Cuestionar el regreso a clases hoy: ¿control psicopolítico-digitalizado de la vida?

Después de casi seis meses de que la suspensión de clases se hiciera efectiva aquí en México debido a la pandemia del SARS-CoV-2, nos encontramos de nuevo con el anhelado “regreso a clases”. Sin embargo, este regreso a clases no será igual que en años anteriores: hoy nos sujetaremos a las condiciones en las que la pandemia permite ese retorno a la escuela: transmisión de clases por televisión abierta para educación básica y clases en plataformas educativas para niveles superiores, con mayor flexibilidad, rapidez, alcance y eficiencia. Pero, deberíamos plantearnos el cuestionar lo que posiblemente subyace en este ansiado regreso digital a clases y todas sus “bondades”: cuestionarnos lo que va más allá de solo la educación en tiempos de pandemia.

La escuela, no olvidemos la propuesta althusseriana (que reiteradamente menciono en este espacio), funge como aparato ideológico, y por ende, esta no se limita a la mera transmisión de conocimientos, al seguimiento de una planeación escrita y entregada a las autoridades escolares, sino que deviene en reproducción de la ideología, del sistema capitalista y sus relaciones de producción dentro y fuera de las aulas, ese famoso “curriculum oculto” y perverso. Pero, ¿cómo hará el capitalismo neoliberal para asegurar esas relaciones, mediante la escuela, ahora que nos encontramos en la “comodidad” de nuestros hogares? ¿Será que el capitalismo no penetrará más allá de las aulas y tomaremos un breve descanso de su voracidad? Si esto no fuese así ¿a qué tendría que recurrir el sistema para no perder su dominancia ante la crisis producida solo por este? En esta ocasión, las propuestas del filósofo Byung Chul-Han y el psicólogo crítico Jan De Vos podrían encaminarnos a responder las preguntas anteriores.

Anteriormente había dedicado un espacio breve a estos dos autores (La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal y Homo psychologicus: la psicologización del todo), sin embargo, la publicación dedicada a tratar parcialmente el fenómeno de la psicologización adelantaba que desarrollaría el tema de la digitalización, también argumentado por Jan De Vos. Podríamos, pues, intentar articular ambos aportes críticos para reflexionar sobre este retorno a nuestras “aulas” y esta aparente “libertad” que los dispositivos y herramientas tecnológicas aparentan ofrecer.

Digitalización y Psicopolítica: la relación perfecta

Hoy las clases toman un nuevo rumbo: docentes y estudiantes nos encontramos frente a la digitalización de la educación. Nuestra presencia física se ve sustituida por un correo electrónico, por un pseudónimo, por la intensidad de nuestra red de internet en casa, por el dispositivo inteligente y su cámara que nos hace estar presentes en las “clases”. Hoy ya no solo somos aquel homo psychologicus interpelado por las teorías psicológicas y todo el corpus de la psicología que nos pone al servicio (in)directo del capitalismo; aquel que nos decía con vehemencia: “¡Tú eres resiliente, capaz, autogestor, libre, autónomo!” “¡No necesitas a los otros, solo a ti mismo y a nadie más!” Nuestro devenir sujetos se torna distinto, en una nueva “modalidad”, esa que nos interpela a “ser” nosotros desde la comodidad y “libertad” de nuestras casas en nuestros dispositivos tecnológicos.

Ya no hablamos solamente de una psicologización, sino que se incluye en esta interpelación la digitalización de la vida, aquella interpelación para ser sujetos digitales (De Vos, 2019), un homo digitalus, una subjetividad inmaterial (¿qué hay detrás de esa inmaterialidad? ¿idealismo actualizado? debate abierto para el lector). El propio De Vos (2019) adelantaba esta vicisitud en la misma escuela (mucho antes de que la COVID-19 fuera el tema de cada día): la presencia que entonces era material, en la que decíamos “presente” cada que mencionaban nuestro nombre en el aula, hoy se ve sustituida por otras formas digitales. Al respecto menciona:

“Pero en la actualidad, la presencia escolar vuelve a ser algo muy sencillo: puede ser simplemente comprobada electrónicamente […] entrar a la clase, encender su laptop […] son diferentes formas de comprobar su presencia, mientras se comprueban otras múltiples cosas también“. (ibíd.; 154) (Cursivas mías)

La digitalización en la escuela, como la explica De Vos (2019), quedaría simplificada a dos términos: a una presencia (inmaterial, virtual, digitalizada, verificada electrónicamente) y la pantalla (donde el mundo está “presente”). Al respecto y antes de continuar, me gustaría hacer un breve paréntesis para recordar a Lacan y el estadio del espejo. Esta digitalización del sujeto, quizá podríamos compararla con aquel estadio en donde el sujeto es interpelado por el Otro al verse a través del espejo y por todo lo que no puede ver en él, lo que hay detrás de este (Braunstein, 1980): el mundo está presente y ausente a la vez en el sujeto. El sujeto se percibe a sí mismo, crea su yo “autónomo” gracias a la imagen que el espejo le devuelve y al reconocimiento del Otro. La pantalla, por su parte, le devuelve una imagen digitalizada al sujeto que se reconoce a través de ella, se ve a sí mismo como completo, como un “yo” digitalizado, sin darse cuenta de que en esa imagen existen “otras múltiples cosas”. El Otro y lo demás (¿capitalismo? ¿psicologización?), aquellos que se encuentran del otro lado de nuestra pantalla y lo que no alcanzamos a ver en el entorno digital, serán encargados de comprobar/interpelar esas “múltiples cosas” (quizá) de las que De Vos habla y que profundizaremos en esto más adelante.

La digitalización de los sujetos, de la educación misma, a su vez se convierte también en una disciplinarización de la vida (De Vos, 2019), pero no tan coercitiva, una disciplinarización “light” si así lo quisiéramos ver. Hoy, docentes y estudiantes, tenemos que encender nuestra cámara web para que se compruebe nuestra presencia inmaterial; tenemos que utilizar correos institucionales para que se compruebe nuestro ser, de lo contrario, no somos nosotros; las plataformas virtuales como Classroom o Moodle (por mencionar solo dos), se convirtieron en el nuevo panóptico, en el panóptico digital, en las que se programa el tiempo específico para hacer tareas y otras actividades. A diario llegan a nuestros correos notificaciones de nuevos deberes por cumplir. El diálogo y el debate ya no existen, ya no se puede hablar tanto por el límite de tiempo en las sesiones y los temas verdaderamente relevantes y preocupantes quedan excluidos; los docentes saben todos nuestros movimientos en la red y sus jefes saben todo de ellos: la hora en que subieron un documento, si entregaron o no un pendiente, si están conectados o no en alguna sesión virtual. Ya tampoco es una biopolítica, más bien, es una digi-política (De Vos, 2019). Antes utilizábamos el internet para buscar a través (de manera superficial) de él lo que necesitábamos para la escuela, hoy, por el contrario, nosotros somos el internet (ibíd.). Ahora somos un apéndice, parafraseando a Marx y Engels (1848/2004), de nuestra laptop o celular, de la red misma, funcionando como esclavos pasivos de lo que no aparece en nuestra pantalla.

Si bien es cierto que hoy nos encontramos frente al imperio digital, los significantes de los “psi”, o de la psicología, no desaparecerán en ningún momento (sin hablar a detalle de que la estructura del entorno digital también está psicologizado) (De Vos, 2019). Este retorno constante a la psicologización, la obsesiva necesidad por querer psicologizarlo todo, no es mera casualidad, como ya lo argumentaba Han (2014). Esa psicopolítica debe seguir siendo aplicada en todo momento para asegurar las relaciones de producción. El capitalismo neoliberal no puede descansar, ni siquiera la pandemia puede ser motivo para detenerlo. La psicopolítica debe aplicarse y aparecer siempre, sí o sí, en el entorno digital.

En el panóptico digital, se reproducirían los discursos psi, esos que nos alentarían tanto a docentes y estudiantes a estar “motivados”, a ser “autogestores” de nuestro “propio” aprendizaje, a ser “resilientes” frente a la situación de la pandemia, a estar pendientes de las propias tareas a realizar. Lo digital favorecería toda esa optimización que necesita la psique (Han, 2014) para rendir adecuadamente, convirtiéndola así en fuerza productiva. Las frases motivadoras e individualizadoras en Facebook, las imágenes alentadoras llenas de resiliencia que publican las universidades, los discursos de “autoaprendizaje” y “autogestión” en las clases en línea, conducen a un autosometimiento. De ahí que no percibamos la coerción disciplinaria que mencionábamos anteriormente: todo parece agradable. La psicopolítica vuelve todo más fácil y agradable, siendo esta maximizada por el entorno digital: teniendo inteligencia emocional y emociones positivas (Han, 2014) publicadas y enseñadas en cualquier página de Facebook, plataforma educativa o en la misma clase virtual, rendiremos más (¿para quiénes?) y nos sentiremos en “libertad”, sin presión alguna: “al fin y al cabo, no estoy en el salón de clases, no pasa nada, soy libre”. Desde el entorno digital, somos víctimas de la psicopolítica, de la psicologización ejercida que quizá sea el punto central de todo el asunto, como lo explica Pavón-Cuéllar (2019) en el prólogo de la obra de De Vos:

“[…] debemos empezar por convertirnos en impulsos, motivaciones, afectos, emociones, pensamientos, cogniciones, actitudes, rasgos de personalidad, respuestas a estímulos […] La crítica de los actuales giros neurológico y digital no puede llegar demasiado lejos ni tampoco profundizar lo suficiente, por lo tanto, si no se atreve a remontar hasta el dispositivo psicologizador con el que se produce lo que se neurologiza y se digitaliza. La psicologización es aquí el meollo de todo el asunto. El corazón del homo psychologicus es el que late dentro de los pechos del homo neurologicus y del homo digitalus“. (p. 23)

Esta psicopolítica, esta psicologización, siempre está ahí, en el seno de la digitalización, hoy digitalización escolar. La interpelación ideológica de la que Althusser nos hablaba en el aparato ideológico escolar, es hoy una interpelación a distancia, a domicilio, sutil y digital. Esta digitalización se precipitó y agudizó por la pandemia, y con ello, se maximizó la psicologización. En este sentido, nos digitalizamos y se refuerza lo que ya estaba psicologizado en nosotros. Somos homo psychologicus y digitalus a la vez, tal como lo necesita el sistema.

“Si la digitalización posibilita ciertas formas extremas y extremadamente sutiles de sujeción, dominación, manipulación, enajenación, explotación, mercantilización y financierización, es también porque se vale de la misma psicología que nos ha ido constituyendo internamente y que hoy regresa desde el exterior bajo una forma digital […] Ya somos lo dominado por la psicología que ahora simplemente reviste la forma digital de los dispositivos electrónicos, de los sistemas computacionales y de todos los demás artilugios informáticos”. (Pavón-Cuéllar, 2019a, p.27).

Comentarios finales: el retorno a la psicologización

La digitalización, al igual que las vicisitudes del capitalismo, es solo una mutación de la psicologización. El capitalismo neoliberal conserva mayoritariamente las formas y procedimientos de su antecesor industrializado, aunque de formas actualizadas y “menos” evidentes. Lo mismo sucede con la digitalización: la interpelación que sucede en el entorno digital mantiene siempre elementos de la psicologización, como lo argumentaba De Vos y Pavón-Cuéllar. La psicopolítica es un efecto inherente al proceso de devenir sujetos digitales. Lo emocional y el management de sí mismo (Han, 2014), nos hacen sentir libres frente a la crisis actual que el mismo sistema no desea perder y que por eso no existe un descanso real ni de nosotros, ni del mundo. Eso que provocó la crisis y resiste a ella, el capitalismo, es tal vez lo que se esconde detrás de la pantalla, detrás de la imagen que nos devuelve la pantalla o el espejo lacaniano.

El aparato ideológico escolar tampoco puede detenerse, porque es en este donde se reproducen las relaciones de producción que mantienen al sistema, y al no poder detener esta interpelación de sujetos, incluso durante una pandemia cuyas cifras mortíferas son síntoma del capital (explicado aquí brevemente con base en lo argumentado por Pavón-Cuéllar), tienen que recurrir a aquella flexibilidad que la “serpiente” psicológica (Han, 2014) y digital tiene en sus movimientos para escabullirse en los espacios que parecen imposibles. Somos ahora nuestro propio panóptico, desde la comodidad de nuestra casa, ya no necesitamos que el docente esté frente a nosotros. Nos autosometemos con nuestra sensación de libertad y control de nuestras emociones en el confinamiento.

Quizá el lector pueda concluir: “¿Entonces es mejor asistir a clases presenciales?” Probablemente, pero esto no quiere decir que ese regreso a la presencialidad vaya a eliminar el problema. Tal vez desaparezca parcialmente la digitalización y lo que esta conlleva en el control de la vida, sin embargo, la psicologización, la psicopolítica, la interpelación ideológica sigue y seguirá ahí si no existe una organización entre nosotros, docentes y estudiantes comprometidos(as), ético-políticos(as) y subversivos(as), que cuestione y critique lo que se dice y se hace en nuestras aulas a través del dispositivo psicologizador. Si queremos que las cosas cambien, podríamos pues, empezar por la crítica a ese dispositivo que todo lo psicologiza a su paso que, tal como Foucault lo explicaba, criticar sería “interrogar la verdad” psicologizadora, “desconfiando” de ella, “limitarla”, “escapar de esas artes” (Foucault, 1978/2018) que de la psicologización emanan, y que a su vez, esto podría conducirnos al derrocamiento de lo que hoy se esconde detrás de la pantalla y en la red, aquello que sostiene a la psicología y su psicopolítica enmascarada de digitalización.

Referencias

  • Braunstein, N. (1980). El sujeto en el psicoanálisis, el materialismo histórico y la lingüística. En Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (hacia Lacan). México: Siglo XXI.
  • De Vos, J. (2019). La digitalización. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.
  • Foucault, M. (2018). ¿Qué es la crítica? Conferencia dictada en la Sociedad Francesa de Filosofía, Universidad de la Sorbona, 27 de mayo de 1978. En ¿Qué es la crítica? Seguido de la cultura de sí. Argentina: Siglo XXI.
  • Han, B. C. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Marx, K. y Engels, F. (2004). Manifiesto Comunista. Madrid: Akal. (Original publicado en 1848. “Manifiesto del Partido Comunista”).
  • Pavón-Cuéllar, D. (2019). Prólogo. La psico-política de Jan De Vos ante nuestra psicologización en el capitalismo. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.