Síntomas del capital

¿Inconsciente capitalista?

Existe una tendencia notable en la que el capital no se presenta como lo que es, sino que, más bien, se expresa y toma sentido a través de síntomas: ya sea como personificaciones, como sentido común, como mercancías, como discursos académicos o como una pandemia[1]. Sería inútil que el capital se expresara como lo que es fuera de su terreno: un sistema opresor, mortífero, injusto, desigual, patriarcal, colonial, inhumano, racista, clasista, homicida y feminicida, obsesionado con la ganancia. Si esto fuera así, es decir, si el capital se presentara ante nosotros como tal, probablemente estaríamos librados de él desde hace mucho tiempo. Pero es justamente su carácter sintomático, esto es, su despliegue, retorno, transmutación, desplazamiento o condensación en otras formas, lo que impide su superación, renovándose de manera incansable.

En efecto, el capital permanece oculto, es algo intangible. En otras palabras, permanece inconsciente para nosotros, sin embargo, no por ello deja de tener efectos en “nuestras” vidas[2]: en “nuestro” ser, en lo que compramos o en la universidad. Son los síntomas los que nos dan la clave para entender el funcionamiento de lo que subyace a estos, a saber, como mencionamos anteriormente, el capital. No debería impresionarnos lo anterior: Marx lo anticipó hace casi dos siglos[3]. Podremos aventurarnos diciendo que existe un inconsciente capitalista, mismo que fue descubierto por Marx. Siguiendo a Páramo Ortega[4] y Pavón-Cuéllar[5], podemos identificar tres características básicas de dicho inconsciente:

  1. Su núcleo básico es la maximización de la ganancia, su pulsión es la producción de la plusvalía[6], una pulsión de acrecentamiento y acumulación[7], incluyendo a su vez, el origen de la valorización del valor, a saber, la explotación de unos por los otros, del proletariado por los capitalistas.
  2. Puesto que su núcleo es la producción de plusvalía, no le interesa la cualidad, sino la cantidad.
  3. Es un inconsciente idealista, producto de la división mental y física del trabajo, en donde el primero domina al segundo. De ahí que se considere al cerebro como motor de toda realidad exterior[8].

Es el inconsciente capitalista el que domina la vida del obrero, del académico, e incluso, del capitalista más acaudalado. Nadie nos salvamos. Devenimos, de alguna manera, síntomas del capital: ya sea expresando el núcleo básico del capital, o reproduciendo el idealismo burgués, o reduciéndonos a puros número, o tal vez las tres cosas al mismo tiempo.

Si Freud nos ofrece las coordenadas para explicar lo inconsciente “personal-individual” (nótese el entrecomillado puesto que no hay algo propiamente individual), Marx nos ofrece las coordenadas para entender el inconsciente capitalista. Nos limitaremos esta ocasión a tratar de analizar dos síntomas: la mercancía y al capitalista.

Mercancías y capitalistas como síntomas

Mercancías

Tal como lo descubrió Freud, el inconsciente se manifiesta en la vida cotidiana[9], ya sea en las equivocaciones orales o en el olvido. Sin embargo, habremos de admitir también que el inconsciente capitalista descubierto por Marx no solamente se manifiesta en los actos fallidos, sino que también se expresa en los actos cotidianos de la vida. La vida cotidiana no solamente incluye toda actividad práctica humana, sea trabajo o lenguaje, sino también los aparatos utilizados para llevar a cabo tal actividad, a saber, cualquier dispositivo móvil, medio de transporte, accesorio o herramientas específicas, aquellos que, por sus características, es decir, como valores de uso y de cambio, podemos denominar mercancías[10].

Nuestra vida cotidiana en el modo de producción capitalista se encuentra rodeada de mercancías. Cuando tenemos una mercancía con nosotros, lo que realmente tenemos es el trabajo humano invertido en ella[11], sin embargo, no lo sabemos[12]. En efecto, además de que la mercancía se presenta como fetiche encubriendo el carácter social del trabajo humano, también se nos presenta como una formación sintomática de lo que hemos descrito párrafos arriba, es decir, se presenta como síntoma del capital. Veamos más a detalle lo anterior.

Una mercancía, de manera general, es la objetivación del trabajo humano. Sin embargo, bajo el yugo del capitalismo, el trabajo humano no es lo que parece a simple vista, esto es, no es únicamente actividad práctica del ser ni la exteriorización del mismo; es, por el contrario, trabajo enajenado[13], trabajo que no le pertenece al obrero, y por ende, tampoco la mercancía producida por él/ella. Queda así el obrero reducido a pura fuerza física de trabajo, traducida en la cantidad de tiempo en que esta puede ser empleada por su comprador para beneficio propio. Sin entrar en demasiados detalles, puesto que rebasaría ampliamente nuestros objetivos, agregaremos que desde el momento en que se compra la fuerza física de trabajo, el capitalista sabe lo que tal fuerza puede rendir[14] más allá de lo necesario para “reponerse”. Es precisamente en esta extensión del tiempo de trabajo, es decir, más allá del que sirve al obrero para reproducirse diariamente, lo que le generará la plusvalía al capitalista. Creará así un plusproducto con el plustrabajo, en donde el primero le traerá ganancias al capitalista, y el segundo le ocasionará miseria al trabajador, o como diría Marx: “el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones para el trabajador”[15].

Han aparecido las características del capital en el síntoma mercancía. En primer lugar, la mercancía lleva desde su origen la intención de maximizar la ganancia. Desde el momento en que el capitalista desembolsa su dinero para comprar medios de producción y fuerza de trabajo que crearán el producto nuevo, “es ya capital por su propio destino”[16], tiene la intención, por tanto, de acrecentarse; la mercancía es solo un medio para la riqueza. Sucede, a su vez, que la mercancía esconde la explotación del obrero por el capitalista, por el mismo capital, explotación que crece en la medida en que se extiende la jornada de trabajo y se le hace producir más. En segundo lugar, puesto que la mercancía interesa porque reporta ganancias, lo que importa es siempre su valor de cambio y nunca su valor de uso. Sucede lo mismo con el trabajo del obrero: lo que importa no es su trabajo concreto, la forma útil en la que pueda expresarse, sino tan solo la inversión (cantidad) de su fuerza de trabajo, la forma abstracta del mismo[17]. Al capitalista no le interesa para qué pueda ser usada la mercancía que producen sus trabajadores, sino cuánto ($) va a ingresar a su billetera. En tercer lugar, el idealismo queda expresado en la mercancía por la relación de explotación antes descrita: son solo aquellos los que poseen el capital anticipado, aquellos que tienen los medios de producción y la capacidad de comprar la fuerza de trabajo los que hacen abstracción del trabajo manual; por eso siempre “andan de cabeza”.

De manera general, podemos decir que toda mercancía que tenemos en este momento a nuestra disposición, es un síntoma del capital. En ella no vemos ni la plusvalía, ni la explotación del obrero, ni el idealismo del capitalista, tampoco nos interesa qué hizo con nuestro dinero su vendedor (lo más seguro es que lo reinvirtió para generar más dinero). Todos estos elementos anteriores, propios del capital, retornan en forma de una “simple” mercancía. Estamos conviviendo con el capital sin darnos cuenta. Al disfrutar nuestras mercancías, no somos realmente nosotros los que las disfrutamos, sino, más bien, es el capital el que disfruta de nosotros, el que ríe al vernos usar continuamente lo que fue producto de una explotación. Diremos pues, que la mercancía se convierte en el síntoma perfecto porque de ella no se sospecha nada; ella misma condensa la esencia del capital, el acrecentamiento y la explotación. Las personas no disfrutan de sus lujosos iPhone, tampoco disfrutamos de las compras innecesarias que hacemos por Amazon. Por el contrario, es Tim Cook (Apple) riéndose de nosotros al saber que nos vendió un teléfono en más del 100% de su costo real, o Jeff Bezos (Amazon) al ver cómo compramos compulsivamente mercancías mientras explota a sus trabajadores. Se ríen precisamente porque su truco funcionó. El capital no se presentó como lo que es, sino como síntoma, como mercancía. No importa su forma ni su uso, ni quién la creó; lo único que importa es que el capital se pudo expresar, pudo salir a la superficie sin que sospecháramos de él.

Capitalistas

Pero si Tim Cook o Jeff Bezos se rieron de nosotros, es simplemente porque ellos también son un medio del capital para expresarse. Los estafadores fueron estafados. Ni siquiera ellos actúan con total independencia. No fueron ellos los que se rieron, sino el capital que se encarna y cobra vida gracias a ellos. Todo capitalista es solo “capital personificado”[18], su alma “es el alma del capital”[19] puesto que “su único motivo propulsor”[20] es la apropiación, el acrecentamiento de plusvalía. Marx nos deja la clave al decir que el capital se dota de conciencia a través del capitalista[21], y decimos que es la clave porque es lo que intentamos exponer aquí: la conciencia del capitalista le pertenece al capital, por eso Freud nos recuerda que la conciencia es tan solo un síntoma, y que si queremos, por ejemplo, saber la verdad del capitalista, debemos emanciparnos de tal síntoma[22]. El capitalista, además, se abstrae del trabajo pesado, piensa que el mundo se crea desde las órdenes que emanan de su cabeza, de esa conciencia que es solo una conciencia que personifica otra cosa.

El capital retorna en forma de cuerpo humano: tiene cara para sonreír y burlarse de nosotros, cerebro para determinar sus operaciones, manos para contar su jugoso dinero, órganos sexuales para dejar pequeñas crías que seguirán su legado. Dejaré que Pavón-Cuéllar[23] nos acompañe en esta explicación, por tanto, me permito citarlo ampliamente:

“Cerebro, neuronas y fibras nerviosas son requeridas por el capital para adquirir su psique característica, ambiciosa y despiadada. Sin embargo, una vez adquirida, esta no es más la psique de la persona que posee capital, sino que es el capital el que posee, como un demonio, a la persona que le ha vendido su alma”. (Cursivas mías)

Su persona queda reducida, además, en puras cantidades. Es porque tiene. ¡Hasta son números en las listas de Forbes! ¡Qué risa! Ya no los conocen ni siquiera por su nombre, sino por el número de posición en que se encuentran en la lista de los más ricos. Bezos es el #1, lo que quiere decir que está por encima de n personas (números). El ser del capitalista se divide entre su fortuna calculada en acciones, en el número de propiedades en donde reside y vacaciona, el número de fundaciones a las que “apoya” con su sonrisa cínica, la cantidad de trabajadores que le producen, el número de hijos entre los cuales repartirá su fortuna. La cantidad de su fortuna, acumulada gracias a la explotación, “es cada vez más su única propiedad importante”[24] dado que su “desmesura y el exceso, es su verdadera medida”[25]. Una vez que el capitalista muera, el capital quedará vivo únicamente porque el mismo capitalista ha preparado a sus pequeños para que continúen su legado. El capital siempre resucitará de entre los muertos.

A pesar de que Páramo Ortega[26] haya acertado al diagnosticar a los capitalistas con la “psicopatología de la avaricia”, en el capitalismo esta condición es considerada normal, a lo que todo mundo aspira. De ahí que no aparezca en nuestro gracioso Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (o como sea que se llame). La psicopatología que sufre el capitalista es su condición normal. Pero, al igual que la mercancía, su personificación, su estado psicopatológico, es otro síntoma clave del capital. Su verdad son las lógicas del capital, es el capital mismo. Su cuerpo es la extensión de aquello que los economistas burgueses criticados por Marx escribieron en sus libros.

Al igual que como vimos en la mercancía, el capital quedó expresado en el capitalista: su tendencia a enriquecerse, su idealismo puesto que se abstrae del trabajo manual sólo dando órdenes con su cabeza, y su reducción a ser cuantitativo.

Comentarios finales: otros síntomas

Lo inconsciente retorna de muchas maneras; lo mismo el capital. Hemos equiparado el capital con el descubrimiento freudiano, pudiendo unirlo de manera provisoria y aventurada (“inconsciente capitalista”). Damos el crédito principalmente a Marx por descubrir tal inconsciente, y a los autores que hemos citado por el momento por contribuir a la descripción del mismo. Sabemos que no son los únicos y con una investigación más profunda con otras/os autores, podríamos enriquecer lo discutido. A quienes hemos omitido por ahora, les damos crédito por contribuir a la crítica.

Hemos identificado, quizás, los dos síntomas perfectos del capital: mercancía y capitalista. Es en ellos en donde cobra vida para poder expresarse. Sin embargo, no por ser los perfectos quiere decir que sean los únicos. Como adelantamos al principio, el capital, como categoría inconsciente, mantiene efectos en los lugares menos esperados. Un ejemplo de ello lo encontramos en la psicología. La psicología se nos presenta como un síntoma del capital puesto que cumple con las condiciones (lógicas) del capital. Podríamos argumentar que su lógica de acrecentamiento estriba en la reproducción de sus teorías fuera del lugar académico, su plusvalía es su psicologización: producen teorías no para entender, explicar o transformar al mundo, sino por pura soberbia, por avaricia teórica. Lo cuantitativo del capital se expresa en la reducción de los sujetos a puros números en cuestionarios, tests, encuestas, cantidad de criterios diagnósticos, sus evaluaciones cuantitativas de grado como determinantes de su calidad académica (CENEVAL en México), las calificaciones en los exámenes, la persecución de los estímulos académicos por parte de los docentes descuidando la calidad educativa, el cuidado del puesto administrativo para no perder su dinero, la publicación de papers irrelevantes, con poca calidad, en exceso. Su idealismo es más evidente: un psiquismo escindido de sus condiciones reales de existencia, emociones entendidas como propias del sujeto, lenguaje entendido como una mera función cognitiva, su pretendida materialidad basada en las neurociencias que termina diciendo nada del sujeto, entre otras.

Los síntomas del capital los tenemos a la orden del día. La única forma de enfrentarnos a ellos es descubriendo su verdad y al mismo tiempo aceptando que existen estas formaciones del capital (síntomas) que nos dominan. Mientras esto no suceda, mientras no aceptemos los síntomas como son, es decir, como velos encubridores de lo real, el capital vivirá. No somos los que viviremos, sino que será el capital el que lo haga a través y a costa de nosotros.

Notas

1 David Pavón-Cuéllar, El coronavirus como síntoma del capitalismo, David Pavón-Cuéllar http://oktubre.cl/2020/04/06/el-coronavirus-como-sintoma-del-capitalismo/

2 Sigmund Freud, “Lo inconsciente” (1915), En El malestar de la cultura y otros ensayos, Madrid, Alianza, 2010.

3 Karl Marx, El Capital I. Crítica de la economía política (1867), México, Fondo de Cultura Económica, 2014.

4 Raúl Páramo Ortega, “Dinero y Adicción. Patología social como subproducto cultural del capitalismo”, en El psicoanálisis y lo social, Valencia-Guadalajara, Universidad de Valencia-Universidad de Guadalajara, 2006.

5 David Pavón-Cuéllar, “Marxian psychologies” en Marxism and Psychoanalysis. In or against psychology?, Londres, Routledge, 2017.

6 Páramo Ortega, “Dinero…”, op. cit., p. 256

7 Pavón-Cuéllar, “Marxian psychologies”, op. cit. pp. 16-18

8 Friedrich Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (1876), México, Colofón, 2008, p. 176

9 Sigmund Freud, Psicopatología de la vida cotidiana (1901), Madrid, Alianza, 2011.

10 Marx, El Capital I…, op. cit., pp. 41-42

11 ibid., pp. 44, 72-73

12 ibid., p. 74

13 Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía (1844), Madrid, Alianza, 2013.

14 Marx, El Capital I… (1867), op. cit. pp. 175-176

15 Marx, Manuscritos… (1844), op. cit. p. 137

16 Marx, El Capital I… (1867), op. cit. p. 135

17 ibid., p. 44

18 ibid., pp. 141, 208

19 ibid., p. 208

20 ibid., p. 141

21 ibid.

22 Freud, “Lo inconsciente” (1915), op. cit., p. 274

23 Pavón-Cuéllar, “Marxian psychologies”, op cit., p. 18

24 Marx, Manuscritos… (1844), op. cit., p. 190

25 ibid.

26 Páramo Ortega, “Dinero…”, op. cit., p. 254

Cuestionar el regreso a clases hoy: ¿control psicopolítico-digitalizado de la vida?

Después de casi seis meses de que la suspensión de clases se hiciera efectiva aquí en México debido a la pandemia del SARS-CoV-2, nos encontramos de nuevo con el anhelado “regreso a clases”. Sin embargo, este regreso a clases no será igual que en años anteriores: hoy nos sujetaremos a las condiciones en las que la pandemia permite ese retorno a la escuela: transmisión de clases por televisión abierta para educación básica y clases en plataformas educativas para niveles superiores, con mayor flexibilidad, rapidez, alcance y eficiencia. Pero, deberíamos plantearnos el cuestionar lo que posiblemente subyace en este ansiado regreso digital a clases y todas sus “bondades”: cuestionarnos lo que va más allá de solo la educación en tiempos de pandemia.

La escuela, no olvidemos la propuesta althusseriana (que reiteradamente menciono en este espacio), funge como aparato ideológico, y por ende, esta no se limita a la mera transmisión de conocimientos, al seguimiento de una planeación escrita y entregada a las autoridades escolares, sino que deviene en reproducción de la ideología, del sistema capitalista y sus relaciones de producción dentro y fuera de las aulas, ese famoso “curriculum oculto” y perverso. Pero, ¿cómo hará el capitalismo neoliberal para asegurar esas relaciones, mediante la escuela, ahora que nos encontramos en la “comodidad” de nuestros hogares? ¿Será que el capitalismo no penetrará más allá de las aulas y tomaremos un breve descanso de su voracidad? Si esto no fuese así ¿a qué tendría que recurrir el sistema para no perder su dominancia ante la crisis producida solo por este? En esta ocasión, las propuestas del filósofo Byung Chul-Han y el psicólogo crítico Jan De Vos podrían encaminarnos a responder las preguntas anteriores.

Anteriormente había dedicado un espacio breve a estos dos autores (La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal y Homo psychologicus: la psicologización del todo), sin embargo, la publicación dedicada a tratar parcialmente el fenómeno de la psicologización adelantaba que desarrollaría el tema de la digitalización, también argumentado por Jan De Vos. Podríamos, pues, intentar articular ambos aportes críticos para reflexionar sobre este retorno a nuestras “aulas” y esta aparente “libertad” que los dispositivos y herramientas tecnológicas aparentan ofrecer.

Digitalización y Psicopolítica: la relación perfecta

Hoy las clases toman un nuevo rumbo: docentes y estudiantes nos encontramos frente a la digitalización de la educación. Nuestra presencia física se ve sustituida por un correo electrónico, por un pseudónimo, por la intensidad de nuestra red de internet en casa, por el dispositivo inteligente y su cámara que nos hace estar presentes en las “clases”. Hoy ya no solo somos aquel homo psychologicus interpelado por las teorías psicológicas y todo el corpus de la psicología que nos pone al servicio (in)directo del capitalismo; aquel que nos decía con vehemencia: “¡Tú eres resiliente, capaz, autogestor, libre, autónomo!” “¡No necesitas a los otros, solo a ti mismo y a nadie más!” Nuestro devenir sujetos se torna distinto, en una nueva “modalidad”, esa que nos interpela a “ser” nosotros desde la comodidad y “libertad” de nuestras casas en nuestros dispositivos tecnológicos.

Ya no hablamos solamente de una psicologización, sino que se incluye en esta interpelación la digitalización de la vida, aquella interpelación para ser sujetos digitales (De Vos, 2019), un homo digitalus, una subjetividad inmaterial (¿qué hay detrás de esa inmaterialidad? ¿idealismo actualizado? debate abierto para el lector). El propio De Vos (2019) adelantaba esta vicisitud en la misma escuela (mucho antes de que la COVID-19 fuera el tema de cada día): la presencia que entonces era material, en la que decíamos “presente” cada que mencionaban nuestro nombre en el aula, hoy se ve sustituida por otras formas digitales. Al respecto menciona:

“Pero en la actualidad, la presencia escolar vuelve a ser algo muy sencillo: puede ser simplemente comprobada electrónicamente […] entrar a la clase, encender su laptop […] son diferentes formas de comprobar su presencia, mientras se comprueban otras múltiples cosas también“. (ibíd.; 154) (Cursivas mías)

La digitalización en la escuela, como la explica De Vos (2019), quedaría simplificada a dos términos: a una presencia (inmaterial, virtual, digitalizada, verificada electrónicamente) y la pantalla (donde el mundo está “presente”). Al respecto y antes de continuar, me gustaría hacer un breve paréntesis para recordar a Lacan y el estadio del espejo. Esta digitalización del sujeto, quizá podríamos compararla con aquel estadio en donde el sujeto es interpelado por el Otro al verse a través del espejo y por todo lo que no puede ver en él, lo que hay detrás de este (Braunstein, 1980): el mundo está presente y ausente a la vez en el sujeto. El sujeto se percibe a sí mismo, crea su yo “autónomo” gracias a la imagen que el espejo le devuelve y al reconocimiento del Otro. La pantalla, por su parte, le devuelve una imagen digitalizada al sujeto que se reconoce a través de ella, se ve a sí mismo como completo, como un “yo” digitalizado, sin darse cuenta de que en esa imagen existen “otras múltiples cosas”. El Otro y lo demás (¿capitalismo? ¿psicologización?), aquellos que se encuentran del otro lado de nuestra pantalla y lo que no alcanzamos a ver en el entorno digital, serán encargados de comprobar/interpelar esas “múltiples cosas” (quizá) de las que De Vos habla y que profundizaremos en esto más adelante.

La digitalización de los sujetos, de la educación misma, a su vez se convierte también en una disciplinarización de la vida (De Vos, 2019), pero no tan coercitiva, una disciplinarización “light” si así lo quisiéramos ver. Hoy, docentes y estudiantes, tenemos que encender nuestra cámara web para que se compruebe nuestra presencia inmaterial; tenemos que utilizar correos institucionales para que se compruebe nuestro ser, de lo contrario, no somos nosotros; las plataformas virtuales como Classroom o Moodle (por mencionar solo dos), se convirtieron en el nuevo panóptico, en el panóptico digital, en las que se programa el tiempo específico para hacer tareas y otras actividades. A diario llegan a nuestros correos notificaciones de nuevos deberes por cumplir. El diálogo y el debate ya no existen, ya no se puede hablar tanto por el límite de tiempo en las sesiones y los temas verdaderamente relevantes y preocupantes quedan excluidos; los docentes saben todos nuestros movimientos en la red y sus jefes saben todo de ellos: la hora en que subieron un documento, si entregaron o no un pendiente, si están conectados o no en alguna sesión virtual. Ya tampoco es una biopolítica, más bien, es una digi-política (De Vos, 2019). Antes utilizábamos el internet para buscar a través (de manera superficial) de él lo que necesitábamos para la escuela, hoy, por el contrario, nosotros somos el internet (ibíd.). Ahora somos un apéndice, parafraseando a Marx y Engels (1848/2004), de nuestra laptop o celular, de la red misma, funcionando como esclavos pasivos de lo que no aparece en nuestra pantalla.

Si bien es cierto que hoy nos encontramos frente al imperio digital, los significantes de los “psi”, o de la psicología, no desaparecerán en ningún momento (sin hablar a detalle de que la estructura del entorno digital también está psicologizado) (De Vos, 2019). Este retorno constante a la psicologización, la obsesiva necesidad por querer psicologizarlo todo, no es mera casualidad, como ya lo argumentaba Han (2014). Esa psicopolítica debe seguir siendo aplicada en todo momento para asegurar las relaciones de producción. El capitalismo neoliberal no puede descansar, ni siquiera la pandemia puede ser motivo para detenerlo. La psicopolítica debe aplicarse y aparecer siempre, sí o sí, en el entorno digital.

En el panóptico digital, se reproducirían los discursos psi, esos que nos alentarían tanto a docentes y estudiantes a estar “motivados”, a ser “autogestores” de nuestro “propio” aprendizaje, a ser “resilientes” frente a la situación de la pandemia, a estar pendientes de las propias tareas a realizar. Lo digital favorecería toda esa optimización que necesita la psique (Han, 2014) para rendir adecuadamente, convirtiéndola así en fuerza productiva. Las frases motivadoras e individualizadoras en Facebook, las imágenes alentadoras llenas de resiliencia que publican las universidades, los discursos de “autoaprendizaje” y “autogestión” en las clases en línea, conducen a un autosometimiento. De ahí que no percibamos la coerción disciplinaria que mencionábamos anteriormente: todo parece agradable. La psicopolítica vuelve todo más fácil y agradable, siendo esta maximizada por el entorno digital: teniendo inteligencia emocional y emociones positivas (Han, 2014) publicadas y enseñadas en cualquier página de Facebook, plataforma educativa o en la misma clase virtual, rendiremos más (¿para quiénes?) y nos sentiremos en “libertad”, sin presión alguna: “al fin y al cabo, no estoy en el salón de clases, no pasa nada, soy libre”. Desde el entorno digital, somos víctimas de la psicopolítica, de la psicologización ejercida que quizá sea el punto central de todo el asunto, como lo explica Pavón-Cuéllar (2019) en el prólogo de la obra de De Vos:

“[…] debemos empezar por convertirnos en impulsos, motivaciones, afectos, emociones, pensamientos, cogniciones, actitudes, rasgos de personalidad, respuestas a estímulos […] La crítica de los actuales giros neurológico y digital no puede llegar demasiado lejos ni tampoco profundizar lo suficiente, por lo tanto, si no se atreve a remontar hasta el dispositivo psicologizador con el que se produce lo que se neurologiza y se digitaliza. La psicologización es aquí el meollo de todo el asunto. El corazón del homo psychologicus es el que late dentro de los pechos del homo neurologicus y del homo digitalus“. (p. 23)

Esta psicopolítica, esta psicologización, siempre está ahí, en el seno de la digitalización, hoy digitalización escolar. La interpelación ideológica de la que Althusser nos hablaba en el aparato ideológico escolar, es hoy una interpelación a distancia, a domicilio, sutil y digital. Esta digitalización se precipitó y agudizó por la pandemia, y con ello, se maximizó la psicologización. En este sentido, nos digitalizamos y se refuerza lo que ya estaba psicologizado en nosotros. Somos homo psychologicus y digitalus a la vez, tal como lo necesita el sistema.

“Si la digitalización posibilita ciertas formas extremas y extremadamente sutiles de sujeción, dominación, manipulación, enajenación, explotación, mercantilización y financierización, es también porque se vale de la misma psicología que nos ha ido constituyendo internamente y que hoy regresa desde el exterior bajo una forma digital […] Ya somos lo dominado por la psicología que ahora simplemente reviste la forma digital de los dispositivos electrónicos, de los sistemas computacionales y de todos los demás artilugios informáticos”. (Pavón-Cuéllar, 2019a, p.27).

Comentarios finales: el retorno a la psicologización

La digitalización, al igual que las vicisitudes del capitalismo, es solo una mutación de la psicologización. El capitalismo neoliberal conserva mayoritariamente las formas y procedimientos de su antecesor industrializado, aunque de formas actualizadas y “menos” evidentes. Lo mismo sucede con la digitalización: la interpelación que sucede en el entorno digital mantiene siempre elementos de la psicologización, como lo argumentaba De Vos y Pavón-Cuéllar. La psicopolítica es un efecto inherente al proceso de devenir sujetos digitales. Lo emocional y el management de sí mismo (Han, 2014), nos hacen sentir libres frente a la crisis actual que el mismo sistema no desea perder y que por eso no existe un descanso real ni de nosotros, ni del mundo. Eso que provocó la crisis y resiste a ella, el capitalismo, es tal vez lo que se esconde detrás de la pantalla, detrás de la imagen que nos devuelve la pantalla o el espejo lacaniano.

El aparato ideológico escolar tampoco puede detenerse, porque es en este donde se reproducen las relaciones de producción que mantienen al sistema, y al no poder detener esta interpelación de sujetos, incluso durante una pandemia cuyas cifras mortíferas son síntoma del capital (explicado aquí brevemente con base en lo argumentado por Pavón-Cuéllar), tienen que recurrir a aquella flexibilidad que la “serpiente” psicológica (Han, 2014) y digital tiene en sus movimientos para escabullirse en los espacios que parecen imposibles. Somos ahora nuestro propio panóptico, desde la comodidad de nuestra casa, ya no necesitamos que el docente esté frente a nosotros. Nos autosometemos con nuestra sensación de libertad y control de nuestras emociones en el confinamiento.

Quizá el lector pueda concluir: “¿Entonces es mejor asistir a clases presenciales?” Probablemente, pero esto no quiere decir que ese regreso a la presencialidad vaya a eliminar el problema. Tal vez desaparezca parcialmente la digitalización y lo que esta conlleva en el control de la vida, sin embargo, la psicologización, la psicopolítica, la interpelación ideológica sigue y seguirá ahí si no existe una organización entre nosotros, docentes y estudiantes comprometidos(as), ético-políticos(as) y subversivos(as), que cuestione y critique lo que se dice y se hace en nuestras aulas a través del dispositivo psicologizador. Si queremos que las cosas cambien, podríamos pues, empezar por la crítica a ese dispositivo que todo lo psicologiza a su paso que, tal como Foucault lo explicaba, criticar sería “interrogar la verdad” psicologizadora, “desconfiando” de ella, “limitarla”, “escapar de esas artes” (Foucault, 1978/2018) que de la psicologización emanan, y que a su vez, esto podría conducirnos al derrocamiento de lo que hoy se esconde detrás de la pantalla y en la red, aquello que sostiene a la psicología y su psicopolítica enmascarada de digitalización.

Referencias

  • Braunstein, N. (1980). El sujeto en el psicoanálisis, el materialismo histórico y la lingüística. En Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (hacia Lacan). México: Siglo XXI.
  • De Vos, J. (2019). La digitalización. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.
  • Foucault, M. (2018). ¿Qué es la crítica? Conferencia dictada en la Sociedad Francesa de Filosofía, Universidad de la Sorbona, 27 de mayo de 1978. En ¿Qué es la crítica? Seguido de la cultura de sí. Argentina: Siglo XXI.
  • Han, B. C. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Marx, K. y Engels, F. (2004). Manifiesto Comunista. Madrid: Akal. (Original publicado en 1848. “Manifiesto del Partido Comunista”).
  • Pavón-Cuéllar, D. (2019). Prólogo. La psico-política de Jan De Vos ante nuestra psicologización en el capitalismo. En J. De Vos, La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso Editores.

La COVID-19 frente al Manifiesto Comunista: ¿profecía cumplida?

“La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros.
Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”
(Marx y Engels, 1848/2004)

El mundo se ha paralizado. Una pandemia ha azotado y frenado el desarrollo tan anhelado, prometido y aparente en nuestra sociedad. Los sistemas políticos, el económico y el social se encuentran en una crisis inevitable. ¿Deberíamos, pues, echarle la culpa a la COVID-19? o por el contrario, ver lo real de la situación, más allá del síntoma. ¿Qué nos adelantaban Marx y Engels en el ya emblemático Manifiesto Comunista hace más de 170 años? ¿De qué nos serviría retomar hoy lo escrito en este manifiesto? ¿Tendrá sentido pensar en la supuesta “nueva” “normalidad” que los medios diseminan constantemente?

No cabe duda que la crisis actual, más allá de una crisis sanitaria, representaría la crisis de algo más, de algo más profundo. La enfermedad COVID-19 ya no es en sí la enfermedad; sus cifras mortíferas son solo un signo de que algo anda mal entre nosotros, en la sociedad misma. De este modo, este artículo pretende aproximarse a algunas premisas que considero (y varios también) vigentes expuestas por Marx y Engels para entender “la pandemia” hoy. El artículo no pretende ser una reseña del Manifiesto, sino que nos apoyaríamos en este para hacer una crítica a la situación actual y quizá ver aquellos destellos del camino al cambio que deseamos. De igual forma, tomaremos algunos aportes recientes que Pavón-Cuéllar nos ha dejado para entender la pandemia como síntoma de “algo más”: el capitalismo.

La “profecía” cumplida de Marx y Engels: crisis en la sociedad burguesa

El brote del SARS-CoV-2 en Wuhan, China, resultó ser caótico. El virus se esparció a todos los continentes, incluso llegando a los lugares más recónditos en donde el capitalista no se imaginaba que existían pero que sin duda estaba presente. La crisis sanitaria no solo produjo temor y paranoia en la gente, sino que también, tuvo consecuencias más allá de ser una mera cuestión de salud. Hoy la crisis sanitaria deja entrever la insostenible voracidad del sistema actual, aquel que lo inició todo explotando la naturaleza en aquel país en donde prolifera la venta de animales exóticos para consumo cotidiano; quizá no hubiera pasado si el capitalismo no hubiera irrumpido en estos ecosistemas (Pavón-Cuéllar, 2020a), convirtiéndolos o aprisionándolos como fuerza productiva de capital. En este sentido, la COVID-19 no tendría la culpa de la crisis económica y social en la que nos encontramos y tampoco sería el “centro de atención”, sino que sería el mismo sistema que con su omnipresencia, explicada por Marx y Engels, recluta todo a su favor a costa de la destrucción y explotación de la vida con fines de acumulación de capital.

Las fuerzas productivas, como Marx y Engels (1848/2004) ya adelantaban, alcanzan niveles de desarrollo que llegan a ser incontrolables para la clase dominante en turno, produciendo así entonces una crisis para aquellos que detentan estas fuerzas productivas. La clase burguesa, los capitalistas, convierten y explotan todo lo que pueden en medio de producción: lo exótico, lo natural, lo no-humano: el mercado de animales exóticos en Wuhan, China, por ejemplo. Todo entra en las fuerzas productivas. Sin embargo, esta obsesión de convertirlo todo a su favor, de tener fuerzas productivas en demasía para lograr sus fines, rebasan la capacidad de manejo la clase dominante tiene sobre estas. Al respecto se menciona:

Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros” (Marx y Engels, 1848/2004, p. 28). (Cursivas mías)

Lo explotado y convertido en fuerza productiva, como lo que dio origen al SARS-CoV-2, resulta “demasiado poderoso” para la clase capitalista (Marx y Engels, 1848/2004): las relaciones de producción capitalistas resultan “demasiado estrechas” para contener lo producido en su seno (ibíd.; p.29). Esta estrechez revestida de pandemia, solo deja de manifiesto la incapacidad de control del capitalismo sobre lo incontrolable, a pesar de que se presente como sistema omnipotente e “ilimitado” (Alemán, 2019). No obstante, el capitalismo no quiere desistir y vendrá con sus vicisitudes y, por el contrario, recurrirá a la destrucción de ciertas fuerzas productivas, conquistando nuevos mercados y explotando intensamente algunos antiguos (Marx y Engels, 1848/2004). Hoy se apuesta por el “home office”, por la venta y consumo en línea (¿explotación a domicilio?), por la rotación de trabajadores para que las empresas no pierdan ni un solo centavo, por la “optimización” del tiempo y la toma de “medidas sanitarias” (como si realmente lo sanitario fuera el meollo del asunto), la excesiva carga de trabajo, el recorte de salarios…

Hoy la crisis “por” la COVID-19 rebasa lo sanitario. Aumentó el desempleo, se acentuaron las desigualdades, crisis en los Estados burgueses; la lucha de clases es hoy más vigente que nunca entre aquellos que no desean ver afectada la acumulación de capital y los que desean luchar por la vida y el sustento. Un ejemplo lo tenemos en los voraces de Elon Musk o Jeff Bezos, quienes aumentaron considerablemente su riqueza mientras que gran parte de la población sufre los estragos de “la pandemia”. Obligan a trabajar explotándolos desde casa, otros tienen que arriesgar su vida y la de los seres queridos por el sustento diario; la biopolítica y psicopolítica se unen al servicio del neoliberalismo.

La “profecía” de Marx y Engels se ha cumplido: el capitalismo está en crisis, crisis disimulada por la pandemia, crisis de su obsesión, arrogancia, prepotencia y necedad por la acumulación capitalista. Las “fuerzas productivas” se han rebelado ante las relaciones de producción burguesas (Marx y Engles, 1848/2004). Hoy el capitalismo se encuentra en un callejón sin salida, desesperado por subsistir y seguir con vida a costa de la muerte de “otras cosas”. El capitalismo ha fracasado y su obsolescencia queda exhibida cuando solo vela por los intereses de aquellos dueños de los medios de producción y que, ni con esto, son capaces de asegurar la existencia a sus “esclavos” (ibíd.). Como ya anticipaba Pavón-Cuéllar (2020b), la aparición del SARS-CoV-2 se explicaría por la devastación capitalista del planeta, por la insistencia de la clase dominante de explotar aquello que no debió explotarse, aquello “demasiado poderoso” para estos. Las crisis son inherentes al capitalismo y solo dejan entrever su disfuncionalidad como sistema (ibíd.), un sistema caótico, voraz y contradictorio, funcional solo para unos cuantos. Del mismo modo, Pavón-Cuéllar (2020c) complementa su enunciado al hacer énfasis en que esta crisis sanitaria, solo representaría un síntoma (uno solo) de la verdadera enfermedad:

“Aunque los gobiernos estén haciendo su mejor esfuerzo, pero también precisamente porque lo están haciendo, la enfermedad capitalista no deja de agravarse y amenaza con destruir el planeta y aniquilar a la humanidad. Hay que entender bien que lo catastrófico, lo apocalíptico, es el capital y no el coronavirus. El agente viral, tal como ha brotado y se ha diseminado ante nuestros ojos, no es él mismo sino un revelador síntoma del sistema capitalista“. (Cursivas mías)

El “mago” (o brujo) capitalista que Marx y Engels mencionan en la analogía líneas arriba ya no puede sostener sus ilusiones, sus actos se tornan crueles, opacos y descarados a la luz de la explotación de sus materiales en su performance. Sin embargo, deja a la gente con incertidumbre, con ganas de saber qué es lo que va a suceder, el mago ya no solo somete a sus espectadores, les crea una dependencia de seguir presenciando su acto sin sentido, vacío, violento, y estos aplaudirán cada vez que el mago haya concluido con su espectáculo lleno de fantasías (metáfora desde lo propuesto por Jorge Alemán, 2019).

Comentarios finales: el mito de la “nueva normalidad”

La “nueva normalidad” tan anhelada por varios gobiernos y capitalistas, solo habla de que se quieren mantener las cosas como antes: bajo esa “normalidad” conocida pero a la vez revestida con el adjetivo novedoso, dentro de ciertos márgenes, con ciertas leyes, ciertas personas al frente, ciertas empresas, ciertos salarios. Cualquier desviación, como sucede en lo estadístico, será considerada “anormal”. El imperativo de “nueva normalidad” respondería a intereses que siempre han estado ahí, queriendo preservar lo mismo, queriendo, como veíamos en el artículo anterior (AMLO y su compulsión a repetir: entre la pulsión de muerte y el capitalismo), repetir lo pasado para retornar a eso destructivo, a lo inerte, a lo muerto que es el capital. Hoy no necesitamos una “nueva normalidad”, aquella promocionada y ofrecida como panacea que al final mantendrá las cosas dentro de lo conocido. Si esta “nueva normalidad” no conduce a una emancipación del capitalismo, la crisis volverá: quizá con otro virus, tal vez con una guerra nuclear o con una aniquilación total del planeta. La “nueva normalidad” sigue el mismo esquema capitalista: seguirá el imperativo de trabajo, los tiempos controlados, los salarios paupérrimos, la creencia de libertad y un “yo” que todo lo puede frente a las crisis con sus adjetivos como “resiliente”.

Hoy más que nunca necesitamos la vacuna contra la COVID-19. Sin embargo, esto sería como tratar un dolor de cabeza siendo este signo de “otra cosa”: hace falta tratar todo en su conjunto. Lo que hoy necesitamos no es una “nueva normalidad”, a lo que deberíamos apostarle es a una “nueva realidad”, en la que los intereses no sean los de unos cuantos y para beneficio de estos. La ilusión de eternidad del capitalismo se nos muestra porque no pensamos en su después histórico (Alemán, 2019), sin embargo, en el camino nos encontraremos para ese “después histórico”, ese retorno de lo “reprimido” en el capitalismo, como Pavón-Cuéllar lo ha reflexionado en otros espacios citados en este blog; ese camino iniciado por Marx y Engels y el que seguimos los marxistas. Lo que necesitamos, además de la vacuna contra la COVID-19, es la vacuna contra el capitalismo; necesitamos “anticuerpos” que resistan la lucha que se avecina por ese mundo mejor.

Marx y Engels lo adelantaron hace 172 años: el capitalismo está cavando su propia tumba. Pero necesita a alguien que lo entierre con varias capas encima para dar paso a una nueva posibilidad (ni extrañarlo en el “duelo” ni revivirlo cada que se le recuerde) en la que, tal como estos dos emblemáticos autores mencionaron: “En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos” (1848, p.50). La oportunidad existe. Hoy es momento de involucrarnos con la clase trabajadora, superar nuestra fantasía de pequeños-burgueses que se nos engendra en la academia y se refuerza en los trabajos. El trabajo de Marx y Engels sigue vigente, y esa vigencia la adelantaban ellos mismos al afirmar que las condiciones históricas habrán de determinar esa búsqueda del “mundo mejor”.

Referencias

La Psicopolítica de Byung-Chul Han: la nueva técnica de poder neoliberal

El capitalismo posfordista-neoliberal se ha apoyado directamente en la psicología para cumplir sus fines: desde los ideológicos hasta el aumento de la producción (in)material para el consumo excesivo con la finalidad de generar plusvalía. Pero cabe hacernos unas cuantas preguntas: ¿cómo logran sus fines, mediante la psicología, los capitalistas neoliberales? ¿por qué ha sido [el capitalismo neoliberal] el sistema imperante por aproximadamente medio siglo? ¿en dónde reside su eficacia para mantenerse como sistema dominante? Hablamos de una psicologización del capitalismo, una psicologización del ejercicio del poder; el capitalismo recurre a toda la estructura teórica de la psicología para perpetuarse en la sociedad; recurre a todo su arsenal técnico para someter, sin que se den cuenta, a los sujetos.

Esta ocasión intentaré reseñar y reflexionar acerca de la propuesta de la nueva técnica de poder por excelencia del capitalismo neoliberal. Esta “nueva técnica”, propuesta por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, nos puede interesar a quienes criticamos abiertamente a la psicología y su estrecha-perversa relación con el capitalismo. Si bien la crítica de Han es relativamente amplia, nosotros solo abordaremos la parte medular de su obra: ¿qué es la psicopolítica y qué implicaciones tiene? (si el lector desea profundizar, véase: Han, 2014). Me apoyaré muy brevemente en la propuesta de Jan De Vos acerca de la psicologización, ya revisada anteriormente: Homo psychologicus: la psicologización del todo.

Antes de entrar a detalle en lo que respecta a la psicopolítica, cabe mencionar que Han viene a dar un giro a la propuesta foucaultiana acerca del control y vigilancia de los cuerpos y la vida en general (la biopolítica) durante el capitalismo industrial (antes del neoliberal), no obstante, el análisis foucaultiano no debe descartarse en ningún momento; en este sentido, Foucault y la biopolítica deben ser abordados más a detalle y por separado.

Psicologización del poder: Poder Inteligente

Byung-Chul Han; filósofo surcoreano

Hace poco dedicábamos una publicación a la obra del psicólogo Jan De Vos en donde se enfatizaba el papel de la psicologización en el capitalismo y sus respectivas implicaciones, creando así un homo psychologicus (De Vos, 2019). Todo hoy en día lo vemos a través del lente de la psicología, de su corpus teórico (ibíd.), todo es reducido psicológicamente. ¿Por qué será que todo es psicologizado y qué función cumple la psicologización? Al habar de la psicologización, necesariamente es dar cuenta que existe un proceso de subjetivación bajo la lógica de la psicología: su obsesivo individualismo, el enfoque en las emociones y cogniciones, las motivaciones, la superación personal, el emprendimiento, la (supuesta) libertad del sujeto (resulta paradójico: ser sujeto y libre al mismo tiempo), la autorrealización, entre muchos otros conceptos que se expanden en todas las corrientes psicológicas y que llegan a lugares jamás antes esperados. En resumen, se nos enseña a mirarnos de forma psicológica, pero, ¿quién se esconde en ese “se”? ¿quiénes nos enseñan? Partiendo de estas preguntas, podemos contestar la que aparece renglones atrás.

Si antes del capitalismo neoliberal, en el capitalismo industrial y su biopolítica y el panoptismo, lo que se sometía y vigilaba era la fuerza física de trabajo y que además se imponían restricciones corporales para tener todo “bajo control”: un poder disciplinario, explícito, en el que se “niega la libertad” (Han, 2014, p.27), hoy esa técnica de poder sobre lo físico se ve “desgastada” y “rebasada” y por lo tanto el capitalismo neoliberal debe recurrir a nuevas técnicas de poder para lograr una sumisión total de los sujetos; hacerles creer que son autónomos, independientes, y libres.

El capitalismo neoliberal ejerce un ‘poder inteligente’ (Han, 2014; título del segundo capítulo), capaz de hacerlo pasar desapercibido entre las personas. A diferencia del poder que coarta la libertad con acciones explícitas, el del capitalismo fordista-industrial, el que se ejerce en el neoliberal es bastante silencioso; al respecto Han afirma (ibíd.): “El poder está precisamente allí donde no es tematizado. Cuanto mayor es el poder, más silenciosamente actúa” (p.27). Este poder no se opone a la libertad, como sucedería en el anterior, hace uso de ella, es más permisivo y positivo (ibíd; p. 28). Para complementar los siguientes aportes de Han, este afirma:

“La técnica de poder propia del neoliberalismo adquiere una forma sutil, flexible, inteligente, y escapa a toda visibilidad. El sujeto sometido no es siquiera consciente de su sometimiento. El entramado de dominación le queda totalmente oculto. De ahí que se presuma libre”. (ibíd.; p.28)

Ya no hay una constricción de la libertad, al contrario, se aumenta, no con la finalidad de que los sujetos sean libres realmente, sino que este aumento de libertad sirve justamente para producir más, para seguir alimentando el capital, para generar plusvalía. De ahí que entonces las empresas o cualquier institución contraten psicólogos y psicólogas o hasta coaches (que ya no habría prácticamente diferencia con los primeros en esta forma de subjetivación), ya sea en el área de “Recursos Humanos” (y vaya que la misma acepción tiene un efecto casi deshumanizador: ¿un recurso?) o cursos de motivación en el trabajo, para que les den a sus trabajadores las “herramientas inmateriales necesarias” para ser más productivos. El meollo de todo este asunto es subjetivar a las personas para que crean que realmente trabajan para sí mismos y su desarrollo personal dentro de su trabajo, para ellos como proyecto o empresarios de sí, en el que las necesidades del capital sean percibidas como propias (Han, 2014). Al respecto, Han nos aclara:

“Radicalmente más eficiente es la técnica de poder que cuida de que los hombres se sometan por sí mismos al entramado de dominación. Quiere activar, motivar, optimizar y no obstaculizar o someter. Su particular eficiencia se debe a que no actúa a través de la prohibición y la sustracción sino de complacer y colmar. […] El poder inteligente, amable, no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige esa voluntad a su favor. Es más afirmativo que negador, más seductor que represor. Se esfuerza en generar emociones positivas y en explotarlas. Seduce en lugar de prohibir. No se enfrenta al sujeto, le da facilidades”. (ibíd.; 28-29)

No es raro entonces que el mismo Žižek (2020) cuestione cuando se delegan ciertas tareas a equipos de trabajo especializados y sus jefes o los gerentes les hacen creer que tienen movilidad en todo y que sus decisiones son altamente importantes. Claro, ganando el mismo salario de siempre bajo el entramado de la explotación y la extracción del plusvalor.

Volvamos momentáneamente a la cuestión de la función de la psicologización y sobre quiénes nos psicologizan. Nos encontramos entonces con un ejercicio de poder psicologizado, es decir, una nueva forma neoliberal de sometimiento; ya no es necesario controlarnos físicamente, sino más bien, es necesario recurrir al entramado psicológico, a los “psi”, para poder asegurar un buen sometimiento. Lo que hacen los psi, comúnmente (por no decir que siempre) es educar a los sujetos para que se vean a través de la psicología (De Vos, 2019), esto no es por mera decisión de los psi (porque la psicología es un aparato ideológico, recordando a Braunstein, 1975), sino que es por mero encargo del capitalismo neoliberal: los psi motivarán, dirigirán la atención de manera excesiva a las emociones, harán que el sujeto se sienta libre, que puede ser agente de sí mismo en su trabajo, harán que se sientan individuales, que los demás no importan y tienen que competir contra los otros. Esto es, un ejercicio de poder que no se percibe. De Landázuri (2017) complementa: “Un poder es realmente efectivo cuando menos se nota su presencia […] En cambio, cuando en una sociedad se asumen ciertos comportamientos y hábitos hay un poder que opera sin fuerza y que no es cuestionado por nadie”. Esto es claro, ¿cómo se va a cuestionar algo si me están enseñando a que todo lo que hago es por mí y solo para mí? Uno aprende ciertos hábitos propios de la praxis psicológica: uno se autorregula, se autoexplota, ya no es necesario la presencia física del patrón o de los jefes de área, uno tiene la supuesta posibilidad de ‘poder hacer’ todo lo que uno quiera, sin límites, uno se vuelve panóptico de sí mismo (Han, 2014)

En este sentido, bajo la noción del ‘poder inteligente’, y nosotros agregamos: un ‘poder inteligente y psicologizado’, se constituye el concepto de la psicopolítica (De Landázuri, 2017). Ya no existe un sometimiento en demasía hacia y contra el cuerpo, sino que se recurre al sometimiento de la psique de forma silenciosa, para poder enajenarnos y seguir siendo sirvientes de la clase dominante, del neoliberalismo; el poder inteligente lee y evalúa nuestros pensamientos conscientes e inconscientes, (Han, 2014, p. 30). Incluso ya no se habla de un “sujeto” que significaría “estar sometido”, ya es una persona emocional con vivencias (ibíd.; 116).

En este punto, después de pasar por el poder inteligente-psicologizado, quiénes ordenan la psicologización y el devenir homo psychologicus proyecto de sí mismo, llegamos a la definición que Han (2014) propone para la psicopolítica: “La psicopolítica neoliberal es la técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y control psicológicos” (p.117). Pavón-Cuéllar (2017) complementa de forma magistral:

“El poder sobre el individuo neoliberal estribaría, pues, en el poder mismo del individuo neoliberal. Su empoderamiento lo sojuzgaría. Su esclavitud radicaría en su libertad. Es así, precisamente, como procedería la psicopolítica: no desde el exterior del individuo, sino en su propio interior, a través de sus necesidades, intereses, deseos, inclinaciones y todo lo demás de lo que se ocupa la psicología” (p. 602) (Cursivas mías)

Comentarios finales

Nos acercamos pues al concepto de la psicopolítica, pero más que a su concepto, a su ejercicio en nuestra sociedad capitalista neoliberal. Así como el capitalismo ha mutado, se adapta a nuevas circunstancias, así lo hacen sus técnicas y sus secuaces como la psicología. Ya no rige la biopolítica (al menos es lo que nos propone Han); reina la psicología, y no porque esta sea una ciencia per se o porque realmente tenga buenos aportes para nuestra sociedad (o más bien, sí los tiene), sino porque sirve de técnica: dota de herramientas al capitalismo para seguir controlando de manera eficiente. La psique se convierte en fuerza productiva de capital. Hoy el capital tiene a su disposición todos los medios posibles de producción.

La propuesta de Byung-Chul Han no solamente es limitada a explicar el concepto y la aplicación de la psicopolítica; va más allá y nos dirige hacía una digitalización de los sujetos (tal y como De Vos lo explicó más a detalle cinco años después que Han), hacia un panóptico digital en el que el Big Data es primo-hermano de la psicología para controlarnos, para manejar la psique, para que el sistema pueda mantenerse como hasta ahora. Dejaremos estas propuestas para que sean abordadas en un futuro no tan lejano, dado que la importancia de la digitalización de los sujetos nos está llevando cada vez más a una indiferencia de lo que sucede “allá afuera”.

Por último, Han en sus páginas finales, apuesta por una des-psicologización de la vida para una verdadera libertad (una des-ideologización, agregaríamos nosotros). Cerraría con sus palabras:

“El arte de la vida como praxis de la libertad tiene que adoptar la forma de una des-psicologización. Desarma la psicopolítica como medio de sometimiento. Se des-psicologiza y vacía al sujeto a fin de que quede libre para esa forma de vida que todavía no tiene nombre”. (Han, 2014, p.117)

Referencias

  • Braunstein, N. (1975). Relaciones del psicoanálisis con las demás ciencias. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito y F. Saal. (1975). Psicología: Ideología y Ciencia (pp. 62-103). Estado de México, México: Siglo XXI.
  • De Landázuri, M. (2017). De la biopolítica a la psicopolítica en el pensamiento social de Byung-Chul Han. Athenea Digital, 17(1), 187-203.
  • De Vos, J. (2019). La psicologización y sus vicisitudes. México: Paradiso.
  • Han, B. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Herder.
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Subjetividad y psicología en el capitalismo neoliberal. Psicología Política, 17(40), 589-607.
  • Žižek, S. (2020). Pandemia. La covid-19 estremece al mundo. Barcelona: Anagrama.





Whitexicans: el discurso clasista del siglo XXI

Este escrito fue realizado a modo de ensayo para una clase de psicología social (que se caracterizó por una tendencia crítica a la psicología, misma que comparto) y que además fue presentado entre diversos compañeros del aula y el docente, aportando observaciones enriquecedoras. Realicé unas pequeñas modificaciones sin alterar el propio contenido expresado.

Whitexicans: el discurso clasista del siglo XXI

México se ha caracterizado por diferentes momentos en la historia que han permitido darle “forma” a la sociedad mexicana actual: desde el surgimiento de las poblaciones indígenas mexicanas, la época del colonialismo y su respectivo capitalismo mercantil extractivista y opresor del psiquismo indígena, las revoluciones en contra del sistema, el (re)establecimiento de un nuevo capitalismo (financiero y especulativo) y la hegemonía de este durante 70 años (aún en curso) (Pavón-Cuéllar, 2017). Basta con revisar el desarrollo teórico para dar cuenta de la existencia de una convergencia entre estos hechos: en la mayoría (por no decir en todos), se ha buscado (y se busca) la imposición de ciertos intereses sociopolíticos y culturales para el mantenimiento del statu quo y la funcionalidad de estos fines (sin mencionar la represión tanto física a través de la violencia, como ideológica, ejercida para alcanzar estos fines; aquí incluiríamos la propuesta althusseriana de los aparatos ideológicos de Estado). Cabe mencionar que esta imposición de intereses ha sido por parte de aquellos grupos dominantes que ejercen poder social, económico y político: los colonizadores hace 500 años y las élites surgidas entonces que se han perpetuado a través del tiempo, la complicidad del Estado mexicano con el actual modelo capitalista neoliberal y sus respectivos partidos políticos que reprimen cualquier intento de crítica.

En la época actual, a pesar de que el cambio de régimen político haya llegado con un discurso prometedor y “tambaleante” para los grupos dominantes en México [cabe aclarar que este discurso quedó en puras palabras], estos últimos se siguen esforzando por marcar una diferencia cultural, económica, racial y política en el entramado mexicano. Actualmente, con el uso de las redes sociales, estas “diferencias” entre la sociedad mexicana se han dejado entrever en el discurso de los usuarios, de tal manera que se sigue perpetuando el clasismo como efecto “colateral” de la historicidad mexicana antes mencionada.

El presente ensayo busca realizar un brevísimo análisis sobre el neologismo “whitexican” a partir de una revisión del discurso (ideológico) en Twitter desde una perspectiva psicosocial crítica: desde su uso hasta sus implicaciones ideológicas como forma de dominación y desigualdad. Cabe destacar que hay muy poca revisión sobre este término ya que es relativamente reciente en los medios, y por lo tanto, este texto será escrito de forma parcial desde la perspectiva antes mencionada y del autor [aquí todavía no había hecho tanta lectura acerca de psicología crítica, pero tenía nociones que permitían un análisis sencillo], y que además servirá para poner en práctica lo revisado en este curso de la carrera de psicología.

¿Quiénes son los Whitexicans?

El término ha aparecido principalmente en redes sociales, y específicamente en Twitter (hoy en día se ha trasladado a Facebook también), y hace referencia a las personas que reproducen prácticas clasistas y discriminatorias. Un “whitexican” es aquel que goza de privilegios por el simple hecho de tener una tez blanca (y dinero, aunque este último no es “factor” determinante; también hay whitexicans que no necesariamente tienen tez blanca) y que, además, acentúa estos privilegios en las redes sociales a partir de un discruso clasista y (me atrevo a decirlo) de odio. Cabe mencionar que esta palabra no fue acuñada por la propia élite de tez blanca en México (cuyo origen aparece en los colonizadores hispanoportugueses y anglosajones: tez blanca, ojos claros, estatura por encima del promedio mexicano), sino que fue una cuenta usuario de Twitter que dedica sus publicaciones a la sátira y crítica de estas personas clasistas. Por otra parte, Ramírez (2019) enlista una serie de características de estas personas: se expresan “orgullosos de ser mexicanos” sin conocer en dónde se encuentran los estados; el factor de blanquitud no es obligatorio para ser clasista; mezclan el español con el inglés (se enorgullecen de México pero se enaltece el “american way of life”), presumen la cultura mexicana pero no se acercarían a los sectores populares más que para una foto en Instagram con fines marquetineros. No obstante, estas personas identificadas con este término, alegan en la plataforma que se trata de un racismo inverso (?) al ser señalados en las distintas redes sociales. Aquí el asunto no es que sean “señalados”, sino más bien, evidencian sus prácticas ideológicas de dominación y supuesta inferioridad y es por esto que se sienten “señalados”. Almanza (2019) señala que los whitexicans se refieren a las personas de piel oscura como “prieto”, “indio”, “naco” y “gato”, pero estos no son los únicos entre una serie extensa de términos despectivos.

En este sentido, es más que evidente que el clasismo y discriminación como actos sociales de represión y dominación ideológica siguen reproduciéndose ahora en las plataformas digitales, y que estas prácticas no son más que el resultado de una larga historia de colonialismo (las familias criollas y/o directas de los conquistadores que se dedicaron a esclavizar, violentar, violar, reprimir, someter y matar a miles de indígenas).

Implicaciones del whitexican discourse y la resistencia en lo digital

Como anteriormente comentaba, la persona que se considera (y la que no se da cuenta de ello, aquella que se encuentra en el privilegio y no da cuena de esto) reproduce una cierta ideología (la capitalista, clasista y racista), y tal como Montero (1994) desde la perspectiva psicosocial de la ideología (y ya comentada también en el anterior artículo del blog, con tintes marxistas y althusserianos), esta encubre la dominancia y supremacía que “deberían” tener las personas de tez blancasobre aquellos a través de los acontecimientos históricos, y además, a través del discurso producido se normalizan y justifican estas acciones: en la conquista se “atacaba” el psiquismo indígena, tachados además de “bestias” (véase más en Pavón-Cuéllar, 2017); en la actualidad se sigue manteniendo las frases como “mi muchacha” (para hacer referencia a la empleada que realiza el aseo en una casa ajena), por mencionar solo un ejemplo. Esta ideología supremacista, como ya se ha venido comentando, es resultado de la concentración de poder desde hace 500 años en las élites que controlaban a los pueblos originarios y la construcción de una realidad en la que solamente puede haber un sector dominante y el convencimiento (llámese “científico” o ideológico) de que existe una raza inferior por cuestiones naturales. Podríamos definir que ejercen el poder desde el marco jurídico (colonial) (Ibáñez, 1983 citado en Martín-Baró, 1989), en el que ser blanco con dinero (o sin él) legitima la superioridad sobre aquellos que no lo son; las personas que no pertenecen a este orden jerárquico no tienen el derecho de disfrutar de la misma manera, porque corrompen este orden, no permiten que el país clasista funcione.

Podemos encontrar una gran cantidad de ejemplos, veamos: Usuario1: “¿por qué los pobres toman tantas fotos cuando salen de viaje?”, en forma de réplica, Usuario2: “Nah, los pobres suben álbumes de 30 a FB” (vía Twitter); Usuario3: “Su rollo de odia contra los whitexicans está bien meco y saca a flote su resentimiento de inferioridad.Quieren hacer sentir menos a alguien que consideran más”. Otro usuario más: Usuario4: “Debería de caer una bomba en el zócalo…nos haría un favor a todos. #vivaMéxico…pd si les molestan mis comentarios bórrenme, créanme que me vale 2 pesos saludos cordiales” (publicado el día de la celebración del grito de independencia en CDMX); Usuario5: “Para ustedes está mal: tener ropa de marca, tener joyas caras, tener un coche, tener la piel más “clara”, vivir en zonas “acomodadas”, estudiar en universidades privadas. No les interesa si es producto del esfuerzo, ven con envidia a quien tiene más, Mediocridad y resentimiento”.

Como podemos visualizar en al menos cinco publicaciones (algo “leves”; omití poner las tantas grotescas racistas que existen) de diferentes usuarios, se busca destacar que existe una inferioridad en quienes deciden festejar un acontecimiento popular, quienes critican estas acciones, quienes disfrutan de un viaje, etc. o como si por cuestión de esfuerzo no tiene la piel más clara (pero ojo, el blanqueamiento ya está al alcance de nosotros gracias al capitalismo y su búsqueda de la homogeneización “estética”). Únicamente refuerzan a través de esta publicaciones, la ideología de superioridad y dominación que tienen sobre las otras personas y por lo tanto, distorsionan la realidad para volverla “normal”. Incluso, el hecho de no tener un presidente de tez blanca, de abolengo y sin ostentación de lujos (al menos no manifiesta o a la luz de sus acciones comunes), causa conflicto en estos grupos que apenas representan una minoría del país.

No obstante, a pesar de que se encuentran este tipo de publicaciones (y obviando que existen miles más, y aún más grotescas), el espacio digital ha servido para muchas personas como lugar de crítica hacia estas desigualdades: usuarios (al menos en Twitter) utilizan 140 caracteres para mantener a flote el conflicto en contra de este discurso que perpetua la desigualdad social y racial. Diversas cuentas señalan y exhiben, en forma de sátira y crítica, este discurso de dominación social. Esta resistencia generada en redes sociales se ha visto “cuestionada” por (nada más y nada menos) que los mismo grupos dominantes que se esconden a través de cuentas falsas o “influencers” con grandes cantidades de seguidores, y a través de sus cuentas, buscan el equilibrio de clases aclamando que este tipo de resistencia es un racismo inverso (?), que crea desigualdad y polariza a la sociedad mexicana: ¿no estaba ya polarizada, discriminada y dividad justamente por ustedes? Desde mi punto de vista, la gran “desventaja” de estos grupos que se sienten ofendidos por este término (o incluso les reafirma su posición en la sociedad), es que no tienen un control (adicional al que ya tienen sobre otros campos) sobre lo que se publica o no en las redes sociales, y probablemente, esto hace que se sientan vulnerables y amenazados ante los señalamientos de una organización colectiva.

Conclusiones

Nos encontramos en una época en la que, supuestamente, se han generado diversas campañas en contra del clasismo y discriminación en nuestro país, sin embargo, las redes sociales nos muestran todo lo contrario, y manifiestan que ciertos grupos que han pertenecido a la clase dominante, burguesa, blanca y clasista durante siglos, siguen luchando por ejercer ese poder sobre los demás, y así, legitimar y naturalizar ese discurso. La clasificación de personas en el término whitexican es una manera en que se ha decidido tomar acción en redes sociales para exhibir la desigualdad a la que no se le ha prestado atención en diferentes ámbitos.

Como usuarios activos de estas redes sociales, tendríamos la obligación de cuestionar y señalar cualquier discurso que implique mantener ese supuesto equilibrio de clases; hoy en día es inevitable no interactuar en estas plataformas sin encontrarle un sentido social y/o político.

Hace falta que exista una revisión crítica más extensa sobre el tema, específicamente en las plataformas digitales, porque resulta interesante que a pesar de que exista ese discurso enajenador, las personas se organicen dentro del internet para hacer frente a este tipo de cuestiones que devienen en actos sociales, políticos, y más aún, ideológicos.

Referencias

  • Almanza, B. (28 de junio de 2019). “Whitexicans”: ¿una nueva forma de racismo en México contra la gente blanca adinerada? BBC News. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-48098551
  • Martín-Baró, I. (1989). Sistema, grupo y poder. Psicología social desde Centroamérica II. San Salvador: UCA.
  • Montero, M.(1994). Una mirada dentro de la caja Negra: La construcción psicológica de la ideología. En:Montero, M.( 1994). Construcción y crítica de la psicología social. Barcelona: Antrhopos, pp. 127-145
  • Pavón-Cuéllar, D. (2017). Capitalismo y psicología en la historia latinoamericana: esbozo de recapitulación histórica para proyectos liberadores anticapitalistas. En D. Pavón-Cuéllar (Coord.), Capitalismo y psicología crítica en Latinoamérica: del sometimiento neocolonial a la emancipación de subjetividades emergentes (pp. 71-90). Ciudad de México, México: Kanankil.
  • Ramírez, A. (15 de abril de 2019). ¿Quiénes son los whitexicans y por qué no es un termino racista? Plumas Atómicas. Recuperado de: https://plumasatomicas.com/cultura/cultura-cultura/quienes-son-los-whitexicans-y-por-que-no-es-un-termino-racista/