¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiante?

Presentación del libro independiente “Versus la Psicología. Contra la psicología hegemónica, ideológica y capitalista: un aporte estudiantil” transmitida por Facebook en la página “Versus la Psicología

Influencias teóricas y primeras sospechas

Las siguientes palabras que expondré las preparé a fin de intentar vislumbrar lo que me motivó a escribir el libro que hoy se está presentando. Quien esté escuchando podrá percatarse que recurro una y otra vez a los mismos autores que han plasmado sus aportaciones teóricas en diversas obras y podrá resultar tautológico en ocasiones, sin embargo, me parece pertinente retomarlos. De este modo, el oyente podrá notar que constantemente regreso a las ideas de autores como Karl Marx, Louis Althusser, Néstor Braunstein, David Pavón-Cuéllar, Ian Parker, Jan De Vos, entre otros no menos importantes. Ellos y sus respectivas aportaciones, específicamente desde el marxismo, forman parte fundamental del argumento, no solo del libro, sino de mis opiniones y afirmaciones en general y de mi postura hacia la psicología, lo que naturalmente implica que habrá bastantes coincidencias con sus aportes. Podría atreverme a decir que estas palabras complementarían una de las conferencias dictadas por el Dr. David Pavón, en la habla acerca de por qué relacionarnos críticamente con la psicología.

Mucho antes de que se me ocurriera hacer un libro, siempre tuve la inquietud de por qué nos enseñaban lo que nos enseñaban en nuestras aulas de psicología: ¿por qué ver más corrientes humanistas que psicoanálisis freudiano o lacaniano? ¿por qué interesarnos más por psicología organizacional, educativa o clínica en vez de psicología social? ¿Por qué la necesidad de insertarnos “adecuadamente” al mercado laboral en función de la rama de psicología a la que nos dediquemos? (de ahí que se diga constantemente en nuestras clases que la psicología organizacional es la que “deja” [monetariamente hablando]) ¿Por qué ver más sobre coeficiente intelectual, trastornos psicológicos y sus clasificaciones? ¿Por qué siempre adoptar el papel “intervencionista” en prácticas profesionales? ¿Por qué tratar siempre esas “intervenciones” como formas de adaptación a la “normalidad”?

Mis porqués no cesaban conforme los semestres avanzaban y la carrera se me hacía más pesada, todo parecía apuntar siempre hacia una homogeneización en el saber y quehacer en psicología, y no porque la psicología carezca de diversidad en su saber, de hecho tiene mucho de dónde escoger y precisamente en esa heterogeneidad teórica-práctica, es decir, en todas las especialidades que ofrece (clínica, neuropsicología, organizacional, social y educativa), siempre existe de manera subyacente, una homogeneización no necesariamente teórica, pero sí ideológica. Esta homogeneización era fácil identificarla, me atrevo a decir que era hasta intuitiva porque todo análisis que se hacía en clase o cualquier reflexión recaía en el sujeto, en la psique, en la construcción de la realidad, en la aparente neutralidad, en la adaptación a la norma.

A finales de 2017 o principios de 2018, mi buen amigo Fernando que hoy me está presentando, me pasó un artículo escrito en 2012 por el Dr. David Pavón-Cuéllar[1] quien imparte clases en la universidad Michoacana; ya había leído de él algunos textos en una clase con el Dr. Daniel Reyes sin mayor detenimiento en sus reflexiones y propuestas críticas: quizá por falta de tiempo o resistencia ideológica como suele suceder hacia el psicoanálisis.

Su artículo presentaba una crítica vehemente y provocadora hacia la psicología: ese carácter ideológico del que siempre hubo sospecha y que se presentaba en esa heterogeneidad del saber psicológico que se imparte en nuestras aulas ahora podía nombrarse: la psicología es un cómplice del capitalismo[2]. En efecto: la psicología, en esa homogeneización de sus teorías y prácticas, existe una reproducción de la ideología capitalista: sistema imperante desde hace unos buenos años atrás.

La psicología como aparato ideológico: un retorno breve a Althusser

Para poder contextualizar acerca de esta ideologización, es decir, esta reproducción de la ideología, es necesario recurrir a la propuesta de Althusser y los aparatos ideológicos que se encuentran al servicio del capitalismo. La escuela es un aparato ideológico y por lo tanto, la escuela o la universidad se encarga de que se reproduzcan las relaciones existentes en el capitalismo a través de la reproducción ideológica: somos sujetos interpelados por la ideología dentro de nuestros salones[3]: unos adquieren habilidades para ser los dominadores, otros los dominados, otros terminan siendo profesionistas de la ideología[4].

Ojo aquí, a modo de paréntesis: no confundamos el término “ideología” con las concepciones que los psicólogos tienden a utilizar: “un sistema de ideas y creencias” que emanan desde la persona o desde su consciencia, por su propia voluntad, eso sería utilizar una versión ideologizada de la ideología. La ideología, por el contrario, es nuestra relación imaginaria con las condiciones reales de existencia. Para no dejar esto tan acortado, bien Foucault nos explica que en la educación se reproducen ciertos discursos, pero limita otros[5]. La pregunta que compete hacer es ¿Cuál discurso se maximiza en psicología más allá del que puede reproducir su propio campo teórico?

Esta ideología del capitalismo se reproduce en la bibliografía revisada, en las teorías que tienen mayor frecuencia, en los lapsus de olvido al no incluir otras teorías, en el discurso docente y universitario. Ahora las preguntas formuladas al principio de mi intervención comienzan a encontrar una respuesta crítica. Antes de continuar, muy probablemente se puedan cuestionar quienes estén presenciando y escuchando estas palabras: ¿Qué tiene de malo “proteger” al capitalismo? ¿Qué de malo tiene la ideología capitalista? Naturalmente no voy a realizar una exposición del sistema dominante, pero sí acercarnos a unas críticas puntales, aunque sean bastante laxas.

Capitalismo: sistema caótico y deshumanizador

El problema con el capitalismo es que este modo de producción ha dejado ver su carácter voraz y represor en el tiempo: ¿Qué de bueno existe en la explotación de la fuerza de trabajo para que unos cuantos sean beneficiados con el plusvalor? ¿Qué de bueno existe en los productos de consumo cuando estos son producidos (valga la redundancia) a costa de la explotación de ecosistemas que hoy peligran? Solo por poner dos ejemplos rápidos sin mayor detalle.

Los defensores de este sistema caótico podrán argumentar que gracias a este sistema tenemos lo que tenemos: tecnología, ciencia, rascacielos, carros; que gracias a este sistema se es libre y autónomo. Pero bien lo refutaban Marx y Engels hace 172 años en el Manifiesto[6]: estas independencias y libertades son solo independencias y libertades capitalistas: recurriendo al chiste como suele hacer Žižek (malogrado por mí y que lo pueden encontrar en memes): se encuentra un home-worker a punto de terminar un informe de trabajo y al terminar su jornada laboral dice: “qué feliz me siento al recibir mi pago quincenal y trabajar desde mi casa cuando yo quiera bajo mis tiempos, me siento totalmente libre”… inmediatamente le llega un mensaje de su compañera a su WhatsApp en donde le recuerda que debe entregar el reporte de ventas a su jefe inmediato, al de finanzas, a la secretaria general y al gerente.

Por otro lado, justamente en ese “tener”, del que hablábamos, se constituye el carácter perverso del capitalismo. Siempre hay que “tener” más y más, nunca será suficiente lo que se tiene. Siempre se tiene que producir más productos de consumo, más carros, más casas, más capital, incluso, más artículos académicos, más títulos, más constancias de congresos, más certificaciones. Siempre se piensa en términos cuantitativos en el capitalismo. Importa más la cantidad de la ganancia de un producto, la cantidad de diplomas, de certificados.

Lo perverso es que todo en esta vida se convierte en una mera mercancía, ciertamente no para satisfacer nuestras necesidades, sino que todas estas cosas pueden intercambiarse cuantitativamente buscando siempre el plusvalor en este intercambio; retomando la cuestión académica para ejemplificar un poco mejor lo anterior: los diplomas, títulos, constancias, años de experiencia previa se intercambian por puestos o promociones en el trabajo que sabemos que nos dejarán más en un futuro, y así nuevamente tendremos más diplomas, premios, más invitaciones a congresos, más ingresos que podremos reinvertir en más certificaciones: es esto a lo que el Dr. Pavón-Cuéllar hace referencia con el “capitalismo académico”; por poner otro ejemplo más perverso en la academia capitalista: hoy a los alumnos al momento de titularnos nos miden cuantitativamente para que las instancias evaluadoras (como el CENEVAL-EGEL) puedan establecer en conjunto con otras instancias federales esa aparente calidad de tal o cual carrera. El capitalismo, en su omnipresencia antepone la cantidad frente a la calidad de la vida.

O como bien analizaría Marx[7], hoy todo contiene valor de cambio (también explicado por Pavón-Cuéllar en su blog*). Se pierde todo lo cualitativo, toda cualidad humana. Incluso en el momento que escribí estas palabras, automáticamente pensaba en cuántas podía escribir para poder predecir cuánto tiempo iba a tardarme en exponerlas. ¿No somos entonces todos, en cierto sentido, capitalistas? Hoy, si queremos contextualizar más, la crisis por la que estamos pasando desde principios de año, nos deja ver que esa obsesiva necesidad de tener y tener más, de tener más lugares por explotar, de tener más objetos de consumo, nos ha llevado a un caos total, un caos sanitario que deja entrever lo realmente caótico que es el capitalismo.

Capitalismo: patrón de la psicología

A todo esto, podemos plantearnos algunas interrogantes: ¿Qué psicólogos y psicólogas se están formando y con qué funciones bajo la sombra del capitalismo? Seguida de ¿qué se le tiene que reprochar a la psicología en el entramado capitalista o por qué criticarla? ¿a qué se refiere Pavón-Cuéllar con el adjetivo “cómplice” que asigna a la psicología en este sistema[8]? Para ponernos en contexto, es necesario primero pensar tan solo en los objetos de estudio de la psicología: el alma, la mente, la consciencia, el comportamiento. Incluso, para poder acercarme todavía más a donde quiero llegar, podemos tomar a modo de préstamo la definición de psicología que Pavón-Cuéllar hace de la disciplina: “un supuesto saber de la psique, el alma, la mente o el comportamiento como objetos delimitados y relativamente diferenciados del mundo y del cuerpo”[9].

Aquí lo interesante, no es tanto lo que la psicología pretende estudiar como bien nos haría reflexionar la definición crítica de la psicología propuesta por Pavón-Cuéllar, o sea, la crítica no solo apunta, y tampoco nos detendremos en esto, hacia su estatuto científico, sino que más bien, esos objetos que además de ser cuestionables en el ámbito científico, se encuentran “diferenciados” del mundo. Quizá de ahí que Klaus Holzkamp, otro crítico de la psicología considere que a la psicología le falta “mundo” [10] o carezca de este, o que también le critique su “reducción individualista”[11]. Todos estos objetos se ubican en el sujeto, en su cabeza. Es como lo que Marx y Engels criticaban: ese partir idealista del cielo hacia la tierra.

Esta “diferenciación del mundo” lo explica Braunstein[12] cuando argumenta que la psicología ofrece ese espacio ideológico perfecto para representarnos a sí mismos, una fantasía de autonomía, de independencia, de hacer creer que existe un “yo autónomo” borrando totalmente lo que está “afuera”, de lo que aparentemente se está “diferenciado”, olvidando las condiciones reales de existencia. Los psicólogos son ahora los nuevos autores de la mistificación ideológica, o sea los nuevos profesionistas de la ideología, aquellos que prometen libertad e independencia a través del “tratamiento de la conciencia”, del chantaje y la demagogia[13]. Así también nos recuerda Holzkamp que de este modo la sociedad burguesa siempre llega hasta los espacios “más íntimos”[14].

La ideologización que necesita realizar el capitalismo para asegurar su dominio tiene que ser forzosamente integrada en prácticas materiales como sucedería en cualquier otro aparato ideológico. En este caso, si la psicología es un aparato ideológico, como lo afirmaría Braunstein[15] y esta tiene sus propias prácticas, la ideología se materializa en la psicología a través de la psicologización. Hoy en día todo es psicologizable, incluso lo que no se puede psicologizar. Es como si la psicología ejerciera un efecto imperialista al abarcar lo que aparenta ser inabarcable por ella. Hoy todo lo vemos bajo el corpus teórico de la psicología, como bien lo señala Jan De Vos[16], psicólogo crítico en Bélgica. Hoy nuestros lentes para ver la realidad están graduados por la psicología.

Psicologización en el capitalismo

Hoy somos reducidos a emociones, a cogniciones, a trastornos, a percepciones, a resultados de pruebas psicométricas. Hoy tenemos que ser resilientes con “x” cantidad de estrategias de afrontamiento para superar cualquier duelo incluyendo los económicos, los políticos y los sociales. Somos reducidos a nuestro coeficiente intelectual y las habilidades que los test de inteligencia estandarizados bajo la norma estadística dicen que tenemos y si no nos ajustamos a esa norma o no tenemos esas habilidades, seremos interpelados por la biblia de los trastornos: el manual de la asociación americana de psiquiatría: ese que nos dirá qué trastorno somos en este momento y seremos canalizados a cierto tratamiento quirúrgico de la subjetividad.

Desde antes de nacer estamos siendo psicologizados: esperan de nosotros que seamos “alegres”, “con carácter fuerte” o “inteligentes”. Hoy cada vez es más fácil escuchar a una persona que dice que se siente “ansioso”, “estresado”, “bipolar”, “depresivo”. Incluso en nuestras redes sociales, todo se reduce a reacciones emocionales: un me gusta, un “me enoja”, un “me importa”, un “me entristece”, un “me encanta”. Hoy, como nos menciona Pavón-Cuéllar, es más fácil identificar los rasgos psicológicos o de personalidad de un gobernante o de un criminal[17]; no hay lugar en donde no existe algo psicológico. Parafraseando un poco a Jan De Vos[18]: la psicología nos dice lo que somos y debemos ser bajo sus teorías y sus conceptos, bajo su saber, bajo sus Verdades (con mayúscula). Esta psicologización, que es una ideologización en el aparato de la psicología, cumple funciones específicas en el capitalismo como lo ha explicado el filósofo Byung-Chul Han[19].

En la “psicopolítica” propuesta por Han, nos convertimos en un homo psychologicus, unos sujetos de la psicología: no solo para comprendernos o reducirnos a la psicología, sino que tenemos que psicologizarnos para funcionar en el entramado capitalista. Hoy la psique se convierte en fuerza productiva, hoy el capitalismo prefiere la explotación inmaterial[20].

Hoy el capitalismo ya no necesita recurrir todo el tiempo a la explotación física, es más factible y eficaz recurrir a las técnicas psicológicas y a todo su corpus teórico para explotar el interior del sujeto para que pueda autosometerse pero a la vez que ese autosometimiento no se sienta tan coercitivo o que simplemente no se sienta, más bien debe permitirle al sujeto sentirse libre, sentirse sujeto autónomo, hacerlo sentir que tiene movilidad en lo que hace. O como ejemplifica Žižek[21]: hoy los magnates les “otorgan” independencia y libertad a los equipos especializados de trabajo para que estos se sientan jefes autónomos de lo que se hace dentro de una empresa, les dan oportunidad de elección y hasta cierto punto, son determinantes en las decisiones importantes del rumbo de las empresas, pero eso sí, bajo el mismo salario de siempre.

La psicopolítica también explota lo positivo, hoy vivimos en la sociedad positiva como explica también Han, en donde no hay espacio para la negatividad[22]. Hoy lo positivo sirve para rendir más, para ver lo que no puede ser positivo lo más optimistas posible. De ahí entonces que contraten psicólogos en la industria o en cualquier otro lugar como consultores, consejeros o motivadores para aumentar el proceso de producción o la adaptación a lo que el sistema demande en ese momento.

O como bien diría Erich Fromm, así como se aceitan las máquinas, los psicólogos “aceitan” también a las personas con lemas agradables, con comprensión empática y estrategias de afrontamiento frente a su malestar[23].

Tanto Néstor Braunstein como Erich Fromm, consideran a la psicología una “técnica”[24] o “instrumento”[25] para el control y la adaptación: para decir qué es normal en el capitalismo, quiénes son los que funcionan y los que no, tratar con todo su arsenal técnico a aquellos que no tienen “buenas emociones”, “buenas estrategias de afrontamiento”, “pensamientos positivos”, para readaptarlos lo más que se pueda. La psicología refina la explotación, la hace más sutil, menos perceptible. El término equivalente de los estragos de la explotación capitalista en la psicologización es “estrés en el trabajo” o “depresión mayor”.

Como psicólogos, ahora se debe eliminar terapéuticamente todo bloqueo mental. Bien nos recuerda Ian Parker: hoy se prefiere el cambio individual que el social[26] porque la psicología está obsesionada con el individuo[27]. Quizá para aclarar un poco más esto, es justo recurrir a la cuestión de cómo ese enfoque en la responsabilidad individual se presenta cada vez más, solo por poner un ejemplo, en las campañas “eco-friendly”: nos enseñan a usar a las personas más productos ecológicos o mejorar nuestros hábitos haciéndonos creer que lo que hagamos en casa va a funcionar: quizá en cierta medida, no lo voy a negar, pero se dejan de lado aspectos, o más bien, estas acciones e imperativos individuales ocultan cuestiones de otro orden, o más bien, ocultan el orden mismo, parafraseando a Žižek[28]. El mismo ejemplo aplica para la situación crítica de hoy: en la pandemia que vivimos actualmente, se escuchan discursos de cambiar los hábitos propios para mejorar todo lo demás, y por lo tanto, estos discursos hacen que se oculten e invisibilicen cosas más importantes como el sistema que desató la pandemia. De ahí que Pavón-Cuéllar ubique a la pandemia como síntoma del capitalismo.

La premisa de ser animales políticos (zoon politikon), es decir, entes que vivimos en sociedad, como argumenta Marx[29], se borra a la luz de las teorías y técnicas psicológicas. La psicología con su psicologización conduce a una despolitización, a un desinterés de las condiciones reales de existencia, de lo realmente importante, un desinterés a las condiciones de opresión que hoy existen, condiciones que nos han constituido como sujetos. A modo de paréntesis para finalizar este argumento, además para evitar cualquier reduccionismo, el propio Marx argumenta que las circunstancias nos han hecho en la medida en que nosotros hacemos también a las circunstancias[30].

Por otro lado, no es raro entonces que la psicología critique a la psicología crítica cuando la primera le reprocha a la segunda que esta quiere hacer todo “político” como bien señala Parker: ¿no es acaso ya esta despolitización, esta psicologización, una forma política en sí?[31] La psicología a pesar de su renuente obsesión con su neutralidad es política y deja entrever siempre en sus prácticas a las que denominan éticas esa complicidad con el sistema y sus ideas. Recordemos que las ideas de la clase dominante, los capitalistas, son las ideas dominantes[32], reproducidas en los diversos aparatos ideológicos: la producción de las instancias intelectuales, de la academia, se subordina a esas ideas burguesas.[33]

Comentarios finales: servilismo, crítica y transformación

Ya para concluir, hago énfasis en la pregunta formulada a modo de título para esta exposición: ¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiantes? Hoy hace falta una psicología crítica, no porque nos fuéramos a dedicar a ella como si fuese una especializante ofertada o una corriente teórica específica. Más bien, necesitamos tener una postura crítica hacia nuestra psicología como nos ha explicado en diferentes ocasiones el Dr. Pavón-Cuéllar: por su estrecha relación con el capitalismo y sus relaciones de dominación, por su carácter ideológico y su desbordante psicologización, por perpetuar que el capitalismo siga ganando terreno no solo en la psique sino en la misma sociedad.

Naturalmente podrán objetar algunos y algunas: pero tú eres o estás a punto de ser psicólogo, ¡¿cómo estás criticando a lo que te dedicarás?!, ¡esta carrera tiene mucho que ofrecer y mucho por hacer!. Precisamente es por eso mismo por lo que la critico: no la critico porque no sirva para algo, más bien, la psicología sirve para todo hoy en día y justamente no quiero caer en ese servilismo tan perverso, tan injusto para la mayoría, un servilismo que trata de humanizar lo inhumano como el mundo de las mercancías; no quiero ser “profesionista de la ideología” capitalista.

Pero ojo, no se puede combatir a la psicología desde fuera de ella: hay que conocer sus reglas, sus discursos, sus intenciones, sus determinaciones. Recuerdo bien una frase de Bauman, pero mejor lo cito textualmente: “No existe otra manera de alcanzar la liberación más que someterse a la sociedad y seguir sus normas. La libertad no puede obtenerse en contra de la sociedad”[34]; o como bien se nos quedó grabado a algunos en la clase del Dr. Daniel y en palabras de Fernando: hay que combatir a la Matrix desde la Matrix. O parafraseando al Dr. Pavón-Cuéllar[35], si queremos ser críticos de la psicología tendríamos pues, que lidiar con la psicologización. El mismo libro que estoy presentando fue publicado en una de las empresas más capitalistas de todas, su dueño, Jeff Bezos es el hombre más rico del mundo. Quizá habrá que someternos pero ser conscientes de que lo estamos haciendo; habrá que someternos hipócritamente para luchar desde dentro.

Otros podrán objetar: pero no estás haciendo nada. Probablemente no, pero quizá una postura crítica sea un primer paso a la transformación de nuestra psicología, o el olvido de esta para dar paso a nuevas posibilidades de conocimiento de nuestra realidad y de los mismos sujetos, incluso desde nuestra trinchera estudiantil pero apuntando hacia una trinchera que no esté obsesionada con el individuo, con el “yo”. Y probablemente estas críticas que se le hacen y le hacemos a la psicología se encaminen también a esa transformación no solo de la disciplina, sino también del mundo y las condiciones actuales.

Con esto terminaría la charla. Agradezco a todos y todas los que pudieron conectarse a la transmisión.

31 de octubre de 2020

Luis Pablo López Ríos

Referencias


[1] David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Teoría y Crítica de la Psicología 209, núm. 2 (2012): 202–9.

[2] Ibíd.

[3] Louis Althusser, “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”, en La filosofía como arma de la revolución (México: Siglo XXI, 1974), 102–51.

[4] Ibíd., p. 126

[5] Michel Foucault, El orden del discurso (México: Tusquets Editores, 2016).

[6] Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (Madrid: Akal, 2004).

[7] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014).

*David Pavón-Cuéllar, “Generalización, cuantificación, objetivación: del sujeto del comunismo y del psicoanálisis al todohombre del capitalismo y del paratodeo psicológico”.https://davidpavoncuellar.wordpress.com/2019/07/22/paratodeo/

[8] David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Op. Cit.

[9] David Pavón-Cuéllar, Marxism and Psychoanalysis. In or against psychology? (Nueva York: Routledge, 2017).

[10] David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. (México: Itaca, 2019).

[11] Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985)”, Teoría y crítica de la psicología 8 (2016): 293–302.

[12] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”, en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975).

[13] Louis Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Op. Cit., p. 126

[14] Klaus Holzkamp, Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985), Op. Cit., p. 298.

[15] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”, Op. Cit., p. 88; Néstor Braunstein, “Introducción a la lectura de la psicología académica”, en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975), 329–60.

[16] Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes (México: Paradiso Editores, 2019).

[17] David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad, Op. Cit. p. 100.

[18] Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes, Op. Cit., p. 90

[19] Byung Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (Barcelona: Herder, 2014).

[20] Ibíd., pp. 41-42

[21] Slavoj Žižek, Pandemia. La covid-19 estremece al mundo (Barcelona: Anagrama, 2020).

[22] Byung Chul Han, La sociedad de la transparencia (Barcelona: Herder, 2013).

[23] Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea (México: Fondo de Cultura Económica, 1956).

[24] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”. Op. Cit., p. 74

[25] Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Op. Cit., pp. 144-145

[26] Ian Parker, Revolution in psychology. Alienation to Emancipation (Londres: Pluto Press, 2007).

[27] Ian Parker, “Introduction: Marxism, Ideology and Psychology”, Theory & Psychology 9, núm. 3 (1999): 291–93, https://doi.org/10.1177/07399863870092005.

[28] Slavoj Žižek, Pandemia. La covid-19 estremece al mundo. Op. Cit., pp. 93-94

[29] Karl Marx, “Introducción a la crítica de la economía política de 1857”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 121–41.

[30] Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 41–101.

[31] Ian Parker, “Critical Psychology: What It Is and What It Is Not”, Social and Personality Psychology Compass 1, núm. 1 (2007): 1–15, https://doi.org/10.1126/science.37.963.895.

[32] Marx y Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”. Op. Cit., p.71

[33] Marx y Engels, Manifiesto Comunista. Op. Cit., pp. 26-27.

[34] Zygmunt Bauman, Modernidad Líquida (México: Fondo de Cultura Económica, 2003).

[35] Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. Op. Cit., pp. 99-101

https://versuslapsicologia.mx/2020/09/18/un-intento-de-lectura-sintomal-de-la-etica-en-psicologia-parte-i/

El malestar en…¿la cultura?: de Freud a Parker

Tardé en decidir si realizar o no este breve ensayo por la complejidad que conlleva la lectura de Freud y sus postulados, y a su vez, utilizarlos como fundamento de una crítica hacia el modo de producción capitalista en la que se articula cierta ideología dominante y se reproduce una violencia simbólica constante contra los sujetos, eso a lo que le llamamos “cultura”, en la que se superponen ciertas formas de ser y de actuar. No obstante, quiero invitar al lector, específicamente a aquellos que se han interesado o formado en el psicoanálisis y que mantenga un acercamiento con la crítica marxista, de contribuir a las posibles lagunas que tenga en mi discurso.

En esta ocasión trataré de abordar muy “por encima” dos concepciones del “malestar” que reside en nuestra sociedad. Por un lado, la postura freudiana presentada en la obra “El malestar en la cultura”, publicada en 1930 a casi una década antes de la muerte de Freud, cuyo énfasis reside en la constricción y control de los sujetos mediante la represión de los instintos; y por otro lado, la perspectiva parkeriana en donde encontramos una postura marxista-materialista sobre la materialización de este malestar en el sistema capitalista, misma que se articula en una época relativamente reciente, o al menos, sigue vigente (2007). Con base en lo anterior, las dos propuestas antes mencionadas nos servirán en esta ocasión para realizar una articulación que quizá no les parezca a los psicoanalistas más ortodoxos o a los que han caído en la trampa de la psicologización y podrán tachar de ingenua y burda esta propuesta no innovadora (porque autores y autoras ya consolidadas con una gran preparación han articulado el marxismo con el psicoanálisis).

Cabe mencionar, que la segunda parte de este ensayo se relaciona directamente con la publicación anterior en este blog: “DSM, la biblia de los “psi”: de la neurologización-medicalización a la normalización compulsiva”, por lo que se invita al lector revisarla posteriormente (o previamente).

Superyó y malestar: la cultura como síntoma

¿Qué implica el malestar en la cultura? Si bien no haré un análisis de la obra porque rebasaría en demasía el objetivo de este escrito, sí me enfocaré en algunos elementos claves que fundamentan la crítica hacia el modo de producción capitalista actual (en su fase neoliberal). No perdamos de vista que a pesar de que Freud no criticó tan abiertamente al capitalismo de inicios del siglo XX, e incluso llegando a afirmar que no le concernía la crítica hecha por los marxistas (Freud, 2019/1930), sí planteó algunos elementos que nos pueden servir a nosotros, estudiantes, docentes, activistas y demás, para sustentar una crítica amplia. Trataré, como ya anticipé y siguiendo a Freud, muy brevemente el cómo se instituye el malestar en nosotros a nivel social, o en este caso, cultural.

Freud en su texto de 1930 pone énfasis en cómo el principio del placer y esa búsqueda incesante por la felicidad en los sujetos se ve coartada y modificada por el “mundo exterior”, por una instancia social (la cultura) que reprime el instinto, por un “objeto” impuesto al infante, por un “afuera”. En este sentido, la satisfacción del instinto, ahora en vez de “guiarse” exclusivamente por el principio del placer, mismo que imperaba en la etapa más primitiva del sujeto, ahora está a expensas del principio de realidad, que prohíbe o regula esa satisfacción, generando un sufrimiento intenso (Freud, 2019/1930). El sujeto se verá en un sufrimiento constante al no saber cómo lidiar “correctamente” (sublimar) con su necesidad de placer dadas las restricciones culturales, cayendo así en la neurosis porque no logra soportar el grado de frustración que le impone la sociedad (Freud, 2019/1930, p. 85), no sin antes que el sujeto emprenda una lucha “por la vida” mediante tendencias agresivas hacia la propia cultura. ¿Cómo hace la cultura para mitigar esas tendencias? Se pregunta Freud (p.123).

La “cultura” (a partir de aquí le asignaremos comillas, más adelante aclararemos esto) apelará a la misma agresión del sujeto, pero hará que esta sea introyectada: ¿cómo lo logrará? se preguntará el no-psicoanalista. La agresión es dirigida contra el propio “yo”, en forma de superyó asumiendo una conciencia moral; el superyó le generará un “sentimiento de culpabilidad” (concepto clave en la obra, pero que no abordaremos a profundidad aquí) al yo debido a que este (el yo) ha cometido materialmente, o con el simple deseo, la destrucción del “afuera”, similar a lo que sucede en el complejo de Edipo (incluso Freud afirma que el sentimiento de culpabilidad, ocasionado por el superyó, procede del Edipo, es decir, en el parricidio o en su deseo y su constante temor a la pérdida de amor de la autoridad: el padre; 2019/1930, p. 133); un sinónimo de este sentimiento de culpabilidad, podría ser la “angustia social” (ibíd.; p.125). ¿Qué función cumple el superyó en la “cultura”? Freud afirma:

“… la cultura domina la peligrosa inclinación agresiva del individuo debilitando a éste, desarmándolo y haciéndolo vigilar por una instancia alojada en su interior, como una guarnición militar en la ciudad conquistada”. (ibíd; 124).

Antes de continuar con nuestro intento de abordar a Freud, es necesario que nos detengamos en el uso de las comillas en la palabra -cultura-. Usé estas comillas porque a pesar de que Freud no haya entrado en la crítica marxista porque no “le concierne” y que el postulado que se presenta en su obra de 1930 mantiene una relativa autonomía respecto a Marx (y sus seguidores), y en la misma, la cultura es vista como escultora de la subjetividad (Carpintero y Vainer, 2017), sí nos da toda una base para explicar lo que sucede hoy en día en el sistema capitalista; la cultura puede ser únicamente síntoma de este, una parte de la superestructura (para recordar a Althusser y el althusserianismo propiamente) y no un elemento aislado en el análisis. En este sentido, y quizá animándome a “criticar” a Freud, dirigir la atención únicamente a la mera cuestión de la cultura y de la subjetividad, sería caer en una especie de psicologización; las preguntas que deberían formularse los freudianos podrían ser: ¿a qué intereses sirve la cultura? ¿con qué fines se coarta la “agresión” de los sujetos y se subjetivan? Ya Braunstein (1975) con una marcada posición althusseriana nos explicaba la necesaria relación entre el superyó y la ideología dominante, es decir, el proceso de sujetación del individuo para adecuarlo al sistema capitalista (y su cultura).

Ya hemos recorrido muy vagamente algunas ideas que Freud propone, poniendo énfasis en el malestar que la cultura causa en el sujeto, sin embargo, en el párrafo anterior afirmábamos que la cultura solamente es síntoma o constituyente también de un proceso alienante que le serviría al capitalismo. Ahora recorreremos la propuesta de Ian Parker, psicólogo crítico británico, marxista y que ha contribuido ampliamente a la crítica de la psicología; le daremos especial atención (aunque breve) a su obra Revolution in Psychology: Alienation to Emancipation, publicada en 2007 (la versión traducida de esta obra se titula: La psicología como ideología: contra la disciplina, publicada en 2010).

La producción del malestar: y la psicología no para

Ian Parker | Sigmund Freud

Hablábamos pues que la cultura puede ser síntoma del capitalismo, pero, ¿en dónde queda el malestar provocado? o mejor aún, ¿es realmente la “cultura” la que produce el malestar? Como se comentaba anteriormente, no podemos pecar de psicologización y quedarnos únicamente con la idea de Freud; la cultura (junto con su respectivo malestar, del que nos ocupamos esta ocasión) responde a los intereses de la infraestructura, de la base económica, del capitalismo. El malestar entonces es producido en el sistema capitalista (Parker, 2007). De “neurosis” pasamos a “enfermedad o trastorno mental”; del análisis pasamos a la psicología adaptadora.

Como ya hemos anticipado en anteriores publicaciones, no se le hará raro al lector que de nuevo afirmemos que los psicólogos y psicólogas sean cómplices del sistema capitalista. La psicología por sí misma es considerada un aparato ideológico de Estado (Braunstein, 1975), en donde se reproduce cierta ideología de forma materializada a través de sus prácticas (Althusser, 2018). Por su parte, Parker (2007) afirma que la disciplina psicológica forma parte de la organización material del mundo, y las mismas decisiones que los psicólogos toman tienen consecuencias en nuestra forma de actuar y de pensar; es por esto que también es importante tomar seriamente el cómo la disciplina nos limita físicamente (p.94).

Nuevamente nos interesamos por la materialización del malestar, los sistemas de clasificación, especialmente el psiquiátrico (DSM). La psicología y psiquiatría, al servicio de las empresas farmacéuticas, proponen un montón de categorías nuevas en sus sistemas para que los trastornos de cada categoría, puedan ser tratados con algún tipo de medicamento (Parker, 2007). Esto, podemos adelantar, tiene dos implicaciones: por una parte generar mayor plusvalía gracias al malestar creado por los “psi”, lo que en pocas palabras es: mayor ganancia para los del poder económico; y por el otro lado, siguiendo a Braunstein (2013), ser un acto performativo, es decir, definir quién es normal (funcional) y anormal (disfuncional), determinar quiénes sí sirven en la “cultura” (en el sistema capital, mejor dicho), y quiénes no, y además, afectar la forma en que los diagnosticados por ese “malestar” (trastorno) piensan y actúan.

El trastorno, malestar, está supeditado al capitalismo, a la industria farmacéutica en compañía con los psi; el malestar se enmarca dentro de los límites de la psicología, del individuo. Aquí es necesario recordarle al lector que el malestar, el trastorno, la neurosis, desde el punto de vista psicológico-capitalista, es un problema meramente del individuo y nada más; es un problema interno y nada tiene que hacerse más que acudir con sus terapeuta más cercano para que este cumpla la función de devolverlo a la “normalidad”. Deseo cerrar con la siguiente cita de Parker (2007):

“En la cultura psicológica, se incita a todos a sentir que son vulnerables, que están ‘en riesgo’ y que cualquier indicio de infelicidad debe ser una señal de que algo está mal con ellos. En esta sociedad [la capitalista], incluso los momentos de infelicidad que podrían llevarnos a reflexionar sobre lo que está mal en el mundo se convierten en signos de patología que deben borrarse; así se refuerza la alienación en la cultura psicológica y se suprime cualquier conciencia de ella”. (p.111). (Cursivas mías)

Haciendo un breve retorno a Freud, al que no le interesaba la crítica hacia el capitalismo. ¿No nos encontramos en esta cita algo parecido a lo que Freud nos explicaba? Nos hacen sentir vulnerables, es decir con ese “sentimiento de culpabilidad”; la reflexión sobre lo que está mal en el mundo, ¿no se asemejaría con el impulso destructivo hacia el objeto impuesto al infante?; la alienación al sistema capitalista ¿no sería equivalente al sometimiento del yo al superyó para evitar la pérdida del amor? Cabe mencionar que Parker no menciona a Freud en el capítulo en el que nos basamos, y ni siquiera es citado en toda la obra.

Comentarios finales

No cabe duda que Freud sentó algunas bases para la crítica del modo de producción capitalista; ¿no será acaso que Freud sí lo criticaba de manera implícita? no lo sabemos con exactitud, pero al menos tenemos estos esbozos en los cuales diversos psicólogos críticos y psicoanalistas han articulado su crítica. Ian Parker nos acerca justamente aún más hacia esta; en vez de quedarnos con una crítica a la “cultura” únicamente, se nos propone señalar de manera constante que ese “malestar cultural” o neurosis, hoy “trastorno mental” es un síntoma de la organización estructural (económica e ideológica) de la sociedad, y la contribución perversa de la psicología en la alienación del capitalismo, de mantenernos en ese “malestar”.

El lector podrá ver muy limitadas mis opiniones, e incluso recorté mucha información valiosa que Freud y Parker nos ofrecen, sin embargo, se hizo de esta manera para evitar un escrito demasiado extenso, y además, ambos autores pueden tener claras diferencias que serían pertinentes abordar por separado. Se le invita a quien lee este escrito que revise ambas obras.

Referencias

  • Althusser, L. (2018). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Práctica teórica y lucha ideológica. Ciudad de México: Grupo Editorial Tomo.
  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Braunstein, N. (2013). Clasificar en psiquiatría. México: Siglo XXI.
  • Carpintero, E. y Vainer, A. (2017). Psicoanálisis y marxismo: historias y propuestas para el siglo XXI. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Freud, S. (2019). El malestar en la cultura. Madrid: Alianza. 1930.
  • Parker, I. (2007). Material Interests: the Manufacture of Distress. En: I. Parker, Revolution in Psychology: Alienation to Emancipation (pp. 94-111). Inglaterra: Pluto Press.

El obsesivo (e indignante) individualismo de nuestra psicología: de la represión del deseo a la reproducción social ideológica

En el presente escrito trataré de abordar algunos temas que pueden verse articulados en una perspectiva crítica. Por una parte, hablaré de la psicología y su imposición de la supuesta individualidad de los sujetos y su disociación voluntaria (y quizá inconsciente) de las situaciones sociales; a su vez, trataré de reseñar lo que Néstor Braunstein y otros han denunciado desde la práctica y teoría psicoanalítica, sobre esta supuesta individualidad que la psicología contemporánea profesa en sus teorías y las aulas, y la propuesta de explicación sobre la reproducción social a través del psiquismo y el modo de producción capitalista.

El obsesivo e indignante individualismo de la psicología

Se nos repite y se nos enseña de manera constante en nuestras aulas (salvo excepciones) que el “cambio está en uno mismo”, que “el cambio lo inicias tú y tu propia voluntad”, que “hay que evitar el conflicto” olvidándose así de la alteridad (del otro), o dejando lo “social” en segundo término, e incluso borrándolo totalmente. Estas son solo dos de las quizá cientos de premisas que existen en el que la resolución de problemas, la necesidad de cambio (psíquico y social) radica exclusivamente en el “individuo”, en una cuestión “intrasujeto”, volitiva sin importarle el sistema en el que se lleva a cabo el proceso de sujetación (el devenir sujeto), del que hablaremos más adelante.

La psicología que nos han impartido (como ya se había dicho anteriormente en otras publicaciones, capitalista y norteamericana) nos está haciendo creer que poseemos una autonomía total frente a los acontecimientos histórico-culturales, políticos y represivos originados en un modo de producción específico (el capitalismo), que respondemos individualmente a lo que sucede “allá”, “fuera de mí”, como si lo que estuviera fuera de nosotros son solo estímulos a los cuales respondemos como perro pavloviano salivando y desechamos inmediatamente (aparentemente). En este sentido, no existe un interés colectivo por lo que sucede “allá afuera”, mientras “yo” esté “bien”, mientras “yo” tenga salud mental o mientras “yo” tenga pacientes que atender, todo lo demás pasa a segundo o tercer término, e incluso llegándose a borrar toda noción de colectividad e intentando salir de las condiciones constrictoras que existen en esta (González-Rey, 2017). Existen teorías que justifican incesantemente la idea del individualismo y su supuesta capacidad generadora de cambios y adaptación desde lo interno, en las que se exaltan la motivación, la resiliencia, los procesos cognitivos y conductuales como resultado de una interacción química cerebral al reaccionar lo que está “allá afuera”; todas estas características del individuo, hacen que este se recluya en su “propio” mundo, desinteresándose por los lazos que lo atan internamente con la comunidad (Pavón-Cuéllar y Orozco-Guzmán, 2017). Estas teorías, a las cuales no les daremos promoción por obvias razones, constituyen la base para desarrollar y justificar el capitalismo (Flores-Osorio, 2017), interiorizarlo, hacerlo propio, hacerlo pasar como un sistema justo y normal. El desinterés de lo social permite que el capitalismo haga de las suyas, siga con su lógica extractivista, violente los espacios de las personas, permite mantener dóciles a las personas sin cohesión social para evitar los conflictos. La lógica individualista permite no entrar en conflicto con las cosas injustas, ¿por qué? porque eso no “me afecta”, “no me está pasando a mí”.

Esto anterior se pone en relieve en nuestras aulas cuando con sus sistemas de evaluación, enaltecen la competitividad entre nosotros los alumnos, se permea la idea de “destruir” al otro con la calificación y el discurso, no debe importar las condiciones de aprendizaje que el otro pueda poseer o sus condiciones sociales, mientras sea “yo” quien pase el curso, mientras sea “yo” el que sepa más, en lugar de compartir los saberes generados, de construir un espacio de apoyo entre todos y todas. Forman en nosotros un psicólogo(a) ególatra, desinteresado, individual. Si esto sucede en nuestras aulas durante 4 o 5 años, ¿qué podemos esperar egresando de la universidad? Seguiremos reproduciendo esa lógica individual con lo acontecido en nuestro país, en el mundo, no nos interesaremos por los verdaderos problemas estructurales en nuestra sociedad, por las injusticias sociales y económicas. Parker (1999) argumenta con firmeza que la psicología está inmersa en la sociedad de clases, y es reclutada para el servicio del poder económico; a su vez, afirma (ibíd; 292; Pavón-Cuéllar, 2011) que la psicología produce un individuo escindido (dividido) de su relación con los otros, en su obsesivo individualismo, a través de las teorías en tendencia dentro de la disciplina.

En un clásico, el cual abordaremos de manera parcial y limitada aquí, Braunstein (1975) denunciaba que la psicología académica, la que nos imparten en las universidades, cumple dos funciones fundamentales: como “técnica” de registro, predicción y control de las conductas (llevándolas al plano individual) y como “ideología” que ofrece una ilusión de singularidad, de la autonomía del yo, de la “personalidad” y de la conciencia (p.74).

Psicoanálisis y materialismo histórico: desenmascarando la ilusión de individualidad

En el primer párrafo adelanté que hablaría sobre el proceso de sujetación, el devenir sujeto social, algo que la psicología no se ha dado el tiempo de explicar, de tocar, pero sí ha ignorado deliberadamente en múltiples ocasiones (no en todas, claro está). Este apartado se realiza a partir de lo propuesto por Braunstein (1975), esto es, no una contribución (e incluso se puede tratar de tautológico), pero nos sirve para tratar de entender brevemente cómo se constituye el sujeto tanto psíquicamente como ser social e ideológico, este último en el sentido de pensar que somos “individuales”, “únicos” y “libres”.

El psicoanálisis en conjunto con la ciencia de la historia, el materialismo histórico (teorías y prácticas menos mencionadas en mi universidad, al menos en el plantel; no dudo que esto suceda en otras), revelan el proceso de sujetación por el que los supuestos “individuos” nos hacemos y rehacemos a los demás. Hablaremos un poco y de manera muy breve, laxa acerca de la conformación del aparato psíquico primero.

El psicoanálisis, enfocándonos en el freudiano, nos hace ver que la constitución del aparato psíquico (o de la supuesta “individualidad”) se da sí o sí en el conflicto interno y externo (ya desde ahí existe un conflicto): entre la necesidad de placer, no solo cuando se recibe alimento, sino en la succión del pecho y la prohibición de este junto con sus pulsiones (todo esto proviniendo del Ello), entre la resolución del complejo edípico y la fantasía de castración (no ahondaremos en estas cuestiones esta ocasión; para ver más, consulte Braunstein et al., 1975), en las que se tiene que renunciar y reprimir el deseo de un objeto (la madre) al verse inalcanzable porque le pertenece a alguien más (al padre), y que este “alguien más” (el padre) funge como instancia represora externa, como la “realidad punitiva”, pero a su vez existe la formación psíquica (mayormente inconsciente) de un Superyó. El infante entonces “aprende” que hay leyes, que sus deseos incestuosos deben ser reprimidos y desplazados a otros objetos socialmente aceptables, en el caso contrario, el Superyó se encargará de castigar, mediante extrema angustia, los deseos del niño en el plano psíquico, y la realidad exterior, mediante rechazo y exclusión. Braunstein (1975) explica:

“Se delimita en el sujeto la instancia de las pulsiones sometidas a represión (el Ello con sus representantes pulsionales), la internalización de las pautas restrictivas y de la vigilancia exteriores (el Superyó) y la estructura encargada de arbitrar los medios para proteger al organismo de los peligros a la vez que de facilitar las satisfacciones posibles teniendo en cuenta a las exigencias de la realidad exterior, por lo tanto, manteniendo la represión de los representantes psíquicos de la pulsión (el Yo)“. (p.80)

Con esta laxa explicación de la conformación psíquica, damos cuenta junto con Braunstein que desde el principio no somos autónomos o “individuales”, y que se instaura en nosotros, de manera inconsciente, toda una serie de pautas restrictivas que tenemos que sobrellevar para controlar la vida pulsional, nuestros deseos y redirigir el placer, y todo esto se da en el supuesto “primer núcleo” social: la familia. Nos queda entonces navegar en el plano de lo aceptable, de lo “normal”, con la apariencia de seres autónomos (el comienzo de la neurosis). Por otra parte, Braunstein ofrece una intersección entre el psicoanálisis y su proceso de sujetación psíquico con el materialismo histórico de Marx (tomando en cuenta algunos aportes de Althusser). Del mismo modo, no se hará un análisis fuera del alcance que el blog tiene como objeto.

Se explicaba entonces que se forma en nosotros todo un complejo proceso de sujetación psíquico en el seno familiar, pero ¿esta familia no pertenece a un entramado social? ¿también es autónoma e individual? A esta última pregunta respondemos con un rotundo NO, pero es necesario apoyarse del materialismo histórico (ciencia de la historia y los modos de producción) para explicar el porqué de ese rotundo “NO”. Nuestros papás y mamás también pasaron por ese complejo proceso de sujetación psíquico, pero a su vez, aprendieron que existen roles sociales, que existe una división del trabajo, que existe un lugar para el sujeto cuando nace y ciertas expectativas, que cumplirá cierta función cuando crezca y todo esto gracias a la instancia económica: el capitalismo. Este último se encarga de ideologizar, a través de sus aparatos ideológicos de Estado (“AIE”; ya comentados en una publicación anterior con un poco más de detalle), en los que figuran también la familia, y la psicología (Braunstein, 1975), a los supuestos “individuos” autónomos e individuales (aunque parezca pleonasmo). Estos (los AIE), junto con su ideología dominante, se encargan, mediante un proceso inconsciente (para asegurar su efectividad), de “programar” al sujeto para reproducir el statu quo, una y otra vez, con la finalidad de seguir los requerimientos del sistema capitalista, de generar mediante su fuerza de trabajo, una plusvalía para los más poderosos.

A modo de complemento, (aunque desde la crítica) Deleuze y Guattari (1985) confirman la función de la familia, más allá de un núcleo afectivo-edípico:

“Las familias salvajes forman una praxis, una política, una estrategia de alianzas y de filiaciones; son formalmente los elementos motores de la reproducción social; no tienen nada que ver con un microcosmos expresivo; el padre, la madre, la hermana siempre funcionan en ella como algo más que padre, madre o hermana […] es evidente que el individuo en la familia, incluso de pequeño, carga o catexiza directamente un campo social, histórico, económico y político, irreductible a toda estructura mental no menos que a toda constelación afectiva” (p.173)

En este sentido, el sujeto, ya ideologizado (o como Braunstein llama, “sujeto sujetado”), comienza una práctica discursiva en la que aparenta cierta autonomía, lo se hace ver o parecer como sujeto individual: “yo trabajo solo para mí” (a modo de ejemplo sencillo; no se trabaja para sí solamente, se trabaja para seguir generando plusvalía y mantener al capital y la estructura generada por este, llena de desigualdades), o cualquiera de las premisas mencionadas al inicio de esta publicación. Es conveniente para la estructura económica dominante, que exista pues una creencia de seres individuales no interesados en la colectividad, esto para que la estructura se siga perpetuando; los capitalistas saben que el “cambio no está en uno mismo”, saben de lo que pueden ser capaces una organización social, un levantamiento social en denuncia a las desigualdades impuestas por ellos. Es por esto que les conviene vender la idea, por todas su instancias ideológicas (la universidad, la familia, la religión, etc., etc.) de que somo sujetos singulares y autónomos, para no darnos cuenta de sus perversas acciones ideológicas.

Comentarios finales

La psicología reproduce un obsesivo e indignante individualismo. Obsesivo porque se presenta de manera frecuente, sin medida, sin lógica aparente. Se instaura en las clases, en los libros, en las conferencias, en los manuales, en los psiquiátricos, en las universidades. Se nos enseña a ser competitivos a costa de destruir al otro, de desconocerlo, de negarlo. Indignante porque no nos preocupamos por lo que pueda pasar alrededor de nosotros, porque se perpetúan las injusticias, se propaga la indiferencia y se admite lo no justificable. La psicología funciona como aparato ideológico, asegura las relaciones de producción capitalistas y sus discursos enajenadores. Es un cómplice más del sistema (Pavón-Cuéllar, 2012).

Braunstein, en principio, nos ayuda a ilustrar una articulación inédita que puede dar cuenta del proceso de sujetación ideológico, el cual la psicología ignora cada que puede, y por el contrario, contribuye a la ideologización. El psicoanálisis y el materialismo histórico dan cuenta de los planes perversos de la instancia económica como determinante última de los procesos sociales, a su vez critican a la psicología académica por ofrecer una falsa ilusión de individualidad. Utilizando la cinta de Möbius para explicar todo lo anterior: no puede haber sujetos escindidos de su realidad social; el psicoanálisis y el materialismo histórico pueden dar cuenta, casi a la par en cuanto a objetos de conocimiento, del proceso de sujetación ideológico, y ayudan a mantener una postura crítica ante la psicología individualista.

Referencias

  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Deleuze, G. y Guattari, F. (1985). El Anti Edipo. Capitalismo y Esquizofrenia. Barcelona: Paidós.
  • Flores-Osorio, J.M. (2017). Hegemonía y contra-hegemonía del pensamiento psicosocial latinoamericano. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • González-Rey, F. (2017). Los desafíos de la psicología frente al capitalismo subdesarrollado de América Latina: los déficits para generar una práctica profesional diferente. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Parker, I. (1999). Introduction: Marxism, Ideology and Psychology. Theory and Psychology, Sage Publications, 9(3), 291-293.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2011). La psicología crítica de Ian Parker: análisis de discurso marxismo trotskista y psicoanálisis lacaniano. Teoría y Crítica de la Psicología, 1, 1-42.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2012). Nuestra psicología y su indigante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación. Teoría y Crítica de la Psicología, 2, 202-209.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Capitalismo y psicología en la historia latinoamericana: esbozo de recapitulación histórica para proyectos liberadores anticapitalistas. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Pavón-Cuéllar, D. y Orozco-Guzmán, M (2017). Más allá de la psicología del mestizaje: capitalismo, colonización y singularidad latinoamericana. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.