La crítica de la/el estudiante: generando espacios de emancipación estudiantil

Muchos y a la vez pocos alumnos(as) hemos disentido en más de alguna ocasión con lo que nos imparten en nuestras clases, y no me refiero aquí a un disentimiento vago, sin fundamento, sino uno que atenta contra el saber que se nos transmite en las aulas. Este disentimiento adquiere una forma amenazante para aquellos que se paran frente a nosotros y los que se sientan a nuestro alrededor, para la estructura burocrática e ideológica educativa, para nuestras teorías pretendidamente científicas generadas del psiquismo y la realidad humana, e incluso (principalmente), para el propio sistema dominante. En esta ocasión me veo en la posición de sugerir qué podemos hacer como estudiantes para contrarrestar lo que se impone en nuestras aulas de manera tajante, lineal y hegemónica. Estas sugerencias pueden verse limitadas por los diferentes contextos universitarios y tampoco deben tomarse como las únicas alternativas.

Si bien me enfocaré específicamente en la psicología, estas alternativas emancipatorias en los espacios universitarios podrían ser “aplicables” a otras carreras, tanto de ciencias exactas como de ciencias sociales. Reitero, no son las únicas posibles, se (de)construyen y actualizan constantemente.

Psicología al servicio del poder: sin crítica, desinteresada, ideológica y capitalista

Como había denunciado ya en publicaciones anteriores, la psicología hegemónica se encarga mediante sus métodos de trabajo, sus docentes, sus aulas, las teorías, seguir reproduciendo psicólogos al servicio de una ideología dominante (capital), de reproducir supuestos sujetos autónomos, individuales y desinteresados de lo que sucede en el contexto sociohistórico, sociopolítico, socioeconómico y sociocultural; podemos incluso establecer a la psicología como un aparato ideológico de Estado. No es de extrañarse que tal psicología (hegemónica) acople todo su contenido teórico práctico en función de los intereses de la clase dominante y de un modo de producción establecido en tal o cual momento histórico determinado; esto último, como sabemos, tenemos ya varios “añitos” en donde el capitalismo (en todas sus vertientes y modificaciones) ha devenido en la instancia principal de reproducción ideológica para ponernos a su servicio.

En este sentido, todo el contenido que “consumimos” en nuestras aulas está determinado, en última instancia, por la estructura económica, tal como ya ha explicado Althusser y otros en diferentes ocasiones acerca de la infraestructura y la superestructura las que no desarrollaremos esta ocasión con más detalles (Althusser, 2018; Braunstein, 1975). Asumimos, que todo este contenido, llámese: bibliografía (tanto en los programas como en la propia biblioteca; la imperante presencia de bibliografía psicológica estadounidense de “grandes” editoriales), el discurso del docente, plan curricular, entre otros, constituyen una formación de cierto tipo de psicólogo(a). A pesar de que se exclame constantemente en el discurso burocrático con sus formalidades (por ejemplo, el dictamen de una reforma del plan de estudios) formar en nosotros un “pensamiento crítico”, este pensamiento no puede llegar muy lejos si no se crítica lo de afuera, si no damos cuenta de las desigualdades originadas por y a partir del sistema; no puede llegar muy lejos si la psicología no es crítica consigo misma, con sus técnicas, con sus teorías, con sus métodos. Incluso cabe mencionar (peor aún) que al menos en la institución en la que estudio, y el respectivo campus, no se enfatiza formar en nosotros esa criticidad a pesar de que haya quedado formalizado en un papel burocrático (dictamen oficial) no se incluye ni en la misión/visión ni en el famoso perfil de egreso, vaya, en la primera información que se les brinda a los estudiantes a través de la página web; esto también se ve traducido en las aulas: muchos docentes (claro que existen excepciones) se olvidan de fomentar esa criticidad ante los contenidos que enseñan: ¿será por pura omisión sin sentido? O, en términos freudianos, ¿se trata de un lapsus de olvido a “propósito” (inconsciente) de algo?

Como estudiantes, no podemos esperar a que una instancia al servicio del poder económico-político-ideológico (como la psicología) nos dé las herramientas para justamente realizar una crítica fundamentada. Esto por algunas y diferentes implicaciones que tiene el hecho de “criticar” o “incomodar”: así aseguran la (re)producción de un tipo de psicólogo, homogéneo y heterogéneo a la vez (homogeneización del pensamiento, y heterogeneidad de las técnicas y el quehacer profesional para las diferentes tareas que el capital requiere realizar), pero desinteresado de los verdaderos problemas estructurales; se asegura o se consolidan los pilares de la reproducción ideológica, es decir, la estructura no “tambalea” si no hay crítica.

A continuación, expondré de manera parcial y limitada, algunas opciones de emancipación que podemos realizar desde nuestra trinchera estudiantil; claro está, estas opciones podrán irse modificando y agregando muchas otras conforme el tiempo lo permita. Cabe aclarar a todos los lectores, especialmente los estudiantes (sin descartar a los docentes que también forman parte de una trinchera crítica con un papel político comprometido, no solo en las aulas, sino también en la sociedad misma) que emprender el camino de la crítica hacia lo dominante puede tornarse complicado, con dudas de por medio al cuestionarse lo que uno está haciendo; esto es claro, es preferible no cuestionar, quedarse (como dicen los psicólogos cada que pueden) en la “zona de confort” que el sistema ha preparado durante siglos. La propuesta es no desistir y remar contracorriente hacia una sociedad-educación justa sin complicidades ni restricciones.

Grupos extracurriculares

Formar grupos “fuera” de nuestras aulas puede fomentar de manera más abierta el intercambio de ideas y la conjunción de otras. Estos grupos podemos formarlos a partir de deficiencias en la currícula establecida por la propia instancia burocrática. En nuestro caso, alguna vez llegamos a formar un grupo de estudio de psicoanálisis freudiano, dado que este no tenía un “espacio” en nuestros programas, sólo se revisaba por “encima”. O el caso de aquel compañero y amigo que decidió cursar un seminario de Jacques Lacan, psicoanalista prácticamente innombrable en la carrera; esto claramente no es una coincidencia: el psicoanálisis y su relación con otras ciencias pueden develar el proceso de sujetación ideológico de los sujetos, resulta amenazador para el sistema y las clases dominantes (Braunstein, 1975). Lógicamente, el crear un grupo extracurricular no es reproducir la forma convencional en la que nos imparten clases; puede existir o acompañar un(a) docente guía (que se debe reconocer que tiene más experiencia que uno), quien normalmente, suele oponerse a lo establecido en la escuela (no hay tantos de estos, y tenemos que aprovecharlos) como los que queremos formar el grupo, pero la producción de conocimiento y el intercambio de ideas debe ser horizontal, libre, descentralizado de la figura de autoridad educativa.

Aquí debo hacer la aclaración que, estos grupos al ser extracurriculares no deben de formar en nosotros el ideal de que pueda ser contado para nuestra formación, es decir, que el grupo sea moneda de cambio (de créditos curriculares); caeríamos en la trampa misma del capitalismo académico.

Textos y Lecturas “nuevas”

Como ya mencioné, el material bibliográfico que nos ofrecen la mayor parte del tiempo suele responder a intereses encubiertos: este material es limitado a bibliografía europea, estadounidense, con contenido un psicologismo en demasía. Este tipo de lecturas contribuye a que veamos la realidad solo desde lo psicológico, desde su pretendida cientificidad, desde lo ideológico. En este caso, es conveniente optar por aquellas lecturas que no aparecen ahí, por involucrarse en filosofía y en aquellas que tengan posturas críticas, que tomen en cuenta los modos de producción y sus desigualdades, lecturas que ayuden a problematizar y cuestionar lo que se da tanto por sentado en nuestra psicología o en cualquier otra carrera profesional. En el caso de la psicología, puedo mencionar varios autores que simplemente se revisan poco o se omiten (nuevamente, ¿por pura coincidencia?): Politzer, Vygotsky, Foucault, Holzkamp, Marx, Althusser, Freud, Lacan, Braunstein, Parker, Pavón-Cuéllar, Langer, Ibáñez, Íñiguez, Deleuze, Guattari, Deleule, González-Rey, Orozco-Guzmán, Flores-Osorio, Montero, Martín-Baró, entre muchos otros. Estos autores y autoras (claramente faltan muchos más, pero en este momento fueron los que llegaron a mi pensamiento) ayudan a repensar lo que estamos aprendiendo en psicología, nos ayudan a criticarla, a incomodarles con fundamento, a ser los “revoltosos” de los salones. Leer a “otros” autores abre el camino a nuevas posibilidades de pensamiento.

Involucramiento: desde los movimientos sociales hasta la resistencia en lo digital

Involucrarse activamente en lo que pasa “afuera de nosotros” (como la psicología lo toma, supuestamente ajeno a nosotros), tener un papel político activo, criticar y proponer, denunciar y resistir. Desde los movimientos sociales y estudiantiles, hasta la misma denuncia virtual. He visto cómo compañeras de la propia institución han sido parte de forma activa de la lucha feminista y que han defendido sus derechos que han sido ignorados por siglos, pero también he visto compañeros y compañeras que son activamente políticos en sus redes sociales, compartiendo, opinando y criticando acerca de la situación social actual y todas las injusticias que se viven día con día. Lo digital nos ha alcanzado, y así como el capitalismo ha puesto también a las redes sociales y todas las herramientas tecnológicas a su favor, estas nos pueden servir también de apoyo y de denuncia. La resistencia tanto física como digital son complementarias: necesitamos de la presencia física para ejercer presión ante el sistema, pero también necesitamos de la difusión digital, de la concientización de los que no pueden salir o involucrarse físicamente por “x” o “y” motivo. Asistir a una marcha, compartir o escribir una denuncia social, contribuyen a que no seamos los mismos(as) psicólogos(as) desinteresadas de lo que pasa “alla”, “lejos de mí o de nosotros”.

Comentarios finales

Como comenté en un principio, estas opciones “emancipatorias” las podemos llamar así porque tratan de “salirse” de lo establecido, de conformar nuevas formas de hacer psicología y de pensar en lo que acontece “allá”, al “exterior”. No son las únicas y tampoco prometen “inmunidad académica”, es decir, nos pone en riesgo de ser señalados por la estructura, por “revoltosos”, por “criticones” y una serie de adjetivos que descalifican estas alternativas en psicología.

La misma estructura, en donde están las fuerzas dominantes constrictoras, puede ser la misma en la que se genere esta emancipación, tanto en el quehacer profesional como en el intercambio de conocimiento. Es una tarea compleja, tanto para los estudiantes que decidimos remar a contracorriente de lo que nos enseñan como para aquellos pocos docentes (maestros y maestras) que ponen de su parte para modificar los programas y expandir nuestro panorama teórico-práctico y nos comparten su experiencia.

A su vez, reitero que estas opciones pueden ser tomadas para cualquier otra carrera profesional: un estudiante de ingeniería emprende un camino emancipatorio y crítico al “descubrir” un método más sencillo para resolver una integral, una derivada; un estudiante de historia puede descubrir injusticias en cierto momento histórico o proceso social en tal o cual fecha determinada (por poner ejemplos muy vagos y reduccionistas).

A estas opciones o espacios emancipatorios se irán sumando nuevos en próximas publicaciones; no dejemos de remar contracorriente, de apoyarnos los unos a los otros para poner en evidencia lo que se nos quiere imponer de forma tajante y lineal.

Referencias

  • Althusser, L. (2018). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Práctica teórica y lucha ideológica. México: Editorial Tomo.
  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.

© 2020 Luis Pablo López Ríos