Enfermedad Marxista

Antes de comenzar, tengo que ofrecerle una disculpa a mis lectores, nuevamente, por usar un título que puede confundir a primera vista, pero intentaré disipar tal confusión sobre la marcha en este breve texto.

Dado que estamos en tiempos pandémicos, presiento que existe a la par de la COVID-19, una nueva enfermedad que se está desatando y que puede abrir paso a replantearnos (realmente y sin apariencias) nuestro modo de vida. Podemos iniciar concluyendo que vivimos en una sociedad con lógicas que enferman a los sujetos, si entendemos la enfermedad en el sentido más reducido y común posible: lo que nos hace daño, lo que nos mata rápida o lentamente, lo que tenemos que prevenir con medicamentos para su control. Pero inmediatamente entramos en una contradicción tan evidente para algunos pocos: esta sociedad insana (como la llama Fromm[1]) se presenta como la más sana de todas, como la única sociedad en la que puede existir el humano, en la única en la que se concibe como persona “sana”. Y es que precisamente esta presentación como “lo más sano de todo”, crea un efecto ilusorio en el que lo dañino, lo mortífero, “desaparece”, y desaparece para hacerse más fuerte, para agravarse, para desatenderse.

En este sentido, me propongo dos cosas, pero antes, necesito hacer unas aclaraciones. Primero, me siento obligado a hablar como psicólogo en esta ocasión, a saber, casi como un “técnico” que ofrece un diagnóstico. Me siento de esta manera porque pienso que puede ser una oportunidad para devolver la fuerza psicologizadora contra su mismo origen: la psicología y el capitalismo; apoyarme en esta lógica psicologizadora del diagnóstico serviría, a su vez, para intentar criticarla disimuladamente. También es preciso manejar el lenguaje del diagnóstico para que, si existe algún psicólogo o psiquiatra mainstream leyendo esto, se sienta familiarizado, aunque sinceramente no espero nada de ellos, ni espero y tampoco me importa que cambien su postura y mucho menos están dirigidas a ellos mis palabras en este momento. Estoy casi seguro que, como Parker[2], ya a muchos y muchas no nos interesa buscar un cambio en la psicología misma, sino más bien, únicamente criticarla para incomodar lo más que se pueda: tanto al capital como a su psicología; de ahí que busquemos otra cosa. Por otro lado, aunque esté por demás decirlo, lo presentado aquí es pura analogía, sin afán de distorsionar lo que aquí nos compete: el pensamiento marxista como elemento necesario para pensar en otra sociedad.

Entonces, estas breves palabras tienen un doble sentido: primero, hacer un “diagnóstico” en sentido marxista de nuestra sociedad excesivamente sana (pero enferma): su funcionamiento sano, sus personas sanas, sus profesionales que mantienen esta salud [mental] normales, etc. Y por otro lado, deseo explicar la enfermedad que aterra a esta sociedad; es una enfermedad que ni los psiquiatras o psicólogos más empedernidos en sus áreas tuvieron el tiempo de incluir en sus manuales diagnósticos. Lo curioso de esta enfermedad es que puede manifestarse mentalmente o de manera física: es por esto que se les escapó a los profesionales de la salud que ejercen a favor del capital. Son tan amplios sus síntomas que se convierte imperceptible. Puedo decir que esta “enfermedad” es el mismo marxismo, o parafraseando a Pavón-Cuéllar[3]: es una sana “enfermedad”. Es lo más anormal que se podrá encontrar en nuestra normalidad, lo más inquietante en la supuesta quietud en la que vivimos y pretenden mantener.

Capitalismo Sano

Tal como sugiere el subtítulo, pareciera que nos encontramos en un sistema sano. Y sí, probablemente es sano en la medida en que se tenga que enfermar todo lo vivo en el globo para que tal sistema exista y funcione. Nuestra sociedad capitalista está excesivamente sana, es decir, funciona de “maravilla”. Pero ¿cómo es su funcionamiento? Su proceder tiene que ser eficaz y no puede haber cabida para la enfermedad (¿no es el capital, en sí mismo, la enfermedad?). Detengámonos brevemente para hacer un diagnóstico marxista de nuestra sociedad (in)sana.

Plusvalía sana

Existe cierto consenso para que todo aparente ser normal, vamos, para que todo funcione. En primer lugar, la normalidad o la salud en el capitalismo equivale a la exagerada producción de mercancías, de la cual, lo único bueno que puede extraerse es el valor de cambio y, obviamente, la plusvalía. Es esta última lo que hace que nuestro sistema sea excesivamente sano. Nuestra sociedad se caracteriza por estar motorizada por la ganancia, por el excedente, por el ganar más y más. Lo sano es la destrucción de cualquier ecosistema a costa de obtener el plusvalor, lo sano es el sometimiento físico e ideológico de los sujetos a fin de que estos sean los que produzcan dicho excedente. Pero lo verdaderamente interesante en este sistema sano es que, para que exista una producción de plusvalía de manera normal y sana, debemos desconocer su origen. La plusvalía que funciona en el capital es la que se oculta, y sí, hablar de plusvalía oculta ya es redundante. De ahí entonces que podamos decir, junto con Marx[4] y Debord[5], que nuestra sociedad es una sociedad del fetichismo y del espectáculo: ¡Fetiche y espectáculo completamente sanos!

Personas sanas: Capitalista y Trabajador

Tenemos dos tipos de personas sanas en [y para] el capitalismo: el que tiene los medios de producción y que compra la fuerza de trabajo, y el que no tiene dichos medios y, por tanto, tiene que vender su fuerza de trabajo al primero [6]. La salud del primero, radica en el acoso del valor[7], es decir, en su obsesión “incansable de ganar” a través de la valorización del valor [8]. Si no estuviera motivado para ganar, estaría entonces enfermo, desviado de la campana capitalista de Gauss. Sería preocupante para el sistema que lo acoge. Desde el momento en que pone en movimiento su dinero, lo lanza a la circulación, se convierte en la persona más sana de todas. Es más, puesto que “su bolsillo es el punto de partida y el punto de retorno de su dinero” [9], y este dinero se incrementa, se valoriza, se puede pagar mejores condiciones de salud: se convierte en una persona con exceso de salud. Parafraseando a Marx, esta persona, el capitalista, puesto que se encuentra con exceso de salud debido al excedente económico, puede sobrevivir más en este sistema que la segunda persona que estamos a punto de describir: el trabajador [10]. El capitalista se perpetúa y perpetúa su ganancia. Se convierte, por así decirlo, en [casi] todopoderoso. Esta es su condición normal, es lo más normal en esta vida (si es que esta sociedad en la que nos encontramos es realmente vida), es su estado más “saludable”.

La segunda persona sana en y para el capitalismo es el trabajador. El trabajador es un pilar en nuestra sociedad capitalista para que esta se mantenga sana. A diferencia del capitalista, el trabajador tiene ciertas características que dejan ver su normalidad en el sistema, o mejor dicho, características que le permiten funcionar y catalogarlo como sano. Como ya adelantamos, en primer lugar, el trabajador no es poseedor de mercancías para vender y obtener un beneficio de dicha venta, lo único que posee es su capacidad de trabajo, su habilidad física y mental, vamos, su fuerza de trabajo[11]. Pero veamos más de cerca esta situación. Solo puede estar sano si produce para otros, es decir, si se [le] enajena[12]. El trabajador para estar sano en nuestro sistema sano, debe sentirse extraño, ajeno a sí mismo y lo que produce, debe renunciar a eso producido por sus manos. Para estar sano, el trabajador debe “producir maravillas” para los capitalistas y al mismo tiempo “privarse” de estas[13]. Solo es una persona sana si es comprada por otro, por el capitalista. Vamos más adelante con nuestro intento de diagnóstico marxista.

Podemos agregar un tercer tipo de personas sanas: los que mantienen al capitalismo como hasta ahora, esto es, sano. Estos últimos sacan a relucir todo su arsenal técnico y teórico para que nada se salga de la norma, para que nada ni nadie enferme. Aquí podemos encontrar a los psicólogos, a los psiquiatras y a uno que otro psicoanalista. Estos se encargan de que el trabajador no se dé cuenta de que está siendo explotado, y en caso de que empiece a percatarse de ello, en caso de comenzar a enfermarse, darle una alta dosis de medicamento ideológico para que siga funcionando. Por otro lado, estos mismos técnicos del capital, cuidadores del capitalista y del trabajador, se enfrentan a un fenómeno interesante ya analizado por Pavón-Cuéllar[14]. Pongámoslo con un ejemplo cotidiano. Todos sabemos que mantenemos cierta temperatura corporal al día, sin embargo, durante ese mismo día podemos sufrir pequeñas variaciones en dicha temperatura. Estas pequeñas variaciones es un alejamiento simple y nada llamativo de la temperatura normal; o como les gusta decir a los que manejan la estadística, “no representa diferencia significativa”. Lo mismo sucede con este fenómeno, es decir, existe un “pensamiento crítico capitalista-neoliberal” [15], o sea, que de cierta manera este pensamiento causa incomodidad al estado normal de las cosas, pero termina por desvanecerse, termina por ser irrelevante en cierto sentido. Tal es el caso de Han, quien se ha limitado a describir al sujeto neoliberal y al mismo tiempo olvidarse de lo que subyace a este sujeto, reproduciendo al mismo tiempo el orden de las cosas (toda esta explicación, en donde se aborda a otros “críticos neoliberales” es expuesta claramente por Pavón-Cuéllar en la obra citada anteriormente, el lector puede recurrir a ella si desea indagar más). Estos mismos críticos están tan sanos como los primeros descritos líneas más arriba.

Enfermedad Marxista

Como vimos, estamos totalmente sanos a los ojos del capital. Pero resulta que este último es tan tonto que su obsesión por mantenerse sano lo ha traicionado. Ha dejado espacio libre para que una enfermedad lo ataque hasta el fondo y amenace con matarlo: el marxismo. Podemos hablar que la contraparte de la salud capitalista se encuentra en la enfermedad marxista. Lo más curioso de todo, es que el mismo estado normal y sano del capitalismo, creó su peor enemigo, creó su propio fin, cavó su propia tumba [16] La enfermedad marxista es aquella que se ubica en un extremo bastante alejado de la normalidad capitalista, de la salud del sistema. Al igual que la enfermedad freudiana, la enfermedad marxista toca fibras sensibles y fundamentales del capital [17] de tal manera que el sistema inmune capitalista quede rebasado y destruido totalmente. Mientras la primera ataca primordialmente la cabeza, la segunda, sin limitarse, ataca a todo el organismo. Sin embargo, esta enfermedad marxista tiene efectos totalmente distintos en las personas descritas anteriormente.

A los capitalistas, esta enfermedad les causa asco, la repudian, no la toleran, no pueden lidiar con ella. Les causa dolor excesivo, mareos ideológicos, les amenaza con quitarles lo que robaron para mantenerse sanos, los mantiene sin posibilidad alguna de cura ni siquiera con oportunidad de alejarse del centro, y es que, en cuanto salen del lugar que les permite vivir, esto es, del capitalismo, mueren al instante. En los trabajadores sucede lo contrario. No tienen ninguna reacción. Es más, creo que los hace más fuertes en el momento en que la contraen. La salud en la que vivían realmente les perjudicaba, esa era la realidad. Más bien, estaban tan sedados por el medicamento con bastantes gramos de ideología, que tal estado les hacía creer que era su condición real, su estado sano. En el tercer tipo de personas, pueden ocurrir dos cosas: lo mismo que a las primeras, es decir, causarles bastante malestar, o por el otro lado, permitirles reconectarse con lo real, es decir, con la explotación de la segunda persona descrita y las operaciones (i)lógicas del capitalismo.

Hay quienes ya nos contagiamos de la enfermedad marxista, y como lo mencioné, no hay marcha atrás, no tiene cura. Ventaja para nosotros, crueldad para los capitalistas. La enfermedad marxista tiene sus síntomas. Los síntomas benefician al sujeto trabajador que contrajo tal enfermedad: permite su expresión, permite la expresión de su marxismo, de la vida real y no enajenada. Hay quienes lo hacen protestando por derechos, otros lo hacen desde la militancia y el trabajo de base, otros publicando en redes información importante, otros lo hacemos escribiendo siguiendo los pasos de Marx y Engels y otros marxistas escritores, otros desde el consultorio, otros desde el propio trabajo en general, otros desde casa al rebelarse a sus padres, otros en la escuela al cuestionar a sus profesores. De esta y muchas otras maneras se manifiesta la peligrosa enfermedad marxista, esa que pone en peligro la normalidad de nuestro sistema actual.

Enfermarnos de marxismo es también una advertencia para nosotros mismos, es decir, es lo que nos dice que el rumbo que estamos tomando, o que han tomado por nosotros desde siempre, ha sido siempre el incorrecto, ha sido el que lleva a la ruina todo lo que toca, la vida misma. Es una advertencia por habernos acostumbrado a una falsa salud, a la salud del capitalismo. Y el hecho de llamarle “enfermedad marxista” es porque el sistema capitalista así lo considera: una enfermedad, algo que perturba la normalidad de los sujetos sometidos en este sistema, algo que perturba a los bolsillos de los capitalistas.

Comentarios finales

Quiero cerrar citando a Pavón-Cuéllar[18] aunque complementando un poco: “Habría que enloquecerse [o enfermarse de marxismo] […] para curarse de la patología de la normalidad* [o del capitalismo excesivamente sano]”. No hay salida del capitalismo más que por la puerta del marxismo [19]. Esto es por una única razón: la sociedad actual, con su sana avaricia, amenaza con la aniquilación de todos, de todo lo que conocemos como vida. No hay vida real en el capitalismo. Y si es que la hay, no es ni siquiera nuestra. ¡¿Qué carajo hacemos entonces aquí?! ¡Hay que enfermarnos para no morir!

Pero, como toda enfermedad, es preciso neutralizarla. Debemos entonces, tener cuidado con el tercer tipo de personas sanas en el capital, a saber, los psicólogos. Estos últimos intentarán por todos los medios neutralizar la enfermedad, erradicarla. Esto es evidente: lo harán porque es en este sistema en el que ya tienen un reconocimiento “científico”. También conocemos su modus operandi: mediante la psicologización se asegura el estado normal de las cosas, quedamos fuera de todo “peligro”. Deshacernos del capital al enfermarnos de marxismo, implica deshacernos de los guardianes de aquel, de sus médicos y sus respectivos medicamentos ideológicos. Los enfermos de marxismo no podemos continuar si no nos deshacemos de estos últimos, de la totalidad. Todos y todas estamos en la misma lucha.

Referencias y notas

1 Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea (México: Fondo de Cultura Económica, 1956). p. 66

2 Ian Parker, “Psychology is Not What You Think: An Interview with Critical Psychologist Ian Parker”, Marzo 2020, https://www.madinamerica.com/2020/03/psychology-not-think-interview-critical-psychologist-ian-parker/?fbclid=IwAR0bdOlOgyU9aeM4H0oj10LZJqxSvgzvMUOKThUX6VwiovJAOVgsPbDdP4U

3 David Pavón-Cuéllar, “Sana locura y normalidad patológica en el capitalismo neoliberal”, Clínica & Cultura 6, no. 2 (2017): 62-78.

4 Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014). pp. 72-82.

5 Guy Debord, La sociedad del espectáculo (España: Gegner, 1967).

6 Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I., Op. Cit., pp. 153-154

7 Ibíd., p. 141

8 Ibíd., pp. 140-141

9 Ibíd., p. 141

10 Karl Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía (Madrid: Alianza, 2013). p. 65

11 Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I., Op. Cit., pp. 153-157

12 Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía, Op. Cit., pp. 132-151.

13 Ibíd., p. 137

14 David Pavón-Cuéllar, “Comunismo y psicoanálisis ante el sujeto del sistema capitalista neoliberal”, Clínica & Cultura 8, no. 1 (2019): 24-36.

15 Ibíd., pp. 31-33

16 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (Madrid: Akal, 2004), p. 37

17 Louis Althusser, “Sobre Marx y Freud”, en Escritos sobre psicoanálisis. Freud y Lacan (México: Siglo XXI, 1996)

18 Pavón-Cuéllar, “Sana locura y normalidad patológica en el capitalismo neoliberal”, Op. Cit., p. 76

*La noción de “patología de la normalidad” es desarrollada por Fromm en la obra aquí citada y por Pavón-Cuéllar en el artículo de la referencia no. 3 en este ensayo

19 Pavón-Cuéllar, “Comunismo y psicoanálisis ante el sujeto del sistema capitalista neoliberal”, Op. Cit.