Althusserianismo: psicología como apología del capitalismo

Comencé este espacio el 19 de mayo de 2020. El encierro era cada vez más aburrido y tedioso. Aún me encontraba en el penúltimo semestre para terminar la licenciatura. La psicología, en su monotonía, terminaba por cansarme, por aburrirme, incluso por desesperarme: no había reflexión crítica ante la disciplina. Tuve la suerte de encontrarme con un libro bastante interesante y necesario en ese mismo mes: Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad, del Dr. David Pavón-Cuéllar, de quien me considero seguidor y a quien tuve la fortuna de conocer e intercambiar palabras gracias a este blog.

Este libro me introdujo con mayor claridad al tema de las diferentes psicologías críticas y me motivó a abrir este espacio. Al principio lo llamé “Psicología crítica y crítica de la psicología”. Mi objetivo era (y sigue siendo de alguna u otra manera), compartir aquello que estaba leyendo, pero también, por otro lado, era hacer lo que los psicólogos críticos hacen: incomodarle, estorbarle, reclamarle, criticarle, reprocharle a la psicología todo lo que hace. Decidí cambiar el nombre a “Versus la Psicología” para efectos prácticos y usar la referencia a la “trinchera estudiantil” en la que me encontraba en ese momento. Hoy, habiendo concluido mis estudios de licenciatura, el espacio gira en torno a tres temáticas: Marxismo, psicoanálisis y psicología crítica.

Entre las referencias del libro antes mencionado, encontré muchos(as) autores(as), sin embargo, quien más me atrajo fue Althusser y quienes seguían su trabajo. Pasé a leer Ideología y aparatos ideológicos de Estado de Althusser, y posteriormente me encontré con el maravilloso trabajo de Néstor Braunstein y sus colegas: Psicología: ideología y ciencia. A Deleule no lo había podido leer porque quería su libro en físico: La psicología, mito científico; al no conseguirlo, lo leí hace poco en PDF y puedo decir que es, sí o sí, una lectura necesaria e imprescindible para la crítica de la psicología. Mi lectura del althusserianismo no se agotó en estos textos: me encontré los Escritos sobre psicoanálisis de Althusser, y como lector recurrente de Pavón-Cuéllar, podía encontrar este althusserianismo entre sus líneas.

Los ensayos con los que comencé estaban llenos de referencias a Althusser y Braunstein. “La psicología como reproductora de la ideología dominante” fue el segundo escrito que publiqué aquí después de un resumen sobre psicología crítica. Este segundo escrito (y quizás los siguientes cuatro o cinco), sostenía la tesis de la psicología como aparato ideológico de Braunstein.

Me introduje al marxismo no por Lenin o Trotsky, ni siquiera por Marx o Engels. Mi introducción al marxismo fue por el marxismo althusseriano, el que da cuenta de una valiosa articulación: marxismo y psicoanálisis. Fue gracias a este marxismo que también me interesé más por el psicoanálisis. Pareciera entonces que este rodeo por el campo del althusserianismo fue necesario antes de leer directamente a Marx y a Freud, quienes no me han faltado en los últimos escritos, inclinándome más por el primero que por el segundo.

Un año después, he decidido recopilar, de manera breve y general, algunas de las críticas que el althusserianismo le ha hecho a la psicología. Me había servido de sus aportes para construir los breves ensayos que aquí publico, pero no me había dado el tiempo de mostrar qué dicen acerca de la psicología. Este es el momento: un día antes del “día del psicólogo” en México, 20 de mayo. Considérenlo, los y las psicólogas que se encuentren este escrito, un “regalo” del marxismo althusseriano. Nuestro itinerario será el siguiente: primera parada con Althusser, haremos un abordaje intermedio con Deleule, y concluiremos con Braunstein.

Louis Althusser

Aunque el joven Marx ya sospechaba del futuro proceder de la psicología[1], Louis Althusser concretará de paso en su obra esta crítica a la disciplina que, como ya adelantamos, serán después ampliamente desarrolladas por sus seguidores. No procederé en orden cronológico.

Althusser recalcó que la psicología era una “formación teórica de la ideología burguesa”[2], dándole un lugar entre la economía política criticada hasta morir por Marx y la sociología. Estas formaciones teóricas, dice Althusser, “tienen como misión disimular con el fin de perpetuar la explotación y el dominio de la clase burguesa”[3]

Consideró que la psicología era solamente “una rama de la moral” a la que se le atribuyen las “prácticas de reeducación social de la persona” así como la “normalización del comportamiento de los individuos”[4]

Althusser también pudo dilucidar la relación que la psicología tenía con el psicoanálisis. Nos recordó que la psicología intenta siempre “anexar al psicoanálisis” y al anexarlo, este queda reducido a las lógicas de la psicología, o en sus palabras, queda reducido a “una técnica de readaptación ‘emocional’ o ‘afectiva’ […]”, pero también, tal como ha sucedido con la psicología actualmente, el psicoanálisis termina por ser “un objeto de consumo común de la cultura”[5]. Estos intentos de “anexión y revisión” por parte de la psicología (e incluso de cierto marxismo dogmático) hacia el psicoanálisis, se debían porque las conclusiones de Freud “trastornaron a la psicología”[6], y sobre todo, porque el descubrimiento del Dr. Freud era “verdadero y peligroso”, y agrega Althusser:

“Donde no hay verdad, no hay razón para desear anexar o revisar. Hay pues, en Freud, algo verdadero, de lo que hay que apropiarse pero para revisar su sentido, pues esto verdadero es peligroso; hay que revisarlo para neutralizarlo”[7]

Althusser le reconoció a Lacan sus críticas al psicoanálisis psicologizado, que no era sino un “psicoanálisis digerido”[8]. Tal psicoanálisis, nos recuerda Lacan, “se ha inclinado hacia la adaptación del individuo al entorno social”[9]. Si el psicoanálisis fue psicologizado en Norteamérica, fue solo en la medida en que debía cumplir una demanda social, misma que le ha sido formulada a la psicología (veremos esto en los comentarios de Deleule).

El “último Althusser”, lanzó un último dardo al centro de la diana psicológica, afirmando que el pensamiento conjunto de Marx y Engels “trastrueca todos los principios de la psicología y que poco menos que anticipa la intersubjetividad”[10]

Didier Deleule

Deleule profundiza las reflexiones de Althusser en torno a la psicología en su libro La psicología, mito científico. Esta reflexión crítica y amplia, le permite cuestionar la supuesta neutralidad del psicólogo [11] “al poner entre paréntesis”[12] el entramado social, en el modo de producción capitalista. Se encuentra en el origen y quehacer de la psicología una “demanda social”[13], de la que la psicología nada sabe, pero sigue cumpliendo.

En la retraducción que Deleule hace del discurso de distintos psicólogos, identifica que son los mismos psicólogos, a través de lo que dicen (incluyendo sus lapsus), quienes dejan entrever “su pertenencia ideológica” al sistema así como la tarea de “prevenir o ahogar los conflictos en el seno de la organización social” [14]. Cuando la psicología revela “su opción ideológica”[15], dice Deleule, la disciplina se convierte en una “ideología de recambio” que termina por ser un “refuerzo de la ideología dominante”[16]. Esto solo se logra cuando la psicología presenta como “científico”, lo que “no es más que ideológico”[17].

Al preferir “las revoluciones a pequeña escala” (frase que contendría “todo el espíritu de la psicología moderna”[18]), la psicología funciona como justificación y reproducción del capitalismo, de la ideología burguesa. Esta justificación, reproducción, y la preferencia por pequeñas revoluciones (que no son sino “catarsis sociales” en un espacio controlado como lo es el “psicodrama”) solo serán posibles cuando el psicólogo “esté ya educado”[19], o dicho de otra manera, que los psicólogos sean interpelados por la ideología burguesa para devenir “profesionales de la ideología”, como les diría Althusser[20].

Néstor Braunstein

Siguiendo la misma línea, tomando entre sus referencias a Althusser y a Deleule, Néstor Braunstein y sus colaboradores prepararon un libro que hoy en día resulta imprescindible. Me atrevería a decir que puede ser una buena introducción, por el camino de la crítica de la psicología, al althusserianismo y a Marx. En este espacio solo dedicaré atención a lo escrito por Braunstein, dado que es quien sigue de cerca a Althusser e incluye sus aportes en su discurso.

El argumento central de Braunstein, similar al de Deleule, es el de recordarle a los psicólogos que su disciplina es una “técnica y una ideología”, entendiendo esta última en dos sentidos: “como conjunto asistemático de nociones precientíficas y como representación ilusoria y deformada de la realidad elaborada por las clases dominantes” [21] . Al no saber qué estudian, y pasar de estudiar la conciencia a estudiar la conducta, los psicólogos, “sin saberlo”, se enmarcan en un “proyecto adaptacionista”[22] de los sujetos. Detrás de esta obsesión por adaptar y evaluar tal adaptación, se encuentra un “encargo social emanado de las clases dominantes”[23].

Nos recuerda Braunstein que “la psicología individual [que es también social, dice Freud en la primera página de Psicología de las masas] desconoce que el individuo que estudia es un resultado del ambiente (social) y que la contraposición [dualista] de ambos es solo aparente”[24]. En este desconocimiento en el que se encuentra fundada la psicología y su pretensión de ciencia natural (como una “biología” más), la disciplina sería solo serviría como “técnica de registro, predicción y control” pero también como una “ideología que ofrece representaciones ilusorias sobre la singularidad y la autonomía del yo, de la personalidad o de la conciencia”[25]. Complementa diciendo que sería absurda “la pretensión de fundar una psicología basada en el estudio de la conciencia y la conducta de individuos aislados” sin tener en cuenta “la estructuración del aparato psíquico a través del proceso de sujetación”[26]

Braunstein, lector de Althusser, acierta en considerar a la psicología como “aparato ideológico”[27] (tema que fue abordado de manera general en el segundo ensayo de este blog) y esto se verá confirmado tras la lectura sintomal (como la de Marx identificada por Althusser) que realiza de la psicología académica.

En esta lectura no literal, sino más bien, lectura del síntoma del capital, Braunstein descubre que “el psicólogo trabaja por cuenta de alguien y ese alguien no muestra la cara”[28]. La psicología que se enseña en la formación del estudiante “está constituida como una respuesta técnico-ideológica frente a una demanda [Deleule] que procede de las clases dominantes”[29]. Cito ampliamente al Dr. Braunstein:

“Así nos hemos enterado que el progreso psicológico está supeditado a una política que es la del capitalismo en su fase avanzada, el imperialismo, fundado en la explotación creciente de los trabajadores del propio país y en el mantenimiento y reforzamiento de la dependencia económica, cultural y políticomilitar [sic] de los países del llamado Tercer Mundo. La psicología sobrevivirá en la ‘creciente medida de lo que pueda aportar a nuestra vida’, en tanto que va creciendo su importancia como aparato ideológico de Estado, en tanto que profundice en la implementación de técnicas al servicio de la sujetación ‘individual y colectiva”.[30]

Comentarios finales

El común denominador de esta postura althusseriana contra la psicología, es el de considerar a la disciplina como parte de la ideología dominante, o como bien diría Deleule, como “refuerzo” de la misma; diremos aquí que la psicología no es más que una apología del capitalismo. Tanto Deleule y Braunstein, así como otros críticos marxistas de la psicología, como Pavón-Cuéllar, no dudan al generalizar su crítica a toda la disciplina. Esta crítica generalizada surge porque la psicología nunca ha podido salir de las apariencias, de la ideología, de lo consciente como eje de estudio. De ahí que opten (y me incluyo), por el psicoanálisis, y más aún, por el psicoanálisis de Freud y Lacan.

Intentar incluir a la psicología en la lucha revolucionaria es perdonarla por sus funciones actuales en el capitalismo neoliberal. Es cierto que hay psicólogos y psicólogas que manifiestan su postura política a favor de la clase oprimida, pero me atrevo a decir que tal postura tarde o temprano los hará abandonar su psicología, y optar más por lo político que por lo psicológico.

A un día del 20 de mayo (día del psicólogo en México), reitero y reiteramos que la psicología sirve únicamente para la clase dominante, aquellos que tienen los medios de producción. Son quienes explotan la fuerza de trabajo de los otros, quienes se apoderan del saber-hacer del esclavo, los que pueden tratarse con la psicología. Nunca falta un psicólogo o psicóloga en la industria, en la escuela: ¡cada vez hay más psicólogos en el país!

Quizás sea momento de recordarles a los que ejercen y a los estudiantes, que su psicología, por más positiva, por más buenas intenciones que diga tener, está manchada de sangre por torturas[31], empapada del sudor de los trabajadores y trabajadoras cansadas, explotadas, mal pagadas, discriminados, empobrecidos, desvalorizados. Hoy es un buen momento para recordarle todo esto a la psicología, incluso a los que optan por una postura diferente, contrahegemónica, con la finalidad de que reafirmen su lucha, su opción política contra el capitalismo, el racismo, el colonialismo o el patriarcado.

Para finalizar, no me queda más que agradecer, en el primer aniversario de este espacio en donde he podido compartir lo que pienso, a quienes me han apoyado afectivamente, quienes me ofrecen retroalimentación teórica, quienes comparten los escritos y a quienes comentan en la página de Facebook: todxs, de alguna u otra manera, estamos haciendo psicología crítica.

Referencias


[1] Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía (1844), Madrid, Akal, 2013

[2] Louis Althusser, Sobre Marx y Freud (1978), en Escritos sobre psicoanálisis. Freud y Lacan, México, Siglo XXI, 1996, p. 204

[3] Ibid. p. 197

[4] Althusser, El descubrimiento del doctor Freud (1976), Op. Cit., p. 177

[5] Althusser, Freud y Lacan (1964), Op. Cit., p. 33

[6] Althusser, El descubrimiento del doctor Freud (1976), Op. Cit. p. 173

[7] Althusser, “Sobre Marx y Freud” (1978), Op. Cit. p. 196

[8] Louis Althusser, “Psychoanalysis and psychology” (1964), en Psychoanalysis and the Human Sciences, Nueva York, Columbia University Press, pp. 67-70

[9] Jacques Lacan, Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis (1953), en Escritos I, México, Siglo XXI, 2009, p. 239

[10] Louis Althusser, Para un materialismo aleatorio (1982), Madrid, Arena Libros, 2002, p. 16

[11] Didier Deleule, La psicología, mito científico, Barcelona, Anagrama, 1969, pp. 76-77

[12] Ibid., p. 29

[13] Ibid., pp. 47, 63, 79-80

[14] Ibid., p. 79

[15] Ibid., p. 91

[16] Ibid., p. 93

[17] Ibid., p. 96

[18] Ibid., p. 113

[19] Ibid., p. 132

[20] Louis Althusser, “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” (1970), en La filosofía como arma de la revolución, México, Siglo XXI, 1974.

[21] Néstor Braunstein, Psicología: ideología y ciencia (1975), México, Siglo XXI, 1991, p. 21

[22] Ibid. p. 40

[23] Ibid., p. 41.

[24] Ibid., p. 70

[25] Ibid., p. 75

[26] Ibid., p. 95

[27] Ibid., p. 88

[28] Ibid., p. 343

[29] Ibid., p. 353

[30] Ibid., p. 354

[31] David Pavón Cuéllar, Psicología y Destrucción del Psiquismo: La Utilización Profesional del Conocimiento Psicológico para la Tortura de Presos Políticos. Psicologia: Ciência e Profissão, no. 37 (2017), 11-27. https://dx.doi.org/10.1590/1982-3703010002017

La psicología no lo sabe, pero lo hace: del fetichismo de la mercancía al fetichismo de la psique

Es un hecho prácticamente indiscutible que Marx no solo dedicó una vasta crítica al modo de producción capitalista. No sólo nos enseñó quién es el que nos domina actualmente, sino que al mismo tiempo nos enseñó cómo nos domina. Esta dilucidación la podemos encontrar específicamente en dos textos que me parecen importantísimos: “El trabajo enajenado” en los Manuscritos de economía y filosofía y en “El fetichismo de la mercancía y su secreto” en el Libro I de El Capital. Ambos textos, bastante ricos en relación a lo que nos estructura como sujetos (además complejos a mi parecer; quizá de ahí que se diga en diferentes medios que los economistas burgueses y uno que otro marxista se hayan saltado esta parte), explican a detalle cómo es que, en las condiciones actuales, el capital domina sobre nosotros, nos hace suyos, o lo que es lo mismo, cómo nos deshumaniza para humanizar otras cosas.

En este sentido, en el presente escrito trataré de abordar una propuesta que estuve pensando mientras leía estos dos textos, y específicamente el segundo ya mencionado. Esta propuesta tiene que ver con el fenómeno de la psicologización y con este, obviamente, el aparato de la psicología y su respectivo papel subyugante en el capitalismo actual. Muy probablemente, esta propuesta, (que no es para nada nueva y que además puede estar bastante incompleta) esté tan psicologizada como la psicología y el capital mismo. No obstante, apelo a aquello que Pavón-Cuéllar, parafraséandolo, nos menciona[1]: ¿por qué no volver contra la psicología su misma fuerza psicologizadora? O la misma crítica que propone Jan De Vos: una crítica a la psicología y a la psicologización sería imposible sin estar en estas[2].

De este modo, pretendo retornar a Marx y al fetichismo de la mercancía, aunque sea de manera laxa (y quizá incompleta) para utilizarlo como punto de explicación del proceder de la psicología dominante, de esa psicología perpetradora de la clase dominante, del capital.

Fetichización: de lo mercantil a lo psicológico

La mercancía

El capitalismo, en palabras de Marx, es un gran cúmulo de mercancías[3]. Las mercancías poseen ante todo dos cualidades bien distintivas: el valor de uso y su valor de cambio[4]. Al menos esto es lo que se puede percibir inmediatamente en cualquier objeto-mercancía, sin embargo, como bien lo analizaría Marx, al ver a la mercancía más de cerca, vemos que este objeto cobra un carácter social. Estas mercancías, no son solo objetos así sin más, pura objetividad material; en cambio, toda mercancía es producto del trabajo humano, inversión de la fuerza de trabajo para producir dicho objeto (lo que a su vez indica el valor de la mercancía, determinado por la magnitud o cantidad de tiempo de trabajo), independientemente de las cualidades útiles que del trabajo resulten y que el mismo producto contenga. En este sentido, Marx explica que la mercancía esconde algo misterioso en ella, adquiere pues, una cualidad fantasmagórica que emana de sí misma. La mercancía, nos dice Marx, refleja al humano el carácter social del trabajo de este, sin embargo, este carácter aparece como si fuera de la misma mercancía, como si la cualidad social-humana fuese propia de esta forma, y por tanto, la relación social entre productores, aparezca ajena a esas cosas[5].

En este sentido, la mercancía aparece como una entidad independiente de quienes la producen, de ahí que Marx llame a este fenómeno el “fetichismo inherente a los productos del trabajo”[6]. Dado que la producción de mercancías es exclusiva del capitalismo, de la propiedad privada, los productores en su supuesta independencia y privacidad del trabajo “únicamente” se relacionan en el intercambio de dichos productos, lo que deja ver que lo único que se relaciona de manera social, son las mercancías y no los sujetos. Al respecto Marx menciona: “Ello hace que las relaciones sociales entre los trabajos privados aparezcan ante los productores como lo que son, es decir, no como relaciones directamente sociales entre personas en sus trabajos mismos, sino como relaciones de cosas entre personas y relaciones sociales entre cosas”[7].

En el capitalismo nada es humano, lo único humanizado es aquello que por su naturaleza no puede, per se, humanizarse sino a través de la práctica del ser humano, es decir, aquellos productos fetichizados, las mercancías. Pero el humano en el capitalismo ni siquiera es humano desde el momento en que se enajena él, su producto y su propia práctica al trabajar para otros; en pocas palabras, todo le es extraño[8]. Ya no se pertenece él mismo ni le pertenece lo que produce. Por el contrario, la mercancía (y lo que se oculta tras de esta) lo domina, lo hace suyo, lo somete, lo subyuga. Cobra ante él la fuerza con la que fue producida, la usa a su favor para someter a su productor; no únicamente constituye el camino que ha de seguir el trabajador en su producción, sino que ha de establecer el encuadramiento mental para que siga dominando a aquél. El trabajador se desvaloriza al mismo tiempo que se valoriza el mundo de las cosas[9].

Volviendo a lo anterior, por tanto, las relaciones sociales, lo humano y el trabajo mismo quedan siempre escondidos en la forma mercancía, siendo esta una entidad “independiente”, y a su vez, al estar estos elementos ocultos, los trabajadores no saben que precisamente están intercambiando trabajo humano; piensan que están intercambiando sus mercancías como meros valores emanados del mismo objeto por su carácter intercambiable. De ahí la maravillosa frase de Marx, que es mejor citar en su totalidad: “[…] Los hombres no relacionan unos con otros sus productos del trabajo como valores porque esas cosas valgan para ellos como las envolturas puramente materiales de un trabajo igualmente humano. Por el contrario. Equiparan entre sí sus distintos trabajos como trabajo humano al cambiar entre sí sus diferentes productos como valores. No lo saben, pero lo hacen[10]. La mercancía se convierte en un “jeroglífico social”[11].

La mercancía oculta pues, además del trabajo humano, la dominación del trabajador, oculta su explotación, la explotación del plusvalor. Hoy, por el movimiento histórico del mundo y el cambio de las fuerzas productivas, se llevan a cabo nuevas formas de dominación en el capital. La propuesta del “sentido común mercantil-capitalista” de Veraza[12] viene a colación respecto a estas nuevas formas de sometimiento. El propio Marx lo señalaba anticipadamente: “lo que distingue unas épocas económicas de otras no es lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace”[13], o lo que es lo mismo y complementando esta proposición, el capital y su perverso proceder no cambia, lo que cambia es su forma para hacer más efectivo este proceder.

La psique

La psicología, nos dice De Vos, hace posible la fetichización[14]. Nosotros agregaríamos que la fetichización en el capitalismo es lo que es gracias a la psicología, y precisamente es así en la medida en que lo que estudia la psicología, lo psíquico y todo “lo demás”, es a su vez, fetichizado en la sociedad actual. La psique se absolutiza en el capitalismo y en la psicología. Esto no es una idea nueva que se me haya ocurrido espontáneamente. Marx lo explica precisamente al hacer su análisis acerca del fetichismo de la mercancía y compararla esta última con el mundo religioso al decir que “los productos de la cabeza humana aparecen como figuras independientes y dotadas de vida propia”[15]. También Engels nos da un claro ejemplo cuando critica al idealismo imperante hoy en día, cuando este afirma que “el rápido progreso de la civilización fue atribuido exclusivamente a la cabeza, al desarrollo y actividad del cerebro”[16].

Eso que estudia la psicología, la psique (entendamos aquí este concepto desde la psicología) aparece como una entidad fantasmagórica, y al respecto de esto último, sabemos que lo consciente, lo yoico, lo que para la psicología es primero, hace posible la creación de fantasías para ocultar la realidad; la psicología no atravesará la fantasía, la reforzará y tampoco intentará combatir la mistificación en el fetichismo de la mercancía, por el contrario, sostiene dicha fetichización. Este ocultamiento de lo externo que reside en lo interno es propio de la psique de la psicología, y que además, tiene bastantes consecuencias que iremos abordando a continuación. La psicología necesita que su objeto esté fetichizado y que lo esté ella también para que todo lo demás no interese. Es lo que me atrevería a llamar el fetichismo de la psique.

Una de las primeras consecuencias de esta fetichización de la psique es que oculta el orden social constituyente de los sujetos, es decir, su lugar en el sistema. Lo anterior claramente hace referencia a la propuesta de Braunstein cuando este menciona que sólo el psicoanálisis en conjunto con el materialismo histórico haría posible la develación de este ocultamiento[17]. El sujeto no es lo que es por su propia voluntad, como también se piensa en el mundo de las mercancías; o sea, no se es rico porque así lo quiera el sujeto: si el humano es rico es porque existen unas condiciones reales de existencia que le preceden, existe, a su vez, un mundo simbólico que lo atraviesa y lo constituye para que pueda comportarse y hablar como rico.

El problema viene también cuando el sujeto quiere cuestionarse la psicologización de su ser y del mundo. El problema justamente es que todo ya parece natural desde que se nace. Todo es ya psicológico. De ahí entonces que al psicólogo le cueste trabajo aceptar que ese interior que estudia no es un interior absoluto, sino producto de las condiciones reales. Por otro lado, en un mundo en el que se nace y, paradójicamente, se le dice al recién nacido (aquí está lo paradójico para la psicología; lo que precede al “recién nacido” no lo toma en cuenta) que será “inteligente”, “enojón”, “cariñoso”, “noble”, no hay mucha capacidad de acción después. El sujeto nace ya como homo psychologicus, desde ese momento empieza la fetichización de lo psicológico, de la psique como motor del sujeto, desde este momento nos empiezan a psicoeducar[18], desde ese momento queda oculto quien nos dijo que seremos enojones, cariñosos o inteligentes con 2000 de C.I.

La psicología no sabe que cuando habla de psique, emociones, el “yo” y la cognición, está al mismo tiempo hablando del modo de producción, de su compadrazgo con el capitalismo, de las relaciones de explotación, del plusvalor explotado al trabajador, del lenguaje estructurante del ser humano. Al igual que los productores de mercancías, la psicología no lo sabe, pero lo hace. El mundo psicológico, al igual que el mundo religioso, lo que está en la cabeza aparece como independiente de la realidad, y a su vez, todo eso resulta ser un cúmulo de “jeroglíficos sociales”. Lo psíquico, al igual que la mercancía, no se pone en la frente lo que verdaderamente es. Al fetichizar la psique pareciera que únicamente nos relacionamos entre síntomas, trastornos, emociones y cogniciones. Se relaciona el yo de un empleado con el yo de su jefe; ya no existe relación entre obrero y trabajador, sino que esta relación aparece exclusivamente como relación social entre los elementos psicológicos al relacionar cada uno su sentir y pensar, y por tanto “se borra” el carácter social de lo que produjo su “interior”. En la psicología todos aparecemos como productores privados.

Por otro lado, el ser humano ya no es ser social en el momento en que se interpela a través de la psicología, no se pertenece, sino que su ser le pertenece ahora a la psicología y lo que esta oculta. Su enajenación radica en su psicologización. Su extrañamiento estribaría en el conocimiento exclusivo de lo psicológico. Lo corpóreo y las condiciones reales se reducen a lo psíquico. Cuanto más sujeto de la psicología es, tanto menos ser humano y social se vuelve. Cuanto más se mira al espejo el sujeto, más borrosa se convierte su imagen y menos se da cuenta de lo que está detrás de aquel.

Comentarios finales

¿Qué es el capitalismo sin su psicología? Es una pregunta que me persigue desde que comencé el blog. No quiero decir que la psicología sea la más importante aquí. Suficiente tiene con ser nombrada por todos en cualquier lugar. Lo que quiero decir es que existe una relación interdependiente entre el capitalismo y la psicología. El capitalismo facilita la existencia de la psicología, su razón de existencia. La psicología, por tanto, se encuentra en deuda con el vampiro. La tiene que saldar, tiene que regresarle el favor a toda costa. Con su efecto psicopolítico adquiere un lugar especial en la sociedad, la colocamos en un pedestal. ¿Por qué será que se adora tanto a la psicología y lo psicológico en las empresas, en los noticieros o en las mismas redes sociales?

Al igual que el economista burgués, el psicólogo con el mismo adjetivo tampoco se da cuenta del fetichismo, no solo de la mercancía (porque en sí, el psicólogo ignora el modo de producción), sino tampoco de la psique, del propio elemento que dice estudiar. El fetichismo de la psique, a su vez, es una cuarta razón por la que no se puede ser marxista en psicología[19].

Notas

1 David Pavón-Cuéllar, Psicología Crítica. Definición, Antecedentes, Historia y Actualidad (Ciudad de México: Itaca, 2019).

2 Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes (México: Paradiso Editores, 2019).

3 Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014). p. 41

4 Ibíd., p. 42

5 Ibíd., p. 73

6 Ibíd.

7 Ibíd.

8 Karl Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía (Madrid: Alianza, 2013).

9 Ibíd., p. 134

10 Marx, “El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I”. Op. Cit. p. 74

11 Ibíd.

12 Jorge Veraza, Marx y la psicología social del sentido común. (Contribución a Una Teoría Marxista Del Sentido Común) (Ciudad de México: Itaca, 2018).

13 Marx, “El Capital. Crítica de La Economía Política. Tomo I. Libro I”. Op. Cit. p. 164

14 De Vos, “La psicologización y sus vicisitudes“. Op. Cit. p. 195.

15 Marx, “El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I”. Op. Cit. p. 73

16 Friedrich Engels, “El Papel del Trabajo en la transformación del mono en hombre” En El Papel Del Trabajo En La Transformación Del Mono En Hombre. Manifiesto Del Partido Comunista. Ideología Alemana (Ciudad de México: Colofón, 2008), p. 176.

17 Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias,” En Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975).

18 De Vos, “La psicologización y sus vicisitudes“. Op. Cit.

19 Luis Pablo López-Ríos, “¿Marxista en psicología? Imposible.,” Versus la Psicología, 2020, https://versuslapsicologia.mx/2020/11/12/marxista-en-psicologia-imposible/.

¿Marxista en psicología? Imposible.

Muy probablemente el lector o la lectora que se ha detenido aunque sea una vez por este espacio a leerme se haya sorprendido al leer el título de este escrito. Elegí este título no porque esté en contra de Marx y el marxismo, al contrario: todas mis opiniones que vierto en este blog están posicionadas desde Marx y la crítica a la psicología y sus respectivos autores que cito constantemente en cada uno de mis ensayos. Decidí escribir el título así porque es la psicología misma la que no acepta a Marx, la que no deja que el marxismo tenga lugar en nuestros salones y en las teorías de disciplina, incluso hasta podemos decir que son incompatibles. “¿Por qué?” se podrá preguntar quien lee. La pregunta puede ser resumida, respondida sencillamente y sin mayor rodeo: una juega al servicio del capital y otro critica al capital (probablemente aquí podría terminar el escrito sin más).

Aquí el lector o la lectora no va a encontrar un escrito adulando a la psicología, mucho menos festejándole todo lo que sabe hacer en las especialidades que ofrece en cada plan de estudios. Para eso existen los miles de sitios web de temática psicológica que pretender “guiar” a los sujetos en su vida y aliviar momentáneamente su malestar y decir que “todo va a estar bien”, que solo es cuestión de “cambiar tu mentalidad”. Lamento decepcionar a las personas que esperaban que me retractara de todo lo que he escrito (lo mucho o lo poco) aquí en el blog. Pretendo, por el contrario, dar tres breves razones por las que considero que la psicología no nos permite ser marxistas en su dispositivo, repasando algunas enseñanzas que nos han dejado algunos críticos de la disciplina y desde el mismo Marx.

Lo anterior no quiere decir que sean las únicas tres razones que existen por las que la psicología se nos presenta como un bastión que protege al capital y lo trata de esconder del misil marxista, o que sean las únicas razones que dejan ver la incompatibilidad entre la psicología y el marxismo, no solamente incompatibilidad teórica, sino ética-política. Invitaría a quien esté leyendo a acercarse a aportes como los de Marx, Pavón-Cuéllar, Parker, Braunstein, De Vos… en fin, autores que han marcado la línea argumentativa de estos escritos. De igual forma, este escrito podría ser complementario al último que publiqué.

Razones por las que no podemos ser marxistas en psicología

Primero quisiera adelantarme a la conclusión y decir que para ser marxistas deberíamos apuntar a deshacernos de la “maldita psicología” en palabras de Pavón-Cuéllar[1]. No podemos ser marxistas y tratar con las injusticias sociales y el sometimiento individual de los sujetos, si partimos desde la psicología yendo siempre bajo su sombra ideológica, siguiendo su camino trazado y apoyando a que el vampiro del capital se siga alimentando y reviva una y otra vez, como nos recuerda Marx[2]. Aquí presento unas razones, específicamente tres para responder a la pregunta de la que surge mi idea para el título: ¿por qué no podemos ser marxistas en psicología? Abro también la discusión para que el lector(a) agregue sus razones y completar este escrito.

Razón 1. El absurdo idealismo de la psicología

La psicología nos enseña que no podemos ser marxistas en y con ella porque esta es profundamente idealista. No podemos ser marxistas con un idealismo bien definido en todo lo que la psicología hace. Su partir celestial, como nos dicen Marx y Engels[3]: partir del cielo hacia la tierra, nos ubica únicamente en el espacio ideológico de la vida. No quiero decir con esto que no sirva lo que pensamos, más bien es que en la psicología somos reducidos a eso, a lo que pensamos: la cognición, nuestras ideas en general, nuestras emociones, todo esto que aparenta estar en nuestra cabeza únicamente, se absolutiza en todos los sentidos. No podemos ser marxistas cuando el centro de todo análisis parte de la cabeza del sujeto e ignorando todo lo demás, la materia que precede incluso al pensamiento y al ser humano mismo.

Digo “absurdo” porque el idealismo de la psicología, ese idealismo burgués, esa abstracción de la realidad, está presente en toda nuestra psicología. Ya ni siquiera se esfuerzan por disimularlo (si es que en algún momento lo hicieron). Basta pensar tan solo en eso que la psicología estudia, y no es que nos importe en este momento recordar qué es lo que estudia (si es que esta realmente sabe a lo que se dedica, como bien se lo reprocha Canguilhem[4] y Braunstein[5]), más bien la pregunta que deberíamos formularnos no es solo “¿qué estudia la psicología?”, sino “¿por qué la psicología “estudia” lo que dice estudiar?. Los mismos objetos que rondan en su aparente cientificidad (el alma, la consciencia, la mente, etc.) precisamente nos llevan a centrarnos en la aparente autonomía de los sujetos; unos sujetos llenos de libertad que construyen (con sus ideas) la realidad. La psicología con su idealismo conduce a un obsesivo individualismo como bien nos señala Ian Parker[6] (premisa recordada aquí múltiples veces). Podemos hacernos una pregunta al respecto antes de continuar: ¿por qué no habrá una discontinuidad epistemológica, o más bien, por qué la psicología no apuesta por la ruptura epistemológica (como nos recuerda Althusser) con esos objetos pre-científicos para realmente constituirse como ciencia? Esto es claro y lo veremos más adelante.

Aun cuando se intenta descubrir las bases materiales de la “mente, consciencia, etc., etc., es decir, todos los aportes que la psicología se roba de la neurología y que psicologiza para intentar justificar su estatuto científico, aun con eso, no se puede explicar la constitución de los sujetos con axones y los somas de las neuronas, las conexiones sinápticas, las funciones o alteraciones del área de Broca o Wernicke, la funcionalidad de la corteza prefrontal o el sistema límbico. No quiero decir tampoco con esto que no son importantes, ni tampoco vamos a negar los avances de la neurología. La crítica más bien se dirige a la cuestión de que la psicología necesita de otras ciencias para justificar su idealismo burgués y la explicación de este con una base “material”. De cualquier manera, si me estoy equivocando con esto, ¿no se regresaría al mismo lugar del que parte la psicología? ¿en dónde está el cerebro?

Si nuestra intención es, como marxistas y como bien se señala Marx en la tesis XI[7], transformar el mundo, no podemos hacerlo “transformando” a los sujetos únicamente; vamos, no podemos transformar el mundo interpretando lo que está en su cabeza o lo que sucede en la cabeza de los que hoy dominan el mundo en todos sus rincones, ni explicando la dominación capitalista a través del coeficiente intelectual de los empresarios con los factores del WAIS, ni explicando la pobreza con el coeficiente extraído del WISC (o inserte usted cualquier otra prueba psicométrica, instrumento “estandarizado”, etc.). Quizá tal vez con esto se responda la pregunta de por qué no existe una discontinuidad epistemológica en nuestra disciplina: se deben erguir como ciencia de la mente, pero esta mente que estudian, es solo la mente de los que dominan como bien señala Pavón-Cuéllar[8]. La psicología no va a cambiar su base idealista. Esta base es burguesa en toda su extensión y sostiene toda la superestructura psicológica. Llamarnos entonces “psicólogos/as marxistas” sería entonces, no solo contradictorio, sino implícitamente antimarxista. Yo lo que aquí propongo, y siguiendo a los autores que mencioné al principio del escrito, es ser marxistas críticos de la psicología, o si queremos reducirlo por comodidad, ser “psicólogos críticos” (tomando en cuenta la definición de “psicología crítica” expuesta y explicada por Pavón-Cuéllar[9]) con una postura o perspectiva marxista, o partir de otra postura que no sea idealista; optar por intersecciones como las del marxismo con el psicoanálisis.

Razón 2. La despolitización política de la psicología

Horkheimer nos dice que la ciencia no es inmanente al científico, o sea, ninguna ciencia es “suprasocial” ni emana espontáneamente del sujeto que se dice a sí mismo científico: toda ciencia tiene una estrecha relación con sus condiciones reales en las que se produce[10]. Es más, no es que tenga “relación” en el que se pone en un lado a la ciencia y por otro lado a las condiciones reales: más bien la ciencia se encuentra dentro de estas condiciones reales de existencia y al revés, estas se encuentran en cualquier ciencia. Contrario a esto, llega la psicología a ignorar cualquier condición real, y como ya vimos, construye todo su saber en el discurso del idealismo y no conformes con eso, los y las profesionistas de la psicología se escinden (o al menos eso creen) de la realidad. Actúan con “objetividad” en todo lo que hacen. Son objetivos con los contenidos que enseñan en clase, son objetivos en el consultorio, son objetivos en las “intervenciones” sociales (el hecho de ser “interventor” en vez de involucrarse ya dice mucho por sí mismo), son objetivos a la hora de hacer “ciencia” y publicar sus múltiples investigaciones acumulando conocimiento. Aquí comienzan los problemas para nosotros del lado del marxismo.

El “simple” hecho de que el psicólogo se llame a sí mismo objetivo o neutral en su quehacer representa ya un impedimento que contesta a la pregunta de por qué no podemos ser marxistas en psicología. El marxismo tiene una postura, esa postura se ubica del lado de la clase proletaria, de aquellos que han sido explotados una y otra vez durante décadas y que fue posible darnos cuenta de eso a partir de Marx[11]. El marxismo tiene un posicionamiento político (no solo partidista, política institucionalizada); la psicología, por el contrario, dice que no, que no es política, y esto mismo lo va a repetir en todos los lugares en donde se pare: la escuela, industria, conferencias, revistas académicas. La psicología no quiere tomar partido por nadie, pero precisamente esa noción de neutralidad u objetividad perpetúa a la clase que domina, aquella de la que emana el discurso científico y configura la realidad con su forma de producción (la acumulación capitalista, la generación de plusvalía a costa de la explotación del obrero).

La queja constante de la psicología, como bien lo mencionaba Parker, es que hoy todo quiere hacerse “político”[12]: ¿no era ya antes todo, incluyendo a la psicología, político? El psicólogo, se convierte, como nos enseñaron Althusser[14] y Braunstein[15], en soporte de la ideología, y aquí es donde radica su ejercicio político al servicio de la clase dominante. Regresando a Parker, diremos la despolitización que la psicología intenta en su decir y en su quehacer teórico y práctico, es político.

En este aspecto me gustaría regresar a la cuestión de la “intervención” que nos suelen encargar a los y las estudiantes de psicología en prácticas profesionales. Siempre lo he dicho en mis clases, a partir de la excelente propuesta de Martínez Gúzmán[18], yo no quiero ser un “interventor” quirúrgico de la realidad para aliviar el malestar. Justamente este papel interventor ensalza más la cuestión de la “objetividad”. Una intervención “termina” después de que el cronograma llega a su fecha límite de trabajo; el psicólogo entrega resultados y propuestas (a partir de las “necesidades” o “problemáticas”) y simplemente se va después de realizar dicha intervención. Su falta de compromiso político ya es en sí un acto político que dice bastante de su quehacer, de su “ética”. Las intervenciones sociales, incluso clínicas, perpetúan el orden establecido en el discurso que se lleva al lugar intervenido.

Razón 3. El servilismo de la psicología

No podemos ser marxistas en psicología porque esta sirve al capitalismo. De nada serviría, en mi opinión, si empezamos a leer El Capital y al día siguiente compartimos en nuestras redes sociales que “el cambio está en uno mismo”. Althusser decía que existen profesionistas de la ideología; curiosamente no menciona a la psicología, pero justamente menciona que estos profesionistas “tratan la conciencia” con chantajes y demagogia[19]. Si hiciéramos una especie de lectura sintomal de Althusser, fácilmente podríamos identificar que también está hablando de los psicólogos (no olvidemos que él mismo tenía amplias influencias de Freud y Lacan, ambos críticos de la psicología, pero a su vez, bastante influenciado por Marx, crítico del discurso idealista de nuestra psicología).

No podemos ser marxistas en una disciplina que sirve al capitalismo. Una disciplina en la que el capitalismo confía para asegurar el entramado de dominación a toda costa con la ideologización, o en este caso, con la psicologización que hoy se necesita para sentir menos ese sometimiento, para aceitarnos como bien nos menciona Fromm[20]. No importa si la psicología sabe o no sabe si sirve al capital, si está consciente de ello o no. ¿Cómo ser marxista en psicología si esta última promete libertad y autonomía, falsas libertades y autonomías en este sistema?

No puedo ser marxista en psicología, o volvamos al principo, “psicólogo marxista”, cuando habrá colegas que se van a dedicar al área industrial para ofrecerles a todos los trabajadores habilidades y estrategias de inteligencia emocional para tolerar la explotación física y mental. Tampoco me sentiría a gusto ofreciendo lo anterior para ver todo positivo en el caos que vivimos hoy. Sería hipócrita de mi parte, aunque tenga que serlo con la psicología para intentar deshacernos de esta. No quiero contribuir a eso que Badiou[21] nos dice en su mensaje a nosotros los jóvenes: contribuir a la vida sinsentido o nihilista de la inmediatez que el capitalismo ofrece hoy y eso a través de una positividad para aliviar de forma inmediata y rápida mi estrés, mi malestar; una ráfaga de pensamientos positivos que hagan olvidarme de mi condición de explotado, o hacer que otro trabajador la pueda olvidar. No podemos ser marxistas porque la función de la psicología es subyugar, bajo la lógica del capital, silenciosamente a los sujetos. La psicología y el capitalismo son la pareja perfecta. Pienso yo, y casi sin temor a equivocarme, que ninguna otra “ciencia” se había entendido tan bien con el capitalismo: la psicología, en mi opinión, supera a la misma administración.

Comentarios finales

Pienso que no puede haber una conciliación entre Marx y el marxismo con la psicología. Al menos no con esta “psicología”. Podríamos intentar transformar nuestra disciplina, pero existen muchas resistencias, principalmente de orden político. Si la transformación no es posible, entonces deberíamos pues, darle paso a otra forma de entendimiento y comprensión de los sujetos, una que sí cuestione el devenir sujeto.

Mientras la psicología nos enseña en nuestras aulas una realidad ingenua y llena de felicidad incluso en situaciones complejas y caóticas, el marxismo por su parte nos muestra la realidad y su lógica, nos muestra que existe la explotación, nos muestra también que solamente unos cuantos se benefician con esa explotación, y que como bien nos diría Marx (parafraseándolo), en donde solo hay ganancia para unos, no puede existir tal igualdad[22] ni libertad (agreguemos) alegada por los psicólogos.

¿Por qué no podemos ser marxistas en psicología? Porque ser marxista en psicología sería atentar contra los principios y bases psicológicas. La psicología no va a permitirte ni permitirnos ser marxistas en su acogedora casa teórica. El marxismo es subversivo e intranquilizador para lo establecido. La psicología tranquiliza y suaviza todo alrededor para que “todo” funcione. Si somos marxistas en psicología no funcionaríamos, no nos recibirían con enjundia como cuando reciben sus honorarios por dar una capacitación de motivación organizacional. Si somos marxistas en psicología seríamos la oveja negra, el bicho raro, el “anormal”. La única opción para poder ser marxistas es serlo fuera de la psicología, pero como mencioné, siendo crítico de ella, no tratando de formar alianzas con lo que emana de ella.

Referencias

[1] David Pavón-Cuéllar, “Psicologismo, idealismo y posmodernismo Tardío En Byung-Chul Han,” Octubre 2014, https://davidpavoncuellar.wordpress.com/tag/byung-chul-han/.

[2] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014). pp. 208-209.

[3] Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista,” en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), pp. 41–101.

[4] Georges Canguilhem, “¿Qué es la Psicología?,” en Estudios de Historia y de Filosofía de Las Ciencias (Madrid: Amorrortu, 2009), pp. 389–406.

[5] Néstor Braunstein, “¿Qué entienden los psicólogos por psicología?,” en Psicología: Ideología y Ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975), pp. 21–46.

[6] Ian Parker, “Introduction: Marxism, Ideology and Psychology,” Theory & Psychology 9, no. 3 (1999): 291–93, https://doi.org/10.1177/07399863870092005.

[7] Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach,” en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), pp. 34–39.

[8] David Pavón-Cuéllar, Marxism and Psychoanalysis. In or against Psychology? (Nueva York: Routledge, 2017).

[9] David Pavón-Cuéllar, Psicología Crítica. Definición, Antecedentes, Historia y Actualidad (Ciudad de México: Itaca, 2019).

[10] Max Horkheimer, “Teoría Crítica” (Buenos Aires: Amorrortu, 2003)

[11] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I, Op. Cit.

[12] Ian Parker, “Critical Psychology: What It Is and What It Is Not,” Social and Personality Psychology Compass 1, no. 1 (2007): 1–15, https://doi.org/10.1126/science.37.963.895.

[14] Louis Althusser, “Ideología y aparatos ideológicos del Estado,” en La filosofía como arma de la revolución (México: Siglo XXI, 1974), pp. 102–51.

[15] Néstor Braunstein, “Relaciones Del Psicoanálisis Con Las Demás Ciencias,” en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975).

[17] Pavón-Cuéllar, Psicología Crítica. Definición, Antecedentes, Historia y Actualidad, Op. Cit. pp. 51-61.

[18] Antar Martínez-Guzmán, “Cambiar metáforas en la psicología social de la acción pública: de intervenir a involucrarse,” Athenea Digital 14, no. 1 (2014): 3–28.

[19] Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Op. Cit. p.126.

[20] Erich Fromm, Psicoanálisis de La Sociedad Contemporánea (México: Fondo de Cultura Económica, 1956). pp. 144-145.

[21] Alain Badiou, La verdadera vida. Un mensaje a los jóvenes (Barcelona: Malpaso, 2017).

[22] Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I, Op. Cit. p. 146.