(Meta)Psicología Crítica

La crítica suele desvanecerse en las aulas de psicología. Pero, ¿no es acaso este desvanecimiento o pulverización de lo crítico-reflexivo producto de su origen?, en otras palabras, ¿no será que el error que cometemos muchos y muchas al criticar a la psicología es, precisamente, que partimos de la misma psicología? Los intentos vagos de crítica a la psicología suelen ser muchos, lo hemos constatado: conductistas “criticando” humanistas, humanistas a los cognitivos, psicoanalistas (psicologizados como bien lo analizó Althusser[1]) a humanistas, sistémicos a psicoanalistas. El potencial crítico se esfuma cuanto más se alegue entre ellos, queriendo imponer cada uno su Verdad; más aún: una Verdad psicologizada, dentro de los límites trazados por la institución psicológica tal como la conocemos desde hace un siglo. Lo que podemos notar es un bucle infinito acrítico en el que se pierde cualquier posibilidad de trascendencia académica y política. La pérdida de posibilidades la podemos notar cuando encontramos intentos de burdo eclecticisimo que, por cierto, no terminan llevando a ningún lado.

Ojo, que el lector/a no se confunda aquí, no ubico a ninguno de esos paradigmas dominantes como salvadores de nuestra psicología, pretendiendo superar ese eclecticismo. La psicología, como institución, ejerce una forma (o varias formas) de gobierno de los sujetos, no solo de los que alguna vez pisamos sus campos de concentración, sino también, de aquellos que son ajenos a la disciplina. No es raro entonces que nos empeñemos en buscar la crítica en otro lado, fuera de su dispositivo para regresar a él con suficientes armas y destruirlo.

Si en este espacio me comprometí con una psicología crítica, más específicamente, con una crítica marxista a la psicología, es porque encuentro en ella lo que no existe en los intentos de crítica al interior de nuestras facultades, de nuestros salones y en nuestras conversaciones con los docentes. Encuentro eso que la enseñanza de Pavón-Cuéllar ha dilucidado en su articulación de Marx y Freud [2], también lo que Marx permite pensar más allá de lo que se nos da en nuestros planes curriculares y la necesaria intervención de Foucault para entender el “arte de no dejarnos gobernar”. Es así pues, que en este texto se retoma lo que ya se podría haber denominado como “meta-psicología crítica”, que ya de por sí puede sonar redundante para quien ya esté familiarizado con los autores mencionados anteriormente.

¿Qué es la crítica?

Esta pregunta a modo de título se la hizo Michel Foucault en una conferencia que dictó en 1978 en la Universidad de la Sorbona, Francia. Lo que aquí nos interesa es, precisamente, su conceptualización de lo que hoy es tan necesario en la psicología para rebasarla “por la derecha”, o sea, por su lado ciego, de tal forma que ni la misma disciplina sepa que está siendo superada. Algo que es revelador, y a modo de paréntesis, de esta conferencia es que se dicta tres años después de la publicación de Vigilar y Castigar, texto en el que se posiciona en un inconfesado marxismo[3], un marxismo que es necesario para la propuesta que aquí nos compete.

La pregunta que nos interesa, al igual que a Foucault, es: ¿qué es la crítica? ¿para qué nos puede servir la crítica? Podemos sostener la tesis que, al igual que la Iglesia cristiana analizada por Foucault[4], la psicología opera de la misma manera en la actualidad: propaga la idea de que “debemos” ser gobernados por ella, por su saber-poder. Pareciera que todas las facultades de psicología obedecieran a una Cosa que escapa de su saber en el sentido que no sabe que es determinado por aquella. En las universidades en donde se imparte psicología, es preciso sujetar a todos los estudiantes a esa homogeneización disfrazada en diversidad teórica [5]. Ante esta homogeneización, esta gubernamentalización en el que las Verdades incluyen efectos de poder y el poder tiene sus verdades, es necesaria una postura crítica.

Al posicionarnos en la crítica, tratamos de escapar de esa forma (o de las diversas formas) que nos gobierna, de esa psicología ejercida en los manuales, en las clases, en el discurso docente-universitario. La crítica, entonces, siguiendo a Foucault, sería el arte de no dejarse gobernar, la inservidumbre voluntaria, sería pues una postura indócil, reflexiva[6]. Paralelamente, encontramos una postura similar en Holzkamp: la crítica se traduciría en nuestra capacidad de acción que permitiría ejercer un mayor control sobre nuestro devenir, en este caso, el devenir estudiantes en las facultades de psicología, y que además, rebasaría las estructuras del poder, de la estructura burguesa de dominación y sus estrechos márgenes con los que la psicología burguesa juega y da una supuesta libertad a los sujetos[7].

La crítica entonces es algo que niega lo que es negado, y que, probablemente, supere a través de esa negación realizada en la reflexividad. La crítica se aleja de lo que es criticado: a través de la crítica se puede lograr una emancipación. Trataremos de profundizar más a continuación

Meta-Psicología Crítica

Es indudable, como intentamos adelantarlo en el primer párrafo, que existen críticas en nuestra psicología. Si se me permite ser más abierto a lo que planteé anteriormente, podría decir que bajo la definición de Foucault y Holzkamp, existen ciertas psicologías críticas (que omitiré nombrarlas por espacio; el interesado/a puede revisar el texto de “Psicología crítica y lucha social: pasado, presente y futuro” del Dr. Pavón-Cuéllar, en el que ofrece una visión panorámica de estas psicologías críticas) que han aportado en demasía a la discusión teórico-práctica en nuestra disciplina y que han posibilitado la apertura a repensar lo que se hace y decimos en psicología. No obstante, podemos atrevernos a decir que estas psicologías críticas suelen estancarse en el bucle psicologizado en el que se erosiona cualquier potencial crítico. Podemos decir también que muchas psicologías pueden ser “críticas”, pero no todas las psicologías críticas son metapsicologías críticas.

Es cierto que partimos de una definición particular de psicología crítica, una definición que revisamos parcialmente en el primer escrito de este espacio. Es preciso detenernos en ella. Pavón-Cuéllar nos escribe: la psicología crítica es “una actitud crítica ante la psicología”[8], una “posición ante ella”, una “forma crítica de relacionarse con ella”[9]. La definición es sintomática, en el buen sentido de la palabra. Lo es porque el autor revela lo que debe de contener una psicología crítica, y es justamente que el “ante” y el “relacionarse” ubican a la psicología crítica fuera de lo mismo psicológico. Es una posición anormal, fuera del discurso psicológico, fuera del alcance de la tecnología psicológica y su control, fuera de las querellas disciplinares que se dan entre psicólogos.

Lo que aquí se propone entonces, es buscar esa crítica fuera de los márgenes de la psicología misma, fuera de las estructuras del poder, fuera de la institucionalización, más allá del statu quo psicológico-burgués. Este “más allá” psicológico, como bien ha sido señalado por Pavón-Cuéllar, se puede encontrar tanto en Marx como en Freud, ese carácter metapsicológico[10]. Antes de limitarnos al primero, es menester mencionar que la tópica freudiana es un claro ejemplo de la crítica que aquí estamos presentando y recordando, es decir, Freud no se limitó a estudiar la consciencia tan desgastada en nuestra psicología mainstream, sino que halló otro camino, más reflexivo, más profundo y menos reduccionista. Al verse rebasados siempre por Freud, a los psicólogos no les queda otra cosa más que psicologizarlo y distorsionarlo, encubrirlo todo con el velo de la fantasía. Es tal el miedo y la resistencia al psicoanálisis freudiano que por eso no se revisa en las aulas, y si se revisa, es una abstracción y erosión descarada de su crítica. El inconsciente está más allá del límite psicológico, pero su crítica, precisamente, radica en ese alejamiento de lo que está ya psicologizado.

Si estamos hablando, al igual que Holzkamp, de que existe una psicología burguesa, no solamente necesitamos de Freud para “rebasar por la derecha” a la psicología. En cierto sentido y paradójicamente, podríamos decir que lo que Freud ofrece es una crítica directa a lo psicológico, una crítica más evidente y quizá por esto, los psicólogos estén más precavidos a la hora de enseñarlo, y por eso es más susceptible a distorsiones. En este sentido, entonces, es preciso recurrir a Marx. Este terreno no ha sido explotado ni se deja explotar por la psicología. En el desconocimiento de Marx radica su debilidad como ciencia.

Cuando recurrimos a Marx, nuestros intentos de abordar y relacionarnos críticamente a la psicología se repolitizan y se llevan más allá de la crítica psicológica, más allá de la psicologización, y lo hace de tal forma que la psicología no se da cuenta que están siendo rebasados por Marx y el marxismo. Esto en dos sentidos: el primero es que se ofrece una reinterpretación y reelaboración de lo psíquico [11] y otro, en que esto psíquico no está cerrado en lo mismo psicológico, es decir, no hay nada de psicología en Marx.

El más allá psicológico de Marx se explica por su intervención desde lo económico-social, desde su postura materialista histórica y dialéctica. En esta intervención se resalta el aspecto fundamental del ser, justo en el momento en que esta metapsicología no se cierra a los sentidos y no hace abstracciones deliberadas [12]. La metapsicología de Marx supera en creces a nuestra psicología en el momento en que dilucida el sistema que lo sostiene todo, incluyendo a la misma disciplina: el capitalismo. Una psicología que no tiene nada qué ofrecer (críticamente hablando) frente a este sistema que lo devora todo a su paso, es únicamente una psicología que atomiza la realidad. No hay crítica sin crítica al capitalismo, o mejor dicho, y parafraseando a Pavón-Cuéllar, no hay psicología crítica sin crítica al capital.

A su vez, puede decirse que la metapsicología de Marx es una crítica en el sentido foucaultiano, dado que escapa a eso psicológico que actualmente nos gobierna a los estudiantes, profesores, clínicos, etcétera, configurados por el sistema capitalista. Es un “escape de esas artes de gobierno”[13]. Es reflexionar en donde no se reflexiona ni un momento. Es no aceptar en donde se acepta todo: lo único que aceptamos es que hay un más allá que explicaría lo psíquico y a la psicología, el capital. Si existe incomodidad entre los psicólogos al darse cuenta de que hay algo que los sostiene, es justamente por eso mismo, porque los sostiene, y una vez en el lado metapsicológico-crítico, no podría haber tal sostén. Es como si esta metapsicología crítica desentrañara los más oscuros secretos que se ocultan en el velo de la psicología, en su espectáculo, en su fetichismo.

Decíamos entonces que hablar de metapsicología crítica es redundante. Lo es porque ambas palabras están fuera del alcance de la psicología. Ambas se oponen a ella de forma tajante. Es así que podemos decir que lo que conocemos como psicología crítica debería ser sin la ausencia de Marx (y de Freud, y quizá de Foucault). Cito la reflexión de donde surge la idea de este escrito:

“En Marx, lo psicológico se esfuma, se desvanece, desaparece. Y desaparece porque se desatiende, porque resulta secundario y parece incluso irrelevante. La psicología suele obviarse y sirve principalmente para ser atravesada [cual fantasía] y permitirnos acceder a la metapsicología[14] (Cursivas mías)

La psicología crítica, desde nuestra perspectiva y desde la de otros marxistas, es algo que desborda lo psicológico [15], es algo que no se deja psicologizar [16] ni gobernar por esas artes. Es una sospecha porque permite preguntarnos por qué algo no está ahí, por qué se encubre, por qué no se deja ver.

Comentarios finales: necesitamos la metapsicología marxiana

Las nuevas generaciones de estudiantes de psicología necesitan dar cuenta de que existe un más allá de las teorías y discursos pronunciados en sus aulas. Necesitan no dejarse cooptar en sus filas psicológicas. Esto por dos cosas: la primera es que ya existen muchos psicólogos mainstream, al servicio del poder, unos que no se dan cuenta que sirven al mismo y otros cínicos que lo siguen haciendo, pero por otro lado, y aquí está lo interesante, al ubicarnos en una metapsicología crítica estaríamos asumiendo un papel político a favor de quienes han sido marginados, a través de la psicología, por el capital, y una vez asumiendo esta postura política, nos apuntamos hacia otro mundo, no solo más allá de lo psicológico, sino, más allá del capital.

Ser metapsicólogos críticos, si se me permite hacer uso de esta denominación, es entonces apostar también por otra psicología, por otra forma de entender la constitución psíquica. Dice Pavón-Cuéllar, cerrando también su artículo: “Este ir más allá es principio fundamental de toda crítica radical en nuestra época”[17]. Es una postura crítica no titubeante ni ambivalente, entre el aquí psicológico y el más allá psicológico, es simplemente más allá de la psicología. Lo cierto es, que las nuevas generaciones de estudiantes de psicología, si deciden elegir este camino, deben saber que no serán bien recibidos en su psicología, en nuestra psicología: serán los anormales, los locos, los “rojos”, los “zurdos”, como peyorativamente se refieren muchos y como suelen proceder los reaccionarios en la psicología. Es un reto que pocas y pocos están dispuestos a asumir. Es más fácil escudarse en la cómoda premisa de que el cambio es utópico. Es justamente así porque no salen de su esfera psicologizada, una esfera que no les deja ver lo que es y la posibilidad misma.

Referencias

1 Louis Althusser, Psychoanalysis and the Human Sciences (1963-1964). (Estados Unidos: Columbia University: 2016)

2 David Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Teoría y Crítica de la Psicología 7, (2016): 139-149.

3 David Pavón-Cuéllar, “Michel Foucault, su inconfesado marxismo y su crítica de la psicología”, Athenea Digital 20, no. 1 (2020): 1-23, https://doi.org/10.5565/rev/athenea.2229

4 Michel Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)” en: ¿Qué es la crítica? seguido de la cultura de sí, (Buenos Aires: Siglo XXI, 2018), p. 47

5 Luis Pablo López-Ríos, “¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiante?” Versus la Psicología, 2020, https://versuslapsicologia.mx/2020/11/01/por-que-criticar-a-la-psicologia-siendo-estudiante/

6 Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)”, Op. Cit. p. 52

7 Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la psicología crítica”, Teoría y Crítica de la Psicología 8, (2016): 293-302.

8 David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. (México: Itaca, 2019).

9 Ibíd., p. 12.

10 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. pp. 140, 143

11 Ibíd. pp. 139-149.

12 Karl Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía (1844) (Madrid: Alianza, 2013). pp. 183-184.

13 Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)”, Op. Cit. p. 49

14 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. p. 143

15 Ibíd.

16 Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. Hacia una crítica psico-política (México: Paradiso Editores, 2019).

17 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. p. 147.

Cuestionar el regreso a clases hoy: ¿control psicopolítico-digitalizado de la vida?

Después de casi seis meses de que la suspensión de clases se hiciera efectiva aquí en México debido a la pandemia del SARS-CoV-2, nos encontramos de nuevo con el anhelado “regreso a clases”. Sin embargo, este regreso a clases no será igual que en años anteriores: hoy nos sujetaremos a las condiciones en las que la pandemia permite ese retorno a la escuela: transmisión de clases por televisión abierta para educación básica y clases en plataformas educativas para niveles superiores, con mayor flexibilidad, rapidez, alcance y eficiencia. Pero, deberíamos plantearnos el cuestionar lo que posiblemente subyace en este ansiado regreso digital a clases y todas sus “bondades”: cuestionarnos lo que va más allá de solo la educación en tiempos de pandemia.

La escuela, no olvidemos la propuesta althusseriana (que reiteradamente menciono en este espacio), funge como aparato ideológico, y por ende, esta no se limita a la mera transmisión de conocimientos, al seguimiento de una planeación escrita y entregada a las autoridades escolares, sino que deviene en reproducción de la ideología, del sistema capitalista y sus relaciones de producción dentro y fuera de las aulas, ese famoso “curriculum oculto” y perverso. Pero, ¿cómo hará el capitalismo neoliberal para asegurar esas relaciones, mediante la escuela, ahora que nos encontramos en la “comodidad” de nuestros hogares? ¿Será que el capitalismo no penetrará más allá de las aulas y tomaremos un breve descanso de su voracidad? Si esto no fuese así ¿a qué tendría que recurrir el sistema para no perder su dominancia ante la crisis producida solo por este? En esta ocasión, las propuestas del filósofo Byung Chul-Han y el psicólogo crítico Jan De Vos podrían encaminarnos a responder las preguntas anteriores.

Anteriormente había dedicado un espacio breve a estos dos autores (La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal y Homo psychologicus: la psicologización del todo), sin embargo, la publicación dedicada a tratar parcialmente el fenómeno de la psicologización adelantaba que desarrollaría el tema de la digitalización, también argumentado por Jan De Vos. Podríamos, pues, intentar articular ambos aportes críticos para reflexionar sobre este retorno a nuestras “aulas” y esta aparente “libertad” que los dispositivos y herramientas tecnológicas aparentan ofrecer.

Digitalización y Psicopolítica: la relación perfecta

Hoy las clases toman un nuevo rumbo: docentes y estudiantes nos encontramos frente a la digitalización de la educación. Nuestra presencia física se ve sustituida por un correo electrónico, por un pseudónimo, por la intensidad de nuestra red de internet en casa, por el dispositivo inteligente y su cámara que nos hace estar presentes en las “clases”. Hoy ya no solo somos aquel homo psychologicus interpelado por las teorías psicológicas y todo el corpus de la psicología que nos pone al servicio (in)directo del capitalismo; aquel que nos decía con vehemencia: “¡Tú eres resiliente, capaz, autogestor, libre, autónomo!” “¡No necesitas a los otros, solo a ti mismo y a nadie más!” Nuestro devenir sujetos se torna distinto, en una nueva “modalidad”, esa que nos interpela a “ser” nosotros desde la comodidad y “libertad” de nuestras casas en nuestros dispositivos tecnológicos.

Ya no hablamos solamente de una psicologización, sino que se incluye en esta interpelación la digitalización de la vida, aquella interpelación para ser sujetos digitales (De Vos, 2019), un homo digitalus, una subjetividad inmaterial (¿qué hay detrás de esa inmaterialidad? ¿idealismo actualizado? debate abierto para el lector). El propio De Vos (2019) adelantaba esta vicisitud en la misma escuela (mucho antes de que la COVID-19 fuera el tema de cada día): la presencia que entonces era material, en la que decíamos “presente” cada que mencionaban nuestro nombre en el aula, hoy se ve sustituida por otras formas digitales. Al respecto menciona:

“Pero en la actualidad, la presencia escolar vuelve a ser algo muy sencillo: puede ser simplemente comprobada electrónicamente […] entrar a la clase, encender su laptop […] son diferentes formas de comprobar su presencia, mientras se comprueban otras múltiples cosas también“. (ibíd.; 154) (Cursivas mías)

La digitalización en la escuela, como la explica De Vos (2019), quedaría simplificada a dos términos: a una presencia (inmaterial, virtual, digitalizada, verificada electrónicamente) y la pantalla (donde el mundo está “presente”). Al respecto y antes de continuar, me gustaría hacer un breve paréntesis para recordar a Lacan y el estadio del espejo. Esta digitalización del sujeto, quizá podríamos compararla con aquel estadio en donde el sujeto es interpelado por el Otro al verse a través del espejo y por todo lo que no puede ver en él, lo que hay detrás de este (Braunstein, 1980): el mundo está presente y ausente a la vez en el sujeto. El sujeto se percibe a sí mismo, crea su yo “autónomo” gracias a la imagen que el espejo le devuelve y al reconocimiento del Otro. La pantalla, por su parte, le devuelve una imagen digitalizada al sujeto que se reconoce a través de ella, se ve a sí mismo como completo, como un “yo” digitalizado, sin darse cuenta de que en esa imagen existen “otras múltiples cosas”. El Otro y lo demás (¿capitalismo? ¿psicologización?), aquellos que se encuentran del otro lado de nuestra pantalla y lo que no alcanzamos a ver en el entorno digital, serán encargados de comprobar/interpelar esas “múltiples cosas” (quizá) de las que De Vos habla y que profundizaremos en esto más adelante.

La digitalización de los sujetos, de la educación misma, a su vez se convierte también en una disciplinarización de la vida (De Vos, 2019), pero no tan coercitiva, una disciplinarización “light” si así lo quisiéramos ver. Hoy, docentes y estudiantes, tenemos que encender nuestra cámara web para que se compruebe nuestra presencia inmaterial; tenemos que utilizar correos institucionales para que se compruebe nuestro ser, de lo contrario, no somos nosotros; las plataformas virtuales como Classroom o Moodle (por mencionar solo dos), se convirtieron en el nuevo panóptico, en el panóptico digital, en las que se programa el tiempo específico para hacer tareas y otras actividades. A diario llegan a nuestros correos notificaciones de nuevos deberes por cumplir. El diálogo y el debate ya no existen, ya no se puede hablar tanto por el límite de tiempo en las sesiones y los temas verdaderamente relevantes y preocupantes quedan excluidos; los docentes saben todos nuestros movimientos en la red y sus jefes saben todo de ellos: la hora en que subieron un documento, si entregaron o no un pendiente, si están conectados o no en alguna sesión virtual. Ya tampoco es una biopolítica, más bien, es una digi-política (De Vos, 2019). Antes utilizábamos el internet para buscar a través (de manera superficial) de él lo que necesitábamos para la escuela, hoy, por el contrario, nosotros somos el internet (ibíd.). Ahora somos un apéndice, parafraseando a Marx y Engels (1848/2004), de nuestra laptop o celular, de la red misma, funcionando como esclavos pasivos de lo que no aparece en nuestra pantalla.

Si bien es cierto que hoy nos encontramos frente al imperio digital, los significantes de los “psi”, o de la psicología, no desaparecerán en ningún momento (sin hablar a detalle de que la estructura del entorno digital también está psicologizado) (De Vos, 2019). Este retorno constante a la psicologización, la obsesiva necesidad por querer psicologizarlo todo, no es mera casualidad, como ya lo argumentaba Han (2014). Esa psicopolítica debe seguir siendo aplicada en todo momento para asegurar las relaciones de producción. El capitalismo neoliberal no puede descansar, ni siquiera la pandemia puede ser motivo para detenerlo. La psicopolítica debe aplicarse y aparecer siempre, sí o sí, en el entorno digital.

En el panóptico digital, se reproducirían los discursos psi, esos que nos alentarían tanto a docentes y estudiantes a estar “motivados”, a ser “autogestores” de nuestro “propio” aprendizaje, a ser “resilientes” frente a la situación de la pandemia, a estar pendientes de las propias tareas a realizar. Lo digital favorecería toda esa optimización que necesita la psique (Han, 2014) para rendir adecuadamente, convirtiéndola así en fuerza productiva. Las frases motivadoras e individualizadoras en Facebook, las imágenes alentadoras llenas de resiliencia que publican las universidades, los discursos de “autoaprendizaje” y “autogestión” en las clases en línea, conducen a un autosometimiento. De ahí que no percibamos la coerción disciplinaria que mencionábamos anteriormente: todo parece agradable. La psicopolítica vuelve todo más fácil y agradable, siendo esta maximizada por el entorno digital: teniendo inteligencia emocional y emociones positivas (Han, 2014) publicadas y enseñadas en cualquier página de Facebook, plataforma educativa o en la misma clase virtual, rendiremos más (¿para quiénes?) y nos sentiremos en “libertad”, sin presión alguna: “al fin y al cabo, no estoy en el salón de clases, no pasa nada, soy libre”. Desde el entorno digital, somos víctimas de la psicopolítica, de la psicologización ejercida que quizá sea el punto central de todo el asunto, como lo explica Pavón-Cuéllar (2019) en el prólogo de la obra de De Vos:

“[…] debemos empezar por convertirnos en impulsos, motivaciones, afectos, emociones, pensamientos, cogniciones, actitudes, rasgos de personalidad, respuestas a estímulos […] La crítica de los actuales giros neurológico y digital no puede llegar demasiado lejos ni tampoco profundizar lo suficiente, por lo tanto, si no se atreve a remontar hasta el dispositivo psicologizador con el que se produce lo que se neurologiza y se digitaliza. La psicologización es aquí el meollo de todo el asunto. El corazón del homo psychologicus es el que late dentro de los pechos del homo neurologicus y del homo digitalus“. (p. 23)

Esta psicopolítica, esta psicologización, siempre está ahí, en el seno de la digitalización, hoy digitalización escolar. La interpelación ideológica de la que Althusser nos hablaba en el aparato ideológico escolar, es hoy una interpelación a distancia, a domicilio, sutil y digital. Esta digitalización se precipitó y agudizó por la pandemia, y con ello, se maximizó la psicologización. En este sentido, nos digitalizamos y se refuerza lo que ya estaba psicologizado en nosotros. Somos homo psychologicus y digitalus a la vez, tal como lo necesita el sistema.

“Si la digitalización posibilita ciertas formas extremas y extremadamente sutiles de sujeción, dominación, manipulación, enajenación, explotación, mercantilización y financierización, es también porque se vale de la misma psicología que nos ha ido constituyendo internamente y que hoy regresa desde el exterior bajo una forma digital […] Ya somos lo dominado por la psicología que ahora simplemente reviste la forma digital de los dispositivos electrónicos, de los sistemas computacionales y de todos los demás artilugios informáticos”. (Pavón-Cuéllar, 2019a, p.27).

Comentarios finales: el retorno a la psicologización

La digitalización, al igual que las vicisitudes del capitalismo, es solo una mutación de la psicologización. El capitalismo neoliberal conserva mayoritariamente las formas y procedimientos de su antecesor industrializado, aunque de formas actualizadas y “menos” evidentes. Lo mismo sucede con la digitalización: la interpelación que sucede en el entorno digital mantiene siempre elementos de la psicologización, como lo argumentaba De Vos y Pavón-Cuéllar. La psicopolítica es un efecto inherente al proceso de devenir sujetos digitales. Lo emocional y el management de sí mismo (Han, 2014), nos hacen sentir libres frente a la crisis actual que el mismo sistema no desea perder y que por eso no existe un descanso real ni de nosotros, ni del mundo. Eso que provocó la crisis y resiste a ella, el capitalismo, es tal vez lo que se esconde detrás de la pantalla, detrás de la imagen que nos devuelve la pantalla o el espejo lacaniano.

El aparato ideológico escolar tampoco puede detenerse, porque es en este donde se reproducen las relaciones de producción que mantienen al sistema, y al no poder detener esta interpelación de sujetos, incluso durante una pandemia cuyas cifras mortíferas son síntoma del capital (explicado aquí brevemente con base en lo argumentado por Pavón-Cuéllar), tienen que recurrir a aquella flexibilidad que la “serpiente” psicológica (Han, 2014) y digital tiene en sus movimientos para escabullirse en los espacios que parecen imposibles. Somos ahora nuestro propio panóptico, desde la comodidad de nuestra casa, ya no necesitamos que el docente esté frente a nosotros. Nos autosometemos con nuestra sensación de libertad y control de nuestras emociones en el confinamiento.

Quizá el lector pueda concluir: “¿Entonces es mejor asistir a clases presenciales?” Probablemente, pero esto no quiere decir que ese regreso a la presencialidad vaya a eliminar el problema. Tal vez desaparezca parcialmente la digitalización y lo que esta conlleva en el control de la vida, sin embargo, la psicologización, la psicopolítica, la interpelación ideológica sigue y seguirá ahí si no existe una organización entre nosotros, docentes y estudiantes comprometidos(as), ético-políticos(as) y subversivos(as), que cuestione y critique lo que se dice y se hace en nuestras aulas a través del dispositivo psicologizador. Si queremos que las cosas cambien, podríamos pues, empezar por la crítica a ese dispositivo que todo lo psicologiza a su paso que, tal como Foucault lo explicaba, criticar sería “interrogar la verdad” psicologizadora, “desconfiando” de ella, “limitarla”, “escapar de esas artes” (Foucault, 1978/2018) que de la psicologización emanan, y que a su vez, esto podría conducirnos al derrocamiento de lo que hoy se esconde detrás de la pantalla y en la red, aquello que sostiene a la psicología y su psicopolítica enmascarada de digitalización.

Referencias

  • Braunstein, N. (1980). El sujeto en el psicoanálisis, el materialismo histórico y la lingüística. En Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (hacia Lacan). México: Siglo XXI.
  • De Vos, J. (2019). La digitalización. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.
  • Foucault, M. (2018). ¿Qué es la crítica? Conferencia dictada en la Sociedad Francesa de Filosofía, Universidad de la Sorbona, 27 de mayo de 1978. En ¿Qué es la crítica? Seguido de la cultura de sí. Argentina: Siglo XXI.
  • Han, B. C. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Marx, K. y Engels, F. (2004). Manifiesto Comunista. Madrid: Akal. (Original publicado en 1848. “Manifiesto del Partido Comunista”).
  • Pavón-Cuéllar, D. (2019). Prólogo. La psico-política de Jan De Vos ante nuestra psicologización en el capitalismo. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.