¿Qué es la psicología? Seis definiciones en clave marxista

Mímesis

La pregunta del título no es para nada nueva. Es, por el contrario, algo repetitivo entre los psicólogos. Es el enigma no descifrado. Es la obsesión que atormenta a la disciplina. Es la pesadilla que ha gravitado desde tiempos inmemoriales en los cerebros de aquellos. Su definición es oscilante: a veces optan por decir que es una ciencia objetiva y bien delimitada con objeto propio, y otras veces pasa al dominio público para convertirse en una Weltanschauung .

Al desconocer su determinación material, esto es, su determinación por el modo de producción actual, la psicología cae en embrollos inextricables, en formulaciones redundantes y contradictorias, en querellas profesionales y teóricas entre “escuelas” y “corrientes”. Por tanto, si no ha existido tal consenso es porque no son ellos, los profesionales de la psicología, los que deciden qué se dice o no en los manuales, códigos de “ética”, en los pasillos de las facultades, o en la calle sobre la disciplina. Al estar integrados en el capitalismo, su definición oscilante se establece en función de las lógicas del sistema, por sus intereses económicos y de clase.

Diremos que las definiciones de la psicología oscilan entre la aceptación de “lo dado” y las cosas “tal como son” con el fin de adaptarnos y someternos a estas, en donde impera la lógica del número y lo acrítico, encontrándonos así en un movimiento lineal inalterable y que solo podría ser alterado por el experto, por la minoría académica, quedando reducido el sujeto en objeto esclavizado; pero también se define como un espacio público en el que todos caben, formando así una visión del mundo, con cierta flexibilidad, con promesas de cambio [individuales e internos] y “autonomía”, como incentivo de las cualidades humanas y la libertad. ¿No sería esto algo tan conocido como el funcionamiento del propio capitalismo? ¿No es acaso la psicología una mímesis del sistema en todos los sentidos?

Las contradicciones teóricas surgidas entre psicólogos y sus intentos para definir su disciplina se determinan fuera de los congresos, de los colegios y de las asociaciones de psicología; de ahí entonces que en dos siglos no se haya logrado el acuerdo: ¡porque no son ellos quienes mandan! Así, las contradicciones que podemos encontrarnos a la hora en que se define a esta disciplina, es decir, lo flexible-inflexible, lo humano-numérico, la autonomía-heteronomía, la libertad-esclavitud, son solo las contradicciones que encontramos en el sistema capitalista. La psicología es definida desde otro lugar: desde las lógicas de la producción de mercancías y las relaciones de explotación capitalistas.

Retraducción marxista

Pienso, entonces, que la psicología necesita definirse, pero no desde donde ha sido definida, asegurándole siempre un mínimo de existencia y prestigio en pro de la clase burguesa, sino desde un lugar en el que quede inerme, desnuda, indefensa; desde un lugar en el que no pueda defenderse porque ha sido descubierta. Propongo seis breves y muy generales definiciones en clave marxista que retraducen a la psicología, y al retraducirla, se pone de manifiesto que esta disciplina no es sino un desplazamiento necesario efectuado por el capital y sus personificaciones para que estos puedan mantenerse y reproducirse constantemente. Estas definiciones generales también servirán para extender aquello que dejé inconcluso o muy vago en el escrito anterior.

  • La psicología es la expresión, en otros términos, de la lucha de clases que tiene lugar en el sistema capitalista

En primera instancia, la psicología queda definida por la lucha de clases, entre el proletariado y la burguesía, y al quedar definida por ella, también se convierte en un espacio para que esta quede expresada. El psicólogo se eleva en calidad de burgués porque posee medios de producción, a saber, sus teorías, encuestas, test de personalidad y técnicas terapéuticas. El psicólogo somete a los sujetos hasta rebajarlos a meros objetos, objetos de la psicología, subordinados a sus lógicas de producción. El psicólogo adquiere el papel de mandamás, de administrador de vidas puesto que posee los medios para ello. Su posición de poseedor le permite diferenciarse del proletariado, de los no-psicólogos, y es gracias a esta diferenciación en donde radica la dominación, tanto burguesa como psicológica.

Del mismo modo en que la clase burguesa nos promete a todos y todas libertades e independencias[1], así la psicología promete libertad e independencia en el momento en que cautiva y somete al proletariado, al no-psicólogo. Pero como nos lo recuerdan Marx y Engels[2], todas estas libertades e independencias, son tan solo libertad e independencia para comprar y vender. De ahí que digamos que no podemos ser marxistas en psicología.

  • La psicología es la formación teórica en donde se confirma la división mental y física del trabajo, y por tanto, es una versión actualizada y mejorada del idealismo burgués

Al no reconocer su determinación histórica-material, la psicología deviene abstracción. Su objeto, la psique, está determinada por la división en clases y por la división mental y física del trabajo. De ahí que el marxista Pavón-Cuéllar nos recuerde que “el objeto de la psicología no es cualquier psique”, sino la psique de los que dominan[3], aquellos que se han podido abstraer del trabajo manual, lo que les permite creer que todo es producto de su cerebro, tal como fue señalado por Engels[4].

La psicología cree que lo más importante del ser son sus funciones cognitivas y sus mecanismos cerebrales, sus emociones en aislado. Así, los problemas del mundo capitalista son reducidos a meros conflictos psíquicos, cognitivos o cerebrales, mismos que tendrían que ser resueltos mediante la psicología para que el mundo se construya y avance.

Como marxistas, no podemos esperar nada de la psicología si confirma en cada paso que da, en cada teoría desarrollada, en cada artículo publicado, a la clase dominante y su abstracción, eso que Marx ya había advertido[5]:

“Una psicología para la que está cerrado este libro [fuerzas humanas esenciales], es decir, justamente la parte más sensiblemente actual y accesible de la Historia, no puede convertirse en una ciencia real con verdadero contenido. ¿Qué puede pensarse de una ciencia que orgullosamente hace abstracción de esta gran parte del trabajo humano y no se siente inadecuada en tanto que este extenso caudal del obrar humano no le dice otra cosa que lo que puede, si acaso decirse en una sola palabra: ‘necesidad’, ‘vulgar necesidad’?”

  • La psicología es el espacio catártico diseñado para la clase burguesa

Puesto que todos los problemas del mundo quedan reducidos a la psique determinada por la clase dominante, los métodos terapéuticos de la psicología están dirigidos a esta y no al proletariado. Son solo los que dominan los que pueden curarse de ansiedad y depresión, porque solo desgastan la mente en la especulación financiera y en funciones directivas. La salud mental tal y como la conocemos, es la salud mental capitalista. El capitalista necesita de su psicología, del psicólogo, para realizar sus operaciones, para asegurar la ganancia, para no sentirse abrumado y asqueado de tanto dinero, para no sentirse deprimido si sus acciones caen.

En cambio, si la clase dominada padece constantemente de estos trastornos, es solo en la medida en que su malestar radica en la explotación física y real: el trastorno mental deviene efecto de la explotación, de la extracción del plusvalor, del plustrabajo no pagado al obrero. Si al trabajador lo envían al consultorio del psicólogo es solo para que este desvanezca y suprima temporalmente el síntoma, lo que aparece de manera consciente, ignorando la determinación capitalista inconsciente, misma que retornará con mayor fuerza. Se padece de explotación capitalista, no de ansiedad o depresión.

  • La psicología es una modalidad de enajenación en el sistema capitalista

La psicología burguesa se generaliza a las masas. Si la clase capitalista considera a la psicología un espacio catártico que les funciona y los saca de apuros, entonces esta idea particular de clase, pasa a ser idea general del mundo: “las ideas de la clase dominante, son las ideas dominantes” nos recuerdan Marx y Engels[6]. De esta manera, las ideas de los sujetos desposeídos de los medios de producción real, son las ideas psicologizadas.

La enajenación estriba en la psicologización, en el reconocimiento del sujeto a través de las teorías psicológicas, en la imagen psicologizada que le promete consistencia frente a la inconsistencia, forma frente a lo amorfo, y todo esto porque la psicología se presenta como el único posible de los mundos, en la única manera de pensarse a sí mismo, en la única forma de ser y actuar. La vida del sujeto ya no es su vida, sino de la psicología, pero sobre todo, del capitalismo, del capitalismo y su psicología.

Es más conveniente llamarse a sí mismo obsesivo o ansioso, porque estos dotan de identidad al sujeto, lo hacen ser alguien en conjunto con los demás. Si, por el contrario, alguien se llama a sí mismo “explotado por el sistema capitalista”, será considerado un anormal, un inadaptado; digamos que si alguien no se interpela con la psicología, sería un no-enajenado…

  • La psicología es el lugar que permite el imperio del valor de cambio sobre el valor de uso

Sabemos que lo que les interesa a los capitalistas es producir valores de uso porque estos son solamente “el sustrato material del valor de cambio”[7]. El capitalismo se rige por la lógica del número, por el crecimiento constante, por el aumento exponencial, por la maximización de la ganancia. Da igual lo subjetivo del trabajador y la forma objetiva que su trabajo toma[8], solo importa el número que podrá representar tal objetivación independientemente del uso o la cualidad que esta tenga. Pareciera que todo queda como en una especie de lenguaje binario, ceros y unos. Lo mismo sucede con la psicología.

Sus pretensiones de objetividad no solamente se reducen a un ejercicio político y no neutral oculto, sino también a la reducción de todo en cantidades, tal como sucede en el sistema capitalista. El sujeto deviene objeto puesto que reporta cierto resultado numérico que se disfraza con palabrerías. Tales ejemplos los vemos claramente en los test de inteligencia (WISC, WAIS, Shipley, Beta, y otros), o también en las escalas de depresión y ansiedad (por su puesto, sus “ítems” están determinados inconscientemente por la clase dominante): entonces ya no importaría ni siquiera los motivos aparentes (conscientes) de la depresión o la ansiedad, sino tan solo el número reportado (ya sea en escalas o el número de criterios diagnósticos) para adecuar las técnicas “científicas”. ¿No es acaso esto otra contradicción propia del capitalismo que se desplaza hacia la psicología? Para el sujeto sometido a las pruebas psicológicas, es “ganancia” que no tenga tantos criterios marcados por el DSM, mientras que si resulta con diagnóstico de depresión mayor, reportaría “pérdidas”.

  • La psicología es un arma contrarrevolucionaria

Al ofrecer sus servicios técnicos y catárticos ya no solo para una minoría, sino para la mayoría, la psicología funciona como sedante[9]. La psicología solo se enfoca en tratar lo consciente, o como gustan decir, se enfoca en mantener a todos en “el aquí y el ahora”. Cuando escuchamos decir a los estudiantes de psicología y a sus docentes que la psicología sirve para que todos “podamos tener una buena vida” o “ser más productivos en el trabajo”, o también para “mejorar nuestras vidas”, se habla de aquello que Marx[10] y Holzkamp[11] nos advertían: solo nos limitaríamos a interpretar el mundo y no transformarlo, y al interpretarlo solo estaríamos aceptando las cosas tal como se nos presentan.

La psicología es un arma que no permite la transformación del mundo. Cuando aprieta el gatillo, las balas psicologizantes debilitan al ser, debilitan la acción colectiva, atomizándonos a todos, encerrándonos a cada uno dentro de nosotros mismos. No olvidemos tampoco sus servicios prestados a la mercadotecnia: la psicología de la imagen, del color, o de lo que a ustedes se les ocurra, todas en función de la persuasión, de la creación de necesidades irreales, de la promoción del consumo acelerado y desmedido.

La psicología es capitalismo

Como intenté describirlo someramente en el artículo anterior, podemos agregar una séptima definición que resume y condensa las seis anteriores: la psicología es capitalismo. Esto es así porque su manera de actuar, de ejercer el poder, de presentarse, asemeja el movimiento del capital. El capital estaría en lo inconsciente de la disciplina psicológica, de ahí su mímesis que traté de abordar al principio.

Tal como hace un síntoma, este deviene consciente distorsionando su verdad. El síntoma psicología es una traducción del capitalismo. Todas sus definiciones son solo traducciones, “verdades a medias”, una parte del todo. De ahí entonces que tengamos que efectuar una retraducción en clave marxista, tal como Freud lo explicó con las neuropsicosis de defensa[12]: por ejemplo, retraducir el síntoma obsesivo a lo sexual, el origen de aquel.

Si el capitalismo cambia, cambia con él la definición de psicología, sus servicios, sus técnicas. Este escrito puede ser tan solo una advertencia para los camaradas marxistas que confían aún en la psicología, desconociendo su origen burgués. Si luchamos, desde cualquier trinchera, contra el capital, es necesaria la lucha contra la psicología. No hay que tomarnos a chiste cuando se dice que existen síntomas del capital: la psicología es uno de ellos.

Notas

1 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (1848), Madrid, Akal, 2004. p. 42

2 Ibid.

3 David Pavón-Cuéllar, “Marxian psychologies” en Marxism and Psychoanalysis. In or against psychology?, Londres, Routledge, 2017. p. 14

4 Friedrich Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (1876), México, Colofón, 2008, p. 176.

5 Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía (1844), Madrid, Alianza, 2013. p. 184

6 Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista” (1846) en Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza, 2012. p. 71

7 Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I. (1867), México, Fondo de Cultura Económica, 2014. p. 169.

8 Ibid. p. 44

9 David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Teoría y Crítica de la Psicología 209, núm. 2 (2012): 202–9.

10 Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach” (1845), en Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza, 2012. p. 39

11 Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985)”, Teoría y crítica de la psicología 8 (2016): 293–302.

12 Sigmund Freud, “Las neuropsicosis de defensa” (1894), en El yo y el ello y otros escritos de metapsicología, Madrid, Alianza, 2012. p. 215

Mundo Psicologizado

Advierto a mis lectores que este es un texto “distinto” en cuanto a formato. No tuve ganas de citar esta vez porque mucho de aquí, se ha dicho en anteriores ensayos con sus respectivas citas, lo que claramente indica que aquí no se expone nada nuevo; pero como dice Freud: “Nada nuevo habremos de decir [aquí]; tampoco evitaremos repetir lo ya expuesto en otros lugares”. Por tanto, esto no me impide, claro está, que retome las ideas de quienes han ejercido gran influencia en mis palabras.

Imperio psicológico

Es un hecho que todos y todas conocemos algo de psicología. Sabemos, hasta cierto punto, de qué trata la psicología, incluso, forma parte de nuestro día a día. Nuestra normalidad se ha convertido en normalidad psicológica. Pero es esta normalidad lo que me preocupa y debería preocuparnos. No es raro, entonces, que mientras caminemos, nos encontremos demasiadas personas expresándose en clave psicológica: “¡Me siento estresado!” dice el oficinista; “¡Este día está para deprimirse!” exclama el adolescente después de hacer tareas escolares; “¡Tenemos que ser resilientes!” dicen papá y mamá ante una crisis económica. Es como si la psicología estuviera por todos lados, como si nos acompañara hasta cuando no queremos compañía. Esta es mi preocupación: la psicología está dominando nuestras vidas.

A este dominio ejercido por la psicología se le conoce como psicologización. A simple vista, no parece tener ningún efecto, incluso, parece inofensivo. Sin embargo, como veremos más adelante, esta psicologización de la vida tiene grandes consecuencias en nuestro ser y hacer. La psicología ejerce un efecto imperialista al abarcar zonas que parecían inabarcables por ella. Y cuando hablo de psicología, por supuesto, me estoy refiriendo también a los psicólogos. Somos los psicólogos los que contribuimos a esta psicologización. Sin embargo, y recurriendo a la fórmula marxista, no lo sabemos, pero lo hacemos.

Veremos, además, que esta psicologización no surge de la nada. Es decir, la psicología es simplemente un velo que encubre otra cosa, que mantiene parcialmente oculto algo que, por su misma “naturaleza” y constitución, es preciso ocultar. Esto oculto, sin embargo, es lo que atraviesa y sostiene a la psicología: la constituye y le marca el camino que ha de recorrer. En otras palabras, la psicología se convierte así en un síntoma de la verdadera enfermedad.

Psicologización de la vida

El psicólogo crítico en Bélgica, Jan De Vos, cuyos aportes son imprescindibles para una crítica a la psicología, nos ha advertido ya que todos somos, prácticamente, psicólogos en potencia. En otras palabras, todos nos estamos convirtiendo en psicólogos(as) sin haber pisado un aula o una facultad de psicología. Se nos está enseñando a reconocernos a través de la psicología; es como si usáramos unos anteojos graduados por la psicología para ver y formar nuestras vidas alrededor de lo psicológico.

Como lo mencioné líneas más arriba, no es raro escuchar a personas que se expresen con los términos utilizados por los psicólogos: “trastorno”, “depresión”, “border”, “resiliencia”. Hay un sinfín de palabras originadas en la psicología que tienen bastantes efectos en nuestras vidas; veamos esto más de cerca. Al reconocernos a través de lo psicológico, al hablar y adoptar los términos de los psicólogos, dejamos de ser lo que somos; dejamos de ser uno con los otros para pasar a ser un “yo”, un “yo psicológico”, individual, autónomo, con libertad. Si queremos ser más radicales, podemos decir que nuestro ser, nuestra persona, ya no nos pertenece realmente, sino que le pertenece al saber de la psicología. Nos encontramos en una enajenación completa. Nos convertimos en extraños en nuestro reconocimiento a través de la psicología. Sin embargo, como habré de reflexionar más adelante, no es que nuestro ser social (puesto que todos somos seres sociales desde nuestro nacimiento) y lo propiamente social, es decir, la vida misma, se extingan, sino más bien, quedan difuminados. Queda, como ya habíamos adelantado, oculto tras el velo de la psicología.

Decíamos: la psicologización no surge de la nada. También habíamos dicho que hay algo que atraviesa a la psicología de extremo a extremo. Y si hay algo que atraviesa y sostiene a la psicología, es porque eso es más poderoso que aquella. Esto que sostiene a la psicología es el capitalismo. Veremos más detallado lo anterior.

Capitalismo y su psicología

No es que la psicología funcione de manera autónoma. Ni ella misma es lo que nos promete, esto es, libre. La psicología cumple dos funciones contradictorias: ser parte del engranaje que echa a andar la máquina capitalista y, por otra parte, ocultar esta misma función y a la máquina misma. El filósofo mexicano y marxista David Pavón-Cuéllar ya había adelantado esto: la psicología cumple funciones específicas para que el sistema no caiga, para que se mantenga estable y funcional.

Como sabemos, el capitalismo pinta todo de rosa, pero en realidad, no es más que un sistema deshumanizador que todo lo traduce en valor de cambio, en ganancia, todo tiene que generar un excedente a costa de esta deshumanización, de esta enajenación de la vida al ser explotados (eso que Marx llamó “plusvalía” y que es tan vigente como hace casi dos siglos). Y es que, precisamente esto queda oculto por la psicología: al reconocernos como sujetos psicológicos y no como lo que somos realmente, a saber, explotados, la clase explotada, el capitalismo puede seguir produciendo riqueza a través de un movimiento infinito e incansable de explotación. Este movimiento tiene que preservarse para que los bolsillos sigan llenándose. Es por esto que el capitalismo tiene que recurrir a sus mejores herramientas para asegurar su existencia, para perpetuarse y perpetuar la ganancia.

La psicología, entonces, es la herramienta perfecta para el capital. Lo es, como hemos repetido, porque nos hace ver lo que está permitido ver. Nos hace ser lo que está permitido ser. Desde el momento en que nos nombramos “depresivos”, “estresados” o “ansiosos”, difuminamos la realidad misma, a saber, la realidad que explota y genera ganancias para unos cuantos. Es más fácil y conveniente para las fábricas o cualquier otro lugar de trabajo, que sus trabajadores enfermen de “depresión” o “ansiedad”, porque así pueden recurrir a todo el tratamiento psicológico para aliviar el malestar. Como dijimos al principio: el problema está en que lo psicológico es solo un síntoma, la enfermedad es el capital, es el vampiro que nos arrebata la vida día tras día.

Al psicologizarnos, al dejarnos psicologizar, le estamos dando un territorio más al capital para que sea explotado. Digámoslo claro: al psicologizarnos nos convertimos en ignorantes, en toda la extensión de la palabra. Lo somos porque nos importa un carajo lo que le pase al vecino, al campesino explotado, al oficinista estresado. No nos importan porque solo nos importamos nosotros mismos en nuestra (supuesta) individualidad. No hay sentido de comunidad, no hay solidaridad verdadera puesto que siempre está de por medio la ganancia, el beneficio. Si el capital es una cosa muerta que vive gracias a nosotros, no esperemos que de la psicología emanen fuerzas vitales. El capital es psicología, y la psicología es capital. Nuestra autonomía es nuestra desdicha; nuestro yo es pura ficción. Nuestro mundo psicologizado no es nuestro mundo, es del capital.

Marx y Freud ante la psicologización

No hay salida de la psicologización por la misma psicología. Tenemos que buscar en otro lado. La salida es por otro lado, aunque a veces no la podamos reconocer: Marx y Freud. Por un lado, Marx nos otorga la llave para salir del capitalismo. Hace poco tuve la oportunidad de leer un comentario de un usuario en Facebook que versaba más o menos así (no recuerdo muy bien): “la genialidad de Marx no encaja en el cerebro de los vulgares”. Una frase muy cruda, pero cuánta verdad contiene. En efecto, las ideas marxianas y marxistas abren la posibilidad de otro mundo, y al referirme a sus ideas en general, hablo también de esas ideas “psicológicas” y no solo de la crítica al capital. Es por eso que Marx resulta tan peligroso, porque su legado no está limitado a lo “económico”. No entraremos a detalles a sus ideas puesto que en este espacio se han expuesto en compañía con otros marxistas.

Freud, por su parte, ofrece una salida más “rápida” y visible de la psicología. Al dar cuenta de lo inconsciente, queda destruido el sujeto psicológico, el yo psicológico, supuestamente autónomo e individual. Ya no es el sujeto psicológico consciente el que habla y el centro de nuestra atención, sino todo aquello que había desaparecido al concebirlo como individuo autónomo. Solo a través de Freud podemos saltarnos la represión impuesta por el capitalismo.

Me parece bastante irrisorio los que han dicho que Marx y Freud están superados. Irrisorio porque, sin meternos a sus detractores reales, hay quienes están constantemente “revisándolos” para tratar de anexarlos a sus filas, “digiriéndolos” para que no les caiga de peso. Es más, hay quienes han tomado sus ideas sin darles un gramo de crédito. Hasta los más posmodernos han tomado aportes de Marx, incluso de Freud. No hay crítica sin hacer paradas en Marx y Freud. Como ya lo había dicho en el artículo anterior aunque refiriéndome específicamente a Marx, es como si estos revisionistas se administraran unas buenas dosis de ideología para protegerse contra cualquier peligro.

La única oportunidad para derribar el imperio del capital y su psicología es a través del bombardeo marxista y freudiano. Así sin más.

Comentarios finales

Nunca me ha gustado dar una conclusión. Es más, siento que durante todos mis textos voy concluyendo desde el principio. Y es que la conclusión será siempre deshacernos de la psicología a como dé lugar. La conclusión será siempre oponernos al capitalismo. Concluiré siempre diciendo que necesitamos crítica: crítica en nuestras aulas y crítica en las calles, no importa qué forma tome esta. La necesitamos. No habrá nunca una conclusión; no hemos terminado.

(Meta)Psicología Crítica

La crítica suele desvanecerse en las aulas de psicología. Pero, ¿no es acaso este desvanecimiento o pulverización de lo crítico-reflexivo producto de su origen?, en otras palabras, ¿no será que el error que cometemos muchos y muchas al criticar a la psicología es, precisamente, que partimos de la misma psicología? Los intentos vagos de crítica a la psicología suelen ser muchos, lo hemos constatado: conductistas “criticando” humanistas, humanistas a los cognitivos, psicoanalistas (psicologizados como bien lo analizó Althusser[1]) a humanistas, sistémicos a psicoanalistas. El potencial crítico se esfuma cuanto más se alegue entre ellos, queriendo imponer cada uno su Verdad; más aún: una Verdad psicologizada, dentro de los límites trazados por la institución psicológica tal como la conocemos desde hace un siglo. Lo que podemos notar es un bucle infinito acrítico en el que se pierde cualquier posibilidad de trascendencia académica y política. La pérdida de posibilidades la podemos notar cuando encontramos intentos de burdo eclecticisimo que, por cierto, no terminan llevando a ningún lado.

Ojo, que el lector/a no se confunda aquí, no ubico a ninguno de esos paradigmas dominantes como salvadores de nuestra psicología, pretendiendo superar ese eclecticismo. La psicología, como institución, ejerce una forma (o varias formas) de gobierno de los sujetos, no solo de los que alguna vez pisamos sus campos de concentración, sino también, de aquellos que son ajenos a la disciplina. No es raro entonces que nos empeñemos en buscar la crítica en otro lado, fuera de su dispositivo para regresar a él con suficientes armas y destruirlo.

Si en este espacio me comprometí con una psicología crítica, más específicamente, con una crítica marxista a la psicología, es porque encuentro en ella lo que no existe en los intentos de crítica al interior de nuestras facultades, de nuestros salones y en nuestras conversaciones con los docentes. Encuentro eso que la enseñanza de Pavón-Cuéllar ha dilucidado en su articulación de Marx y Freud [2], también lo que Marx permite pensar más allá de lo que se nos da en nuestros planes curriculares y la necesaria intervención de Foucault para entender el “arte de no dejarnos gobernar”. Es así pues, que en este texto se retoma lo que ya se podría haber denominado como “meta-psicología crítica”, que ya de por sí puede sonar redundante para quien ya esté familiarizado con los autores mencionados anteriormente.

¿Qué es la crítica?

Esta pregunta a modo de título se la hizo Michel Foucault en una conferencia que dictó en 1978 en la Universidad de la Sorbona, Francia. Lo que aquí nos interesa es, precisamente, su conceptualización de lo que hoy es tan necesario en la psicología para rebasarla “por la derecha”, o sea, por su lado ciego, de tal forma que ni la misma disciplina sepa que está siendo superada. Algo que es revelador, y a modo de paréntesis, de esta conferencia es que se dicta tres años después de la publicación de Vigilar y Castigar, texto en el que se posiciona en un inconfesado marxismo[3], un marxismo que es necesario para la propuesta que aquí nos compete.

La pregunta que nos interesa, al igual que a Foucault, es: ¿qué es la crítica? ¿para qué nos puede servir la crítica? Podemos sostener la tesis que, al igual que la Iglesia cristiana analizada por Foucault[4], la psicología opera de la misma manera en la actualidad: propaga la idea de que “debemos” ser gobernados por ella, por su saber-poder. Pareciera que todas las facultades de psicología obedecieran a una Cosa que escapa de su saber en el sentido que no sabe que es determinado por aquella. En las universidades en donde se imparte psicología, es preciso sujetar a todos los estudiantes a esa homogeneización disfrazada en diversidad teórica [5]. Ante esta homogeneización, esta gubernamentalización en el que las Verdades incluyen efectos de poder y el poder tiene sus verdades, es necesaria una postura crítica.

Al posicionarnos en la crítica, tratamos de escapar de esa forma (o de las diversas formas) que nos gobierna, de esa psicología ejercida en los manuales, en las clases, en el discurso docente-universitario. La crítica, entonces, siguiendo a Foucault, sería el arte de no dejarse gobernar, la inservidumbre voluntaria, sería pues una postura indócil, reflexiva[6]. Paralelamente, encontramos una postura similar en Holzkamp: la crítica se traduciría en nuestra capacidad de acción que permitiría ejercer un mayor control sobre nuestro devenir, en este caso, el devenir estudiantes en las facultades de psicología, y que además, rebasaría las estructuras del poder, de la estructura burguesa de dominación y sus estrechos márgenes con los que la psicología burguesa juega y da una supuesta libertad a los sujetos[7].

La crítica entonces es algo que niega lo que es negado, y que, probablemente, supere a través de esa negación realizada en la reflexividad. La crítica se aleja de lo que es criticado: a través de la crítica se puede lograr una emancipación. Trataremos de profundizar más a continuación

Meta-Psicología Crítica

Es indudable, como intentamos adelantarlo en el primer párrafo, que existen críticas en nuestra psicología. Si se me permite ser más abierto a lo que planteé anteriormente, podría decir que bajo la definición de Foucault y Holzkamp, existen ciertas psicologías críticas (que omitiré nombrarlas por espacio; el interesado/a puede revisar el texto de “Psicología crítica y lucha social: pasado, presente y futuro” del Dr. Pavón-Cuéllar, en el que ofrece una visión panorámica de estas psicologías críticas) que han aportado en demasía a la discusión teórico-práctica en nuestra disciplina y que han posibilitado la apertura a repensar lo que se hace y decimos en psicología. No obstante, podemos atrevernos a decir que estas psicologías críticas suelen estancarse en el bucle psicologizado en el que se erosiona cualquier potencial crítico. Podemos decir también que muchas psicologías pueden ser “críticas”, pero no todas las psicologías críticas son metapsicologías críticas.

Es cierto que partimos de una definición particular de psicología crítica, una definición que revisamos parcialmente en el primer escrito de este espacio. Es preciso detenernos en ella. Pavón-Cuéllar nos escribe: la psicología crítica es “una actitud crítica ante la psicología”[8], una “posición ante ella”, una “forma crítica de relacionarse con ella”[9]. La definición es sintomática, en el buen sentido de la palabra. Lo es porque el autor revela lo que debe de contener una psicología crítica, y es justamente que el “ante” y el “relacionarse” ubican a la psicología crítica fuera de lo mismo psicológico. Es una posición anormal, fuera del discurso psicológico, fuera del alcance de la tecnología psicológica y su control, fuera de las querellas disciplinares que se dan entre psicólogos.

Lo que aquí se propone entonces, es buscar esa crítica fuera de los márgenes de la psicología misma, fuera de las estructuras del poder, fuera de la institucionalización, más allá del statu quo psicológico-burgués. Este “más allá” psicológico, como bien ha sido señalado por Pavón-Cuéllar, se puede encontrar tanto en Marx como en Freud, ese carácter metapsicológico[10]. Antes de limitarnos al primero, es menester mencionar que la tópica freudiana es un claro ejemplo de la crítica que aquí estamos presentando y recordando, es decir, Freud no se limitó a estudiar la consciencia tan desgastada en nuestra psicología mainstream, sino que halló otro camino, más reflexivo, más profundo y menos reduccionista. Al verse rebasados siempre por Freud, a los psicólogos no les queda otra cosa más que psicologizarlo y distorsionarlo, encubrirlo todo con el velo de la fantasía. Es tal el miedo y la resistencia al psicoanálisis freudiano que por eso no se revisa en las aulas, y si se revisa, es una abstracción y erosión descarada de su crítica. El inconsciente está más allá del límite psicológico, pero su crítica, precisamente, radica en ese alejamiento de lo que está ya psicologizado.

Si estamos hablando, al igual que Holzkamp, de que existe una psicología burguesa, no solamente necesitamos de Freud para “rebasar por la derecha” a la psicología. En cierto sentido y paradójicamente, podríamos decir que lo que Freud ofrece es una crítica directa a lo psicológico, una crítica más evidente y quizá por esto, los psicólogos estén más precavidos a la hora de enseñarlo, y por eso es más susceptible a distorsiones. En este sentido, entonces, es preciso recurrir a Marx. Este terreno no ha sido explotado ni se deja explotar por la psicología. En el desconocimiento de Marx radica su debilidad como ciencia.

Cuando recurrimos a Marx, nuestros intentos de abordar y relacionarnos críticamente a la psicología se repolitizan y se llevan más allá de la crítica psicológica, más allá de la psicologización, y lo hace de tal forma que la psicología no se da cuenta que están siendo rebasados por Marx y el marxismo. Esto en dos sentidos: el primero es que se ofrece una reinterpretación y reelaboración de lo psíquico [11] y otro, en que esto psíquico no está cerrado en lo mismo psicológico, es decir, no hay nada de psicología en Marx.

El más allá psicológico de Marx se explica por su intervención desde lo económico-social, desde su postura materialista histórica y dialéctica. En esta intervención se resalta el aspecto fundamental del ser, justo en el momento en que esta metapsicología no se cierra a los sentidos y no hace abstracciones deliberadas [12]. La metapsicología de Marx supera en creces a nuestra psicología en el momento en que dilucida el sistema que lo sostiene todo, incluyendo a la misma disciplina: el capitalismo. Una psicología que no tiene nada qué ofrecer (críticamente hablando) frente a este sistema que lo devora todo a su paso, es únicamente una psicología que atomiza la realidad. No hay crítica sin crítica al capitalismo, o mejor dicho, y parafraseando a Pavón-Cuéllar, no hay psicología crítica sin crítica al capital.

A su vez, puede decirse que la metapsicología de Marx es una crítica en el sentido foucaultiano, dado que escapa a eso psicológico que actualmente nos gobierna a los estudiantes, profesores, clínicos, etcétera, configurados por el sistema capitalista. Es un “escape de esas artes de gobierno”[13]. Es reflexionar en donde no se reflexiona ni un momento. Es no aceptar en donde se acepta todo: lo único que aceptamos es que hay un más allá que explicaría lo psíquico y a la psicología, el capital. Si existe incomodidad entre los psicólogos al darse cuenta de que hay algo que los sostiene, es justamente por eso mismo, porque los sostiene, y una vez en el lado metapsicológico-crítico, no podría haber tal sostén. Es como si esta metapsicología crítica desentrañara los más oscuros secretos que se ocultan en el velo de la psicología, en su espectáculo, en su fetichismo.

Decíamos entonces que hablar de metapsicología crítica es redundante. Lo es porque ambas palabras están fuera del alcance de la psicología. Ambas se oponen a ella de forma tajante. Es así que podemos decir que lo que conocemos como psicología crítica debería ser sin la ausencia de Marx (y de Freud, y quizá de Foucault). Cito la reflexión de donde surge la idea de este escrito:

“En Marx, lo psicológico se esfuma, se desvanece, desaparece. Y desaparece porque se desatiende, porque resulta secundario y parece incluso irrelevante. La psicología suele obviarse y sirve principalmente para ser atravesada [cual fantasía] y permitirnos acceder a la metapsicología[14] (Cursivas mías)

La psicología crítica, desde nuestra perspectiva y desde la de otros marxistas, es algo que desborda lo psicológico [15], es algo que no se deja psicologizar [16] ni gobernar por esas artes. Es una sospecha porque permite preguntarnos por qué algo no está ahí, por qué se encubre, por qué no se deja ver.

Comentarios finales: necesitamos la metapsicología marxiana

Las nuevas generaciones de estudiantes de psicología necesitan dar cuenta de que existe un más allá de las teorías y discursos pronunciados en sus aulas. Necesitan no dejarse cooptar en sus filas psicológicas. Esto por dos cosas: la primera es que ya existen muchos psicólogos mainstream, al servicio del poder, unos que no se dan cuenta que sirven al mismo y otros cínicos que lo siguen haciendo, pero por otro lado, y aquí está lo interesante, al ubicarnos en una metapsicología crítica estaríamos asumiendo un papel político a favor de quienes han sido marginados, a través de la psicología, por el capital, y una vez asumiendo esta postura política, nos apuntamos hacia otro mundo, no solo más allá de lo psicológico, sino, más allá del capital.

Ser metapsicólogos críticos, si se me permite hacer uso de esta denominación, es entonces apostar también por otra psicología, por otra forma de entender la constitución psíquica. Dice Pavón-Cuéllar, cerrando también su artículo: “Este ir más allá es principio fundamental de toda crítica radical en nuestra época”[17]. Es una postura crítica no titubeante ni ambivalente, entre el aquí psicológico y el más allá psicológico, es simplemente más allá de la psicología. Lo cierto es, que las nuevas generaciones de estudiantes de psicología, si deciden elegir este camino, deben saber que no serán bien recibidos en su psicología, en nuestra psicología: serán los anormales, los locos, los “rojos”, los “zurdos”, como peyorativamente se refieren muchos y como suelen proceder los reaccionarios en la psicología. Es un reto que pocas y pocos están dispuestos a asumir. Es más fácil escudarse en la cómoda premisa de que el cambio es utópico. Es justamente así porque no salen de su esfera psicologizada, una esfera que no les deja ver lo que es y la posibilidad misma.

Referencias

1 Louis Althusser, Psychoanalysis and the Human Sciences (1963-1964). (Estados Unidos: Columbia University: 2016)

2 David Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Teoría y Crítica de la Psicología 7, (2016): 139-149.

3 David Pavón-Cuéllar, “Michel Foucault, su inconfesado marxismo y su crítica de la psicología”, Athenea Digital 20, no. 1 (2020): 1-23, https://doi.org/10.5565/rev/athenea.2229

4 Michel Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)” en: ¿Qué es la crítica? seguido de la cultura de sí, (Buenos Aires: Siglo XXI, 2018), p. 47

5 Luis Pablo López-Ríos, “¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiante?” Versus la Psicología, 2020, https://versuslapsicologia.mx/2020/11/01/por-que-criticar-a-la-psicologia-siendo-estudiante/

6 Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)”, Op. Cit. p. 52

7 Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la psicología crítica”, Teoría y Crítica de la Psicología 8, (2016): 293-302.

8 David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. (México: Itaca, 2019).

9 Ibíd., p. 12.

10 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. pp. 140, 143

11 Ibíd. pp. 139-149.

12 Karl Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía (1844) (Madrid: Alianza, 2013). pp. 183-184.

13 Foucault, “¿Qué es la crítica? (1978)”, Op. Cit. p. 49

14 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. p. 143

15 Ibíd.

16 Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. Hacia una crítica psico-política (México: Paradiso Editores, 2019).

17 Pavón-Cuéllar, “Metapsicología del capital”, Op. Cit. p. 147.

¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiante?

Presentación del libro independiente “Versus la Psicología. Contra la psicología hegemónica, ideológica y capitalista: un aporte estudiantil” transmitida por Facebook en la página “Versus la Psicología

Influencias teóricas y primeras sospechas

Las siguientes palabras que expondré las preparé a fin de intentar vislumbrar lo que me motivó a escribir el libro que hoy se está presentando. Quien esté escuchando podrá percatarse que recurro una y otra vez a los mismos autores que han plasmado sus aportaciones teóricas en diversas obras y podrá resultar tautológico en ocasiones, sin embargo, me parece pertinente retomarlos. De este modo, el oyente podrá notar que constantemente regreso a las ideas de autores como Karl Marx, Louis Althusser, Néstor Braunstein, David Pavón-Cuéllar, Ian Parker, Jan De Vos, entre otros no menos importantes. Ellos y sus respectivas aportaciones, específicamente desde el marxismo, forman parte fundamental del argumento, no solo del libro, sino de mis opiniones y afirmaciones en general y de mi postura hacia la psicología, lo que naturalmente implica que habrá bastantes coincidencias con sus aportes. Podría atreverme a decir que estas palabras complementarían una de las conferencias dictadas por el Dr. David Pavón, en la habla acerca de por qué relacionarnos críticamente con la psicología.

Mucho antes de que se me ocurriera hacer un libro, siempre tuve la inquietud de por qué nos enseñaban lo que nos enseñaban en nuestras aulas de psicología: ¿por qué ver más corrientes humanistas que psicoanálisis freudiano o lacaniano? ¿por qué interesarnos más por psicología organizacional, educativa o clínica en vez de psicología social? ¿Por qué la necesidad de insertarnos “adecuadamente” al mercado laboral en función de la rama de psicología a la que nos dediquemos? (de ahí que se diga constantemente en nuestras clases que la psicología organizacional es la que “deja” [monetariamente hablando]) ¿Por qué ver más sobre coeficiente intelectual, trastornos psicológicos y sus clasificaciones? ¿Por qué siempre adoptar el papel “intervencionista” en prácticas profesionales? ¿Por qué tratar siempre esas “intervenciones” como formas de adaptación a la “normalidad”?

Mis porqués no cesaban conforme los semestres avanzaban y la carrera se me hacía más pesada, todo parecía apuntar siempre hacia una homogeneización en el saber y quehacer en psicología, y no porque la psicología carezca de diversidad en su saber, de hecho tiene mucho de dónde escoger y precisamente en esa heterogeneidad teórica-práctica, es decir, en todas las especialidades que ofrece (clínica, neuropsicología, organizacional, social y educativa), siempre existe de manera subyacente, una homogeneización no necesariamente teórica, pero sí ideológica. Esta homogeneización era fácil identificarla, me atrevo a decir que era hasta intuitiva porque todo análisis que se hacía en clase o cualquier reflexión recaía en el sujeto, en la psique, en la construcción de la realidad, en la aparente neutralidad, en la adaptación a la norma.

A finales de 2017 o principios de 2018, mi buen amigo Fernando que hoy me está presentando, me pasó un artículo escrito en 2012 por el Dr. David Pavón-Cuéllar[1] quien imparte clases en la universidad Michoacana; ya había leído de él algunos textos en una clase con el Dr. Daniel Reyes sin mayor detenimiento en sus reflexiones y propuestas críticas: quizá por falta de tiempo o resistencia ideológica como suele suceder hacia el psicoanálisis.

Su artículo presentaba una crítica vehemente y provocadora hacia la psicología: ese carácter ideológico del que siempre hubo sospecha y que se presentaba en esa heterogeneidad del saber psicológico que se imparte en nuestras aulas ahora podía nombrarse: la psicología es un cómplice del capitalismo[2]. En efecto: la psicología, en esa homogeneización de sus teorías y prácticas, existe una reproducción de la ideología capitalista: sistema imperante desde hace unos buenos años atrás.

La psicología como aparato ideológico: un retorno breve a Althusser

Para poder contextualizar acerca de esta ideologización, es decir, esta reproducción de la ideología, es necesario recurrir a la propuesta de Althusser y los aparatos ideológicos que se encuentran al servicio del capitalismo. La escuela es un aparato ideológico y por lo tanto, la escuela o la universidad se encarga de que se reproduzcan las relaciones existentes en el capitalismo a través de la reproducción ideológica: somos sujetos interpelados por la ideología dentro de nuestros salones[3]: unos adquieren habilidades para ser los dominadores, otros los dominados, otros terminan siendo profesionistas de la ideología[4].

Ojo aquí, a modo de paréntesis: no confundamos el término “ideología” con las concepciones que los psicólogos tienden a utilizar: “un sistema de ideas y creencias” que emanan desde la persona o desde su consciencia, por su propia voluntad, eso sería utilizar una versión ideologizada de la ideología. La ideología, por el contrario, es nuestra relación imaginaria con las condiciones reales de existencia. Para no dejar esto tan acortado, bien Foucault nos explica que en la educación se reproducen ciertos discursos, pero limita otros[5]. La pregunta que compete hacer es ¿Cuál discurso se maximiza en psicología más allá del que puede reproducir su propio campo teórico?

Esta ideología del capitalismo se reproduce en la bibliografía revisada, en las teorías que tienen mayor frecuencia, en los lapsus de olvido al no incluir otras teorías, en el discurso docente y universitario. Ahora las preguntas formuladas al principio de mi intervención comienzan a encontrar una respuesta crítica. Antes de continuar, muy probablemente se puedan cuestionar quienes estén presenciando y escuchando estas palabras: ¿Qué tiene de malo “proteger” al capitalismo? ¿Qué de malo tiene la ideología capitalista? Naturalmente no voy a realizar una exposición del sistema dominante, pero sí acercarnos a unas críticas puntales, aunque sean bastante laxas.

Capitalismo: sistema caótico y deshumanizador

El problema con el capitalismo es que este modo de producción ha dejado ver su carácter voraz y represor en el tiempo: ¿Qué de bueno existe en la explotación de la fuerza de trabajo para que unos cuantos sean beneficiados con el plusvalor? ¿Qué de bueno existe en los productos de consumo cuando estos son producidos (valga la redundancia) a costa de la explotación de ecosistemas que hoy peligran? Solo por poner dos ejemplos rápidos sin mayor detalle.

Los defensores de este sistema caótico podrán argumentar que gracias a este sistema tenemos lo que tenemos: tecnología, ciencia, rascacielos, carros; que gracias a este sistema se es libre y autónomo. Pero bien lo refutaban Marx y Engels hace 172 años en el Manifiesto[6]: estas independencias y libertades son solo independencias y libertades capitalistas: recurriendo al chiste como suele hacer Žižek (malogrado por mí y que lo pueden encontrar en memes): se encuentra un home-worker a punto de terminar un informe de trabajo y al terminar su jornada laboral dice: “qué feliz me siento al recibir mi pago quincenal y trabajar desde mi casa cuando yo quiera bajo mis tiempos, me siento totalmente libre”… inmediatamente le llega un mensaje de su compañera a su WhatsApp en donde le recuerda que debe entregar el reporte de ventas a su jefe inmediato, al de finanzas, a la secretaria general y al gerente.

Por otro lado, justamente en ese “tener”, del que hablábamos, se constituye el carácter perverso del capitalismo. Siempre hay que “tener” más y más, nunca será suficiente lo que se tiene. Siempre se tiene que producir más productos de consumo, más carros, más casas, más capital, incluso, más artículos académicos, más títulos, más constancias de congresos, más certificaciones. Siempre se piensa en términos cuantitativos en el capitalismo. Importa más la cantidad de la ganancia de un producto, la cantidad de diplomas, de certificados.

Lo perverso es que todo en esta vida se convierte en una mera mercancía, ciertamente no para satisfacer nuestras necesidades, sino que todas estas cosas pueden intercambiarse cuantitativamente buscando siempre el plusvalor en este intercambio; retomando la cuestión académica para ejemplificar un poco mejor lo anterior: los diplomas, títulos, constancias, años de experiencia previa se intercambian por puestos o promociones en el trabajo que sabemos que nos dejarán más en un futuro, y así nuevamente tendremos más diplomas, premios, más invitaciones a congresos, más ingresos que podremos reinvertir en más certificaciones: es esto a lo que el Dr. Pavón-Cuéllar hace referencia con el “capitalismo académico”; por poner otro ejemplo más perverso en la academia capitalista: hoy a los alumnos al momento de titularnos nos miden cuantitativamente para que las instancias evaluadoras (como el CENEVAL-EGEL) puedan establecer en conjunto con otras instancias federales esa aparente calidad de tal o cual carrera. El capitalismo, en su omnipresencia antepone la cantidad frente a la calidad de la vida.

O como bien analizaría Marx[7], hoy todo contiene valor de cambio (también explicado por Pavón-Cuéllar en su blog*). Se pierde todo lo cualitativo, toda cualidad humana. Incluso en el momento que escribí estas palabras, automáticamente pensaba en cuántas podía escribir para poder predecir cuánto tiempo iba a tardarme en exponerlas. ¿No somos entonces todos, en cierto sentido, capitalistas? Hoy, si queremos contextualizar más, la crisis por la que estamos pasando desde principios de año, nos deja ver que esa obsesiva necesidad de tener y tener más, de tener más lugares por explotar, de tener más objetos de consumo, nos ha llevado a un caos total, un caos sanitario que deja entrever lo realmente caótico que es el capitalismo.

Capitalismo: patrón de la psicología

A todo esto, podemos plantearnos algunas interrogantes: ¿Qué psicólogos y psicólogas se están formando y con qué funciones bajo la sombra del capitalismo? Seguida de ¿qué se le tiene que reprochar a la psicología en el entramado capitalista o por qué criticarla? ¿a qué se refiere Pavón-Cuéllar con el adjetivo “cómplice” que asigna a la psicología en este sistema[8]? Para ponernos en contexto, es necesario primero pensar tan solo en los objetos de estudio de la psicología: el alma, la mente, la consciencia, el comportamiento. Incluso, para poder acercarme todavía más a donde quiero llegar, podemos tomar a modo de préstamo la definición de psicología que Pavón-Cuéllar hace de la disciplina: “un supuesto saber de la psique, el alma, la mente o el comportamiento como objetos delimitados y relativamente diferenciados del mundo y del cuerpo”[9].

Aquí lo interesante, no es tanto lo que la psicología pretende estudiar como bien nos haría reflexionar la definición crítica de la psicología propuesta por Pavón-Cuéllar, o sea, la crítica no solo apunta, y tampoco nos detendremos en esto, hacia su estatuto científico, sino que más bien, esos objetos que además de ser cuestionables en el ámbito científico, se encuentran “diferenciados” del mundo. Quizá de ahí que Klaus Holzkamp, otro crítico de la psicología considere que a la psicología le falta “mundo” [10] o carezca de este, o que también le critique su “reducción individualista”[11]. Todos estos objetos se ubican en el sujeto, en su cabeza. Es como lo que Marx y Engels criticaban: ese partir idealista del cielo hacia la tierra.

Esta “diferenciación del mundo” lo explica Braunstein[12] cuando argumenta que la psicología ofrece ese espacio ideológico perfecto para representarnos a sí mismos, una fantasía de autonomía, de independencia, de hacer creer que existe un “yo autónomo” borrando totalmente lo que está “afuera”, de lo que aparentemente se está “diferenciado”, olvidando las condiciones reales de existencia. Los psicólogos son ahora los nuevos autores de la mistificación ideológica, o sea los nuevos profesionistas de la ideología, aquellos que prometen libertad e independencia a través del “tratamiento de la conciencia”, del chantaje y la demagogia[13]. Así también nos recuerda Holzkamp que de este modo la sociedad burguesa siempre llega hasta los espacios “más íntimos”[14].

La ideologización que necesita realizar el capitalismo para asegurar su dominio tiene que ser forzosamente integrada en prácticas materiales como sucedería en cualquier otro aparato ideológico. En este caso, si la psicología es un aparato ideológico, como lo afirmaría Braunstein[15] y esta tiene sus propias prácticas, la ideología se materializa en la psicología a través de la psicologización. Hoy en día todo es psicologizable, incluso lo que no se puede psicologizar. Es como si la psicología ejerciera un efecto imperialista al abarcar lo que aparenta ser inabarcable por ella. Hoy todo lo vemos bajo el corpus teórico de la psicología, como bien lo señala Jan De Vos[16], psicólogo crítico en Bélgica. Hoy nuestros lentes para ver la realidad están graduados por la psicología.

Psicologización en el capitalismo

Hoy somos reducidos a emociones, a cogniciones, a trastornos, a percepciones, a resultados de pruebas psicométricas. Hoy tenemos que ser resilientes con “x” cantidad de estrategias de afrontamiento para superar cualquier duelo incluyendo los económicos, los políticos y los sociales. Somos reducidos a nuestro coeficiente intelectual y las habilidades que los test de inteligencia estandarizados bajo la norma estadística dicen que tenemos y si no nos ajustamos a esa norma o no tenemos esas habilidades, seremos interpelados por la biblia de los trastornos: el manual de la asociación americana de psiquiatría: ese que nos dirá qué trastorno somos en este momento y seremos canalizados a cierto tratamiento quirúrgico de la subjetividad.

Desde antes de nacer estamos siendo psicologizados: esperan de nosotros que seamos “alegres”, “con carácter fuerte” o “inteligentes”. Hoy cada vez es más fácil escuchar a una persona que dice que se siente “ansioso”, “estresado”, “bipolar”, “depresivo”. Incluso en nuestras redes sociales, todo se reduce a reacciones emocionales: un me gusta, un “me enoja”, un “me importa”, un “me entristece”, un “me encanta”. Hoy, como nos menciona Pavón-Cuéllar, es más fácil identificar los rasgos psicológicos o de personalidad de un gobernante o de un criminal[17]; no hay lugar en donde no existe algo psicológico. Parafraseando un poco a Jan De Vos[18]: la psicología nos dice lo que somos y debemos ser bajo sus teorías y sus conceptos, bajo su saber, bajo sus Verdades (con mayúscula). Esta psicologización, que es una ideologización en el aparato de la psicología, cumple funciones específicas en el capitalismo como lo ha explicado el filósofo Byung-Chul Han[19].

En la “psicopolítica” propuesta por Han, nos convertimos en un homo psychologicus, unos sujetos de la psicología: no solo para comprendernos o reducirnos a la psicología, sino que tenemos que psicologizarnos para funcionar en el entramado capitalista. Hoy la psique se convierte en fuerza productiva, hoy el capitalismo prefiere la explotación inmaterial[20].

Hoy el capitalismo ya no necesita recurrir todo el tiempo a la explotación física, es más factible y eficaz recurrir a las técnicas psicológicas y a todo su corpus teórico para explotar el interior del sujeto para que pueda autosometerse pero a la vez que ese autosometimiento no se sienta tan coercitivo o que simplemente no se sienta, más bien debe permitirle al sujeto sentirse libre, sentirse sujeto autónomo, hacerlo sentir que tiene movilidad en lo que hace. O como ejemplifica Žižek[21]: hoy los magnates les “otorgan” independencia y libertad a los equipos especializados de trabajo para que estos se sientan jefes autónomos de lo que se hace dentro de una empresa, les dan oportunidad de elección y hasta cierto punto, son determinantes en las decisiones importantes del rumbo de las empresas, pero eso sí, bajo el mismo salario de siempre.

La psicopolítica también explota lo positivo, hoy vivimos en la sociedad positiva como explica también Han, en donde no hay espacio para la negatividad[22]. Hoy lo positivo sirve para rendir más, para ver lo que no puede ser positivo lo más optimistas posible. De ahí entonces que contraten psicólogos en la industria o en cualquier otro lugar como consultores, consejeros o motivadores para aumentar el proceso de producción o la adaptación a lo que el sistema demande en ese momento.

O como bien diría Erich Fromm, así como se aceitan las máquinas, los psicólogos “aceitan” también a las personas con lemas agradables, con comprensión empática y estrategias de afrontamiento frente a su malestar[23].

Tanto Néstor Braunstein como Erich Fromm, consideran a la psicología una “técnica”[24] o “instrumento”[25] para el control y la adaptación: para decir qué es normal en el capitalismo, quiénes son los que funcionan y los que no, tratar con todo su arsenal técnico a aquellos que no tienen “buenas emociones”, “buenas estrategias de afrontamiento”, “pensamientos positivos”, para readaptarlos lo más que se pueda. La psicología refina la explotación, la hace más sutil, menos perceptible. El término equivalente de los estragos de la explotación capitalista en la psicologización es “estrés en el trabajo” o “depresión mayor”.

Como psicólogos, ahora se debe eliminar terapéuticamente todo bloqueo mental. Bien nos recuerda Ian Parker: hoy se prefiere el cambio individual que el social[26] porque la psicología está obsesionada con el individuo[27]. Quizá para aclarar un poco más esto, es justo recurrir a la cuestión de cómo ese enfoque en la responsabilidad individual se presenta cada vez más, solo por poner un ejemplo, en las campañas “eco-friendly”: nos enseñan a usar a las personas más productos ecológicos o mejorar nuestros hábitos haciéndonos creer que lo que hagamos en casa va a funcionar: quizá en cierta medida, no lo voy a negar, pero se dejan de lado aspectos, o más bien, estas acciones e imperativos individuales ocultan cuestiones de otro orden, o más bien, ocultan el orden mismo, parafraseando a Žižek[28]. El mismo ejemplo aplica para la situación crítica de hoy: en la pandemia que vivimos actualmente, se escuchan discursos de cambiar los hábitos propios para mejorar todo lo demás, y por lo tanto, estos discursos hacen que se oculten e invisibilicen cosas más importantes como el sistema que desató la pandemia. De ahí que Pavón-Cuéllar ubique a la pandemia como síntoma del capitalismo.

La premisa de ser animales políticos (zoon politikon), es decir, entes que vivimos en sociedad, como argumenta Marx[29], se borra a la luz de las teorías y técnicas psicológicas. La psicología con su psicologización conduce a una despolitización, a un desinterés de las condiciones reales de existencia, de lo realmente importante, un desinterés a las condiciones de opresión que hoy existen, condiciones que nos han constituido como sujetos. A modo de paréntesis para finalizar este argumento, además para evitar cualquier reduccionismo, el propio Marx argumenta que las circunstancias nos han hecho en la medida en que nosotros hacemos también a las circunstancias[30].

Por otro lado, no es raro entonces que la psicología critique a la psicología crítica cuando la primera le reprocha a la segunda que esta quiere hacer todo “político” como bien señala Parker: ¿no es acaso ya esta despolitización, esta psicologización, una forma política en sí?[31] La psicología a pesar de su renuente obsesión con su neutralidad es política y deja entrever siempre en sus prácticas a las que denominan éticas esa complicidad con el sistema y sus ideas. Recordemos que las ideas de la clase dominante, los capitalistas, son las ideas dominantes[32], reproducidas en los diversos aparatos ideológicos: la producción de las instancias intelectuales, de la academia, se subordina a esas ideas burguesas.[33]

Comentarios finales: servilismo, crítica y transformación

Ya para concluir, hago énfasis en la pregunta formulada a modo de título para esta exposición: ¿Por qué criticar a la psicología siendo estudiantes? Hoy hace falta una psicología crítica, no porque nos fuéramos a dedicar a ella como si fuese una especializante ofertada o una corriente teórica específica. Más bien, necesitamos tener una postura crítica hacia nuestra psicología como nos ha explicado en diferentes ocasiones el Dr. Pavón-Cuéllar: por su estrecha relación con el capitalismo y sus relaciones de dominación, por su carácter ideológico y su desbordante psicologización, por perpetuar que el capitalismo siga ganando terreno no solo en la psique sino en la misma sociedad.

Naturalmente podrán objetar algunos y algunas: pero tú eres o estás a punto de ser psicólogo, ¡¿cómo estás criticando a lo que te dedicarás?!, ¡esta carrera tiene mucho que ofrecer y mucho por hacer!. Precisamente es por eso mismo por lo que la critico: no la critico porque no sirva para algo, más bien, la psicología sirve para todo hoy en día y justamente no quiero caer en ese servilismo tan perverso, tan injusto para la mayoría, un servilismo que trata de humanizar lo inhumano como el mundo de las mercancías; no quiero ser “profesionista de la ideología” capitalista.

Pero ojo, no se puede combatir a la psicología desde fuera de ella: hay que conocer sus reglas, sus discursos, sus intenciones, sus determinaciones. Recuerdo bien una frase de Bauman, pero mejor lo cito textualmente: “No existe otra manera de alcanzar la liberación más que someterse a la sociedad y seguir sus normas. La libertad no puede obtenerse en contra de la sociedad”[34]; o como bien se nos quedó grabado a algunos en la clase del Dr. Daniel y en palabras de Fernando: hay que combatir a la Matrix desde la Matrix. O parafraseando al Dr. Pavón-Cuéllar[35], si queremos ser críticos de la psicología tendríamos pues, que lidiar con la psicologización. El mismo libro que estoy presentando fue publicado en una de las empresas más capitalistas de todas, su dueño, Jeff Bezos es el hombre más rico del mundo. Quizá habrá que someternos pero ser conscientes de que lo estamos haciendo; habrá que someternos hipócritamente para luchar desde dentro.

Otros podrán objetar: pero no estás haciendo nada. Probablemente no, pero quizá una postura crítica sea un primer paso a la transformación de nuestra psicología, o el olvido de esta para dar paso a nuevas posibilidades de conocimiento de nuestra realidad y de los mismos sujetos, incluso desde nuestra trinchera estudiantil pero apuntando hacia una trinchera que no esté obsesionada con el individuo, con el “yo”. Y probablemente estas críticas que se le hacen y le hacemos a la psicología se encaminen también a esa transformación no solo de la disciplina, sino también del mundo y las condiciones actuales.

Con esto terminaría la charla. Agradezco a todos y todas los que pudieron conectarse a la transmisión.

31 de octubre de 2020

Luis Pablo López Ríos

Referencias


[1] David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Teoría y Crítica de la Psicología 209, núm. 2 (2012): 202–9.

[2] Ibíd.

[3] Louis Althusser, “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”, en La filosofía como arma de la revolución (México: Siglo XXI, 1974), 102–51.

[4] Ibíd., p. 126

[5] Michel Foucault, El orden del discurso (México: Tusquets Editores, 2016).

[6] Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (Madrid: Akal, 2004).

[7] Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Tomo I. Libro I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2014).

*David Pavón-Cuéllar, “Generalización, cuantificación, objetivación: del sujeto del comunismo y del psicoanálisis al todohombre del capitalismo y del paratodeo psicológico”.https://davidpavoncuellar.wordpress.com/2019/07/22/paratodeo/

[8] David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Op. Cit.

[9] David Pavón-Cuéllar, Marxism and Psychoanalysis. In or against psychology? (Nueva York: Routledge, 2017).

[10] David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. (México: Itaca, 2019).

[11] Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985)”, Teoría y crítica de la psicología 8 (2016): 293–302.

[12] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”, en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975).

[13] Louis Althusser, Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Op. Cit., p. 126

[14] Klaus Holzkamp, Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985), Op. Cit., p. 298.

[15] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”, Op. Cit., p. 88; Néstor Braunstein, “Introducción a la lectura de la psicología académica”, en Psicología: ideología y ciencia, ed. Néstor Braunstein et al. (México: Siglo XXI, 1975), 329–60.

[16] Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes (México: Paradiso Editores, 2019).

[17] David Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad, Op. Cit. p. 100.

[18] Jan De Vos, La psicologización y sus vicisitudes, Op. Cit., p. 90

[19] Byung Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (Barcelona: Herder, 2014).

[20] Ibíd., pp. 41-42

[21] Slavoj Žižek, Pandemia. La covid-19 estremece al mundo (Barcelona: Anagrama, 2020).

[22] Byung Chul Han, La sociedad de la transparencia (Barcelona: Herder, 2013).

[23] Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea (México: Fondo de Cultura Económica, 1956).

[24] Néstor Braunstein, “Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias”. Op. Cit., p. 74

[25] Erich Fromm, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Op. Cit., pp. 144-145

[26] Ian Parker, Revolution in psychology. Alienation to Emancipation (Londres: Pluto Press, 2007).

[27] Ian Parker, “Introduction: Marxism, Ideology and Psychology”, Theory & Psychology 9, núm. 3 (1999): 291–93, https://doi.org/10.1177/07399863870092005.

[28] Slavoj Žižek, Pandemia. La covid-19 estremece al mundo. Op. Cit., pp. 93-94

[29] Karl Marx, “Introducción a la crítica de la economía política de 1857”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 121–41.

[30] Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”, en Escritos sobre materialismo histórico (Madrid: Alianza, 2012), 41–101.

[31] Ian Parker, “Critical Psychology: What It Is and What It Is Not”, Social and Personality Psychology Compass 1, núm. 1 (2007): 1–15, https://doi.org/10.1126/science.37.963.895.

[32] Marx y Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”. Op. Cit., p.71

[33] Marx y Engels, Manifiesto Comunista. Op. Cit., pp. 26-27.

[34] Zygmunt Bauman, Modernidad Líquida (México: Fondo de Cultura Económica, 2003).

[35] Pavón-Cuéllar, Psicología crítica. Definición, antecedentes, historia y actualidad. Op. Cit., pp. 99-101

https://versuslapsicologia.mx/2020/09/18/un-intento-de-lectura-sintomal-de-la-etica-en-psicologia-parte-i/

DSM, la biblia de los “psi”: de la neurologización-medicalización a la normalización compulsiva

Tanto a psicólogos como a psiquiatras (los psi de aquí en adelante), nos indican que hay que saberse los llamados “trastornos mentales”, su clasificación, sus “síntomas”, sus “criterios diagnósticos”, todo esto apoyado en los sistemas de clasificación existentes. Por un lado tenemos a la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE; ICD por sus siglas en inglés: International Classification of Diseases) a cargo de la Organización Mundial de la Salud en la que no sólo se condensan las enfermedades orgánicas, sino también las “mentales”; y por otro tenemos uno exclusivo a los famosos “trastornos mentales”: el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, en inglés) a cargo de la Asociación (norte)Americana de Psiquiatría.

Bajo estos dos manuales universales e imperantes, el quehacer de los psi ha sido regulado y subyugado; estos van “clasificando” a diestra y siniestra a cualquier “enfermo” que se les pare delante de ellos. En esta ocasión, me ocuparé, no de los sistemas clasificatorios como tal ni de sus diferencias entre sus ediciones, pero sí de las repercusiones del quehacer de los psi con estos sistemas, más específicamente con el DSM (de-ese-eme a partir de ahora): la clasificación como instrumento para regresar a todos a la normalidad, al cenro de la curva de Gauss. Cabe mencionar, que en este escrito el lector podrá ver fundadas mis opiniones en la crítica que hace Néstor Braunstein a la clasificación de la supuesta “enfermedad mental”, no sin antes hacer un retorno muy breve a la propuesta de Jan De Vos acerca de la neurologización del todo (ya anticipada en la publicación anterior).

Neurologización, medicalización y el DE-ESE-EME

Después de la psicologización, es decir, de ver todo a través del lente de la psicología, o de las ciencias “psi”, viene la neurologización, o mejor aún, se complementan, son como hermanas. Esta última enfatiza la materialidad cerebral de lo psicologizado anteriormente: las emociones, las ansiedades o depresiones ya no solo le competen al corpus teórico de la psicología, sino que este encuentra su complemento en el cerebro. Todo lo que le sucede al sujeto, o su subjetividad, ahora se ve a través del lente de las neurociencias o bajo el prefijo “neuro”; todas las “afecciones” psicológicas ahora residen exclusivamente en el cerebro, en sus conexiones neuronales, los neurotransmisores; el sujeto se reduce a su cerebro (De Vos, 2019). Lo “neuro” comenzó a ganar terreno en las disciplinas de los psi (neuro-psicología, neuro-psiquiatría) (ibíd.)

El lector puede preguntarse: ¿a dónde vamos con hablar de la neurologización? En su intento por pretender ser científicos, los psi acuden directamente a terrenos ajenos para poder “armarse de municiones” del campo médico (en este caso, el de la neurología, aunque suelen recurrir a otras áreas médicas como la patología), para sustentar sus sistemas de clasificación (el de-ese-eme), para supuestamente explicar las “causas” y darles nombre a los “trastornos-enfermedades mentales”, y obviamente, generar “tratamientos” a doc para el “trastorno”. En contraste, poco antes de que el DE-ESE-EME-5 fuera lanzado al mercado (como cualquier mercancía lista para generar plusvalía), Braunstein (2013) afirmaba que este apoyo de los psi en la materialidad cerebral no explica las causas de los “trastornos”, sino que simplemente harían posible la manifestación sintomática, es decir, son otros síntomas del “trastorno”.

Así pues, como mencioné en líneas anteriores, además de navegar en aguas ajenas como en la neurología, la patología, y otras tantas, para formar su corpus “neuropsi” (De Vos, 2019) y su arsenal para su quehacer profesional (en este caso, toda la clasificación del de-ese-eme), los psi (o neuropsi), también buscarán un tratamiento que funcione, adapte, normalice (¿normalizar qué?) a la persona. En este caso, como el de-ese-eme prescinde de alguna teoría y recurre a la neurologización, a lo “científico”, a lo “tangible” (Braunstein, 2013; De Vos, 2019), se recurre también a un tratamiento para esta materialidad, para el cerebro y ahora también, la conducta (no me detendré en esto esta ocasión): los fármacos. No se niega que estos puedan tener efectos benéficos para las “afecciones mentales”, sin embargo, dado que la medicalización (que incluye todo el saber médico y sus prácticas, entre ellas, el suministro de fármacos) está al servicio del discurso de los mercados (del capitalismo en su fase avanzada pues), no se encontrarán muchos “papers” que hablen de todo lo negativo que estos conllevan para la psique (Braunstein, 2013).

Parece pertinente detenerse en la siguiente cita de Braunstein con clara influencia foucaultiana:

“Que nadie se confunda: la crítica a la medicalización no es crítica a la medicina y sus innegables avances en cuanto a la transformación de la existencia, las más de las veces en un sentido potencialmente positivo (aunque degradado por las políticas estatales y corporativas que la regulan). La crítica apunta a la ideología subyacente al discurso médico, medicalizante, que se apuntala en el conocimiento de las posibilidades del cuerpo humano y que pretende, en nombre de una cierta ganancia en cuanto a la duración de la vida y prevención o control de las enfermedades, someter esa vida a los mandamientos de una empresa planetaria de regulación de todos los comportamientos instintivos y sociales, de las pulsiones y sus destinos, desviado a los hombres y a las mujeres de las preguntas relacionadas con las circunstancias (sociales, políticas, culturales, jurídicas, económicas) en que sus vidas transcurren. En otras palabras, a las obvias funciones represivas, “biopolíticas” (y “psicopolíticas”, agreguemos) del discurso basado en la medicina”. (ibíd; 41.) (Cursivas mías)

Podemos colocar a la medicalización junto con la neurologización como pilares constitutivos de los sistemas clasificatorios, tanto del mentado de-ese-eme (I, II, III, IV, V y que ojalá aquí se quede) como del CIE, que no abordaremos aquí. Por una parte, la neurologización ofrece una explicación supuestamente científica de los “trastornados”, y por otra, la medicalización comparte todo su saber y prácticas para su tratamiento (aunque también, en el sentido moebiusiano, estas dos irían de la mano: lo neuro y lo médico), formando así una relación indisoluble de trastornos-tratamientos. A su vez, no solamente constituyen un sistema clasificatorio, sino que además, devienen en acto político (algo performativo), es decir, todo en su conjunto (medicalización, neurologización y el de-ese-eme) configuran tanto el quehacer de los psi, como de los propios “pacientes” o “no-pacientes”. La clasificación y el diagnóstico son agentes activos en el dispositivo psi: no son actos “científicos” u “objetivos”, sino postulaciones con significación moral y política. (Braunstein, 2013). Cierro este apartado con una cita textual del autor antes mencionado:

“El diagnóstico no se encuentra, se emite: es un acto performativo en donde la palabra hace a la cosa que nombra y hace al sujeto que lo recibe transformándolo en otro respecto al que era antes, a menudo estigmatizándolo” (ibíd.; 50) (Cursivas mías)

En ese sentido, ya no nos vemos solamente a través del lente de la psicología, de las ciencias neuropsi o las médicas, sino que además, nos vemos (y nos ven) a través del ojo de la clasificación, del de-ese-eme.

Normalización compulsiva: ¡Quiero estar en el centro con Gauss!

Terminamos el apartado anterior con la cita de Néstor Braunstein, que alude justamente a que los sujetos ahora nos veamos, aunque estigmatizados sin darnos cuenta (como se maneja la ideología), a través de los criterios diagnósticos del de-ese-eme. Este mentado manual, con base en criterios estadísticos establecen qué es normal, y qué es anormal, aunque de manera no explícita, claro está. Todo aquel o aquella que se le marquen sus criterios en el manual, será acreedor a una etiqueta, a una letra y un número (¿dónde hemos visto esto? no entraré en detalles, dejo al lector reflexionar sobre esto), pero además, estos indicarán que no pertenecen a la población “normal”, a los “funcionales”. Aquí cabe hacernos unas preguntas en modo paréntesis: ¿normales para quiénes? ¿funcionales para qué?; En ese sentido, los manuales clasificatorios ayudarán a estigmati… perdón, a identificar el trastorno del sujeto, adecuarle un tratamiento psicoterapéutico y seguramente también, suministrarle unas cuantas drogas legales para somet… perdón de nuevo, “adaptarlo” a la “normalidad”. Todo esto, en términos psicoanalíticos, se “aplica” al yo individual, al yo consciente (?).

Aquí es necesario detenernos en una cita importante:

“Al igual que sucede con la psiquiatría, a algunos psicólogos y terapeutas les es preciso auxiliarse de sintomatologías, nosografías, pronósticos, observaciones, historiales clínicos, manuales estadísticos [como el de-ese-eme], protocolos, formatos de entrevista y test … irguiéndose con orgullo como profesionistas de la salud mental [lo normal]. La misión de estos profesionistas será prevenir y cuidar-curar la llamad enfermedad mental y las pasiones (y cuidar y resguardar al enfermo de sí mismo, de la sociedad y viceversa) ya que la enfermedad mental es un enemigas [sic] de la higiene pública“. (Pacheco-García, 2013, p.43) (Cursivas mías)

Como vemos, los psi se montan todo un arsenal para convencer a quienes acuden con ellos de que hay que regresarlos a la “normalidad”, es una búsqueda immplacable y compulsiva por colocarlos, o intentar colocarlos con Gauss, no a la izquierda, no a la derecha, al centro. Lo “normal” se establece en congresos, en reuniones entre los psi, entre la industria farmacéutica, y siempre con sus invitados especiales, los capitalistas y el Estado. Así entonces, la normalización compulsiva a través del arsenal psi responde a dos intereses aquí propuestos inspirados en las afirmaciones de Pavón-Cuéllar (2012): 1. Evitar que el sistema capitalista y su brazo político-armado, el Estado, sean molestados a través de la (re)adaptación de los (seudo)trastornados, y 2. Generar plusvalía a través de la fuerza de trabajo funcional, ya readaptada, esto se lograría con el apoyo de la clasificación y posteriormente la medicalización de los (seudo)trastornados: con el consumo de medicamentos, sedantes, neurolépticos, ansiolíticos, etc.

Comentarios finales

El arsenal psi (manuales, tests, especialistas psi), o “dispositivo psi” como Braunstein (2013) lo llama inspirándose en Foucault, no solamente responde a intereses internos de las asociaciones psiquiátricas u organizaciones de salud, sino que también responde al sistema. Estos se encargarán de clasificar, diagnosticar, tratar y medicalizar todo aquel que no esté sentado en el centro con Gauss. Se trabajará con el comportamiento visible, con la sintomatología, con el “yo” individual. Y retomando de nuevo a Braunstein, se ignorarán todas las circunstancias alrededor de los “individuos” (seudo)trastornados. Se le enseñará al sujeto (¿quiénes le enseñarán? los psi) acerca de sus neurotransmisores, de sus conexiones neuronales, de sus lóbulos cerebrales, para que aprenda a su vez, a ignorar a la estructura, la causa de su malestar. Recurrirán incontables veces a marcar con palomitas sus criterios diagnósticos para cerciorarse de que diagnosticaron “éticamente” al sujeto.

Espero que el lector haya notado el sarcasmo en el párrafo anterior. No obstante, no todo está perdido. La propuesta nuevamente apunta al psicoanálisis (y al marxismo con su crítica al sistema), no porque este sirva para algo realmente, sino más bien es porque no sirve para nada (Pavón-Cuéllar, 2012); ahí radica su potencial emancipador y crítico; el psicoanálisis no sirve para normalizar, es más, no sirve para diagnosticar; Pacheco-García (2013) complementa:

“Lo que afirmamos es que el quehacer del psicoanálisis no está supeditado a los estándares, normas o demandas del Otro, del colectivo o del orden simbólico, como si esos parámetros de lo correcto, lo sano y lo normal que establecen el común de la gente [tal vez no el común, pero sí los psi], parámetros que se sostienen desde el registro simbólico, fueran el molde a seguir, bajo el cual hay que adecuar y con-formar al sujeto y a lo inconsciente”. (p.55)

Desde aquí, a partir de los autores mencionados, y muchos omitidos no por negligencia, sino por falta de espacio para comodidad del lector, se propone una crítica constante a los sistemas clasificatorios de los trastornos; estos, en su pretensión de ser científicos, como los psi, no hacen más que contribuir con el sistema capitalista, dotarles de fuerza de trabajo readaptada, “curada”, “tranquilizada”. Es importante dilucidar que los sistemas de clasificación tienen fines políticos-ideológicos-económicos, no son neutrales aunque lo aparenten. Pongamos de cabeza al De-eSe-eMe con su pretensión científica.

Referencias

  • Braunstein, N. (2013). Clasificar en psiquiatría. México: Siglo XXI.
  • De Vos, J. (2019). La neurologización. En: J. De Vos. (2019). La psicologización y sus vicisitudes (pp.99-144). México: Paradiso Editores.
  • Pacheco-García, H. H. (2013). La clínica psicoanalítica y el fin del análisis. De la botella de Klein y la banda de Moebius a la noción de cura. Zacatecas: Taberna Libraria.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2012). Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación. Teoría y Crítica de la Psicología, 2, 202-209


Homo psychologicus: la psicologización del todo

Hoy en día podemos escuchar términos de la propia psicología en cualquier lado, en cualquier medio, en el discurso popular y donde menos nos lo imaginemos; la psicología ha alcanzado hasta el más recóndito de los lugares para “compartirle” su saber a diestra y siniestra. En consecuencia, nos han bombardeado (la psicología) de todo su saber, de sus prácticas, de sus técnicas y discurso, hasta de las palabras más “inocentes” que se reproducen en las teorías. Pero ¿qué repercusiones tiene todo esto? ¿qué se gana (o se pierde) al querer psicologizar todo?

Siguiendo la propuesta de Jan De Vos (psicólogo crítico belga), trataré de abordar muy superficialmente, cómo la psicologización acapara la subjetividad, la moldea, la hace y deshace a su gusto, llegando así a convertir al humano (el homo sapiens) en un “homo psychologicus”, no obstante, se deben de tomar en cuenta las repercusiones (ideológicas-políticas) de caer en este arquetipo psicologizado. El argumento de Jan De Vos implica no solo situar la mirada en el homo psychologicus como resultado de una psicologización, sino también revisar críticamente la neurologización y digitalización de los sujetos, sin embargo, revisar esto implica rebasar los objetivos de este escrito (para profundizar más, véase: De Vos, 2019). El escrito será relativamente breve, y pretendo profundizar posteriormente en lo antes mencionado y en cómo la psicologización es necesaria para lograr crear el “homo neurologicus” y el “digitalus”.

¿Qué entender por psicologización?

De Vos (2019) nos da todo un recorrido crítico sobre la lógica de la psicologización, y más que centrarnos en una definición específica, esto implicaría más bien, entenderla como una apropiación, una imposición (obviamente de los especializados en psicología: los psicólogos y psicólogas) de las teorías y corrientes psicológicas para mirarnos, mirar a los otros y a lo que sucede “allá afuera”, todo esto, claro está, a través del discurso (ya ideológico) psicológico. Es como si utilizáramos un lente graduado por la psicología para ver a través de él.

Es en ese sentido en el que se debe abordar la psicologización, una especie de “adoctrinamiento” o transferencia a partir de lo psicológico, de sus teorías y discursos; es la psicología intentando y logrando crear un sujeto: el sujeto de la ciencia (como lo llamó Lacan, 2009, citado por De Vos, 2019). Se escucha con más frecuencia los significantes de la psicología: “mente”, “depresión”, “ansiedad”, “emoción”, “sentimientos”, “afrontamiento”, “duelo”, “diagnóstico”, “salud mental”, “enfermedad mental”, “trastorno”, “tratamiento” y un sinfín más que se han incorporado en el discurso de todos y todas a través de esta psicologización.

La psicologízación implica entonces, una psico-educación (De Vos, 2019), en la que los sujetos incorporen en su subjetividad lo psicológico. Es una distribución del conocimiento psicológico, más específicamente, desde el ámbito humanista y conductual y lo que conllevan estas corrientes “psi”: lo naturalizador y normalizador, lo estadístico, lo sano y lo enfermo, la obsesiva individualidad etc. (llamémosle la psicología hegemónica y dominante). Esta distribución de conocimiento puramente psicológico a través de las distintas teorías, repercute directamente en “cómo nos vemos” a nosotros mismos: nos vemos entonces a través del ojo psicologizado, nos vemos como personas capaces de “autorrealizarnos”, con “estrategias de afrontamiento”, con “emociones”, “con un sentido estrictamente individual” (ya comentado en otra publicación). De Vos afirma: “Es como si el paciente fuera interpelado a ser su propio psicólogo, el lego [palabra utilizada para designar a alguien que es “nuevo” en algo] tiene que entender sus problemas (y las soluciones apropiadas) por la vía del corpus teórico de la psicología” (ibíd; 73).

Esta psico-educación, psicologización a fin de cuentas, claramente se apoya en distintos medios (previamente psicologizados) para conseguir sus fines: los medios de comunicación, incluyendo el internet, pueden ser la principal fuente de distribución del conocimiento psicológico académico. Se le “enseña” a la gente a pensarse y verse a sí mismos desde la mirada de la psicología, con “potencialidades” y toda esa retórica humanista-conductista que encontramos en muchos programas, series, publicaciones en Facebook o Twitter: “¡¿Quieres manejar y aprender sobre tu [inserte cualquier “padecimiento” psicológico]? Entonces, este curso-meme-video-etc. es la solución!. Así, la premisa clave de la psicologización es “Mira, eso es lo que eres” (ibíd.). Por otra parte, no hay que perder de vista (y tampoco debamos sorprendernos) que en esta adopción, aceptación y el intercambio del corpus teórico psicológico, subyacen ideas discursivas e ideológicas (De Vos, 2019): ¿ideología de qué o de quién? La respuesta ya la sabemos.

Así entonces, somos reducidos a meros conceptos psicológicos para explicarnos, para mirarnos a nosotros mismos y a los demás, a la sociedad en general. Pero ¿qué implicaciones tiene este reduccionismo psicologista? ¿acaso hay algo peor que pensarnos en términos psicológicos?

Implicaciones del homo psychologicus

Tal como Jan De Vos hacia referencia al “sujeto de la ciencia” de Jacques Lacan, así mismo explica que las ciencias modernas (entre ellas la psicología) proporcionan a la sociedad “las coordenadas esenciales de la realidad” (2019, p.168). En este sentido, si estamos en la época de la psicologización (o al menos se sigue recurriendo a esta), no es de esperarse que el “homo psychologicus” y la sociedad misma sea entendida en términos abstractos por la propia psicología (como la individualidad que se reproduce en todas sus corrientes humanistas-conductistas). Esto es, ignorar lo político (en parte), ignorar lo social, las problemáticas “externas”. Así entonces, a pesar de que el homo psychologicus sea despolitizado (sin interés político de lo que sucede allá afuera por causa de la psicologización, en pocas palabras: desinteresados del sistema), la misma psicología está cumpliendo un papel político e ideológico: despolitizarnos (y psicologizarnos) a todos y todas. Y podemos preguntarnos, ¿esto para qué? No es una casualidad, ni tampoco debemos soprendernos de que la psicología guarda una estrecha complicidad con el capitalismo en sus diferentes vertientes. Tampoco debemos sorprendernos que la mayoría de los psicólogos y psicólogas han preferido (aparentemente) no tener un posicionamiento político por lo que sucede “allá afuera”; claro está, se mueven en la misma zona psicologizada.

El sistema capitalista prefiere seres despolitizados, seres psicologizados, para que no se ponga en evidencia la hostilidad con la que este opera y reproduce las relaciones de reproducción. Crear subjetividades reducidas a la psicología implica entenderse y verse a sí mismos alejados de lo que el capitalismo (financiero, neocolonial, lumpen-capitalismo, y otros) está causando en la “verdadera” realidad (la que no vemos con el lente psicológico). De Vos (2019) lo explica magistralmente con las siguientes palabras inspiradas en Pavón-Cuéllar:

“[…] Es la psicología hace posible (sic) la explotación, la ideologización y la fetichización. La psicología no sólo proporciona la razón sino también la tecnología central del capitalismo: dibuja y esboza al sujeto del capitalismo, y permite así su explotación tanto del lado de la producción como del lado del consumo”. (p.195).

La psicología, a través de su psicologización, enajena a los sujetos con la finalidad de que estos le sirvan directamente al capitalismo, se mantengan dóciles, se mantengan levitando en el discurso psicologista de las “potencialidades”, “las emociones”, lo individual, “sus estrategias de afrontamiento”, “los duelos”, el “estrés postraumático”, las “depresiones y ansiedades”.

Comentarios finales y propuesta de Jan De Vos

Lo que aquí se expuso fue solamente una breve recapitulación y una pequeña aportación a lo que el psicólogo belga Jan De Vos nos explica en una de sus más recientes obras. Cabe aclarar, que me limito únicamente al fenómeno de la psicologización, porque De Vos se extiende a dos fenómenos que revisaremos con posterioridad: la neurologización (esa reducción de la subjetividad a cuestiones dadas por las neurociencias y la materialidad cerebral) y la digitalización (la subjetividad en redes sociales y el espacio virtual). Así mismo, se afirma que la psicologización es un proceso primordial (en el sentido perverso ideológico) para lograr las otras dos.

La psicologización es un acto político que despolitiza a los sujetos, que los enajena, que los somete a los intereses del Otro (en términos lacanianos), del capitalismo y sus secuaces (los capitalistas claramente y por el otro lado el Estado). ¿Cómo lidiar con la psicologización y la psicología propiamente? A continuación se responde.

Jan De Vos nos propone una crítica desde el marxismo y el psicoanálisis (claro está, desde el freudiano y lacaniano). Estas dos posturas, teorías se complementan una a la otra; al no poderse psicologizar ninguna de las dos en su conjunto, nos ofrecen una zona de crítica radical hacia la psicología y hacia el capitalismo. Muchos psicólogos y psicólogas que lean esto hasta podrán asustarse al leer “marxismo” y “psicoanálisis”, les puede generar repulsión y rechazo; normalmente esto ocurriría por obedecer (inconscientemente o por el contrario, “bien adoctrinados” o mejor dicho, psicologizados) a los intereses de la psicología dominante-hegemónica-capitalista. Sin embargo, son muchos y muchas otras los que nos estamos incorporando al camino de la crítica de la psicología y del mismo sistema de producción capitalista a partir de una postura marxista y psicoanalítica. Este blog, como ya se ha podido percatar el lector, mantiene esta postura, no obstante, no afirmo que ya esté del todo “des-psicologizado” o que “sepa mucho”, esto implica un camino largo, complejo, de lectura, de crítica y autocrítica constante.

Como anteriormente anticipé, abordare próximamente el fenómeno del “homo neurologicus” y el “homo digitalus” con mayor produndidad a partir de la obra de De Vos, dado que parece fundamental para el complemento de esta publicación.

Referencias

  • De Vos, J. (2019). La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.

Cambiar “yo” para que nada cambie: la retórica del capitalismo

Mientras leía el capítulo final de “Psicología: ideología y ciencia” (1975), escrito por Gloria Benedito (y en donde también figuran ampliamente los aportes de Néstor Braunstein), me encontré con una serie de denuncias en contra de la psicología y su complicidad con el modo de producción capitalista y su afán de querer cambiar a los sujetos en su individualidad para que todo siga como esté. La cita hizo que me motivara a escribir estas líneas, y que considero importante argumentar. La cita menciona:

“…la producción de todos los cambios necesarios en el hombre para que nada cambie, para que no cambie lo esencial, la estructura, la determinante en última instancia, el modo y relaciones de producción imperantes”. (Benedito, 1975, p.412)

A pesar de que esta aseveración se haya escrito hace 45 años, no cabe duda que hoy nos encontramos frente a la misma situación en la actualidad, solo que esta ocasión, el capitalismo ha sabido mediante su retórica muy elaborada y apoyada por diferentes instancias ideológicas como la propia psicología, esconder a través de premisas muy escuchadas por todos día a día, algunas de estas ya mencionadas en una publicación en este blog: “el cambio está en uno mismo”, “el cambio lo haces tú”, “no esperes a que los demás cambien” entre muchas otras bastante reproducidas en prácticamente todos los lugares en los que estamos. Me propongo entonces en esta ocasión, a elaborar unas (limitadas) reflexiones en torno a este tipo de premisas, cómo se incrustan en nosotros y qué repercusiones tienen a partir de analizar de forma breve, general e incompleta, el modus operandi del capitalismo a través de sus técnicas compradas (como las de la psicología). Al final del escrito pretendo mostrar un ejemplo muy común en la sociedad actual en dónde se puede visibilizar con mayor facilidad la reproducción de esta premisa muy sonada: “el cambio está en uno mismo”.

El modus operandi del capitalismo: la psicología como soporte y técnica ideológica

La psicología hegemónica al servicio del capital se ha encargado de definir (o mejor dicho, de reproducir) lo que es “normal” y “anormal”, lo “sano” y lo “enfermo”, la conducta “adaptada” y la “inadaptada”. Estas definiciones corresponden a ciertas normas (y nos preguntaremos ¿impuestas por quién[es]?) que todos y todas debemos de cumplir y seguir; los estándares impuestos para considerarse “normal”, “sano” o “adaptado” se presentan en función de una serie de demandas y expectativas (¿de quiénes?) que se deben realizar; los psicólogos suelen argumentar que son demandas y expectativas del “medio social” (¿y quiénes dirigen ese “medio social”?). Todas estas demandas y expectativas son difundidas a través de los diferentes aparatos ideológicos de Estado (ya revisados anteriormente): la escuela, la religión, los medios de comunicación, creando así un “sujeto ideal”, un ideal del Yo, en términos psicoanalíticos. Este sujeto tiene ciertas funciones en el “medio” (¿impuestas por quién?), que deben ser cumplidas para seguir perteneciendo a ese medio, de lo contrario, se verá acorralado en la exclusión “social” (¿quién determina a quiénes se excluyen y a quiénes no?).

Para dar respuesta a todas las preguntas planteadas en paréntesis, recordemos lo que Althusser a través de los aportes de Marx con el materialismo histórico: la infraestructura económica es determinante, en última instancia, de las cuestiones ideológicas, jurídicas-políticas. Es decir, el modo de producción imperante en un momento dado (el capitalismo, desde hace casi un siglo) determina qué es lo “normal”, lo “patológico”, lo que se adapta a él, y lo que se desvía. Todo lo normal y lo adaptado, podrán cumplir las funciones que le corresponden en el modo de producción capitalista, no serán una incomodidad o un problema que se tenga que solucionar. En caso de que exista alguien que se desvíe (que cuestione, o no cumpla su función), el capitalismo se verá obligado, mediante sus aparatos ideológicos (como la psicología), en aplicar las técnicas necesarias para solucionar el “problema”.

El capitalismo escoge a nuestra disciplina, dado que esta ha definido (vagamente y con aparente cientificidad) su objeto de estudio como la “conciencia” y la “conducta”, y sobre estos trabaja (Braunstein, 1975), para hacer los cambios pertinentes en aquellos que “lo necesitan”; es la más adecuada para tratar con los sujetos. La psicología se verá en la necesidad de cumplirle al capitalismo, dado que este la financia (métodos, técnicas, etc), sus demandas: readaptar a todo aquel que no cumpla con los estatutos del “medio”, aquel que presenta conductas no admisibles/aceptables que interfieran con el proceso de producción (ahora en el neoliberalismo). La readaptación se realizará mediante sus diagnósticos, mediante los test “estandarizados” (en función de criterios estadísticos de normalidad) y psicoterapias, a través de una lógica centrada en el individuo y su conducta individual (porque es “uno” el que está mal), en el “aquí y en el ahora” para ignorar los determinantes históricos; se le enfatizará al sujeto que su forma de ser (inadaptada), no funciona, que debe cambiar para funcionar. En este sentido, se ignora toda la causalidad estructural, el modo de producción detrás de estas supuestas inadaptaciones (Benedito, 1975; Braunstein, 1975).

Pavón-Cuéllar (2012) enfatiza en esta cuestión de la psicología y su lógica (obsesiva) del individualismo como cómplice del modo de producción: “…consiste en desviar la atención del sistema”, el sistema “no puede ser molestado”, la psicología debe centrar los problemas “en las inseguridades, los complejos, las desesperaciones e impulsividades” de los individuos, en este sentido “no es necesario transformar al sistema” sino al individuo, en vez de realizar una gran “revolución social”, realizar una “pequeña revolución individual en un centro de readaptación social, una clínica psiquiátrica, un consultorio de terapia breve o en un diván de psicoanalista”. Y continúa:

Podemos representarnos la psicología como un alambique del sistema por el que entran seres peligrosamente frustrados e insatisfechos, potencialmente indignados y subversivos, y salen seres sonrientes, satisfechos, tranquilos, relajados, resignados, adaptados. En su indignante complicidad con el sistema, la psicología opta por adaptarnos al sistema, a sus mezquinos intereses, a sus falsos ideales y caprichos perversos, en lugar de adaptar el sistema a nosotros, a nuestras necesidades, aspiraciones y deseos. En lugar de que el sistema sea lo que nosotros queremos, somos nosotros los que debemos ser lo que decide el sistema. Somos nosotros los que debemos ceder. Somos nosotros los que debemos adaptarnos al sistema, como si el sistema fuera digno de que nos adaptáramos a él, como si lo valiera, como si mereciera que todos los psicólogos trabajen diariamente para él, para perpetuarlo, para protegerlo de los inadaptados” (ibíd; 204).

Ha quedado claro, que el problema no es el sistema, es el individuo inadaptado, el anormal, el patológico. El sujeto cree que el problema es él o ella, que debe cambiar para no ser excluido (ya sabemos por quiénes), que si quiere seguir en su trabajo debe cambiar él, que debe controlar su síntoma (por ejemplo, el estrés) ignorando toda causalidad (las condiciones y relaciones de producción) para no generarles un problema en la gerencia, a los administrativos; el alumno debe cambiar (readaptar) su forma rebelde de pensar a contracorriente para obtener el agrado del profesor(a) y pasar la materia, y que este no cuestione su discurso hegemónico (tanto del docente como el de la universidad). Ejemplos hay muchos, en esta ocasión me enfocaré particularmente en la difusión del “cambio está en uno mismo” respecto a la situación medio ambiental en decadencia

La retórica de “el cambio está en uno mismo” en la situación medio ambiental

¿Cuántas veces no hemos visto en Facebook, Twitter, o Instagram que publican un montón de pautas, productos ecológicos, para ayudar al medio ambiente? ¿Cuántas campañas no hemos visto de “recoge la basura”, “reutiliza”? Me atrevo a decir que diariamente nos encontramos entre 1 o 2 publicaciones al día de esta índole. Estas actividades se enfocan en generar en “nosotros” (volvemos a cuestionarnos ya con la respuesta establecida anteriormente, ¿quiénes generan eso?) una especie de conciencia hacia el medio ambiente, argumentando que el cambio comienza cuando uno decide recoger su basura, cuando en vez de utilizar ciertos productos utilizo otros con la etiqueta de “ecológicos”, que si “yo” reutilizo voy a cambiar el mundo y su situación ambiental.

“Necesito cambiar mis hábitos para no dañar al medio ambiente”, es lo que se alega en redes sociales, en las pláticas con amigos. Toda esta publicidad ecológica, si así le podemos decir, está incluso financiada por grandes empresas, por la gran industria. Toda publicidad, de cualquier tipo, cumple una función como aparato ideológico de Estado (medios de comunicación): crear un sujeto ideológico recluido en su individualidad, para ocuparse de sí mismo, ocuparse de sus hábitos ecológicos. Hacen que creamos (¿quiénes?) que el problema de contaminación, el calentamiento global, la extinción de flora y fauna, es “nuestra” culpa, el individuo, y por lo tanto, debemos cambiar nuestros hábitos. En este sentido, estamos tan enfocados en cambiar solamente nosotros y nuestros hábitos, que ignoramos totalmente la causalidad de las afectaciones al medio ambiente: el capitalismo con su lógica extractivista, la expansión territorial de sus industrias, el consumo compulsivo motivado por su publicidad perversa.

El modo de producción capitalista hace de las suyas para desviar la atención, mediante distintas técnicas (medios de comunicación; por ejemplo, los autonombrados “influencers”), de que son ellos (los capitalistas) la causa del problema. Desvía la atención hacia nosotros, hace que “cambiemos nosotros para que nada cambie” y todo siga igual, que el cambio “está” en nosotros y no en aquellos que detentan el poder. Se prefieren hacer acciones individuales en vez de poner en evidencia las acciones de este modo de producción. El “chiste” es disipar cualquier actitud subversiva, cualquier incomodidad para las grandes transnacionales, para que estas sigan produciendo, incluso “productos” placebo como muchos estos que llevan la etiqueta de “ecológicos”. De igual manera, y aunque no me detendré en explicarlo, las marcas más famosas utilizan su lógica “eco-friendly”, para vender más, para generar plusvalía.

El cambio no está en uno mismo. El cambio se debe hacer desde la estructura, hacia y en contra de lo hegemónico, en contra del capitalismo y sus aparatos ideológicos (y las técnicas que de estos emanan), su publicidad, su aparente actitud altruista a la “humanidad”,

Comentarios finales

Se muestra entonces, ahora sí de forma concreta y sin sarcasmo, que el problema es de índole estructural, el problema es el capitalismo y su retórica. El cambio no reside en el individuo; las adaptaciones se hacen a favor del sistema, y la psicología contribuye a esa adaptación (entre otros AIE). Entre más nos enfoquemos en cambiar “nosotros” antes que al sistema, solo prolongaremos el síntoma, el malestar, la culpa.

La cita con la que inicié el escrito, a pesar de lo alejada que está a nuestra temporalidad, se sigue repitiendo, sigue vigente y con nuevas actualizaciones mediante técnicas ideológicas que ayudan a perpetuar el modo de producción y la clase dominantes. El capitalismo se reinventa, no quiere perder terreno, hará todo lo posible por seguir aquí con nosotros, por seguir mintiendo a su favor; hará todo lo posible por adjudicarnos sus errores, nos hará creer que “el cambio está en uno mismo”. Nos hará ver como “inadaptados”, como “enfermos mentales” en los diagnósticos de la psicología financiada por este; nos tratará de readaptar, de excluir si no le servimos a sus intereses. Nos hará creer que con “pequeños gestos o acciones” hacia el medio ambiente podemos cambiar la situación decadente. Se pretende no molestar, por eso necesita de la psicología, para “calmarnos”, para asentir con la cabeza a todo lo que se dice (¿quiénes nos lo dicen? ya sabemos).

El escrito puede quedar muy limitado debido a que no quiero entorpecer las ganas de seguir leyendo, el tema da para mucho más análisis y muchas más reflexiones. Nos toca ser críticos, en conjunto, no de manera individual.

Referencias

  • Benedito, G. (1975). Rol del psicólogo: Rol asignado, Rol asumido y Rol posible. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2012). Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación. Teoría y Crítica de la Psicología, 2, 202-209.

La crítica de la/el estudiante: generando espacios de emancipación estudiantil

Muchos y a la vez pocos alumnos(as) hemos disentido en más de alguna ocasión con lo que nos imparten en nuestras clases, y no me refiero aquí a un disentimiento vago, sin fundamento, sino uno que atenta contra el saber que se nos transmite en las aulas. Este disentimiento adquiere una forma amenazante para aquellos que se paran frente a nosotros y los que se sientan a nuestro alrededor, para la estructura burocrática e ideológica educativa, para nuestras teorías pretendidamente científicas generadas del psiquismo y la realidad humana, e incluso (principalmente), para el propio sistema dominante. En esta ocasión me veo en la posición de sugerir qué podemos hacer como estudiantes para contrarrestar lo que se impone en nuestras aulas de manera tajante, lineal y hegemónica. Estas sugerencias pueden verse limitadas por los diferentes contextos universitarios y tampoco deben tomarse como las únicas alternativas.

Si bien me enfocaré específicamente en la psicología, estas alternativas emancipatorias en los espacios universitarios podrían ser “aplicables” a otras carreras, tanto de ciencias exactas como de ciencias sociales. Reitero, no son las únicas posibles, se (de)construyen y actualizan constantemente.

Psicología al servicio del poder: sin crítica, desinteresada, ideológica y capitalista

Como había denunciado ya en publicaciones anteriores, la psicología hegemónica se encarga mediante sus métodos de trabajo, sus docentes, sus aulas, las teorías, seguir reproduciendo psicólogos al servicio de una ideología dominante (capital), de reproducir supuestos sujetos autónomos, individuales y desinteresados de lo que sucede en el contexto sociohistórico, sociopolítico, socioeconómico y sociocultural; podemos incluso establecer a la psicología como un aparato ideológico de Estado. No es de extrañarse que tal psicología (hegemónica) acople todo su contenido teórico práctico en función de los intereses de la clase dominante y de un modo de producción establecido en tal o cual momento histórico determinado; esto último, como sabemos, tenemos ya varios “añitos” en donde el capitalismo (en todas sus vertientes y modificaciones) ha devenido en la instancia principal de reproducción ideológica para ponernos a su servicio.

En este sentido, todo el contenido que “consumimos” en nuestras aulas está determinado, en última instancia, por la estructura económica, tal como ya ha explicado Althusser y otros en diferentes ocasiones acerca de la infraestructura y la superestructura las que no desarrollaremos esta ocasión con más detalles (Althusser, 2018; Braunstein, 1975). Asumimos, que todo este contenido, llámese: bibliografía (tanto en los programas como en la propia biblioteca; la imperante presencia de bibliografía psicológica estadounidense de “grandes” editoriales), el discurso del docente, plan curricular, entre otros, constituyen una formación de cierto tipo de psicólogo(a). A pesar de que se exclame constantemente en el discurso burocrático con sus formalidades (por ejemplo, el dictamen de una reforma del plan de estudios) formar en nosotros un “pensamiento crítico”, este pensamiento no puede llegar muy lejos si no se crítica lo de afuera, si no damos cuenta de las desigualdades originadas por y a partir del sistema; no puede llegar muy lejos si la psicología no es crítica consigo misma, con sus técnicas, con sus teorías, con sus métodos. Incluso cabe mencionar (peor aún) que al menos en la institución en la que estudio, y el respectivo campus, no se enfatiza formar en nosotros esa criticidad a pesar de que haya quedado formalizado en un papel burocrático (dictamen oficial) no se incluye ni en la misión/visión ni en el famoso perfil de egreso, vaya, en la primera información que se les brinda a los estudiantes a través de la página web; esto también se ve traducido en las aulas: muchos docentes (claro que existen excepciones) se olvidan de fomentar esa criticidad ante los contenidos que enseñan: ¿será por pura omisión sin sentido? O, en términos freudianos, ¿se trata de un lapsus de olvido a “propósito” (inconsciente) de algo?

Como estudiantes, no podemos esperar a que una instancia al servicio del poder económico-político-ideológico (como la psicología) nos dé las herramientas para justamente realizar una crítica fundamentada. Esto por algunas y diferentes implicaciones que tiene el hecho de “criticar” o “incomodar”: así aseguran la (re)producción de un tipo de psicólogo, homogéneo y heterogéneo a la vez (homogeneización del pensamiento, y heterogeneidad de las técnicas y el quehacer profesional para las diferentes tareas que el capital requiere realizar), pero desinteresado de los verdaderos problemas estructurales; se asegura o se consolidan los pilares de la reproducción ideológica, es decir, la estructura no “tambalea” si no hay crítica.

A continuación, expondré de manera parcial y limitada, algunas opciones de emancipación que podemos realizar desde nuestra trinchera estudiantil; claro está, estas opciones podrán irse modificando y agregando muchas otras conforme el tiempo lo permita. Cabe aclarar a todos los lectores, especialmente los estudiantes (sin descartar a los docentes que también forman parte de una trinchera crítica con un papel político comprometido, no solo en las aulas, sino también en la sociedad misma) que emprender el camino de la crítica hacia lo dominante puede tornarse complicado, con dudas de por medio al cuestionarse lo que uno está haciendo; esto es claro, es preferible no cuestionar, quedarse (como dicen los psicólogos cada que pueden) en la “zona de confort” que el sistema ha preparado durante siglos. La propuesta es no desistir y remar contracorriente hacia una sociedad-educación justa sin complicidades ni restricciones.

Grupos extracurriculares

Formar grupos “fuera” de nuestras aulas puede fomentar de manera más abierta el intercambio de ideas y la conjunción de otras. Estos grupos podemos formarlos a partir de deficiencias en la currícula establecida por la propia instancia burocrática. En nuestro caso, alguna vez llegamos a formar un grupo de estudio de psicoanálisis freudiano, dado que este no tenía un “espacio” en nuestros programas, sólo se revisaba por “encima”. O el caso de aquel compañero y amigo que decidió cursar un seminario de Jacques Lacan, psicoanalista prácticamente innombrable en la carrera; esto claramente no es una coincidencia: el psicoanálisis y su relación con otras ciencias pueden develar el proceso de sujetación ideológico de los sujetos, resulta amenazador para el sistema y las clases dominantes (Braunstein, 1975). Lógicamente, el crear un grupo extracurricular no es reproducir la forma convencional en la que nos imparten clases; puede existir o acompañar un(a) docente guía (que se debe reconocer que tiene más experiencia que uno), quien normalmente, suele oponerse a lo establecido en la escuela (no hay tantos de estos, y tenemos que aprovecharlos) como los que queremos formar el grupo, pero la producción de conocimiento y el intercambio de ideas debe ser horizontal, libre, descentralizado de la figura de autoridad educativa.

Aquí debo hacer la aclaración que, estos grupos al ser extracurriculares no deben de formar en nosotros el ideal de que pueda ser contado para nuestra formación, es decir, que el grupo sea moneda de cambio (de créditos curriculares); caeríamos en la trampa misma del capitalismo académico.

Textos y Lecturas “nuevas”

Como ya mencioné, el material bibliográfico que nos ofrecen la mayor parte del tiempo suele responder a intereses encubiertos: este material es limitado a bibliografía europea, estadounidense, con contenido un psicologismo en demasía. Este tipo de lecturas contribuye a que veamos la realidad solo desde lo psicológico, desde su pretendida cientificidad, desde lo ideológico. En este caso, es conveniente optar por aquellas lecturas que no aparecen ahí, por involucrarse en filosofía y en aquellas que tengan posturas críticas, que tomen en cuenta los modos de producción y sus desigualdades, lecturas que ayuden a problematizar y cuestionar lo que se da tanto por sentado en nuestra psicología o en cualquier otra carrera profesional. En el caso de la psicología, puedo mencionar varios autores que simplemente se revisan poco o se omiten (nuevamente, ¿por pura coincidencia?): Politzer, Vygotsky, Foucault, Holzkamp, Marx, Althusser, Freud, Lacan, Braunstein, Parker, Pavón-Cuéllar, Langer, Ibáñez, Íñiguez, Deleuze, Guattari, Deleule, González-Rey, Orozco-Guzmán, Flores-Osorio, Montero, Martín-Baró, entre muchos otros. Estos autores y autoras (claramente faltan muchos más, pero en este momento fueron los que llegaron a mi pensamiento) ayudan a repensar lo que estamos aprendiendo en psicología, nos ayudan a criticarla, a incomodarles con fundamento, a ser los “revoltosos” de los salones. Leer a “otros” autores abre el camino a nuevas posibilidades de pensamiento.

Involucramiento: desde los movimientos sociales hasta la resistencia en lo digital

Involucrarse activamente en lo que pasa “afuera de nosotros” (como la psicología lo toma, supuestamente ajeno a nosotros), tener un papel político activo, criticar y proponer, denunciar y resistir. Desde los movimientos sociales y estudiantiles, hasta la misma denuncia virtual. He visto cómo compañeras de la propia institución han sido parte de forma activa de la lucha feminista y que han defendido sus derechos que han sido ignorados por siglos, pero también he visto compañeros y compañeras que son activamente políticos en sus redes sociales, compartiendo, opinando y criticando acerca de la situación social actual y todas las injusticias que se viven día con día. Lo digital nos ha alcanzado, y así como el capitalismo ha puesto también a las redes sociales y todas las herramientas tecnológicas a su favor, estas nos pueden servir también de apoyo y de denuncia. La resistencia tanto física como digital son complementarias: necesitamos de la presencia física para ejercer presión ante el sistema, pero también necesitamos de la difusión digital, de la concientización de los que no pueden salir o involucrarse físicamente por “x” o “y” motivo. Asistir a una marcha, compartir o escribir una denuncia social, contribuyen a que no seamos los mismos(as) psicólogos(as) desinteresadas de lo que pasa “alla”, “lejos de mí o de nosotros”.

Comentarios finales

Como comenté en un principio, estas opciones “emancipatorias” las podemos llamar así porque tratan de “salirse” de lo establecido, de conformar nuevas formas de hacer psicología y de pensar en lo que acontece “allá”, al “exterior”. No son las únicas y tampoco prometen “inmunidad académica”, es decir, nos pone en riesgo de ser señalados por la estructura, por “revoltosos”, por “criticones” y una serie de adjetivos que descalifican estas alternativas en psicología.

La misma estructura, en donde están las fuerzas dominantes constrictoras, puede ser la misma en la que se genere esta emancipación, tanto en el quehacer profesional como en el intercambio de conocimiento. Es una tarea compleja, tanto para los estudiantes que decidimos remar a contracorriente de lo que nos enseñan como para aquellos pocos docentes (maestros y maestras) que ponen de su parte para modificar los programas y expandir nuestro panorama teórico-práctico y nos comparten su experiencia.

A su vez, reitero que estas opciones pueden ser tomadas para cualquier otra carrera profesional: un estudiante de ingeniería emprende un camino emancipatorio y crítico al “descubrir” un método más sencillo para resolver una integral, una derivada; un estudiante de historia puede descubrir injusticias en cierto momento histórico o proceso social en tal o cual fecha determinada (por poner ejemplos muy vagos y reduccionistas).

A estas opciones o espacios emancipatorios se irán sumando nuevos en próximas publicaciones; no dejemos de remar contracorriente, de apoyarnos los unos a los otros para poner en evidencia lo que se nos quiere imponer de forma tajante y lineal.

Referencias

  • Althusser, L. (2018). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Práctica teórica y lucha ideológica. México: Editorial Tomo.
  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.

© 2020 Luis Pablo López Ríos

El obsesivo (e indignante) individualismo de nuestra psicología: de la represión del deseo a la reproducción social ideológica

En el presente escrito trataré de abordar algunos temas que pueden verse articulados en una perspectiva crítica. Por una parte, hablaré de la psicología y su imposición de la supuesta individualidad de los sujetos y su disociación voluntaria (y quizá inconsciente) de las situaciones sociales; a su vez, trataré de reseñar lo que Néstor Braunstein y otros han denunciado desde la práctica y teoría psicoanalítica, sobre esta supuesta individualidad que la psicología contemporánea profesa en sus teorías y las aulas, y la propuesta de explicación sobre la reproducción social a través del psiquismo y el modo de producción capitalista.

El obsesivo e indignante individualismo de la psicología

Se nos repite y se nos enseña de manera constante en nuestras aulas (salvo excepciones) que el “cambio está en uno mismo”, que “el cambio lo inicias tú y tu propia voluntad”, que “hay que evitar el conflicto” olvidándose así de la alteridad (del otro), o dejando lo “social” en segundo término, e incluso borrándolo totalmente. Estas son solo dos de las quizá cientos de premisas que existen en el que la resolución de problemas, la necesidad de cambio (psíquico y social) radica exclusivamente en el “individuo”, en una cuestión “intrasujeto”, volitiva sin importarle el sistema en el que se lleva a cabo el proceso de sujetación (el devenir sujeto), del que hablaremos más adelante.

La psicología que nos han impartido (como ya se había dicho anteriormente en otras publicaciones, capitalista y norteamericana) nos está haciendo creer que poseemos una autonomía total frente a los acontecimientos histórico-culturales, políticos y represivos originados en un modo de producción específico (el capitalismo), que respondemos individualmente a lo que sucede “allá”, “fuera de mí”, como si lo que estuviera fuera de nosotros son solo estímulos a los cuales respondemos como perro pavloviano salivando y desechamos inmediatamente (aparentemente). En este sentido, no existe un interés colectivo por lo que sucede “allá afuera”, mientras “yo” esté “bien”, mientras “yo” tenga salud mental o mientras “yo” tenga pacientes que atender, todo lo demás pasa a segundo o tercer término, e incluso llegándose a borrar toda noción de colectividad e intentando salir de las condiciones constrictoras que existen en esta (González-Rey, 2017). Existen teorías que justifican incesantemente la idea del individualismo y su supuesta capacidad generadora de cambios y adaptación desde lo interno, en las que se exaltan la motivación, la resiliencia, los procesos cognitivos y conductuales como resultado de una interacción química cerebral al reaccionar lo que está “allá afuera”; todas estas características del individuo, hacen que este se recluya en su “propio” mundo, desinteresándose por los lazos que lo atan internamente con la comunidad (Pavón-Cuéllar y Orozco-Guzmán, 2017). Estas teorías, a las cuales no les daremos promoción por obvias razones, constituyen la base para desarrollar y justificar el capitalismo (Flores-Osorio, 2017), interiorizarlo, hacerlo propio, hacerlo pasar como un sistema justo y normal. El desinterés de lo social permite que el capitalismo haga de las suyas, siga con su lógica extractivista, violente los espacios de las personas, permite mantener dóciles a las personas sin cohesión social para evitar los conflictos. La lógica individualista permite no entrar en conflicto con las cosas injustas, ¿por qué? porque eso no “me afecta”, “no me está pasando a mí”.

Esto anterior se pone en relieve en nuestras aulas cuando con sus sistemas de evaluación, enaltecen la competitividad entre nosotros los alumnos, se permea la idea de “destruir” al otro con la calificación y el discurso, no debe importar las condiciones de aprendizaje que el otro pueda poseer o sus condiciones sociales, mientras sea “yo” quien pase el curso, mientras sea “yo” el que sepa más, en lugar de compartir los saberes generados, de construir un espacio de apoyo entre todos y todas. Forman en nosotros un psicólogo(a) ególatra, desinteresado, individual. Si esto sucede en nuestras aulas durante 4 o 5 años, ¿qué podemos esperar egresando de la universidad? Seguiremos reproduciendo esa lógica individual con lo acontecido en nuestro país, en el mundo, no nos interesaremos por los verdaderos problemas estructurales en nuestra sociedad, por las injusticias sociales y económicas. Parker (1999) argumenta con firmeza que la psicología está inmersa en la sociedad de clases, y es reclutada para el servicio del poder económico; a su vez, afirma (ibíd; 292; Pavón-Cuéllar, 2011) que la psicología produce un individuo escindido (dividido) de su relación con los otros, en su obsesivo individualismo, a través de las teorías en tendencia dentro de la disciplina.

En un clásico, el cual abordaremos de manera parcial y limitada aquí, Braunstein (1975) denunciaba que la psicología académica, la que nos imparten en las universidades, cumple dos funciones fundamentales: como “técnica” de registro, predicción y control de las conductas (llevándolas al plano individual) y como “ideología” que ofrece una ilusión de singularidad, de la autonomía del yo, de la “personalidad” y de la conciencia (p.74).

Psicoanálisis y materialismo histórico: desenmascarando la ilusión de individualidad

En el primer párrafo adelanté que hablaría sobre el proceso de sujetación, el devenir sujeto social, algo que la psicología no se ha dado el tiempo de explicar, de tocar, pero sí ha ignorado deliberadamente en múltiples ocasiones (no en todas, claro está). Este apartado se realiza a partir de lo propuesto por Braunstein (1975), esto es, no una contribución (e incluso se puede tratar de tautológico), pero nos sirve para tratar de entender brevemente cómo se constituye el sujeto tanto psíquicamente como ser social e ideológico, este último en el sentido de pensar que somos “individuales”, “únicos” y “libres”.

El psicoanálisis en conjunto con la ciencia de la historia, el materialismo histórico (teorías y prácticas menos mencionadas en mi universidad, al menos en el plantel; no dudo que esto suceda en otras), revelan el proceso de sujetación por el que los supuestos “individuos” nos hacemos y rehacemos a los demás. Hablaremos un poco y de manera muy breve, laxa acerca de la conformación del aparato psíquico primero.

El psicoanálisis, enfocándonos en el freudiano, nos hace ver que la constitución del aparato psíquico (o de la supuesta “individualidad”) se da sí o sí en el conflicto interno y externo (ya desde ahí existe un conflicto): entre la necesidad de placer, no solo cuando se recibe alimento, sino en la succión del pecho y la prohibición de este junto con sus pulsiones (todo esto proviniendo del Ello), entre la resolución del complejo edípico y la fantasía de castración (no ahondaremos en estas cuestiones esta ocasión; para ver más, consulte Braunstein et al., 1975), en las que se tiene que renunciar y reprimir el deseo de un objeto (la madre) al verse inalcanzable porque le pertenece a alguien más (al padre), y que este “alguien más” (el padre) funge como instancia represora externa, como la “realidad punitiva”, pero a su vez existe la formación psíquica (mayormente inconsciente) de un Superyó. El infante entonces “aprende” que hay leyes, que sus deseos incestuosos deben ser reprimidos y desplazados a otros objetos socialmente aceptables, en el caso contrario, el Superyó se encargará de castigar, mediante extrema angustia, los deseos del niño en el plano psíquico, y la realidad exterior, mediante rechazo y exclusión. Braunstein (1975) explica:

“Se delimita en el sujeto la instancia de las pulsiones sometidas a represión (el Ello con sus representantes pulsionales), la internalización de las pautas restrictivas y de la vigilancia exteriores (el Superyó) y la estructura encargada de arbitrar los medios para proteger al organismo de los peligros a la vez que de facilitar las satisfacciones posibles teniendo en cuenta a las exigencias de la realidad exterior, por lo tanto, manteniendo la represión de los representantes psíquicos de la pulsión (el Yo)“. (p.80)

Con esta laxa explicación de la conformación psíquica, damos cuenta junto con Braunstein que desde el principio no somos autónomos o “individuales”, y que se instaura en nosotros, de manera inconsciente, toda una serie de pautas restrictivas que tenemos que sobrellevar para controlar la vida pulsional, nuestros deseos y redirigir el placer, y todo esto se da en el supuesto “primer núcleo” social: la familia. Nos queda entonces navegar en el plano de lo aceptable, de lo “normal”, con la apariencia de seres autónomos (el comienzo de la neurosis). Por otra parte, Braunstein ofrece una intersección entre el psicoanálisis y su proceso de sujetación psíquico con el materialismo histórico de Marx (tomando en cuenta algunos aportes de Althusser). Del mismo modo, no se hará un análisis fuera del alcance que el blog tiene como objeto.

Se explicaba entonces que se forma en nosotros todo un complejo proceso de sujetación psíquico en el seno familiar, pero ¿esta familia no pertenece a un entramado social? ¿también es autónoma e individual? A esta última pregunta respondemos con un rotundo NO, pero es necesario apoyarse del materialismo histórico (ciencia de la historia y los modos de producción) para explicar el porqué de ese rotundo “NO”. Nuestros papás y mamás también pasaron por ese complejo proceso de sujetación psíquico, pero a su vez, aprendieron que existen roles sociales, que existe una división del trabajo, que existe un lugar para el sujeto cuando nace y ciertas expectativas, que cumplirá cierta función cuando crezca y todo esto gracias a la instancia económica: el capitalismo. Este último se encarga de ideologizar, a través de sus aparatos ideológicos de Estado (“AIE”; ya comentados en una publicación anterior con un poco más de detalle), en los que figuran también la familia, y la psicología (Braunstein, 1975), a los supuestos “individuos” autónomos e individuales (aunque parezca pleonasmo). Estos (los AIE), junto con su ideología dominante, se encargan, mediante un proceso inconsciente (para asegurar su efectividad), de “programar” al sujeto para reproducir el statu quo, una y otra vez, con la finalidad de seguir los requerimientos del sistema capitalista, de generar mediante su fuerza de trabajo, una plusvalía para los más poderosos.

A modo de complemento, (aunque desde la crítica) Deleuze y Guattari (1985) confirman la función de la familia, más allá de un núcleo afectivo-edípico:

“Las familias salvajes forman una praxis, una política, una estrategia de alianzas y de filiaciones; son formalmente los elementos motores de la reproducción social; no tienen nada que ver con un microcosmos expresivo; el padre, la madre, la hermana siempre funcionan en ella como algo más que padre, madre o hermana […] es evidente que el individuo en la familia, incluso de pequeño, carga o catexiza directamente un campo social, histórico, económico y político, irreductible a toda estructura mental no menos que a toda constelación afectiva” (p.173)

En este sentido, el sujeto, ya ideologizado (o como Braunstein llama, “sujeto sujetado”), comienza una práctica discursiva en la que aparenta cierta autonomía, lo se hace ver o parecer como sujeto individual: “yo trabajo solo para mí” (a modo de ejemplo sencillo; no se trabaja para sí solamente, se trabaja para seguir generando plusvalía y mantener al capital y la estructura generada por este, llena de desigualdades), o cualquiera de las premisas mencionadas al inicio de esta publicación. Es conveniente para la estructura económica dominante, que exista pues una creencia de seres individuales no interesados en la colectividad, esto para que la estructura se siga perpetuando; los capitalistas saben que el “cambio no está en uno mismo”, saben de lo que pueden ser capaces una organización social, un levantamiento social en denuncia a las desigualdades impuestas por ellos. Es por esto que les conviene vender la idea, por todas su instancias ideológicas (la universidad, la familia, la religión, etc., etc.) de que somo sujetos singulares y autónomos, para no darnos cuenta de sus perversas acciones ideológicas.

Comentarios finales

La psicología reproduce un obsesivo e indignante individualismo. Obsesivo porque se presenta de manera frecuente, sin medida, sin lógica aparente. Se instaura en las clases, en los libros, en las conferencias, en los manuales, en los psiquiátricos, en las universidades. Se nos enseña a ser competitivos a costa de destruir al otro, de desconocerlo, de negarlo. Indignante porque no nos preocupamos por lo que pueda pasar alrededor de nosotros, porque se perpetúan las injusticias, se propaga la indiferencia y se admite lo no justificable. La psicología funciona como aparato ideológico, asegura las relaciones de producción capitalistas y sus discursos enajenadores. Es un cómplice más del sistema (Pavón-Cuéllar, 2012).

Braunstein, en principio, nos ayuda a ilustrar una articulación inédita que puede dar cuenta del proceso de sujetación ideológico, el cual la psicología ignora cada que puede, y por el contrario, contribuye a la ideologización. El psicoanálisis y el materialismo histórico dan cuenta de los planes perversos de la instancia económica como determinante última de los procesos sociales, a su vez critican a la psicología académica por ofrecer una falsa ilusión de individualidad. Utilizando la cinta de Möbius para explicar todo lo anterior: no puede haber sujetos escindidos de su realidad social; el psicoanálisis y el materialismo histórico pueden dar cuenta, casi a la par en cuanto a objetos de conocimiento, del proceso de sujetación ideológico, y ayudan a mantener una postura crítica ante la psicología individualista.

Referencias

  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo Veintiuno Editores.
  • Deleuze, G. y Guattari, F. (1985). El Anti Edipo. Capitalismo y Esquizofrenia. Barcelona: Paidós.
  • Flores-Osorio, J.M. (2017). Hegemonía y contra-hegemonía del pensamiento psicosocial latinoamericano. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • González-Rey, F. (2017). Los desafíos de la psicología frente al capitalismo subdesarrollado de América Latina: los déficits para generar una práctica profesional diferente. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Parker, I. (1999). Introduction: Marxism, Ideology and Psychology. Theory and Psychology, Sage Publications, 9(3), 291-293.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2011). La psicología crítica de Ian Parker: análisis de discurso marxismo trotskista y psicoanálisis lacaniano. Teoría y Crítica de la Psicología, 1, 1-42.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2012). Nuestra psicología y su indigante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación. Teoría y Crítica de la Psicología, 2, 202-209.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Capitalismo y psicología en la historia latinoamericana: esbozo de recapitulación histórica para proyectos liberadores anticapitalistas. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Pavón-Cuéllar, D. y Orozco-Guzmán, M (2017). Más allá de la psicología del mestizaje: capitalismo, colonización y singularidad latinoamericana. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.

La psicología como reproductora de la ideología dominante en nuestras aulas: la psicología al servicio del capital

Esta será la primera de una serie de publicaciones acerca de la relación que guarda la ideología con la psicología, los efectos que esta tiene dentro de nuestra disciplina, entre otras consecuencias ideológicas que llevan a los psicólogos y psicólogas a ser cierto tipo de “sujeto”. Este primer escrito dilucida la influencia de Althusser en torno a su teoría de la ideología (de manera muy breve) aplicada en los terrenos de la psicología dominante y cómo esta reproduce las condiciones que el sistema (capitalista) ha venido instaurando desde hace siglos, poniendo énfasis en su propuesta acerca de la escuela como aparato ideológico de Estado (AIE). El orden de publicación de estos escritos no obedece a una relevancia específica.

¿Qué entendemos por ideología? Althusser tenía razón

Puedo asegurar, casi sin temor a equivocarme, que durante nuestra formación en psicología, nuestros docentes, compañeros y administrativos han utilizado vagamente (o una versión ideologizada) el concepto de “ideología”. Esta ha sido entendida como “sistema de creencias, valores o actitudes” o incluso un “sistema de ideas o pensamientos” (definición clásica), y bajo estos conceptos, los psicólogos y psicólogas nos hemos conducido cuando queremos hacer un análisis de la realidad social o de los sujetos. Esto es, en principio, “válido” hasta cierto punto: centrarnos en un solo “individuo” y conocer cuál es su sistema de ideas o pensamientos. Empero, esta es una situación que conduce a la psicología a mostrar desinterés por la estructura en la que está insertada el sujeto (e incluso la misma psicología) y en la que se (re)produce ese “sistema de ideas”, así como en sus respectivas relaciones sociales. En este sentido, es necesario optar por una definición crítica de la ideología, una definición más allá de lo psicológico y una cuestión intrasujeto o “individual”. Así, tomaremos a modo de préstamo (en primera instancia) la propuesta de “ideología” en la psicología social que mantiene ciertos tintes althusserianos y marxistas: la ideología deviene en “proceso ocultador” de la realidad, que permite explicar el porqué un sujeto acepta explicaciones descalificantes para sí mismo, y a su vez, es capaz de reproducirlas y autoaplicárselas; esta a su vez, reproduce mecanismos de opresión y margninación, y exalta cualquier tipo de desigualdad (Montero, 1994). Existe pues, una “sujeción” del supuesto individuo (aquel que cree que tiene ideas puramente propias) en dónde este deviene sujeto, y esta sujeción está determinada por la ideología y sus instituciones.

Hoy en día, navegar fuera de la ideología se puede concebir como imposible. Nos reproducen y reproducimos la ideología a través de las diversas estructuras sociales: la familia, la política, la iglesia (de cualquier religión) y por último, pero no menos relevante, la escuela. En términos althusserianos, estas estructuras o “aparatos” forman una cadena de reproductores de la ideología. Althusser (2018) ya advertía esta situación en su obra “Ideología y aparatos ideológicos de Estado”, en el que se enfatiza el papel ideológico de la escuela (posicionándolo como un “aparato ideológico de Estado” o AIE), rebasando ampliamente (aunque no del todo) a la iglesia (también AIE). La escuela (o en nuestro caso, la universidad) asegura a toda costa la reproducción de las relaciones de producción, a través de sus mecanismos o sus prácticas ideológicas. Incluso podríamos afirmar que la escuela se torna en una especie de panóptico en el que se vigila y se asegura la reproducción (o la sujeción). Por otra parte, aquí cabe señalar dos aspectos importantes que Althusser (íbid.) dilucida en su obra, y es la determinación de la infraestructura en la superestructura (aunque esto ya lo adelantaba Marx): la primera corresponde a una base económica (el capitalismo vigente desde hace siglos) y la segunda corresponde al ámbito ideológico (y su reproducción) así como el marco jurídico-político, en los que se encontrarían los AIE (ampliación althusseriana de lo ya previsto por Marx). En este sentido, la infraestructura, o la base económica capitalista, va a determinar en cierto sentido (por no decir casi en su totalidad) a la ideología, una ideología dominante, represiva, en la que se mercantiliza e individualiza todo a su alrededor, con la finalidad de poder funcionar, seguir produciendo y reproduciendo capital.

La psicología, al ser una disciplina insertada en la escuela, se vuelve parte o cómplice de la reproducción de las relaciones de producción capitalistas (sistema imperante desde hace varios siglos, al menos desde el colonialismo y su lógica extractivista y represión del psiquismo “alternativo” del indígena, hasta el actual capitalismo financiero y otros primos-hermanos de este) a través de la ideología. El aula y lo impartido aquí, se torna una especie de mecanismo de supresión de la libertad con el fin de servir y funcionar en la estructura, ser parte de ella. ¿Cómo se logra esto? Podríamos hablar, que dentro de la psicología (y en cualquier otra disciplina) existen ciertas prácticas que conducen el quehacer de los estudiantes, que lo subordinan a cierto tipo de saber psicológico.

Las prácticas pueden ir desde el material bibliográfico que nuestros maestros y maestras nos dan al inicio de cada materia: ciertas teorías generadas en cierto sistema social y económico y con ciertos reduccionismos (por ejemplo, aquellas teorías surgidas en el contexto norteamericano que devienen en parte medular de nuestra carrera); hasta en la conversación más informal entre alumno-docente. Estas prácticas pueden encajar en cualquiera de las especializantes que nos imparten: educativa, laboral (u organizacional), social y clínica. No es raro tampoco, que la psicología dominante impartida ignore sus propias prácticas y discursos, su historia y a quiénes ha servido; hablamos pues, de una psicología ideologizada al servicio de aquellos que han sido ignorados intencionalmente por la psicología para mantener el statu quo.

La ideología (capital) en la psicología social: un ejemplo breve

En este apartado, hablaré brevemente sobre cómo existen prácticas ideológicas insertadas en la psicología social que nos enseñan en nuestra universidad y su desinterés por la realidad social. Esto no quiere decir que en otras universidades no sucedan, probablemente sean más o menos notorias. Para que persista la ideología, esta tiene que materializarse (Althusser, 2018), y de esto se encarga el AIE, que es la escuela, y dentro de esta, la psicología apoya esta materialización.

Todos en nuestra universidades tenemos la “orientación” o “especializante” de la psicología social. Esta especializante en la que nos enseña a cómo analizar a los individuos en sus grupos (al menos esta es la concepción hegemónica), a analizar sus “liderazgos”, su “dinámica”, su interacción, la dinámica grupal de los estudiantes universitarios, la cuantificación de los procesos sociales, la “intervención psicosocial” con individuos (sí, de forma individual) en situaciones emocionales ocasionadas por eventos “traumáticos” y “empoderar” a cada uno, rige nuestro quehacer como psicólogos y psicólogas sociales. ¿Esto a qué se debe? Las teorías de psicología social realizadas y propuestas en contextos puramente capitalistas y neoliberales (países de Europa, y en el continente americano, Estados Unidos, que “gozan” de bastantes privilegios sociales, económicos y políticos, y que se han perpetuado a través de la represión y la violencia explícita o no del capital) son las que nos han introducido una y otra vez en nuestros programas de estudio, y seamos aquí sinceros, estas psicologías sociales capitalistas (que por cierto, son bastantes teorías) no han tenido interés alguno de ocuparse de la marginalización, el racismo, las injusticias, la violencia, la desigualdad de condiciones sociales y económicas, la extracción de recursos por parte de las grandes empresas, entre otras barbaridades que se han dejado pasar en nuestra psicología social.

Esto es claro, el dejar pasar las situaciones mencionadas anteriormente por la psicología social hegemónica, responde a la intención del capitalismo por mantenernos dóciles, fieles, dormidos, callados, todo con la finalidad de que este siga produciendo más y más dinero, invertirlo para propio beneficio (disfrazado de oportudinades de empleo para los más necesitados, que por cierto, jamás llegarán a ganar siquiera 1/3 parte de lo que los CEOs multimillonarios ganan), de seguir extrayendo recursos a costa de destruir cualquier ecosistema, de seguir manteniendo la condición de excluidos a aquellos colonizados hace más de 500 siglos en el capitalismo colonial, y ¿por qué no? llevarnos una tajada en la producción de conocimiento psicosocial.

Se (re)produce en nosotros un psicólogo(a) social desinteresado(a) de los verdaderos problemas sociales en los sectores menos favorecidos. Interesarnos en estos problemas no remunera, no es moneda de cambio, en comparación de aquello que no cuestiona el capital; se forma un psicólogo social centrado en lo individual, en lo psicológico por encima de lo social-comunitario. A modo de ejemplo: un psicólogo social (constituido sujeto ideológico por el capitalismo) se interesa en analizar únicamente el consumo de drogas de una población específica, en vez de analizar la situación de narcotráfico (una forma de lumpen-capitalismo, como ya señalaría Pavón-Cuéllar, 2017) y la complicidad del Estado con este, y proponer alternativas de resistencia; una psicóloga social se interesa por investigar el CI promedio de una comunidad, en vez de investigar cuáles son las condiciones sociopolíticas que aseguran la marginalización intelectual de grupos excluidos. Estos dos ejemplos son solo dos de miles que mantienen una ideología: el ensalzamiento de la lógica (re)productiva capital (sin cuestionarla, sin juzgarla, sin criticarla), lo cual, se traduce en más apoyo para congresos, mayor número de publicaciones, más libros o manuales de psicología social sobre cómo “intervenir” en los grupos, que al final producen una remuneración para las grandes editoriales o revistas, y en ocasiones para los y las autoras en lo que Pavón-Cuéllar denomina como “capitalismo académico”, en el que ya sólo se hacen investigaciones “fáciles de hacer”, que no conllevan una reflexión crítica y profunda, pero que da reconocimiento en el gremio. Al respecto, González-Rey (2017) argumenta:

“La enseñanza y la investigación en el campo de la psicología, no sólo reproducen versiones obsoletas y miméticas de teorías tradicionales sino que se caracterizan, además, por un divorcio profundo con respecto a la realidad social” (p.50)

Se nos exige en prácticamente todos los programas de psicología social (hegemónica), que se lean a ciertos autores o ciertos libros, lo cual, ya es en sí una práctica ideológica: encaminarnos a los estudiantes a tener una visión parcial (capitalista y centrada en el individuo), a ser un tipo específico de psicólogos sociales (sujetos ideológicos), que en una visión funcionalista (Martín-Baró, 1989), le sirvamos a la estructura. Varios de estos libros o manuales fueron y son producidos en el contexto europeo o estadounidense y se venden, a montones, por grandes editoriales a las universidades.

Otro ejemplo de práctica ideológica es el discurso del docente. González-Rey (2017) sostiene que el discurso es en sí, una producción de la ideología. Escuchamos a los docentes (no todos y todas, pero sí un 95%) decir que la especializante que más remunera no es la psicología social, sino la psicología organizacional (y otros afirman que la educativa también), esto en consecuencia (en parte), produce cada vez menor interés en la realidad social. Otro acto por el cual se mantiene la ideología (capitalista) en nuestra psicología social, es la polarización de lo “psicosocial”: se nos insiste en intervenir de forma psicosocial, pero esta intervención no va más allá del bienestar mental y lo individual. Flores-Osorio (2017) denuncia que la intervención “psicosocial” se sustenta en teorías que niegan lo comunitario, a la vez que en esta se realizan tareas orientadas que los sectores “excluidos-pauperizados” internalicen, “a pesar de sus condiciones paupérrimas”, la idea de bienestar psicológico e incluso el mejoramiento de la autoestima.

Comentarios finales

La ideología (capitalista) se materializa a través de la psicología y de sus respectivas prácticas o actos. En esta ocasión, dediqué ejemplifiqué esta situación a partir de la psicología social que nos enseñan, sin embargo, esto no excluye que las demás especializantes contribuyan activamente a mantener el statu quo. Me baso en la propuesta althusseriana de la ideología y cómo esta se perpetua gracias a los AIE, en este caso, la escuela.

Por otra parte, a pesar de que parezca que la ideología (capitalista) parezca permantente en nuestra psicología, el propio Althusser (2018) enfatiza en que hay docentes en el AIE escolar que se vuelven en contra de la ideología, mencionando:

“Pido perdón […] a los maestros que, en condiciones espantosas, intentan volver contra la ideología, contra el sistema y contra las prácticas de que son prisioneros, las pocas armas que puedan hallar en la historia y el saber que ellos “enseñan”. Son una especie de héroes. Pero no abundan, y muchos (la mayoría) no tienen siquiera la más remota sospecha del “trabajo” que el sistema (que los rebasa y aplasta) les obliga a realizar y, peor aún, ponen todo su empeño e ingenio para cumplir con la última directiva”. (p.42)

Si bien, quizá podamos no tener la culpa de ser sujetos ideologizados (ni nuestros docentes ni nosotros como estudiantes), pero sí somos responsables de frenar esta reproducción ideológica; de conseguir municiones para la “guerra” contra el sistema y su cómplice, la psicología; de señalar de manera constante, cuestionarlo y problematizarlo todo.

Referencias

  • Althusser, L. (2018). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Práctica teórica y lucha ideológica. México: Editorial Tomo.
  • Flores-Osorio, J.M. (2017). Hegemonía y contra-hegemonía del pensamiento psicosocial latinoamericano. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • González-Rey, F. (2017). Los desafíos de la psicología frente al capitalismo subdesarrollado de América Latina: los déficits para generar una práctica profesional diferente. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Martín-Baró, I. (1989). Sistema, grupo y poder. Psicología social desde Centroamérica II. San Salvador: UCA.
  • Montero, M.(1994). Una mirada dentro de la caja Negra: La construcción psicológica de la ideología. En:Montero, M.( 1994). Construcción y crítica de la psicología social. Barcelona: Antrhopos, Págs. 127-145
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Capitalismo y psicología en la historia latinoamericana: esbozo de recapitulación histórica para proyectos liberadores anticapitalistas. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.