con el materialismo histórico haría posible la develación de este ocultamiento[17]. El sujeto no es lo que es por su propia voluntad, como también se piensa en el mundo de las mercancías; o sea, no se es rico porque así lo quiera el sujeto: si el humano es rico es porque existen unas condiciones reales de existencia que le preceden, existe, a su vez, un mundo simbólico que lo atraviesa y lo constituye para que pueda comportarse y hablar como rico.

El problema viene también cuando el sujeto quiere cuestionarse la psicologización de su ser y del mundo. El problema justamente es que todo ya parece natural desde que se nace. Todo es ya psicológico. De ahí entonces que al psicólogo le cueste trabajo aceptar que ese interior que estudia no es un interior absoluto, sino producto de las condiciones reales. Por otro lado, en un mundo en el que se nace y, paradójicamente, se le dice al recién nacido (aquí está lo paradójico para la psicología; lo que precede al “recién nacido” no lo toma en cuenta) que será “inteligente”, “enojón”, “cariñoso”, “noble”, no hay mucha capacidad de acción después. El sujeto nace ya como homo psychologicus, desde ese momento empieza la fetichización de lo psicológico, de la psique como motor del sujeto, desde este momento nos empiezan a psicoeducar[18], desde ese momento queda oculto quien nos dijo que seremos enojones, cariñosos o inteligentes con 2000 de C.I.

La psicología no sabe que cuando habla de psique, emociones, el “yo” y la cognición, está al mismo tiempo hablando del modo de producción, de su compadrazgo con el capitalismo, de las relaciones de explotación, del plusvalor explotado al trabajador, del lenguaje estructurante del ser humano. Al igual que los productores de mercancías, la psicología no lo sabe, pero lo hace. El mundo psicológico, al igual que el mundo religioso, lo que está en la cabeza aparece como independiente de la realidad, y a su vez, todo eso resulta ser un cúmulo de “jeroglíficos sociales”. Lo psíquico, al igual que la mercancía, no se pone en la frente lo que verdaderamente es. Al fetichizar la psique pareciera que únicamente nos relacionamos entre síntomas, trastornos, emociones y cogniciones. Se relaciona el yo de un empleado con el yo de su jefe; ya no existe relación entre obrero y trabajador, sino que esta relación aparece exclusivamente como relación social entre los elementos psicológicos al relacionar cada uno su sentir y pensar, y por tanto “se borra” el carácter social de lo que produjo su “interior”. En la psicología todos aparecemos como productores privados.

Por otro lado, el ser humano ya no es ser social en el momento en que se interpela a través de la psicología, no se pertenece, sino que su ser le pertenece ahora a la psicología y lo que esta oculta. Su enajenación radica en su psicologización. Su extrañamiento estribaría en el conocimiento exclusivo de lo psicológico. Lo corpóreo y las condiciones reales se reducen a lo psíquico. Cuanto más sujeto de la psicología es, tanto menos ser humano y social se vuelve. Cuanto más se mira al espejo el sujeto, más borrosa se convierte su imagen y menos se da cuenta de lo que está detrás de aquel.

Comentarios finales

¿Qué es el capitalismo sin su psicología? Es una pregunta que me persigue desde que comencé el blog. No quiero decir que la psicología sea la más importante aquí. Suficiente tiene con ser nombrada por todos en cualquier lugar. Lo que quiero decir es que existe una relación interdependiente entre el capitalismo y la psicología. El capitalismo facilita la existencia de la psicología, su razón de existencia. La psicología, por tanto, se encuentra en deuda con el vampiro. La tiene que saldar, tiene que regresarle el favor a toda costa. Con su efecto psicopolítico adquiere un lugar especial en la sociedad, la colocamos en un pedestal. ¿Por qué será que se adora tanto a la psicología y lo psicológico en las empresas, en los noticieros o en las mismas redes sociales?

Al igual que el economista burgués, el psicólogo con el mismo adjetivo tampoco se da cuenta del fetichismo, no solo de la mercancía (porque en sí, el psicólogo ignora el modo de producción), sino tampoco de la psique, del propio elemento que dice estudiar. El fetichismo de la psique, a su vez, es una cuarta razón por la que no se puede ser marxista en psicología[19].

Notas

1 David Pavón-Cuéllar, Psicología Crítica. Definición, Antecedentes, Historia y Actualidad (Ciudad de México: Itaca, 2019).

2 Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes (México: Paradiso Editores, 2019).

3 Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014). p. 41

4 Ibíd., p. 42

5 Ibíd., p. 73

6 Ibíd.

7 Ibíd.

8 Karl Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía (Madrid: Alianza, 2013).

9 Ibíd., p. 134

10 Marx, “El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I”. Op. Cit. p. 74

11 Ibíd.

12 Jorge Veraza, Marx y la psicología social del sentido común. (Contribución a Una Teoría Marxista Del Sentido Común) (Ciudad de México: Itaca, 2018).

13 Marx, “El Capital. Crítica de La Economía Política. Tomo I. Libro I”. Op. Cit. p. 164

14 De Vos, “La psicologización y sus vicisitudes“. Op. Cit. p. 195.

15 Marx, “El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I”. Op. Cit. p. 73

16 Friedrich Engels, “El Papel del Trabajo en la transformación del mono en hombre” En El Papel Del Trabajo En La Transformación Del Mono En Hombre. Manifiesto Del Partido Comunista. Ideología Alemana (Ciudad de México: Colofón, 2008), p. 176.

17 Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias,” En Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975).

18 De Vos, “La psicologización y sus vicisitudes“. Op. Cit.

19 Luis Pablo López-Ríos, “¿Marxista en psicología? Imposible.,” Versus la Psicología, 2020, https://versuslapsicologia.mx/2020/11/12/marxista-en-psicologia-imposible/.

¿Marxista en psicología? Imposible.

Muy probablemente el lector o la lectora que se ha detenido aunque sea una vez por este espacio a leerme se haya sorprendido al leer el título de este escrito. Elegí este título no porque esté en contra de Marx y el marxismo, al contrario: todas mis opiniones que vierto en este blog están posicionadas desde Marx y la crítica a la psicología y sus respectivos autores que cito constantemente en cada uno de mis ensayos. Decidí escribir el título así porque es la psicología misma la que no acepta a Marx, la que no deja que el marxismo tenga lugar en nuestros salones y en las teorías de disciplina, incluso hasta podemos decir que son incompatibles. “¿Por qué?” se podrá preguntar quien lee. La pregunta puede ser resumida, respondida sencillamente y sin mayor rodeo: una juega al servicio del capital y otro critica al capital (probablemente aquí podría terminar el escrito sin más).

Aquí el lector o la lectora no va a encontrar un escrito adulando a la psicología, mucho menos festejándole todo lo que sabe hacer en las especialidades que ofrece en cada plan de estudios. Para eso existen los miles de sitios web de temática psicológica que pretender “guiar” a los sujetos en su vida y aliviar momentáneamente su malestar y decir que “todo va a estar bien”, que solo es cuestión de “cambiar tu mentalidad”. Lamento decepcionar a las personas que esperaban que me retractara de todo lo que he escrito (lo mucho o lo poco) aquí en el blog. Pretendo, por el contrario, dar tres breves razones por las que considero que la psicología no nos permite ser marxistas en su dispositivo, repasando algunas enseñanzas que nos han dejado algunos críticos de la disciplina y desde el mismo Marx.

Lo anterior no quiere decir que sean las únicas tres razones que existen por las que la psicología se nos presenta como un bastión que protege al capital y lo trata de esconder del misil marxista, o que sean las únicas razones que dejan ver la incompatibilidad entre la psicología y el marxismo, no solamente incompatibilidad teórica, sino ética-política. Invitaría a quien esté leyendo a acercarse a aportes como los de Marx, Pavón-Cuéllar, Parker, Braunstein, De Vos… en fin, autores que han marcado la línea argumentativa de estos escritos. De igual forma, este escrito podría ser complementario al último que publiqué.

Razones por las que no podemos ser marxistas en psicología

Primero quisiera adelantarme a la conclusión y decir que para ser marxistas deberíamos apuntar a deshacernos de la “maldita psicología” en palabras de Pavón-Cuéllar[1]. No podemos ser marxistas y tratar con las injusticias sociales y el sometimiento individual de los sujetos, si partimos desde la psicología yendo siempre bajo su sombra ideológica, siguiendo su camino trazado y apoyando a que el vampiro del capital se siga alimentando y reviva una y otra vez, como nos recuerda Marx[2]. Aquí presento unas razones, específicamente tres para responder a la pregunta de la que surge mi idea para el título: ¿por qué no podemos ser marxistas en psicología? Abro también la discusión para que el lector(a) agregue sus razones y completar este escrito.

Razón 1. El absurdo idealismo de la psicología

La psicología nos enseña que no podemos ser marxistas en y con ella porque esta es profundamente idealista. No podemos ser marxistas con un idealismo bien definido en todo lo que la psicología hace. Su partir celestial, como nos dicen Marx y Engels[3]: partir del cielo hacia la tierra, nos ubica únicamente en el espacio ideológico de la vida. No quiero decir con esto que no sirva lo que pensamos, más bien es que en la psicología somos reducidos a eso, a lo que pensamos: la cognición, nuestras ideas en general, nuestras emociones, todo esto que aparenta estar en nuestra cabeza únicamente, se absolutiza en todos los sentidos. No podemos ser marxistas cuando el centro de todo análisis parte de la cabeza del sujeto e ignorando todo lo demás, la materia que precede incluso al pensamiento y al ser humano mismo.

Digo “absurdo” porque el idealismo de la psicología, ese idealismo burgués, esa abstracción de la realidad, está presente en toda nuestra psicología. Ya ni siquiera se esfuerzan por disimularlo (si es que en algún momento lo hicieron). Basta pensar tan solo en eso que la psicología estudia, y no es que nos importe en este momento recordar qué es lo que estudia (si es que esta realmente sabe a lo que se dedica, como bien se lo reprocha Canguilhem[4] y Braunstein[5]), más bien la pregunta que deberíamos formularnos no es solo “¿qué estudia la psicología?”, sino “¿por qué la psicología “estudia” lo que dice estudiar?. Los mismos objetos que rondan en su aparente cientificidad (el alma, la consciencia, la mente, etc.) precisamente nos llevan a centrarnos en la aparente autonomía de los sujetos; unos sujetos llenos de libertad que construyen (con sus ideas) la realidad. La psicología con su idealismo conduce a un obsesivo individualismo como bien nos señala Ian Parker[6] (premisa recordada aquí múltiples veces). Podemos hacernos una pregunta al respecto antes de continuar: ¿por qué no habrá una discontinuidad epistemológica, o más bien, por qué la psicología no apuesta por la ruptura epistemológica (como nos recuerda Althusser) con esos objetos pre-científicos para realmente constituirse como ciencia? Esto es claro y lo veremos más adelante.

Aun cuando se intenta descubrir las bases materiales de la “mente, consciencia, etc., etc., es decir, todos los aportes que la psicología se roba de la neurología y que psicologiza para intentar justificar su estatuto científico, aun con eso, no se puede explicar la constitución de los sujetos con axones y los somas de las neuronas, las conexiones sinápticas, las funciones o alteraciones del área de Broca o Wernicke, la funcionalidad de la corteza prefrontal o el sistema límbico. No quiero decir tampoco con esto que no son importantes, ni tampoco vamos a negar los avances de la neurología. La crítica más bien se dirige a la cuestión de que la psicología necesita de otras ciencias para justificar su idealismo burgués y la explicación de este con una base “material”. De cualquier manera, si me estoy equivocando con esto, ¿no se regresaría al mismo lugar del que parte la psicología? ¿en dónde está el cerebro?

Si nuestra intención es, como marxistas y como bien se señala Marx en la tesis XI[7], transformar el mundo, no podemos hacerlo “transformando” a los sujetos únicamente; vamos, no podemos transformar el mundo interpretando lo que está en su cabeza o lo que sucede en la cabeza de los que hoy dominan el mundo en todos sus rincones, ni explicando la dominación capitalista a través del coeficiente intelectual de los empresarios con los factores del WAIS, ni explicando la pobreza con el coeficiente extraído del WISC (o inserte usted cualquier otra prueba psicométrica, instrumento “estandarizado”, etc.). Quizá tal vez con esto se responda la pregunta de por qué no existe una discontinuidad epistemológica en nuestra disciplina: se deben erguir como ciencia de la mente, pero esta mente que estudian, es solo la mente de los que dominan como bien señala Pavón-Cuéllar[8]. La psicología no va a cambiar su base idealista. Esta base es burguesa en toda su extensión y sostiene toda la superestructura psicológica. Llamarnos entonces “psicólogos/as marxistas” sería entonces, no solo contradictorio, sino implícitamente antimarxista. Yo lo que aquí propongo, y siguiendo a los autores que mencioné al principio del escrito, es ser marxistas críticos de la psicología, o si queremos reducirlo por comodidad, ser “psicólogos críticos” (tomando en cuenta la definición de “psicología crítica” expuesta y explicada por Pavón-Cuéllar[9]) con una postura o perspectiva marxista, o partir de otra postura que no sea idealista; optar por intersecciones como las del marxismo con el psicoanálisis.

Razón 2. La despolitización política de la psicología

Horkheimer nos dice que la ciencia no es inmanente al científico, o sea, ninguna ciencia es “suprasocial” ni emana espontáneamente del sujeto que se dice a sí mismo científico: toda ciencia tiene una estrecha relación con sus condiciones reales en las que se produce[10]. Es más, no es que tenga “relación” en el que se pone en un lado a la ciencia y por otro lado a las condiciones reales: más bien la ciencia se encuentra dentro de estas condiciones reales de existencia y al revés, estas se encuentran en cualquier ciencia. Contrario a esto, llega la psicología a ignorar cualquier condición real, y como ya vimos, construye todo su saber en el discurso del idealismo y no conformes con eso, los y las profesionistas de la psicología se escinden (o al menos eso creen) de la realidad. Actúan con “objetividad” en todo lo que hacen. Son objetivos con los contenidos que enseñan en clase, son objetivos en el consultorio, son objetivos en las “intervenciones” sociales (el hecho de ser “interventor” en vez de involucrarse ya dice mucho por sí mismo), son objetivos a la hora de hacer “ciencia” y publicar sus múltiples investigaciones acumulando conocimiento. Aquí comienzan los problemas para nosotros del lado del marxismo.

El “simple” hecho de que el psicólogo se llame a sí mismo objetivo o neutral en su quehacer representa ya un impedimento que contesta a la pregunta de por qué no podemos ser marxistas en psicología. El marxismo tiene una postura, esa postura se ubica del lado de la clase proletaria, de aquellos que han sido explotados una y otra vez durante décadas y que fue posible darnos cuenta de eso a partir de Marx[11]. El marxismo tiene un posicionamiento político (no solo partidista, política institucionalizada); la psicología, por el contrario, dice que no, que no es política, y esto mismo lo va a repetir en todos los lugares en donde se pare: la escuela, industria, conferencias, revistas académicas. La psicología no quiere tomar partido por nadie, pero precisamente esa noción de neutralidad u objetividad perpetúa a la clase que domina, aquella de la que emana el discurso científico y configura la realidad con su forma de producción (la acumulación capitalista, la generación de plusvalía a costa de la explotación del obrero).

La queja constante de la psicología, como bien lo mencionaba Parker, es que hoy todo quiere hacerse “político”[12]: ¿no era ya antes todo, incluyendo a la psicología, político? El psicólogo, se convierte, como nos enseñaron Althusser[14] y Braunstein[15], en soporte de la ideología, y aquí es donde radica su ejercicio político al servicio de la clase dominante. Regresando a Parker, diremos la despolitización que la psicología intenta en su decir y en su quehacer teórico y práctico, es político.

En este aspecto me gustaría regresar a la cuestión de la “intervención” que nos suelen encargar a los y las estudiantes de psicología en prácticas profesionales. Siempre lo he dicho en mis clases, a partir de la excelente propuesta de Martínez Gúzmán[18], yo no quiero ser un “interventor” quirúrgico de la realidad para aliviar el malestar. Justamente este papel interventor ensalza más la cuestión de la “objetividad”. Una intervención “termina” después de que el cronograma llega a su fecha límite de trabajo; el psicólogo entrega resultados y propuestas (a partir de las “necesidades” o “problemáticas”) y simplemente se va después de realizar dicha intervención. Su falta de compromiso político ya es en sí un acto político que dice bastante de su quehacer, de su “ética”. Las intervenciones sociales, incluso clínicas, perpetúan el orden establecido en el discurso que se lleva al lugar intervenido.

Razón 3. El servilismo de la psicología

No podemos ser marxistas en psicología porque esta sirve al capitalismo. De nada serviría, en mi opinión, si empezamos a leer El Capital y al día siguiente compartimos en nuestras redes sociales que “el cambio está en uno mismo”. Althusser decía que existen profesionistas de la ideología; curiosamente no menciona a la psicología, pero justamente menciona que estos profesionistas “tratan la conciencia” con chantajes y demagogia[19]. Si hiciéramos una especie de lectura sintomal de Althusser, fácilmente podríamos identificar que también está hablando de los psicólogos (no olvidemos que él mismo tenía amplias influencias de Freud y Lacan, ambos críticos de la psicología, pero a su vez, bastante influenciado por Marx, crítico del discurso idealista de nuestra psicología).

No podemos ser marxistas en una disciplina que sirve al capitalismo. Una disciplina en la que el capitalismo confía para asegurar el entramado de dominación a toda costa con la ideologización, o en este caso, con la psicologización que hoy se necesita para sentir menos ese sometimiento, para aceitarnos como bien nos menciona Fromm[20]. No importa si la psicología sabe o no sabe si sirve al capital, si está consciente de ello o no. ¿Cómo ser marxista en psicología si esta última promete libertad y autonomía, falsas libertades y autonomías en este sistema?

No puedo ser marxista en psicología, o volvamos al principo, “psicólogo marxista”, cuando habrá colegas que se van a dedicar al área industrial para ofrecerles a todos los trabajadores habilidades y estrategias de inteligencia emocional para tolerar la explotación física y mental. Tampoco me sentiría a gusto ofreciendo lo anterior para ver todo positivo en el caos que vivimos hoy. Sería hipócrita de mi parte, aunque tenga que serlo con la psicología para intentar deshacernos de esta. No quiero contribuir a eso que Badiou[21] nos dice en su mensaje a nosotros los jóvenes: contribuir a la vida sinsentido o nihilista de la inmediatez que el capitalismo ofrece hoy y eso a través de una positividad para aliviar de forma inmediata y rápida mi estrés, mi malestar; una ráfaga de pensamientos positivos que hagan olvidarme de mi condición de explotado, o hacer que otro trabajador la pueda olvidar. No podemos ser marxistas porque la función de la psicología es subyugar, bajo la lógica del capital, silenciosamente a los sujetos. La psicología y el capitalismo son la pareja perfecta. Pienso yo, y casi sin temor a equivocarme, que ninguna otra “ciencia” se había entendido tan bien con el capitalismo: la psicología, en mi opinión, supera a la misma administración.

Comentarios finales

Pienso que no puede haber una conciliación entre Marx y el marxismo con la psicología. Al menos no con esta “psicología”. Podríamos intentar transformar nuestra disciplina, pero existen muchas resistencias, principalmente de orden político. Si la transformación no es posible, entonces deberíamos pues, darle paso a otra forma de entendimiento y comprensión de los sujetos, una que sí cuestione el devenir sujeto.

Mientras la psicología nos enseña en nuestras aulas una realidad ingenua y llena de felicidad incluso en situaciones complejas y caóticas, el marxismo por su parte nos muestra la realidad y su lógica, nos muestra que existe la explotación, nos muestra también que solamente unos cuantos se benefician con esa explotación, y que como bien nos diría Marx (parafraseándolo), en donde solo hay ganancia para unos, no puede existir tal igualdad[22] ni libertad (agreguemos) alegada por los psicólogos.

¿Por qué no podemos ser marxistas en psicología? Porque ser marxista en psicología sería atentar contra los principios y bases psicológicas. La psicología no va a permitirte ni permitirnos ser marxistas en su acogedora casa teórica. El marxismo es subversivo e intranquilizador para lo establecido. La psicología tranquiliza y suaviza todo alrededor para que “todo” funcione. Si somos marxistas en psicología no funcionaríamos, no nos recibirían con enjundia como cuando reciben sus honorarios por dar una capacitación de motivación organizacional. Si somos marxistas en psicología seríamos la oveja negra, el bicho raro, el “anormal”. La única opción para poder ser marxistas es serlo fuera de la psicología, pero como mencioné, siendo crítico de ella, no tratando de formar alianzas con lo que emana de ella.

Referencias

[1] David Pavón-Cuéllar, “Psicologismo, idealismo y posmodernismo Tardío En Byung-Chul Han,” Octubre 2014, https://davidpavoncuellar.wordpress.com/tag/byung-chul-han/.

[2] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014). pp. 208-209.

[3] Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista,” en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), pp. 41–101.

[4] Georges Canguilhem, “¿Qué es la Psicología?,” en Estudios de Historia y de Filosofía de Las Ciencias (Madrid: Amorrortu, 2009), pp. 389–406.

[5] Néstor Braunstein, “¿Qué entienden los psicólogos por psicología?,” en Psicología: Ideología y Ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975), pp. 21–46.

[6] Ian Parker, “Introduction: Marxism, Ideology and Psychology,” Theory & Psychology 9, no. 3 (1999): 291–93, https://doi.org/10.1177/07399863870092005.

[7] Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach,” en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), pp. 34–39.

[8] David Pavón-Cuéllar, Marxism and Psychoanalysis. In or against Psychology? (Nueva York: Routledge, 2017).

[9] David Pavón-Cuéllar, Psicología Crítica. Definición, Antecedentes, Historia y Actualidad (Ciudad de México: Itaca, 2019).

[10] Max Horkheimer, “Teoría Crítica” (Buenos Aires: Amorrortu, 2003)

[11] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I, Op. Cit.

[12] Ian Parker, “Critical Psychology: What It Is and What It Is Not,” Social and Personality Psychology Compass 1, no. 1 (2007): 1–15, https://doi.org/10.1126/science.37.963.895.

[14] Louis Althusser, “Ideología y aparatos ideológicos del Estado,” en La filosofía como arma de la revolución (México: Siglo XXI, 1974), pp. 102–51.

[15] Néstor Braunstein, “Relaciones Del Psicoanálisis Con Las Demás Ciencias,” en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975).

[17] Pavón-Cuéllar, Psicología Crítica. Definición, Antecedentes, Historia y Actualidad, Op. Cit. pp. 51-61.

[18] Antar Martínez-Guzmán, “Cambiar metáforas en la psicología social de la acción pública: de intervenir a involucrarse,” Athenea Digital 14, no. 1 (2014): 3–28.

[19] Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Op. Cit. p.126.

[20] Erich Fromm, Psicoanálisis de La Sociedad Contemporánea (México: Fondo de Cultura Económica, 1956). pp. 144-145.

[21] Alain Badiou, La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes (Barcelona: Malpaso, 2017).

[22] Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I, Op. Cit. p. 146.

¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiante?

Presentación del libro independiente “Versus la Psicología. Contra la psicología hegemónica, ideológica y capitalista: un aporte estudiantil” transmitida por Facebook en la página “Versus la Psicología

Influencias teóricas y primeras sospechas

Las siguientes palabras que expondré las preparé a fin de intentar vislumbrar lo que me motivó a escribir el libro que hoy se está presentando. Quien esté escuchando podrá percatarse que recurro una y otra vez a los mismos autores que han plasmado sus aportaciones teóricas en diversas obras y podrá resultar tautológico en ocasiones, sin embargo, me parece pertinente retomarlos. De este modo, el oyente podrá notar que constantemente regreso a las ideas de autores como Karl Marx, Louis Althusser, Néstor Braunstein, David Pavón-Cuéllar, Ian Parker, Jan De Vos, entre otros no menos importantes. Ellos y sus respectivas aportaciones, específicamente desde el marxismo, forman parte fundamental del argumento, no solo del libro, sino de mis opiniones y afirmaciones en general y de mi postura hacia la psicología, lo que naturalmente implica que habrá bastantes coincidencias con sus aportes. Podría atreverme a decir que estas palabras complementarían una de las conferencias dictadas por el Dr. David Pavón, en la habla acerca de por qué relacionarnos críticamente con la psicología.

Mucho antes de que se me ocurriera hacer un libro, siempre tuve la inquietud de por qué nos enseñaban lo que nos enseñaban en nuestras aulas de psicología: ¿por qué ver más corrientes humanistas que psicoanálisis freudiano o lacaniano? ¿por qué interesarnos más por psicología organizacional, educativa o clínica en vez de psicología social? ¿Por qué la necesidad de insertarnos “adecuadamente” al mercado laboral en función de la rama de psicología a la que nos dediquemos? (de ahí que se diga constantemente en nuestras clases que la psicología organizacional es la que “deja” [monetariamente hablando]) ¿Por qué ver más sobre coeficiente intelectual, trastornos psicológicos y sus clasificaciones? ¿Por qué siempre adoptar el papel “intervencionista” en prácticas profesionales? ¿Por qué tratar siempre esas “intervenciones” como formas de adaptación a la “normalidad”?

Mis porqués no cesaban conforme los semestres avanzaban y la carrera se me hacía más pesada, todo parecía apuntar siempre hacia una homogeneización en el saber y quehacer en psicología, y no porque la psicología carezca de diversidad en su saber, de hecho tiene mucho de dónde escoger y precisamente en esa heterogeneidad teórica-práctica, es decir, en todas las especialidades que ofrece (clínica, neuropsicología, organizacional, social y educativa), siempre existe de manera subyacente, una homogeneización no necesariamente teórica, pero sí ideológica. Esta homogeneización era fácil identificarla, me atrevo a decir que era hasta intuitiva porque todo análisis que se hacía en clase o cualquier reflexión recaía en el sujeto, en la psique, en la construcción de la realidad, en la aparente neutralidad, en la adaptación a la norma.

A finales de 2017 o principios de 2018, mi buen amigo Fernando que hoy me está presentando, me pasó un artículo escrito en 2012 por el Dr. David Pavón-Cuéllar[1] quien imparte clases en la universidad Michoacana; ya había leído de él algunos textos en una clase con el Dr. Daniel Reyes sin mayor detenimiento en sus reflexiones y propuestas críticas: quizá por falta de tiempo o resistencia ideológica como suele suceder hacia el psicoanálisis.

Su artículo presentaba una crítica vehemente y provocadora hacia la psicología: ese carácter ideológico del que siempre hubo sospecha y que se presentaba en esa heterogeneidad del saber psicológico que se imparte en nuestras aulas ahora podía nombrarse: la psicología es un cómplice del capitalismo[2]. En efecto: la psicología, en esa homogeneización de sus teorías y prácticas, existe una reproducción de la ideología capitalista: sistema imperante desde hace unos buenos años atrás.

La psicología como aparato ideológico: un retorno breve a Althusser

Para poder contextualizar acerca de esta ideologización, es decir, esta reproducción de la ideología, es necesario recurrir a la propuesta de Althusser y los aparatos ideológicos que se encuentran al servicio del capitalismo. La escuela es un aparato ideológico y por lo tanto, la escuela o la universidad se encarga de que se reproduzcan las relaciones existentes en el capitalismo a través de la reproducción ideológica: somos sujetos interpelados por la ideología dentro de nuestros salones[3]: unos adquieren habilidades para ser los dominadores, otros los dominados, otros terminan siendo profesionistas de la ideología[4].

Ojo aquí, a modo de paréntesis: no confundamos el término “ideología” con las concepciones que los psicólogos tienden a utilizar: “un sistema de ideas y creencias” que emanan desde la persona o desde su consciencia, por su propia voluntad, eso sería utilizar una versión ideologizada de la ideología. La ideología, por el contrario, es nuestra relación imaginaria con las condiciones reales de existencia. Para no dejar esto tan acortado, bien Foucault nos explica que en la educación se reproducen ciertos discursos, pero limita otros[5]. La pregunta que compete hacer es ¿Cuál discurso se maximiza en psicología más allá del que puede reproducir su propio campo teórico?

Esta ideología del capitalismo se reproduce en la bibliografía revisada, en las teorías que tienen mayor frecuencia, en los lapsus de olvido al no incluir otras teorías, en el discurso docente y universitario. Ahora las preguntas formuladas al principio de mi intervención comienzan a encontrar una respuesta crítica. Antes de continuar, muy probablemente se puedan cuestionar quienes estén presenciando y escuchando estas palabras: ¿Qué tiene de malo “proteger” al capitalismo? ¿Qué de malo tiene la ideología capitalista? Naturalmente no voy a realizar una exposición del sistema dominante, pero sí acercarnos a unas críticas puntales, aunque sean bastante laxas.

Capitalismo: sistema caótico y deshumanizador

El problema con el capitalismo es que este modo de producción ha dejado ver su carácter voraz y represor en el tiempo: ¿Qué de bueno existe en la explotación de la fuerza de trabajo para que unos cuantos sean beneficiados con el plusvalor? ¿Qué de bueno existe en los productos de consumo cuando estos son producidos (valga la redundancia) a costa de la explotación de ecosistemas que hoy peligran? Solo por poner dos ejemplos rápidos sin mayor detalle.

Los defensores de este sistema caótico podrán argumentar que gracias a este sistema tenemos lo que tenemos: tecnología, ciencia, rascacielos, carros; que gracias a este sistema se es libre y autónomo. Pero bien lo refutaban Marx y Engels hace 172 años en el Manifiesto[6]: estas independencias y libertades son solo independencias y libertades capitalistas: recurriendo al chiste como suele hacer Žižek (malogrado por mí y que lo pueden encontrar en memes): se encuentra un home-worker a punto de terminar un informe de trabajo y al terminar su jornada laboral dice: “qué feliz me siento al recibir mi pago quincenal y trabajar desde mi casa cuando yo quiera bajo mis tiempos, me siento totalmente libre”… inmediatamente le llega un mensaje de su compañera a su WhatsApp en donde le recuerda que debe entregar el reporte de ventas a su jefe inmediato, al de finanzas, a la secretaria general y al gerente.

Por otro lado, justamente en ese “tener”, del que hablábamos, se constituye el carácter perverso del capitalismo. Siempre hay que “tener” más y más, nunca será suficiente lo que se tiene. Siempre se tiene que producir más productos de consumo, más carros, más casas, más capital, incluso, más artículos académicos, más títulos, más constancias de congresos, más certificaciones. Siempre se piensa en términos cuantitativos en el capitalismo. Importa más la cantidad de la ganancia de un producto, la cantidad de diplomas, de certificados.

Lo perverso es que todo en esta vida se convierte en una mera mercancía, ciertamente no para satisfacer nuestras necesidades, sino que todas estas cosas pueden intercambiarse cuantitativamente buscando siempre el plusvalor en este intercambio; retomando la cuestión académica para ejemplificar un poco mejor lo anterior: los diplomas, títulos, constancias, años de experiencia previa se intercambian por puestos o promociones en el trabajo que sabemos que nos dejarán más en un futuro, y así nuevamente tendremos más diplomas, premios, más invitaciones a congresos, más ingresos que podremos reinvertir en más certificaciones: es esto a lo que el Dr. Pavón-Cuéllar hace referencia con el “capitalismo académico”; por poner otro ejemplo más perverso en la academia capitalista: hoy a los alumnos al momento de titularnos nos miden cuantitativamente para que las instancias evaluadoras (como el CENEVAL-EGEL) puedan establecer en conjunto con otras instancias federales esa aparente calidad de tal o cual carrera. El capitalismo, en su omnipresencia antepone la cantidad frente a la calidad de la vida.

O como bien analizaría Marx[7], hoy todo contiene valor de cambio (también explicado por Pavón-Cuéllar en su blog*). Se pierde todo lo cualitativo, toda cualidad humana. Incluso en el momento que escribí estas palabras, automáticamente pensaba en cuántas podía escribir para poder predecir cuánto tiempo iba a tardarme en exponerlas. ¿No somos entonces todos, en cierto sentido, capitalistas? Hoy, si queremos contextualizar más, la crisis por la que estamos pasando desde principios de año, nos deja ver que esa obsesiva necesidad de tener y tener más, de tener más lugares por explotar, de tener más objetos de consumo, nos ha llevado a un caos total, un caos sanitario que deja entrever lo realmente caótico que es el capitalismo.

Capitalismo: patrón de la psicología

A todo esto, podemos plantearnos algunas interrogantes: ¿Qué psicólogos y psicólogas se están formando y con qué funciones bajo la sombra del capitalismo? Seguida de ¿qué se le tiene que reprochar a la psicología en el entramado capitalista o por qué criticarla? ¿a qué se refiere Pavón-Cuéllar con el adjetivo “cómplice” que asigna a la psicología en este sistema[8]? Para ponernos en contexto, es necesario primero pensar tan solo en los objetos de estudio de la psicología: el alma, la mente, la consciencia, el comportamiento. Incluso, para poder acercarme todavía más a donde quiero llegar, podemos tomar a modo de préstamo la definición de psicología que Pavón-Cuéllar hace de la disciplina: “un supuesto saber de la psique, el alma, la mente o el comportamiento como objetos delimitados y relativamente diferenciados del mundo y del cuerpo”[9].

Aquí lo interesante, no es tanto lo que la psicología pretende estudiar como bien nos haría reflexionar la definición crítica de la psicología propuesta por Pavón-Cuéllar, o sea, la crítica no solo apunta, y tampoco nos detendremos en esto, hacia su estatuto científico, sino que más bien, esos objetos que además de ser cuestionables en el ámbito científico, se encuentran “diferenciados” del mundo. Quizá de ahí que Klaus Holzkamp, otro crítico de la psicología considere que a la psicología le falta “mundo” [10] o carezca de este, o que también le critique su “reducción individualista”[11]. Todos estos objetos se ubican en el sujeto, en su cabeza. Es como lo que Marx y Engels criticaban: ese partir idealista del cielo hacia la tierra.

Esta “diferenciación del mundo” lo explica Braunstein[12] cuando argumenta que la psicología ofrece ese espacio ideológico perfecto para representarnos a sí mismos, una fantasía de autonomía, de independencia, de hacer creer que existe un “yo autónomo” borrando totalmente lo que está “afuera”, de lo que aparentemente se está “diferenciado”, olvidando las condiciones reales de existencia. Los psicólogos son ahora los nuevos autores de la mistificación ideológica, o sea los nuevos profesionistas de la ideología, aquellos que prometen libertad e independencia a través del “tratamiento de la conciencia”, del chantaje y la demagogia[13]. Así también nos recuerda Holzkamp que de este modo la sociedad burguesa siempre llega hasta los espacios “más íntimos”[14].

La ideologización que necesita realizar el capitalismo para asegurar su dominio tiene que ser forzosamente integrada en prácticas materiales como sucedería en cualquier otro aparato ideológico. En este caso, si la psicología es un aparato ideológico, como lo afirmaría Braunstein[15] y esta tiene sus propias prácticas, la ideología se materializa en la psicología a través de la psicologización. Hoy en día todo es psicologizable, incluso lo que no se puede psicologizar. Es como si la psicología ejerciera un efecto imperialista al abarcar lo que aparenta ser inabarcable por ella. Hoy todo lo vemos bajo el corpus teórico de la psicología, como bien lo señala Jan De Vos[16], psicólogo crítico en Bélgica. Hoy nuestros lentes para ver la realidad están graduados por la psicología.

Psicologización en el capitalismo

Hoy somos reducidos a emociones, a cogniciones, a trastornos, a percepciones, a resultados de pruebas psicométricas. Hoy tenemos que ser resilientes con “x” cantidad de estrategias de afrontamiento para superar cualquier duelo incluyendo los económicos, los políticos y los sociales. Somos reducidos a nuestro coeficiente intelectual y las habilidades que los test de inteligencia estandarizados bajo la norma estadística dicen que tenemos y si no nos ajustamos a esa norma o no tenemos esas habilidades, seremos interpelados por la biblia de los trastornos: el manual de la asociación americana de psiquiatría: ese que nos dirá qué trastorno somos en este momento y seremos canalizados a cierto tratamiento quirúrgico de la subjetividad.

Desde antes de nacer estamos siendo psicologizados: esperan de nosotros que seamos “alegres”, “con carácter fuerte” o “inteligentes”. Hoy cada vez es más fácil escuchar a una persona que dice que se siente “ansioso”, “estresado”, “bipolar”, “depresivo”. Incluso en nuestras redes sociales, todo se reduce a reacciones emocionales: un me gusta, un “me enoja”, un “me importa”, un “me entristece”, un “me encanta”. Hoy, como nos menciona Pavón-Cuéllar, es más fácil identificar los rasgos psicológicos o de personalidad de un gobernante o de un criminal[17]; no hay lugar en donde no existe algo psicológico. Parafraseando un poco a Jan De Vos[18]: la psicología nos dice lo que somos y debemos ser bajo sus teorías y sus conceptos, bajo su saber, bajo sus Verdades (con mayúscula). Esta psicologización, que es una ideologización en el aparato de la psicología, cumple funciones específicas en el capitalismo como lo ha explicado el filósofo Byung-Chul Han[19].

En la “psicopolítica” propuesta por Han, nos convertimos en un homo psychologicus, unos sujetos de la psicología: no solo para comprendernos o reducirnos a la psicología, sino que tenemos que psicologizarnos para funcionar en el entramado capitalista. Hoy la psique se convierte en fuerza productiva, hoy el capitalismo prefiere la explotación inmaterial[20].

Hoy el capitalismo ya no necesita recurrir todo el tiempo a la explotación física, es más factible y eficaz recurrir a las técnicas psicológicas y a todo su corpus teórico para explotar el interior del sujeto para que pueda autosometerse pero a la vez que ese autosometimiento no se sienta tan coercitivo o que simplemente no se sienta, más bien debe permitirle al sujeto sentirse libre, sentirse sujeto autónomo, hacerlo sentir que tiene movilidad en lo que hace. O como ejemplifica Žižek[21]: hoy los magnates les “otorgan” independencia y libertad a los equipos especializados de trabajo para que estos se sientan jefes autónomos de lo que se hace dentro de una empresa, les dan oportunidad de elección y hasta cierto punto, son determinantes en las decisiones importantes del rumbo de las empresas, pero eso sí, bajo el mismo salario de siempre.

La psicopolítica también explota lo positivo, hoy vivimos en la sociedad positiva como explica también Han, en donde no hay espacio para la negatividad[22]. Hoy lo positivo sirve para rendir más, para ver lo que no puede ser positivo lo más optimistas posible. De ahí entonces que contraten psicólogos en la industria o en cualquier otro lugar como consultores, consejeros o motivadores para aumentar el proceso de producción o la adaptación a lo que el sistema demande en ese momento.

O como bien diría Erich Fromm, así como se aceitan las máquinas, los psicólogos “aceitan” también a las personas con lemas agradables, con comprensión empática y estrategias de afrontamiento frente a su malestar[23].

Tanto Néstor Braunstein como Erich Fromm, consideran a la psicología una “técnica”[24] o “instrumento”[25] para el control y la adaptación: para decir qué es normal en el capitalismo, quiénes son los que funcionan y los que no, tratar con todo su arsenal técnico a aquellos que no tienen “buenas emociones”, “buenas estrategias de afrontamiento”, “pensamientos positivos”, para readaptarlos lo más que se pueda. La psicología refina la explotación, la hace más sutil, menos perceptible. El término equivalente de los estragos de la explotación capitalista en la psicologización es “estrés en el trabajo” o “depresión mayor”.

Como psicólogos, ahora se debe eliminar terapéuticamente todo bloqueo mental. Bien nos recuerda Ian Parker: hoy se prefiere el cambio individual que el social[26] porque la psicología está obsesionada con el individuo[27]. Quizá para aclarar un poco más esto, es justo recurrir a la cuestión de cómo ese enfoque en la responsabilidad individual se presenta cada vez más, solo por poner un ejemplo, en las campañas “eco-friendly”: nos enseñan a usar a las personas más productos ecológicos o mejorar nuestros hábitos haciéndonos creer que lo que hagamos en casa va a funcionar: quizá en cierta medida, no lo voy a negar, pero se dejan de lado aspectos, o más bien, estas acciones e imperativos individuales ocultan cuestiones de otro orden, o más bien, ocultan el orden mismo, parafraseando a Žižek[28]. El mismo ejemplo aplica para la situación crítica de hoy: en la pandemia que vivimos actualmente, se escuchan discursos de cambiar los hábitos propios para mejorar todo lo demás, y por lo tanto, estos discursos hacen que se oculten e invisibilicen cosas más importantes como el sistema que desató la pandemia. De ahí que Pavón-Cuéllar ubique a la pandemia como síntoma del capitalismo.

La premisa de ser animales políticos (zoon politikon), es decir, entes que vivimos en sociedad, como argumenta Marx[29], se borra a la luz de las teorías y técnicas psicológicas. La psicología con su psicologización conduce a una despolitización, a un desinterés de las condiciones reales de existencia, de lo realmente importante, un desinterés a las condiciones de opresión que hoy existen, condiciones que nos han constituido como sujetos. A modo de paréntesis para finalizar este argumento, además para evitar cualquier reduccionismo, el propio Marx argumenta que las circunstancias nos han hecho en la medida en que nosotros hacemos también a las circunstancias[30].

Por otro lado, no es raro entonces que la psicología critique a la psicología crítica cuando la primera le reprocha a la segunda que esta quiere hacer todo “político” como bien señala Parker: ¿no es acaso ya esta despolitización, esta psicologización, una forma política en sí?[31] La psicología a pesar de su renuente obsesión con su neutralidad es política y deja entrever siempre en sus prácticas a las que denominan éticas esa complicidad con el sistema y sus ideas. Recordemos que las ideas de la clase dominante, los capitalistas, son las ideas dominantes[32], reproducidas en los diversos aparatos ideológicos: la producción de las instancias intelectuales, de la academia, se subordina a esas ideas burguesas.[33]

Comentarios finales: servilismo, crítica y transformación

Ya para concluir, hago énfasis en la pregunta formulada a modo de título para esta exposición: ¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiantes? Hoy hace falta una psicología crítica, no porque nos fuéramos a dedicar a ella como si fuese una especializante ofertada o una corriente teórica específica. Más bien, necesitamos tener una postura crítica hacia nuestra psicología como nos ha explicado en diferentes ocasiones el Dr. Pavón-Cuéllar: por su estrecha relación con el capitalismo y sus relaciones de dominación, por su carácter ideológico y su desbordante psicologización, por perpetuar que el capitalismo siga ganando terreno no solo en la psique sino en la misma sociedad.

Naturalmente podrán objetar algunos y algunas: pero tú eres o estás a punto de ser psicólogo, ¡¿cómo estás criticando a lo que te dedicarás?!, ¡esta carrera tiene mucho que ofrecer y mucho por hacer!. Precisamente es por eso mismo por lo que la critico: no la critico porque no sirva para algo, más bien, la psicología sirve para todo hoy en día y justamente no quiero caer en ese servilismo tan perverso, tan injusto para la mayoría, un servilismo que trata de humanizar lo inhumano como el mundo de las mercancías; no quiero ser “profesionista de la ideología” capitalista.

Pero ojo, no se puede combatir a la psicología desde fuera de ella: hay que conocer sus reglas, sus discursos, sus intenciones, sus determinaciones. Recuerdo bien una frase de Bauman, pero mejor lo cito textualmente: “No existe otra manera de alcanzar la liberación más que someterse a la sociedad y seguir sus normas. La libertad no puede obtenerse en contra de la sociedad”[34]; o como bien se nos quedó grabado a algunos en la clase del Dr. Daniel y en palabras de Fernando: hay que combatir a la Matrix desde la Matrix. O parafraseando al Dr. Pavón-Cuéllar[35], si queremos ser críticos de la psicología tendríamos pues, que lidiar con la psicologización. El mismo libro que estoy presentando fue publicado en una de las empresas más capitalistas de todas, su dueño, Jeff Bezos es el hombre más rico del mundo. Quizá habrá que someternos pero ser conscientes de que lo estamos haciendo; habrá que someternos hipócritamente para luchar desde dentro.

Otros podrán objetar: pero no estás haciendo nada. Probablemente no, pero quizá una postura crítica sea un primer paso a la transformación de nuestra psicología, o el olvido de esta para dar paso a nuevas posibilidades de conocimiento de nuestra realidad y de los mismos sujetos, incluso desde nuestra trinchera estudiantil pero apuntando hacia una trinchera que no esté obsesionada con el individuo, con el “yo”. Y probablemente estas críticas que se le hacen y le hacemos a la psicología se encaminen también a esa transformación no solo de la disciplina, sino también del mundo y las condiciones actuales.

Con esto terminaría la charla. Agradezco a todos y todas los que pudieron conectarse a la transmisión.

31 de octubre de 2020

Luis Pablo López Ríos

Referencias


[1] David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Teoría y Crítica de la Psicología 209, núm. 2 (2012): 202–9.

[2] Ibíd.

[3] Louis Althusser, “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”, en La filosofía como arma de la revolución (México: Siglo XXI, 1974), 102–51.

[4] Ibíd., p. 126

[5] Michel Foucault, El orden del discurso (México: Tusquets Editores, 2016).

[6] Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (Madrid: Akal, 2004).

[7] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014).

*David Pavón-Cuéllar, “Generalización, cuantificación, objetivación: del sujeto del comunismo y del psicoanálisis al todohombre del capitalismo y del paratodeo psicológico”.https://davidpavoncuellar.wordpress.com/2019/07/22/paratodeo/

[8] David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Op. Cit.

[9] David Pavón-Cuéllar, Marxism and Psychoanalysis. In or against psychology? (Nueva York: Routledge, 2017).

[10] David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. (México: Itaca, 2019).

[11] Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985)”, Teoría y crítica de la psicología 8 (2016): 293–302.

[12] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”, en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975).

[13] Louis Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Op. Cit., p. 126

[14] Klaus Holzkamp, Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985), Op. Cit., p. 298.

[15] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”, Op. Cit., p. 88; Néstor Braunstein, “Introducción a la lectura de la psicología académica”, en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975), 329–60.

[16] Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes (México: Paradiso Editores, 2019).

[17] David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad, Op. Cit. p. 100.

[18] Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes, Op. Cit., p. 90

[19] Byung Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (Barcelona: Herder, 2014).

[20] Ibíd., pp. 41-42

[21] Slavoj Žižek, Pandemia. La covid-19 estremece al mundo (Barcelona: Anagrama, 2020).

[22] Byung Chul Han, La sociedad de la transparencia (Barcelona: Herder, 2013).

[23] Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea (México: Fondo de Cultura Económica, 1956).

[24] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”. Op. Cit., p. 74

[25] Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Op. Cit., pp. 144-145

[26] Ian Parker, Revolution in psychology. Alienation to Emancipation (Londres: Pluto Press, 2007).

[27] Ian Parker, “Introduction: Marxism, Ideology and Psychology”, Theory & Psychology 9, núm. 3 (1999): 291–93, https://doi.org/10.1177/07399863870092005.

[28] Slavoj Žižek, Pandemia. La covid-19 estremece al mundo. Op. Cit., pp. 93-94

[29] Karl Marx, “Introducción a la crítica de la economía política de 1857”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 121–41.

[30] Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 41–101.

[31] Ian Parker, “Critical Psychology: What It Is and What It Is Not”, Social and Personality Psychology Compass 1, núm. 1 (2007): 1–15, https://doi.org/10.1126/science.37.963.895.

[32] Marx y Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”. Op. Cit., p.71

[33] Marx y Engels, Manifiesto Comunista. Op. Cit., pp. 26-27.

[34] Zygmunt Bauman, Modernidad Líquida (México: Fondo de Cultura Económica, 2003).

[35] Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. Op. Cit., pp. 99-101

https://versuslapsicologia.mx/2020/09/18/un-intento-de-lectura-sintomal-de-la-etica-en-psicologia-parte-i/

Cuestionar el regreso a clases hoy: ¿control psicopolítico-digitalizado de la vida?

Después de casi seis meses de que la suspensión de clases se hiciera efectiva aquí en México debido a la pandemia del SARS-CoV-2, nos encontramos de nuevo con el anhelado “regreso a clases”. Sin embargo, este regreso a clases no será igual que en años anteriores: hoy nos sujetaremos a las condiciones en las que la pandemia permite ese retorno a la escuela: transmisión de clases por televisión abierta para educación básica y clases en plataformas educativas para niveles superiores, con mayor flexibilidad, rapidez, alcance y eficiencia. Pero, deberíamos plantearnos el cuestionar lo que posiblemente subyace en este ansiado regreso digital a clases y todas sus “bondades”: cuestionarnos lo que va más allá de solo la educación en tiempos de pandemia.

La escuela, no olvidemos la propuesta althusseriana (que reiteradamente menciono en este espacio), funge como aparato ideológico, y por ende, esta no se limita a la mera transmisión de conocimientos, al seguimiento de una planeación escrita y entregada a las autoridades escolares, sino que deviene en reproducción de la ideología, del sistema capitalista y sus relaciones de producción dentro y fuera de las aulas, ese famoso “curriculum oculto” y perverso. Pero, ¿cómo hará el capitalismo neoliberal para asegurar esas relaciones, mediante la escuela, ahora que nos encontramos en la “comodidad” de nuestros hogares? ¿Será que el capitalismo no penetrará más allá de las aulas y tomaremos un breve descanso de su voracidad? Si esto no fuese así ¿a qué tendría que recurrir el sistema para no perder su dominancia ante la crisis producida solo por este? En esta ocasión, las propuestas del filósofo Byung Chul-Han y el psicólogo crítico Jan De Vos podrían encaminarnos a responder las preguntas anteriores.

Anteriormente había dedicado un espacio breve a estos dos autores (La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal y Homo psychologicus: la psicologización del todo), sin embargo, la publicación dedicada a tratar parcialmente el fenómeno de la psicologización adelantaba que desarrollaría el tema de la digitalización, también argumentado por Jan De Vos. Podríamos, pues, intentar articular ambos aportes críticos para reflexionar sobre este retorno a nuestras “aulas” y esta aparente “libertad” que los dispositivos y herramientas tecnológicas aparentan ofrecer.

Digitalización y Psicopolítica: la relación perfecta

Hoy las clases toman un nuevo rumbo: docentes y estudiantes nos encontramos frente a la digitalización de la educación. Nuestra presencia física se ve sustituida por un correo electrónico, por un pseudónimo, por la intensidad de nuestra red de internet en casa, por el dispositivo inteligente y su cámara que nos hace estar presentes en las “clases”. Hoy ya no solo somos aquel homo psychologicus interpelado por las teorías psicológicas y todo el corpus de la psicología que nos pone al servicio (in)directo del capitalismo; aquel que nos decía con vehemencia: “¡Tú eres resiliente, capaz, autogestor, libre, autónomo!” “¡No necesitas a los otros, solo a ti mismo y a nadie más!” Nuestro devenir sujetos se torna distinto, en una nueva “modalidad”, esa que nos interpela a “ser” nosotros desde la comodidad y “libertad” de nuestras casas en nuestros dispositivos tecnológicos.

Ya no hablamos solamente de una psicologización, sino que se incluye en esta interpelación la digitalización de la vida, aquella interpelación para ser sujetos digitales (De Vos, 2019), un homo digitalus, una subjetividad inmaterial (¿qué hay detrás de esa inmaterialidad? ¿idealismo actualizado? debate abierto para el lector). El propio De Vos (2019) adelantaba esta vicisitud en la misma escuela (mucho antes de que la COVID-19 fuera el tema de cada día): la presencia que entonces era material, en la que decíamos “presente” cada que mencionaban nuestro nombre en el aula, hoy se ve sustituida por otras formas digitales. Al respecto menciona:

“Pero en la actualidad, la presencia escolar vuelve a ser algo muy sencillo: puede ser simplemente comprobada electrónicamente […] entrar a la clase, encender su laptop […] son diferentes formas de comprobar su presencia, mientras se comprueban otras múltiples cosas también“. (ibíd.; 154) (Cursivas mías)

La digitalización en la escuela, como la explica De Vos (2019), quedaría simplificada a dos términos: a una presencia (inmaterial, virtual, digitalizada, verificada electrónicamente) y la pantalla (donde el mundo está “presente”). Al respecto y antes de continuar, me gustaría hacer un breve paréntesis para recordar a Lacan y el estadio del espejo. Esta digitalización del sujeto, quizá podríamos compararla con aquel estadio en donde el sujeto es interpelado por el Otro al verse a través del espejo y por todo lo que no puede ver en él, lo que hay detrás de este (Braunstein, 1980): el mundo está presente y ausente a la vez en el sujeto. El sujeto se percibe a sí mismo, crea su yo “autónomo” gracias a la imagen que el espejo le devuelve y al reconocimiento del Otro. La pantalla, por su parte, le devuelve una imagen digitalizada al sujeto que se reconoce a través de ella, se ve a sí mismo como completo, como un “yo” digitalizado, sin darse cuenta de que en esa imagen existen “otras múltiples cosas”. El Otro y lo demás (¿capitalismo? ¿psicologización?), aquellos que se encuentran del otro lado de nuestra pantalla y lo que no alcanzamos a ver en el entorno digital, serán encargados de comprobar/interpelar esas “múltiples cosas” (quizá) de las que De Vos habla y que profundizaremos en esto más adelante.

La digitalización de los sujetos, de la educación misma, a su vez se convierte también en una disciplinarización de la vida (De Vos, 2019), pero no tan coercitiva, una disciplinarización “light” si así lo quisiéramos ver. Hoy, docentes y estudiantes, tenemos que encender nuestra cámara web para que se compruebe nuestra presencia inmaterial; tenemos que utilizar correos institucionales para que se compruebe nuestro ser, de lo contrario, no somos nosotros; las plataformas virtuales como Classroom o Moodle (por mencionar solo dos), se convirtieron en el nuevo panóptico, en el panóptico digital, en las que se programa el tiempo específico para hacer tareas y otras actividades. A diario llegan a nuestros correos notificaciones de nuevos deberes por cumplir. El diálogo y el debate ya no existen, ya no se puede hablar tanto por el límite de tiempo en las sesiones y los temas verdaderamente relevantes y preocupantes quedan excluidos; los docentes saben todos nuestros movimientos en la red y sus jefes saben todo de ellos: la hora en que subieron un documento, si entregaron o no un pendiente, si están conectados o no en alguna sesión virtual. Ya tampoco es una biopolítica, más bien, es una digi-política (De Vos, 2019). Antes utilizábamos el internet para buscar a través (de manera superficial) de él lo que necesitábamos para la escuela, hoy, por el contrario, nosotros somos el internet (ibíd.). Ahora somos un apéndice, parafraseando a Marx y Engels (1848/2004), de nuestra laptop o celular, de la red misma, funcionando como esclavos pasivos de lo que no aparece en nuestra pantalla.

Si bien es cierto que hoy nos encontramos frente al imperio digital, los significantes de los “psi”, o de la psicología, no desaparecerán en ningún momento (sin hablar a detalle de que la estructura del entorno digital también está psicologizado) (De Vos, 2019). Este retorno constante a la psicologización, la obsesiva necesidad por querer psicologizarlo todo, no es mera casualidad, como ya lo argumentaba Han (2014). Esa psicopolítica debe seguir siendo aplicada en todo momento para asegurar las relaciones de producción. El capitalismo neoliberal no puede descansar, ni siquiera la pandemia puede ser motivo para detenerlo. La psicopolítica debe aplicarse y aparecer siempre, sí o sí, en el entorno digital.

En el panóptico digital, se reproducirían los discursos psi, esos que nos alentarían tanto a docentes y estudiantes a estar “motivados”, a ser “autogestores” de nuestro “propio” aprendizaje, a ser “resilientes” frente a la situación de la pandemia, a estar pendientes de las propias tareas a realizar. Lo digital favorecería toda esa optimización que necesita la psique (Han, 2014) para rendir adecuadamente, convirtiéndola así en fuerza productiva. Las frases motivadoras e individualizadoras en Facebook, las imágenes alentadoras llenas de resiliencia que publican las universidades, los discursos de “autoaprendizaje” y “autogestión” en las clases en línea, conducen a un autosometimiento. De ahí que no percibamos la coerción disciplinaria que mencionábamos anteriormente: todo parece agradable. La psicopolítica vuelve todo más fácil y agradable, siendo esta maximizada por el entorno digital: teniendo inteligencia emocional y emociones positivas (Han, 2014) publicadas y enseñadas en cualquier página de Facebook, plataforma educativa o en la misma clase virtual, rendiremos más (¿para quiénes?) y nos sentiremos en “libertad”, sin presión alguna: “al fin y al cabo, no estoy en el salón de clases, no pasa nada, soy libre”. Desde el entorno digital, somos víctimas de la psicopolítica, de la psicologización ejercida que quizá sea el punto central de todo el asunto, como lo explica Pavón-Cuéllar (2019) en el prólogo de la obra de De Vos:

“[…] debemos empezar por convertirnos en impulsos, motivaciones, afectos, emociones, pensamientos, cogniciones, actitudes, rasgos de personalidad, respuestas a estímulos […] La crítica de los actuales giros neurológico y digital no puede llegar demasiado lejos ni tampoco profundizar lo suficiente, por lo tanto, si no se atreve a remontar hasta el dispositivo psicologizador con el que se produce lo que se neurologiza y se digitaliza. La psicologización es aquí el meollo de todo el asunto. El corazón del homo psychologicus es el que late dentro de los pechos del homo neurologicus y del homo digitalus“. (p. 23)

Esta psicopolítica, esta psicologización, siempre está ahí, en el seno de la digitalización, hoy digitalización escolar. La interpelación ideológica de la que Althusser nos hablaba en el aparato ideológico escolar, es hoy una interpelación a distancia, a domicilio, sutil y digital. Esta digitalización se precipitó y agudizó por la pandemia, y con ello, se maximizó la psicologización. En este sentido, nos digitalizamos y se refuerza lo que ya estaba psicologizado en nosotros. Somos homo psychologicus y digitalus a la vez, tal como lo necesita el sistema.

“Si la digitalización posibilita ciertas formas extremas y extremadamente sutiles de sujeción, dominación, manipulación, enajenación, explotación, mercantilización y financierización, es también porque se vale de la misma psicología que nos ha ido constituyendo internamente y que hoy regresa desde el exterior bajo una forma digital […] Ya somos lo dominado por la psicología que ahora simplemente reviste la forma digital de los dispositivos electrónicos, de los sistemas computacionales y de todos los demás artilugios informáticos”. (Pavón-Cuéllar, 2019a, p.27).

Comentarios finales: el retorno a la psicologización

La digitalización, al igual que las vicisitudes del capitalismo, es solo una mutación de la psicologización. El capitalismo neoliberal conserva mayoritariamente las formas y procedimientos de su antecesor industrializado, aunque de formas actualizadas y “menos” evidentes. Lo mismo sucede con la digitalización: la interpelación que sucede en el entorno digital mantiene siempre elementos de la psicologización, como lo argumentaba De Vos y Pavón-Cuéllar. La psicopolítica es un efecto inherente al proceso de devenir sujetos digitales. Lo emocional y el management de sí mismo (Han, 2014), nos hacen sentir libres frente a la crisis actual que el mismo sistema no desea perder y que por eso no existe un descanso real ni de nosotros, ni del mundo. Eso que provocó la crisis y resiste a ella, el capitalismo, es tal vez lo que se esconde detrás de la pantalla, detrás de la imagen que nos devuelve la pantalla o el espejo lacaniano.

El aparato ideológico escolar tampoco puede detenerse, porque es en este donde se reproducen las relaciones de producción que mantienen al sistema, y al no poder detener esta interpelación de sujetos, incluso durante una pandemia cuyas cifras mortíferas son síntoma del capital (explicado aquí brevemente con base en lo argumentado por Pavón-Cuéllar), tienen que recurrir a aquella flexibilidad que la “serpiente” psicológica (Han, 2014) y digital tiene en sus movimientos para escabullirse en los espacios que parecen imposibles. Somos ahora nuestro propio panóptico, desde la comodidad de nuestra casa, ya no necesitamos que el docente esté frente a nosotros. Nos autosometemos con nuestra sensación de libertad y control de nuestras emociones en el confinamiento.

Quizá el lector pueda concluir: “¿Entonces es mejor asistir a clases presenciales?” Probablemente, pero esto no quiere decir que ese regreso a la presencialidad vaya a eliminar el problema. Tal vez desaparezca parcialmente la digitalización y lo que esta conlleva en el control de la vida, sin embargo, la psicologización, la psicopolítica, la interpelación ideológica sigue y seguirá ahí si no existe una organización entre nosotros, docentes y estudiantes comprometidos(as), ético-políticos(as) y subversivos(as), que cuestione y critique lo que se dice y se hace en nuestras aulas a través del dispositivo psicologizador. Si queremos que las cosas cambien, podríamos pues, empezar por la crítica a ese dispositivo que todo lo psicologiza a su paso que, tal como Foucault lo explicaba, criticar sería “interrogar la verdad” psicologizadora, “desconfiando” de ella, “limitarla”, “escapar de esas artes” (Foucault, 1978/2018) que de la psicologización emanan, y que a su vez, esto podría conducirnos al derrocamiento de lo que hoy se esconde detrás de la pantalla y en la red, aquello que sostiene a la psicología y su psicopolítica enmascarada de digitalización.

Referencias

  • Braunstein, N. (1980). El sujeto en el psicoanálisis, el materialismo histórico y la lingüística. En Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (hacia Lacan). México: Siglo XXI.
  • De Vos, J. (2019). La digitalización. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.
  • Foucault, M. (2018). ¿Qué es la crítica? Conferencia dictada en la Sociedad Francesa de Filosofía, Universidad de la Sorbona, 27 de mayo de 1978. En ¿Qué es la crítica? Seguido de la cultura de sí. Argentina: Siglo XXI.
  • Han, B. C. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Marx, K. y Engels, F. (2004). Manifiesto Comunista. Madrid: Akal. (Original publicado en 1848. “Manifiesto del Partido Comunista”).
  • Pavón-Cuéllar, D. (2019). Prólogo. La psico-política de Jan De Vos ante nuestra psicologización en el capitalismo. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.

Marx y Freud en nuestras aulas: una ausencia intencionada

Esta ocasión, más que enfocarme en aportes teóricos, en propuestas críticas para la contribución a la temática del blog basadas en autores y autoras importantes, quiero cuestionar y problematizar una situación que se da en nuestras aulas de psicología, al menos en lo que respecta al campus de mi universidad, que ha caracterizado nuestra formación como psicólogos y psicólogas: la ausencia intencionada de Marx y Freud en nuestras aulas, en nuestro programa educativo; en nuestra psicología.

Muchos compañeros y compañeras, docentes o administrativos podrán objetar lo antes mencionado; argumentarán que un retorno a Marx y a Freud (si es que ya han estado en su terreno) no es necesario, y que por el contrario, debemos “actualizarnos”, “modernizarnos” en las “nuevas” prácticas en psicología; incluso los habrá quienes argumentan conocer a Marx y a Freud, pero hasta ahí, no se profundiza en ninguno de los dos, incluso ni se mencionan en clase, y si con suerte llegan a mencionarse, forman parte de “líneas del tiempo”, de distorsiones y abstracciones teóricas sin sentido, de suposiciones ideológicas y argumentos sin fundamento. Claramente no está del todo perdido este retorno a Marx y Freud; hay quienes lo han hecho, no siempre de manera explícita, pero sí a través del discurso contrahegemónico de algunos compañeros(as) y docentes, y a través de espacios de diálogo que pueden apuntar a una “nueva psicología”.

Así entonces, trataré de dirigir este breve escrito hacia dos caminos: el rechazo hacia Marx y Freud en nuestras aulas de psicología, por una parte; en el otro sentido, el necesario retorno a Marx y Freud que tendríamos que comenzar como estudiantes.

El rechazo hacia Marx y Freud en nuestra psicología: distorsiones, ausencia e ignorancia

Karl Marx (1818-1883) | Sigmund Freud (1856-1939)

Tanto Marx como Freud, contemporáneos en algún momento de su vida, cambiaron la forma de ver el mundo; fueron dos revolucionarios teóricos que llegaron para repensarse lo que se daba por sentado (y a la fecha). Para bien o para mal, distorsionados o no, todos conocemos a Marx y a Freud, hemos oído hablar de ellos, los vemos tal vez en textos, en cualquier disciplina de ciencias sociales son nombrados (a veces solo fugazmente). Sin embargo, en nuestra psicología, que es la que nos importa ahora en este escrito, ¿cuándo se han tomado en serio los aportes de Marx y de Freud? o una pregunta mejor planteada, ¿cuándo hemos revisado lo que Marx y Freud plantearon?

En primera instancia, y a quien se relaciona más en psicología, Freud ha sido rechazado y distorsionado en nuestra psicología (y no solo en mi universidad). Rechazado por la complejidad de sus argumentos, de su revolución teórica, por su “falta de cientificidad”, es decir, por no tener un fundamento científico en lo que él planteaba. Tachado de “pseudocientífico”, el psicoanálisis freudiano ni siquiera es revisado a fondo en nuestra psicología, el gremio psicológico supuestamente científico, y en general, muestran una resistencia, pero no una resistencia analítica, sino una resistencia ideológica (Althusser, citando palabras de Freud)1. Esto es claro, el psicoanálisis representa una amenaza a lo establecido, a la forma en que se hacían las cosas en la época en la supuesta ciencia psicológica, y hoy en día, la amenaza es dirigida hacia la comprensión misma del sujeto, de la supuesta autonomía que la psicología clásica y actual engendró en una sociedad burguesa.

El rechazo a Freud se tornó menos explícito debido a la gran distribución de su obra por medio de diferentes autores que se mantenían en cercanía con él, o veían la necesidad de un retorno a sus postulados (como Reich o Lacan). Sin embargo, esto no significa que el rechazo por parte de la psicología “científica” desapareció. Al contrario, este rechazo tomó formas más sofisticadas epistemológicamente hablando. En vez de rechazar a Freud y sus postulados, la psicología trató de absorber (y vaya que lo logró parcialmente) al psicoanálisis, psicologizándolo, robándose sus conceptos: la psicología del yo, el psicoanálisis infantil o del desarrollo, entre otros2. De esta forma, un psicoanálisis psicologizado (o como Althusser llama, un intento de digerir el psicoanálisis desde la psicología)3, un psicoanálisis distorsionado, perdía total capacidad subversiva, perdía todos los elementos que hacían que el sujeto se cuestionara a sí mismo, su constitución como tal; en términos psicologizados (a propósito), su “individualidad”.

Su distorsión continúa hoy presente en nuestras aulas. Escuchamos por los pasillos a psicólogos y psicólogas que dicen interesarse por Freud, que dicen entenderlo; utilizan conceptos como “inconsciente” y “consciente”, frases como “hacer consciente lo inconsciente”, sin siquiera dar cuenta de cada uno de estos conceptos. Piensan el psicoanálisis desde la psicología. Freud está presente y ausente a la vez: presente en el discurso psicologizado, ausente en la práctica subversiva, crítica y verdaderamente científica. Se piensa que revisar la primera y segunda tópica en dos clases establecidas es suficiente; el psicoanálisis es tratado como una simple “teoría de la personalidad”, una “simple teoría” de la “salud y enfermedad mental”. Los psicólogos piensan que saben de psicoanálisis porque lo piensan desde sus marcos teóricos-ideológicos pretendidamente científicos. El psicoanálisis que se nos da en las aulas es un psicoanálisis yoico, que ignora sus represiones, sus determinaciones superyóicas.

En segunda instancia, pero no menos que Freud, lo que Marx vino a hacer tanto en las ciencias sociales como en la propia filosofía claramente fue un golpe de realidad a la sociedad capitalista en turno (en ese entonces, la industrial). Marx, después de sus escritos de juventud aún con una postura idealista hegeliana (dominante en Alemania) pero con tendencias materialistas4, revolucionó la forma en que se vería el mundo real. Ya no se partirían de concepciones idealistas (como sucede en la psicología), ahora se partiría de las condiciones reales de existencia, de la vida misma; ya no habría especulación, sino una verdadera objetividad. El modo de producción real, es decir, de producción para poder vivir, determina el quehacer de los sujetos. Así, un adelantado a la época y a la misma psicología de hoy, Marx y Engels argumentaban que no es la conciencia la que determina la vida (como la psicología supone), sino que es la vida real la que determina la conciencia5. Las producciones mentales serían solo un reflejo ideológico, un reflejo “invertido” de lo real. De esta forma, el sustento ideológico del que parte la psicología y su la supuesta autonomía que le ofrece al individuo, terminan siendo nada a la luz de lo real.

De igual forma, Marx pudo vislumbrar que en los modos de producción (lo real) siempre había una parte que se quería imponer a la otra, es decir, dos clases. Esto mismo confirmado por él en la sociedad del modo de producción capitalista y sus análisis del feudalismo; en el actual modo de producción capitalista: burgueses y proletarios. La sociedad burguesa controla los medios de producción y la fuerza productiva, las ganancias solo se concentran en unos cuantos mientras que el trabajo de los proletarios es remunerado con un mísero salario. En este sentido, sin entrar a detalles en una crítica al capitalismo, se propone una concepción objetiva de la vida, una concepción materialista de las formaciones sociales: las sociedades se forman a partir de sus condiciones reales para vivir, esto es, su modo de producción. Esta concepción, denominada materialismo histórico (Marx no utilizó este término), llevó entonces a una amplia difusión para el análisis de la sociedad: autores como Engels, Plejanov, Lenin, Althusser extendieron el desarrollo teórico (entre otros). Quedo ahora bastante, pero exageradamente, corto para la explicación de la propuesta marxista.

Con todo esto ¿qué tiene que ver la psicología con Marx? El problema reside en que la psicología, nuestra psicología ha ignorado sus aportes totalmente. Aquí ni siquiera hay una presencia-ausencia, simplemente no existe Marx para la psicología de nuestros días (aparentemente no existe), para la positivista, para la adaptadora y alienante psicología. En vez de tomar en cuenta a Marx para la explicación de nuestra historia, se ignora completamente. Esto lo vemos en las supuestas clases de “historia” que se nos dan en la psicología: en vez de interesarnos por cómo saquearon América con fines de mercado en la época colonial, en vez de explicarnos las consecuencias de la sociedad capitalista neoliberal o interesarnos por la lucha de clases que hoy en día vivimos (como la COVID-19 ha dejado entrever actualmente), muy contrario a todo eso, la psicología se limita a contar lo que a su conveniencia es “mejor”. En caso de que no fuera “conveniencia” y fuera simplemente ignorancia, esta ignorancia no hace más que contribuir a que el capitalismo se siga perpetuando: en escuelas, en el trabajo, en la familia, en la sociedad misma.

La psicología sin Marx es simplemente una ciencia de las apariencias, de lo ideológico. El único acercamiento que se tiene por parte de nuestra psicología con Marx, en su ignorancia, es la distorsión de lo que él proponía. Los psicólogos y psicólogas (docentes y estudiantes) que ni un acercamiento por documental han tenido a Marx, difunden la misma propaganda burguesa en contra de un comunismo que es subversivo, revolucionario; esto es, y me atrevo a decirlo, porque sin capitalismo, ¿qué sería de la psicología?

Ya he mencionado anteriormente y en repetidas ocasiones, a partir de la propuesta de Braunstein y Althusser (seguidores de Freud, Lacan y Marx), que la psicología forma un Aparato Ideológico de Estado por sí misma. Nuestra psicología nos dota de ciertos ejes temáticos que deben ser revisados constantemente en clases, son reforzados constantemente, vistos una y otra vez sin cesar. Partimos de un idealismo platónico, un dualismo cartesiano, una “subjetividad” reducida a su comportamiento “objetivo”, observable y cuantificable, un individualismo con potencialidades, y para aparentar ser “más científicos”, una neurologización de la subjetividad. Claro, tenemos en cuenta de vez en cuando los “contextos” que la psicología determina en sus intervenciones de forma a priori: la familia, la escuela, el trabajo, lo “comunitario”. Nunca lo político y económico, nunca lo inconsciente o el aparato psíquico, nunca lo ideológico.

Este encierro en los ejes temáticos impuestos por la psicología no cumplen más que la función de serle leal al capitalismo y al “Yo” que desarrolló y reforzó la psicología como encargo del capital. Se tiene que asegurar un adoctrinamiento, la fuerza de trabajo adaptada, regulada, controlada; descartar aquellos quienes no funcionan en el entramado postindustrial; todo esto mediante pruebas psicométricas pretendidamente científicas. Nuestra psicología actúa como camisa de fuerza, que nos limita a un espacio cerrado de movimiento (sus temas y su campo de acción). Se trata de despolitizarnos, de “desrealizarnos”, de ser un psicólogo o psicóloga más. Se nos repite en las aulas (y vaya que en demasía), la premisa de que “cambiar el sistema” es IMPOSIBLE. Claro, esto es una cómoda postura para ellos y ellas, aquellos que les es más fácil recibir estímulos por cumplir con lo establecido, aquellos a los que les es más fácil subordinarse a lo que un dictamen establezca.

Comentarios finales: el retorno a Marx y a Freud

Me gustaría finalizar diciendo: no todo está perdido. Sí, tenemos mucho trabajo por realizar, mucho por leer y mucho por hacer si de verdad apostamos por una sociedad sin desigualdades. Si bien, la psicología ha absorbido al psicoanálisis e ignorado al marxismo, estos dos no necesitan de “la psicología”. Estos se han encontrado en diferentes ocasiones para formar un frente versus la psicología hegemónica, han creado y actualizado constantemente su propia psicología, una concreta y material, una verdaderamente científica no supeditada al capitalismo. Los aportes existen, solo que jamás nos los han presentado: Vygotsky (sólo vemos la ZDP), Politzer (¿y quién es?), Luria (¿no era el dios de los neuropsi?), Kornílov (¿?); todos estos forman parte de una “psicología marxista”. Más recientemente, Althusser y su retorno a Marx y su crítica de la psicología; Braunstein y su postura althusseriana; Parker, psicoanalista y marxista; Pavón-Cuéllar y su articulación del marxismo con el psicoanálisis lacaniano, entre otros tantos no menos importantes.

Necesitamos del psicoanálisis y del marxismo; necesitamos leer y releer a Freud y a Marx, tal como lo hizo Lacan con Freud, o Althusser con Marx (ambos críticos de la psicología). Ahora, no solo necesitamos de estas dos posturas para un frente teórico político comprometido, sino que también los necesitamos para cuestionar nuestra propia constitución como sujetos, es decir, cuestionar lo que nos ha hecho sujetos (en el doble sentido: sujetados y subjetivados). El compromiso de la psicología, si es que aún podemos hablar de ella como tal, no debe ser con un sistema económico encargado de violentar simbólicamente, debe ser, por el contrario, con la sociedad misma, y desarrollar un papel ético-político comprometido.

No por ser estudiantes no debamos acercarnos al lado “oscuro” como a mí me gusta llamarle. Pero es necesario que aceptemos, como estudiantes, que no será fácil comprender(se) a través de estos textos como la literatura psicológica ha ofrecido sus lecturas de forma fácil con lenguaje simplista e infantil para asegurar la reproducción ideológica. Es un camino complejo, un camino que hará poner en duda lo que somos y lo que la realidad ha sido hasta ahora.

Referencias

1 Louis Althusser, “The place of Psychoanalysis in the Human Sciences”, en Psychoanalysis and the Human Sciences (Nueva York: Columbia University, 2016), 1–44.

2 Ibíd. pp. 20-22

3 Louis Althusser, “Psychoanalysis and Psychology”, en Psychoanalysis and the Human Sciences (Nueva York: Columbia University, 2016), 45–87. (pp. 65-70)

4 Louis Althusser, “Sobre el joven Marx”, en La revolución teórica de Marx (México: Siglo XXI, 1967), 39–70.

5 Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 41–101.





La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal

El capitalismo posfordista-neoliberal se ha apoyado directamente en la psicología para cumplir sus fines: desde los ideológicos hasta el aumento de la producción (in)material para el consumo excesivo con la finalidad de generar plusvalía. Pero cabe hacernos unas cuantas preguntas: ¿cómo logran sus fines, mediante la psicología, los capitalistas neoliberales? ¿por qué ha sido [el capitalismo neoliberal] el sistema imperante por aproximadamente medio siglo? ¿en dónde reside su eficacia para mantenerse como sistema dominante? Hablamos de una psicologización del capitalismo, una psicologización del ejercicio del poder; el capitalismo recurre a toda la estructura teórica de la psicología para perpetuarse en la sociedad; recurre a todo su arsenal técnico para someter, sin que se den cuenta, a los sujetos.

Esta ocasión intentaré reseñar y reflexionar acerca de la propuesta de la nueva técnica de poder por excelencia del capitalismo neoliberal. Esta “nueva técnica”, propuesta por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, nos puede interesar a quienes criticamos abiertamente a la psicología y su estrecha-perversa relación con el capitalismo. Si bien la crítica de Han es relativamente amplia, nosotros solo abordaremos la parte medular de su obra: ¿qué es la psicopolítica y qué implicaciones tiene? (si el lector desea profundizar, véase: Han, 2014). Me apoyaré muy brevemente en la propuesta de Jan De Vos acerca de la psicologización, ya revisada anteriormente: Homo psychologicus: la psicologización del todo.

Antes de entrar a detalle en lo que respecta a la psicopolítica, cabe mencionar que Han viene a dar un giro a la propuesta foucaultiana acerca del control y vigilancia de los cuerpos y la vida en general (la biopolítica) durante el capitalismo industrial (antes del neoliberal), no obstante, el análisis foucaultiano no debe descartarse en ningún momento; en este sentido, Foucault y la biopolítica deben ser abordados más a detalle y por separado.

Psicologización del poder: Poder Inteligente

Byung-Chul Han; filósofo surcoreano

Hace poco dedicábamos una publicación a la obra del psicólogo Jan De Vos en donde se enfatizaba el papel de la psicologización en el capitalismo y sus respectivas implicaciones, creando así un homo psychologicus (De Vos, 2019). Todo hoy en día lo vemos a través del lente de la psicología, de su corpus teórico (ibíd.), todo es reducido psicológicamente. ¿Por qué será que todo es psicologizado y qué función cumple la psicologización? Al habar de la psicologización, necesariamente es dar cuenta que existe un proceso de subjetivación bajo la lógica de la psicología: su obsesivo individualismo, el enfoque en las emociones y cogniciones, las motivaciones, la superación personal, el emprendimiento, la (supuesta) libertad del sujeto (resulta paradójico: ser sujeto y libre al mismo tiempo), la autorrealización, entre muchos otros conceptos que se expanden en todas las corrientes psicológicas y que llegan a lugares jamás antes esperados. En resumen, se nos enseña a mirarnos de forma psicológica, pero, ¿quién se esconde en ese “se”? ¿quiénes nos enseñan? Partiendo de estas preguntas, podemos contestar la que aparece renglones atrás.

Si antes del capitalismo neoliberal, en el capitalismo industrial y su biopolítica y el panoptismo, lo que se sometía y vigilaba era la fuerza física de trabajo y que además se imponían restricciones corporales para tener todo “bajo control”: un poder disciplinario, explícito, en el que se “niega la libertad” (Han, 2014, p.27), hoy esa técnica de poder sobre lo físico se ve “desgastada” y “rebasada” y por lo tanto el capitalismo neoliberal debe recurrir a nuevas técnicas de poder para lograr una sumisión total de los sujetos; hacerles creer que son autónomos, independientes, y libres.

El capitalismo neoliberal ejerce un ‘poder inteligente’ (Han, 2014; título del segundo capítulo), capaz de hacerlo pasar desapercibido entre las personas. A diferencia del poder que coarta la libertad con acciones explícitas, el del capitalismo fordista-industrial, el que se ejerce en el neoliberal es bastante silencioso; al respecto Han afirma (ibíd.): “El poder está precisamente allí donde no es tematizado. Cuanto mayor es el poder, más silenciosamente actúa” (p.27). Este poder no se opone a la libertad, como sucedería en el anterior, hace uso de ella, es más permisivo y positivo (ibíd; p. 28). Para complementar los siguientes aportes de Han, este afirma:

“La técnica de poder propia del neoliberalismo adquiere una forma sutil, flexible, inteligente, y escapa a toda visibilidad. El sujeto sometido no es siquiera consciente de su sometimiento. El entramado de dominación le queda totalmente oculto. De ahí que se presuma libre”. (ibíd.; p.28)

Ya no hay una constricción de la libertad, al contrario, se aumenta, no con la finalidad de que los sujetos sean libres realmente, sino que este aumento de libertad sirve justamente para producir más, para seguir alimentando el capital, para generar plusvalía. De ahí que entonces las empresas o cualquier institución contraten psicólogos y psicólogas o hasta coaches (que ya no habría prácticamente diferencia con los primeros en esta forma de subjetivación), ya sea en el área de “Recursos Humanos” (y vaya que la misma acepción tiene un efecto casi deshumanizador: ¿un recurso?) o cursos de motivación en el trabajo, para que les den a sus trabajadores las “herramientas inmateriales necesarias” para ser más productivos. El meollo de todo este asunto es subjetivar a las personas para que crean que realmente trabajan para sí mismos y su desarrollo personal dentro de su trabajo, para ellos como proyecto o empresarios de sí, en el que las necesidades del capital sean percibidas como propias (Han, 2014). Al respecto, Han nos aclara:

“Radicalmente más eficiente es la técnica de poder que cuida de que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación. Quiere activar, motivar, optimizar y no obstaculizar o someter. Su particular eficiencia se debe a que no actúa a través de la prohibición y la sustracción sino de complacer y colmar. […] El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige esa voluntad a su favor. Es más afirmativo que negador, más seductor que represor. Se esfuerza en generar emociones positivas y en explotarlas. Seduce en lugar de prohibir. No se enfrenta al sujeto, le da facilidades”. (ibíd.; 28-29)

No es raro entonces que el mismo Žižek (2020) cuestione cuando se delegan ciertas tareas a equipos de trabajo especializados y sus jefes o los gerentes les hacen creer que tienen movilidad en todo y que sus decisiones son altamente importantes. Claro, ganando el mismo salario de siempre bajo el entramado de la explotación y la extracción del plusvalor.

Volvamos momentáneamente a la cuestión de la función de la psicologización y sobre quiénes nos psicologizan. Nos encontramos entonces con un ejercicio de poder psicologizado, es decir, una nueva forma neoliberal de sometimiento; ya no es necesario controlarnos físicamente, sino más bien, es necesario recurrir al entramado psicológico, a los “psi”, para poder asegurar un buen sometimiento. Lo que hacen los psi, comúnmente (por no decir que siempre) es educar a los sujetos para que se vean a través de la psicología (De Vos, 2019), esto no es por mera decisión de los psi (porque la psicología es un aparato ideológico, recordando a Braunstein, 1975), sino que es por mero encargo del capitalismo neoliberal: los psi motivarán, dirigirán la atención de manera excesiva a las emociones, harán que el sujeto se sienta libre, que puede ser agente de sí mismo en su trabajo, harán que se sientan individuales, que los demás no importan y tienen que competir contra los otros. Esto es, un ejercicio de poder que no se percibe. De Landázuri (2017) complementa: “Un poder es realmente efectivo cuando menos se nota su presencia […] En cambio, cuando en una sociedad se asumen ciertos comportamientos y hábitos hay un poder que opera sin fuerza y que no es cuestionado por nadie”. Esto es claro, ¿cómo se va a cuestionar algo si me están enseñando a que todo lo que hago es por mí y solo para mí? Uno aprende ciertos hábitos propios de la praxis psicológica: uno se autorregula, se autoexplota, ya no es necesario la presencia física del patrón o de los jefes de área, uno tiene la supuesta posibilidad de ‘poder hacer’ todo lo que uno quiera, sin límites, uno se vuelve panóptico de sí mismo (Han, 2014)

En este sentido, bajo la noción del ‘poder inteligente’, y nosotros agregamos: un ‘poder inteligente y psicologizado’, se constituye el concepto de la psicopolítica (De Landázuri, 2017). Ya no existe un sometimiento en demasía hacia y contra el cuerpo, sino que se recurre al sometimiento de la psique de forma silenciosa, para poder enajenarnos y seguir siendo sirvientes de la clase dominante, del neoliberalismo; el poder inteligente lee y evalúa nuestros pensamientos conscientes e inconscientes, (Han, 2014, p. 30). Incluso ya no se habla de un “sujeto” que significaría “estar sometido”, ya es una persona emocional con vivencias (ibíd.; 116).

En este punto, después de pasar por el poder inteligente-psicologizado, quiénes ordenan la psicologización y el devenir homo psychologicus proyecto de sí mismo, llegamos a la definición que Han (2014) propone para la psicopolítica: “La psicopolítica neoliberal es la técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y control psicológicos” (p.117). Pavón-Cuéllar (2017) complementa de forma magistral:

“El poder sobre el individuo neoliberal estribaría, pues, en el poder mismo del individuo neoliberal. Su empoderamiento lo sojuzgaría. Su esclavitud radicaría en su libertad. Es así, precisamente, como procedería la psicopolítica: no desde el exterior del individuo, sino en su propio interior, a través de sus necesidades, intereses, deseos, inclinaciones y todo lo demás de lo que se ocupa la psicología” (p. 602) (Cursivas mías)

Comentarios finales

Nos acercamos pues al concepto de la psicopolítica, pero más que a su concepto, a su ejercicio en nuestra sociedad capitalista neoliberal. Así como el capitalismo ha mutado, se adapta a nuevas circunstancias, así lo hacen sus técnicas y sus secuaces como la psicología. Ya no rige la biopolítica (al menos es lo que nos propone Han); reina la psicología, y no porque esta sea una ciencia per se o porque realmente tenga buenos aportes para nuestra sociedad (o más bien, sí los tiene), sino porque sirve de técnica: dota de herramientas al capitalismo para seguir controlando de manera eficiente. La psique se convierte en fuerza productiva de capital. Hoy el capital tiene a su disposición todos los medios posibles de producción.

La propuesta de Byung-Chul Han no solamente es limitada a explicar el concepto y la aplicación de la psicopolítica; va más allá y nos dirige hacía una digitalización de los sujetos (tal y como De Vos lo explicó más a detalle cinco años después que Han), hacia un panóptico digital en el que el Big Data es primo-hermano de la psicología para controlarnos, para manejar la psique, para que el sistema pueda mantenerse como hasta ahora. Dejaremos estas propuestas para que sean abordadas en un futuro no tan lejano, dado que la importancia de la digitalización de los sujetos nos está llevando cada vez más a una indiferencia de lo que sucede “allá afuera”.

Por último, Han en sus páginas finales, apuesta por una des-psicologización de la vida para una verdadera libertad (una des-ideologización, agregaríamos nosotros). Cerraría con sus palabras:

“El arte de la vida como praxis de la libertad tiene que adoptar la forma de una des-psicologización. Desarma la psicopolítica como medio de sometimiento. Se des-psicologiza y vacía al sujeto a fin de que quede libre para esa forma de vida que todavía no tiene nombre”. (Han, 2014, p.117)

Referencias

  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo XXI.
  • De Landázuri, M. (2017). De la biopolítica a la psicopolítica en el pensamiento social de Byung-Chul Han. Athenea Digital, 17(1), 187-203.
  • De Vos, J. (2019). La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso.
  • Han, B. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Subjetividad y psicología en el capitalismo neoliberal. Psicología Política, 17(40), 589-607.
  • Žižek, S. (2020). Pandemia. La covid-19 estremece al mundo. Barcelona: Anagrama.