Mímesis

La pregunta del título no es para nada nueva. Es, por el contrario, algo repetitivo entre los psicólogos. Es el enigma no descifrado. Es la obsesión que atormenta a la disciplina. Es la pesadilla que ha gravitado desde tiempos inmemoriales en los cerebros de aquellos. Su definición es oscilante: a veces optan por decir que es una ciencia objetiva y bien delimitada con objeto propio, y otras veces pasa al dominio público para convertirse en una Weltanschauung .

Al desconocer su determinación material, esto es, su determinación por el modo de producción actual, la psicología cae en embrollos inextricables, en formulaciones redundantes y contradictorias, en querellas profesionales y teóricas entre “escuelas” y “corrientes”. Por tanto, si no ha existido tal consenso es porque no son ellos, los profesionales de la psicología, los que deciden qué se dice o no en los manuales, códigos de “ética”, en los pasillos de las facultades, o en la calle sobre la disciplina. Al estar integrados en el capitalismo, su definición oscilante se establece en función de las lógicas del sistema, por sus intereses económicos y de clase.

Diremos que las definiciones de la psicología oscilan entre la aceptación de “lo dado” y las cosas “tal como son” con el fin de adaptarnos y someternos a estas, en donde impera la lógica del número y lo acrítico, encontrándonos así en un movimiento lineal inalterable y que solo podría ser alterado por el experto, por la minoría académica, quedando reducido el sujeto en objeto esclavizado; pero también se define como un espacio público en el que todos caben, formando así una visión del mundo, con cierta flexibilidad, con promesas de cambio [individuales e internos] y “autonomía”, como incentivo de las cualidades humanas y la libertad. ¿No sería esto algo tan conocido como el funcionamiento del propio capitalismo? ¿No es acaso la psicología una mímesis del sistema en todos los sentidos?

Las contradicciones teóricas surgidas entre psicólogos y sus intentos para definir su disciplina se determinan fuera de los congresos, de los colegios y de las asociaciones de psicología; de ahí entonces que en dos siglos no se haya logrado el acuerdo: ¡porque no son ellos quienes mandan! Así, las contradicciones que podemos encontrarnos a la hora en que se define a esta disciplina, es decir, lo flexible-inflexible, lo humano-numérico, la autonomía-heteronomía, la libertad-esclavitud, son solo las contradicciones que encontramos en el sistema capitalista. La psicología es definida desde otro lugar: desde las lógicas de la producción de mercancías y las relaciones de explotación capitalistas.

Retraducción marxista

Pienso, entonces, que la psicología necesita definirse, pero no desde donde ha sido definida, asegurándole siempre un mínimo de existencia y prestigio en pro de la clase burguesa, sino desde un lugar en el que quede inerme, desnuda, indefensa; desde un lugar en el que no pueda defenderse porque ha sido descubierta. Propongo seis breves y muy generales definiciones en clave marxista que retraducen a la psicología, y al retraducirla, se pone de manifiesto que esta disciplina no es sino un desplazamiento necesario efectuado por el capital y sus personificaciones para que estos puedan mantenerse y reproducirse constantemente. Estas definiciones generales también servirán para extender aquello que dejé inconcluso o muy vago en el escrito anterior.

  • La psicología es la expresión, en otros términos, de la lucha de clases que tiene lugar en el sistema capitalista

En primera instancia, la psicología queda definida por la lucha de clases, entre el proletariado y la burguesía, y al quedar definida por ella, también se convierte en un espacio para que esta quede expresada. El psicólogo se eleva en calidad de burgués porque posee medios de producción, a saber, sus teorías, encuestas, test de personalidad y técnicas terapéuticas. El psicólogo somete a los sujetos hasta rebajarlos a meros objetos, objetos de la psicología, subordinados a sus lógicas de producción. El psicólogo adquiere el papel de mandamás, de administrador de vidas puesto que posee los medios para ello. Su posición de poseedor le permite diferenciarse del proletariado, de los no-psicólogos, y es gracias a esta diferenciación en donde radica la dominación, tanto burguesa como psicológica.

Del mismo modo en que la clase burguesa nos promete a todos y todas libertades e independencias[1], así la psicología promete libertad e independencia en el momento en que cautiva y somete al proletariado, al no-psicólogo. Pero como nos lo recuerdan Marx y Engels[2], todas estas libertades e independencias, son tan solo libertad e independencia para comprar y vender. De ahí que digamos que no podemos ser marxistas en psicología.

  • La psicología es la formación teórica en donde se confirma la división mental y física del trabajo, y por tanto, es una versión actualizada y mejorada del idealismo burgués

Al no reconocer su determinación histórica-material, la psicología deviene abstracción. Su objeto, la psique, está determinada por la división en clases y por la división mental y física del trabajo. De ahí que el marxista Pavón-Cuéllar nos recuerde que “el objeto de la psicología no es cualquier psique”, sino la psique de los que dominan[3], aquellos que se han podido abstraer del trabajo manual, lo que les permite creer que todo es producto de su cerebro, tal como fue señalado por Engels[4].

La psicología cree que lo más importante del ser son sus funciones cognitivas y sus mecanismos cerebrales, sus emociones en aislado. Así, los problemas del mundo capitalista son reducidos a meros conflictos psíquicos, cognitivos o cerebrales, mismos que tendrían que ser resueltos mediante la psicología para que el mundo se construya y avance.

Como marxistas, no podemos esperar nada de la psicología si confirma en cada paso que da, en cada teoría desarrollada, en cada artículo publicado, a la clase dominante y su abstracción, eso que Marx ya había advertido[5]:

“Una psicología para la que está cerrado este libro [fuerzas humanas esenciales], es decir, justamente la parte más sensiblemente actual y accesible de la Historia, no puede convertirse en una ciencia real con verdadero contenido. ¿Qué puede pensarse de una ciencia que orgullosamente hace abstracción de esta gran parte del trabajo humano y no se siente inadecuada en tanto que este extenso caudal del obrar humano no le dice otra cosa que lo que puede, si acaso decirse en una sola palabra: ‘necesidad’, ‘vulgar necesidad’?”

  • La psicología es el espacio catártico diseñado para la clase burguesa

Puesto que todos los problemas del mundo quedan reducidos a la psique determinada por la clase dominante, los métodos terapéuticos de la psicología están dirigidos a esta y no al proletariado. Son solo los que dominan los que pueden curarse de ansiedad y depresión, porque solo desgastan la mente en la especulación financiera y en funciones directivas. La salud mental tal y como la conocemos, es la salud mental capitalista. El capitalista necesita de su psicología, del psicólogo, para realizar sus operaciones, para asegurar la ganancia, para no sentirse abrumado y asqueado de tanto dinero, para no sentirse deprimido si sus acciones caen.

En cambio, si la clase dominada padece constantemente de estos trastornos, es solo en la medida en que su malestar radica en la explotación física y real: el trastorno mental deviene efecto de la explotación, de la extracción del plusvalor, del plustrabajo no pagado al obrero. Si al trabajador lo envían al consultorio del psicólogo es solo para que este desvanezca y suprima temporalmente el síntoma, lo que aparece de manera consciente, ignorando la determinación capitalista inconsciente, misma que retornará con mayor fuerza. Se padece de explotación capitalista, no de ansiedad o depresión.

  • La psicología es una modalidad de enajenación en el sistema capitalista

La psicología burguesa se generaliza a las masas. Si la clase capitalista considera a la psicología un espacio catártico que les funciona y los saca de apuros, entonces esta idea particular de clase, pasa a ser idea general del mundo: “las ideas de la clase dominante, son las ideas dominantes” nos recuerdan Marx y Engels[6]. De esta manera, las ideas de los sujetos desposeídos de los medios de producción real, son las ideas psicologizadas.

La enajenación estriba en la psicologización, en el reconocimiento del sujeto a través de las teorías psicológicas, en la imagen psicologizada que le promete consistencia frente a la inconsistencia, forma frente a lo amorfo, y todo esto porque la psicología se presenta como el único posible de los mundos, en la única manera de pensarse a sí mismo, en la única forma de ser y actuar. La vida del sujeto ya no es su vida, sino de la psicología, pero sobre todo, del capitalismo, del capitalismo y su psicología.

Es más conveniente llamarse a sí mismo obsesivo o ansioso, porque estos dotan de identidad al sujeto, lo hacen ser alguien en conjunto con los demás. Si, por el contrario, alguien se llama a sí mismo “explotado por el sistema capitalista”, será considerado un anormal, un inadaptado; digamos que si alguien no se interpela con la psicología, sería un no-enajenado…

  • La psicología es el lugar que permite el imperio del valor de cambio sobre el valor de uso

Sabemos que lo que les interesa a los capitalistas es producir valores de uso porque estos son solamente “el sustrato material del valor de cambio”[7]. El capitalismo se rige por la lógica del número, por el crecimiento constante, por el aumento exponencial, por la maximización de la ganancia. Da igual lo subjetivo del trabajador y la forma objetiva que su trabajo toma[8], solo importa el número que podrá representar tal objetivación independientemente del uso o la cualidad que esta tenga. Pareciera que todo queda como en una especie de lenguaje binario, ceros y unos. Lo mismo sucede con la psicología.

Sus pretensiones de objetividad no solamente se reducen a un ejercicio político y no neutral oculto, sino también a la reducción de todo en cantidades, tal como sucede en el sistema capitalista. El sujeto deviene objeto puesto que reporta cierto resultado numérico que se disfraza con palabrerías. Tales ejemplos los vemos claramente en los test de inteligencia (WISC, WAIS, Shipley, Beta, y otros), o también en las escalas de depresión y ansiedad (por su puesto, sus “ítems” están determinados inconscientemente por la clase dominante): entonces ya no importaría ni siquiera los motivos aparentes (conscientes) de la depresión o la ansiedad, sino tan solo el número reportado (ya sea en escalas o el número de criterios diagnósticos) para adecuar las técnicas “científicas”. ¿No es acaso esto otra contradicción propia del capitalismo que se desplaza hacia la psicología? Para el sujeto sometido a las pruebas psicológicas, es “ganancia” que no tenga tantos criterios marcados por el DSM, mientras que si resulta con diagnóstico de depresión mayor, reportaría “pérdidas”.

  • La psicología es un arma contrarrevolucionaria

Al ofrecer sus servicios técnicos y catárticos ya no solo para una minoría, sino para la mayoría, la psicología funciona como sedante[9]. La psicología solo se enfoca en tratar lo consciente, o como gustan decir, se enfoca en mantener a todos en “el aquí y el ahora”. Cuando escuchamos decir a los estudiantes de psicología y a sus docentes que la psicología sirve para que todos “podamos tener una buena vida” o “ser más productivos en el trabajo”, o también para “mejorar nuestras vidas”, se habla de aquello que Marx[10] y Holzkamp[11] nos advertían: solo nos limitaríamos a interpretar el mundo y no transformarlo, y al interpretarlo solo estaríamos aceptando las cosas tal como se nos presentan.

La psicología es un arma que no permite la transformación del mundo. Cuando aprieta el gatillo, las balas psicologizantes debilitan al ser, debilitan la acción colectiva, atomizándonos a todos, encerrándonos a cada uno dentro de nosotros mismos. No olvidemos tampoco sus servicios prestados a la mercadotecnia: la psicología de la imagen, del color, o de lo que a ustedes se les ocurra, todas en función de la persuasión, de la creación de necesidades irreales, de la promoción del consumo acelerado y desmedido.

La psicología es capitalismo

Como intenté describirlo someramente en el artículo anterior, podemos agregar una séptima definición que resume y condensa las seis anteriores: la psicología es capitalismo. Esto es así porque su manera de actuar, de ejercer el poder, de presentarse, asemeja el movimiento del capital. El capital estaría en lo inconsciente de la disciplina psicológica, de ahí su mímesis que traté de abordar al principio.

Tal como hace un síntoma, este deviene consciente distorsionando su verdad. El síntoma psicología es una traducción del capitalismo. Todas sus definiciones son solo traducciones, “verdades a medias”, una parte del todo. De ahí entonces que tengamos que efectuar una retraducción en clave marxista, tal como Freud lo explicó con las neuropsicosis de defensa[12]: por ejemplo, retraducir el síntoma obsesivo a lo sexual, el origen de aquel.

Si el capitalismo cambia, cambia con él la definición de psicología, sus servicios, sus técnicas. Este escrito puede ser tan solo una advertencia para los camaradas marxistas que confían aún en la psicología, desconociendo su origen burgués. Si luchamos, desde cualquier trinchera, contra el capital, es necesaria la lucha contra la psicología. No hay que tomarnos a chiste cuando se dice que existen síntomas del capital: la psicología es uno de ellos.

Notas

1 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (1848), Madrid, Akal, 2004. p. 42

2 Ibid.

3 David Pavón-Cuéllar, “Marxian psychologies” en Marxism and Psychoanalysis. In or against psychology?, Londres, Routledge, 2017. p. 14

4 Friedrich Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre (1876), México, Colofón, 2008, p. 176.

5 Karl Marx, Manuscritos de economía y filosofía (1844), Madrid, Alianza, 2013. p. 184

6 Karl Marx y Friedrich Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista” (1846) en Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza, 2012. p. 71

7 Karl Marx, El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Libro I. (1867), México, Fondo de Cultura Económica, 2014. p. 169.

8 Ibid. p. 44

9 David Pavón-Cuéllar, “Nuestra psicología y su indignante complicidad con el sistema: doce motivos de indignación”, Teoría y Crítica de la Psicología 209, núm. 2 (2012): 202–9.

10 Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach” (1845), en Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza, 2012. p. 39

11 Klaus Holzkamp, “Los conceptos básicos de la Psicología Crítica (1985)”, Teoría y crítica de la psicología 8 (2016): 293–302.

12 Sigmund Freud, “Las neuropsicosis de defensa” (1894), en El yo y el ello y otros escritos de metapsicología, Madrid, Alianza, 2012. p. 215

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